Varios
Qué lee José María Guelbenzu
“Este verano me llevo la Poesía reunida de W. B. Yeats porque es la ocasión de releer con tiempo y calma a un maestro; Tu rostro mañana, de Javier Marías, porque le debo el leerlo de una sola vez de principio a fin y la Biographia literaria de Samuel Coleridge porque es la historia de una vocación y una energía admirables.”
El Cultural, 19 de agosto de 2010
Le tomo la palabra a John Ashbery: “Me recuerda a Proust y Shakespeare (…) en el sentido de que, en las obras de estos, las cosas cotidianas que nos rodean y escapan a nuestra atención (también) nos son enfocadas de modo deslumbrante”. El gran poeta norteamericano se refiere a la tercera parte de Tu rostro mañana. (Veneno y sombra y adiós, Alfaguara, 2007), de Javier Marías, el libro que ha consagrado a su autor en el difícil mercado estadounidense, donde ya ha publicado otros 12. Me llama la atención el escaso eco que por estos pagos ha tenido la insólita repercusión en la anglosfera de la última novela de Marías, un autor considerado “de cejas altas” y, por tanto, relativamente minoritario.
Las reseñas, artículos y entrevistas que he leído (desde The New York Review of Books hasta The Economist, desde The Guardian a Los Angeles Times o The New Yorker) abundan en un tipo de elogios que aquí no suelen dispensar los críticos (”una de las novelas más grandes que el siglo ha producido hasta ahora”, “el sobrecogedor final de una extraordinaria obra de arte”, “la primera obra maestra de la literatura del siglo XXI”, etcétera). En nuestro país la recepción fue, en general, más tímida, quizás por nuestra proverbial tendencia al desdén de lo propio, especialmente si se lo alaba fuera, como ya ocurría. Lo digo, en fin, para que conste. Y lo diría también de otros, si el caso fuera. Pero no lo es (o, al menos, no tanto).
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
El País, Babelia, 24 de julio de 2010
“Hace años (algunos dirían que bastantes, hacia 1984) recuerdo que Javier Marías llegó a un cita nocturna -hemos salido mucho por la noche- muy desanimado. Procuraba, como sus maestros Sterne o Benet, eso sí, poner un poco de guasa en el asunto. Su carrera literaria marchaba mal, vino a decir, y se veía como un perdedor seguro… Sé decir que aquello era verdad, porque nunca lo he vuelto a ver así. No hacía mucho que había publicado su novela El siglo (la que yo prefiero de su primera época, es decir, la anterior a Todas las almas) y creo recordar que acaso el libro no había tenido el eco que el autor esperaba. Bromeamos sobre el tema, pero en Javier era perceptible algo parecido al desánimo…”
Fragmento de “Javier Marías, la escritura y el éxito” en Luis Antonio de Villena, Nuevas semblanzas y generaciones, Pre-textos, Valencia, 2010.
Esta tarde le entrevistarán, por teléfono, en el programa “Cara a Cara” de CNN+ sobre la victoria de España en el Mundial de fútbol.
Pedro Almodóvar y Ferrán Adriá, los más representativos de la cultura española
El cocinero Ferrán Adriá y el cineasta Pedro Almodóvar son dos nombres indiscutibles de la cultura española, aunque otros como el de Nacho Duato, en el campo de la danza, o José Luis Gómez, en el teatro, también tienen un acentuado protagonismo en el ámbito cultural. Entre los nombres más destacados de la cultura, además de Ferrán Adriá (40 por ciento) y Pedro Almodóvar (31 por ciento), también figuran entre los más citados Miquel Barceló (18 por ciento), Javier Marías (10,5 por ciento), Rafael Moneo (18 por ciento), o diseñadores como Amaya Arzuaga (8,6 por ciento) y David Delfín (5,7 por ciento). Estos datos se desprenden del segundo barómetro del Observatorio de la Cultura, elaborado por la Fundación Contemporánea , en una iniciativa del centro cultural La Fábrica y que nace con el propósito de convertirse en una plataforma de encuentro, discusión y debate para los profesionales de la cultura.
La segunda consulta del Observatorio, correspondiente al primer semestre de 2010, revela que la crisis económica ha recortado los presupuestos culturales entre un 10 y un 30 por ciento para un 45 por ciento de los encuestados, mientras que para otro 27,5 por ciento ese recorte ha sido superior al 30 por ciento. El sondeo, en el que participan 105 expertos formado por escritores, artistas, directores y actores, arquitectos y creadores de todos los campos, responsables de fundaciones, directores de museos, editores, productores, galeristas y gestores culturales, entre otros, arroja como resultado que la recuperación cultural no es inminente.
El fútbol es una presencia apabullante en nuestros medios. Es incómodo criticar que casi la mitad de cualquier espacio de noticias en una cadena se dedique a la información deportiva, o mejor dicho futbolística, cuando uno comprueba en la calle y en la barra que la conversación futbolística ocupa también la mitad del espacio. La pregunta correcta sería saber qué fue anterior. ¿El fútbol se convirtió en negocio por el interés que despertaba o fue el interés que despertaba entre la gente lo que lo convirtió en negocio? No es raro, pues, que la literatura, un enorme campo de juego donde los autores especulan con pasiones humanas, abriera la puerta al fútbol. En España, donde el franquismo se apropió de las expresiones populares como toda dictadura, la distancia del intelectual era casi higiénica. En cambio en Inglaterra, Francia, Argentina y sobre todo Brasil, escritores, músicos, pensadores, han mirado siempre al fútbol con enorme naturalidad y precisión.
En dos antologías recién aparecidas, Deporte, arte y literatura, editada por José Antonio Sánchez Rodríguez y José Antonio Mesa Touré para Litoral y el Consejo Superior de Deportes, y Libro del fútbol, editado por Pablo Nacach para 451, cualquiera puede asomarse a lo que el deporte y el fútbol en particular han provocado en escritores de diverso pelaje desde los tiempos de Píndaro hasta el lúcido análisis de uno de los mejores cronistas deportivos de este país, Santiago Segurola, cuando cierra el pasado Mundial con una crónica donde reconoce el resultado triunfal de Italia, pero su nula capacidad para generar juego. La grandeza del fútbol está en esa pelea entre el marcador final, lo único incuestionable, y el recuerdo particular. Al final, el cabezazo de Zidane a Materazzi en el día de su retiro es la escena que quedará, como queda la selección brasileña de 1982 o la de Holanda de 1974 por encima de triunfos oscuros y olvidables. La recolección de letras dedicadas al deporte sirve para vencer algunos tópicos. Muchos intelectuales han frecuentado el juego en sus escaramuzas literarias, desde la Generación del 27 hasta Gonzalo Suárez, Enrique Vila-Matas, Sergi Pàmies o Javier Marías, pasando por Celaya, Neville, Delibes, Pombo. Desde el Chillida portero retirado por una lesión hasta Joan Manuel Serrat con una canción dedicada a Kubala, el fútbol ha significado un referente íntimo para muchos referentes nacionales. En la sexta edición de Cosmopoética en Córdoba, Poesía a patadas, se recogía poesía universal dedicada a este juego y su mítica, desde el Vinicius que canta al ángel de las piernas torcidas Garrincha hasta Elena Medel escribiendo de Iker Casillas “delicatessen tu mentón, Apolo Mío”.
La naturalidad de trato nos vino desde Latinoamérica. Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa, Benedetti, Galeano, Dante Panzeri o el anecdotario poético de Menotti desembarcaron aquí de la mano de un jugador llamado Jorge Valdano, que publicó en 1986 en Revista de Occidente una reflexión sobre el miedo escénico, que él había escuchado en García Márquez para referir el pavor a hablar en público, pero que aplicaba al existencialismo de un futbolista. Antes que él, Vázquez Montalbán había capitaneado la recuperación de valores sentimentales de la posguerra, donde el fútbol y especialmente el FC Barcelona jugaban un papel simbólico. Para compensar la mirada culé de Vázquez Montalbán, EL PAÍS invitó a un madridista confeso como Javier Marías a ejercer de contrapunto y sus Letras de fútbol tituladas Salvajes y sentimentales (cuya edición ampliada se publica en Alfaguara) sostienen la llama de los días de la infancia, las alineaciones del recuerdo, los cromos. Su madridismo orgulloso no le evita convertirse en un firme defensor del sentido común, de los jugadores insignia, como Raúl o Guti, y distanciarse del modelo empresarial de nuevo rico, del fanatismo violento, del resultadismo crudo. La fórmula más precisa de la inteligencia es aquella que obtiene placer de las fidelidades, de los instintos, en lugar de esclavizarse a ellos. Así, entre puyazos a los rivales de toda la vida, es capaz de reconocer un gol mágico de Kiko o dejar constancia de la coherencia de un Guardiola, que cuando era jugador se desmarcaba de los presidentes bocazas asegurando aquello de “ellos sin nosotros los jugadores no son nada”, que resuena cuando hoy, ya de entrenador, sigue sosteniendo lo mismo. Pero la lírica deja una parte oscura donde las apuestas y el crimen organizado son las manchas más visibles. Cicatrices que el libro de Declan Hill Juego sucio analiza con especial interés en los mercados asiáticos. Su título original es The Fix (El arreglo) y se centra en los partidos amañados. Por desgracia a España no la toca más que de pasada, con aquellos relojes de lujo que regalaba el Real Madrid a los jueces de línea europeos o los desmanes de Gil y Gil y sus turbias relaciones exteriores. Sólo de tanto en tanto caen redes criminales, como en Italia en dos ocasiones o el caso del portero Bruce Grobbelar, que tiene un libro dedicado a su asunto, escrito por David Thomas y titulado también Foul Play (Juego sucio). De todas maneras, si la presión social se agrava, y alguien se encuentra necesitado de mentes preclaras con las que asociarse al desprecio del fútbol no busquen muy lejos. Borges dedicó algunos de sus mejores vituperios a esta afición y siempre pueden recurrir a su cita ya clásica: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”.
DAVID TRUEBA
El País, Babelia, 5 de junio de 2010
Otro autor a quien le gusta controlar las cubiertas de sus libros es Javier Marías, que ha elegido prácticamente todas las suyas. Entre ellas, el montaje con los cromos de su vieja colección infantil que aparece en el reciente Salvajes y sentimentales. «La razón es tan sencilla como que un libro tuyo es un objeto que vas a tener toda la vida en casa, ya que, en general, es muy raro deshacerse de los propios libros, así que me parece importante que me guste.»
JESÚS MARCHAMALO
Abc de las artes y las letras, 5 de junio de 2010
Vídeo: Javier Marías, siempre alerta como Sherlock
Javier Marías, analítico como Sherlock
Al autor de Tu rostro mañana le fascina el sagaz sabueso de sir Arthur Conan Doyle. “Me hubiera gustado ser Sherlock Holmes. Es una persona muy inteligente que vive en permanente alerta y captando lo que le rodea de la gente, mucho más de lo que cualquiera de nosotros solemos hacer. No es exactamente un hombre de acción pero no la desdeña”, explica Marías en este vídeo de la serie “¿Qué personaje de la literatura le hubiera gustado ser?”, iniciada con motivo de la 69ª Feria del Libro de Madrid.
WINSTON MANRIQUE SABOGAL
El País, 1 de junio de 2010
Al comenzar este año la feria he tenido una sensación de alegría especial ya que la esperaba como agua de mayo (la crisis aprieta mucho) y porque me di cuenta de que ya eran veinticinco los años que ininterrumpidamente acudía al Retiro.
Las buenas sensaciones fueron creciendo el sábado ya que por fin conocería a uno de mis escritores favoritos y que nunca había estado firmando en nuestra caseta. Enrique Vila-Matas apareció por el paseo de coches con ese aire entre despistado y tímido que se aprecia en sus fotografías, nos presentamos y empezamos a hablar de literatura y fútbol.
Por la tarde Javier Marías tuvo una de las firmas más multitudinarias que recuerdo ya que nunca en 15 años tuvo que venir la seguridad de la feria para hacerse cargo de la fila de lectores que buscaban su firma. Es una satisfacción enorme que dos estupendos escritores generen tanta expectación ya que desde mi librería de la calle Mayor de Madrid siempre he reivindicado la buena literatura.
ANTONIO MÉNDEZ
El País, Madrid, 1 de junio de 2010
El último número de Reading Room Journal, la revista literaria que dirige la escritora y periodista norteamericana Barbara Probst Solomon, presenta en inglés una selección de textos de escritores españoles. Entre ellos, la traducción por Margaret Jull Costa del cuento Caído en desgracia de Javier Marías: Fallen From Fortune.
El Reino de Redonda peligra, o al menos, su actividad vital, sus pulsaciones se debilitan. La aventura de imaginar un territorio real poblado de criaturas fantásticas aunque reales, seres impensables pero de aspecto humano y hasta vulgar, en ocasiones, requiere mucho esfuerzo; más: sacrificio. Un valor poco visible en nuestros días. A veces parece fácil lo que en realidad es tarea de héroes.
Les contaré desde el principio: hay una isla en las Antillas, un pedazo de tierra donde viven aves y lagartos, además de unas cuantas especies vegetales, que perteneció a un caballero inglés en el siglo XIX. Este caballero logró de su británica Majestad el reconocimiento como rey de la citada isla –Redonda, se llama, pues algo tuvo que ver con España, en otro tiempo- con el fin de dejar ese título en herencia a su hijo, el escritor M. P. Shiel, quien, a su vez, lo cedió a Gawswhorth, bibliodipsómano, según crónicas, que debió de dilapidar la dudosa fortuna del reino en varias ocasiones de necesidad extrema. Estos cambalaches reales crearon una controversia de herencia del titulo que aún colea. Pero llegó el día, 1997, en que el cetro quedó en manos de Javier Marías, el único rey español de Redonda, que ha elegido para reinar un nombre escrito a la provenzal, Xavier I de Redonda.
Don Xavier I incrementó notablemente la importancia de Redonda, cuando creó la editorial del mismo nombre, en 2000. Publicó libros bellos y buenos de leer y estableció un premio por el que escritores y cineastas llegan a ostentar el titulo de Duque, y hasta de Duquesa, del muy excelente Reino. Este año, le ha tocado a Milan Kundera, el escritor checo de La insoportable levedad del ser.
El caso es que el tal premio está dotado económicamente, por si fuera poco lo del titulo nobiliario. Y, comoquiera que la Reina Victoria ya no apoya el invento, los fondos del premio salen del mismo bolsillo de siempre, o sea, del de Marías propiamente dicho. Y a pesar de lo divertida que es la experiencia de este premio que muchos de sus muy ilustres premiados han tomado con humor y elegancia, el esfuerzo hercúleo sobrepasa al escritor, mortal, al fin y al cabo.
Vamos, que se van acabando la pasta y la paciencia. Y con razón. Marías se queja de la poca difusión mediática. Así son las cosas de este mundo, que lo bueno a menudo pasa desapercibido, atareado como está el gentío en distracciones vanales que les aparten de pensar en la muerte. Y mira que el lema del Reino es redondo: Ríe, si sabes. Puede que ésa sea la empresa más difícil de cumplir para Xavier I, extender ese lema de tan vital importancia y que en la sociedad española falta a menudo. Ride si sapis.
Ojala que el autor de Todas las almas no tenga que abandonar y encuentre algún patrocinio digno de la poesía que encierra esta loca idea tan real y tan apreciable. Desde aquí, levanto mi copa para desear: ¡Larga vida a Redonda!
ELVIRA HUELVES
Cuarto poder, 27 de abril de 2010
ÍTACA S.L. distribuye los libros de Reino de Redonda
Javier Marías no ha hecho ninguna declaración a Europa Press sobre el libro electrónico, tal y como esta agencia informaba el día 23 de abril.
Al Reino de Redonda ha llegado también la crisis. El año pasado se redujo de 6.500 a 3.000 euros la dotación del premio que cada año (desde hace 10) concede a un escritor o cineasta de lengua no española. Esos 6.500 euros fueron excepcionales, fruto de la alegría derrochadora que se impuso en tiempos de bonanza económica. Hasta entonces, desde la primera edición de 2001 que ganó J. M. Coetzee, ninguno de los ganadores se había llevado más de 6.000, y el título de duque, por supuesto. Milan Kundera fue el elegido este 2010 por un jurado tan selecto que se distingue por una particularidad: todos son nobles.
Es más, todos son duques. Y fueron investidos como tales por Xavier I, nombre que tomó Javier Marías cuando fue coronado rey de Redonda a finales de los años noventa. El monarca anterior, Juan II (Jon Wynne-Tyson), abdicó en el autor de Todas las almas harto de bregar con los otros aspirantes al trono. En aquella novela, Marías se ocupaba del escritor John Gawsworth, que heredó el trono de Redonda de otro escritor, M. P. Shiel, que a su vez había sido coronado por el dueño del islote, su padre, que se lo compró a la reina Victoria en 1865.
Fue Colón el que llamó Redonda a ese trozo de tierra en mitad del Caribe, de kilómetro y medio de largo por uno de ancho, situado cerca de Antigua y Montserrat y habitado únicamente por alcatraces. Marías ha dicho que parece que también hay algunas cabras, pese a no haber visitado aún su reino. Eso sí, cumple rigurosamente los mandatos que le encomendaron como monarca: perpetuar la leyenda y ocuparse, como albacea literario, de las obras de Gawsworth y Shiel.
En 1999, Xavier I empezó a nombrar a los primeros duques. Almodóvar, Coppola, Eduardo Mendoza, Vargas Llosa, Lobo Antunes, Pérez Reverte, Juan Villoro o Francisco Rico son algunos de ellos, a los que se han añadido los ganadores del premio (Magris, Eco, Steiner, Alice Munro…). Dice Marías que lo más difícil es explicarle de qué va el galardón a cada nuevo premiado, no vayan a tomarlo por loco. Pero es algo que va en el cargo. Y, además, deben hacerlo con humor. No en vano, el lema de Redonda es Ride si sapis, ríe si sabes. Señor Kundera: ¡muchas felicidades!
El País, 22 de abril de 2010
La crisis también golpea al islote gobernado (a distancia) por Xavier I, su teórico monarca en activo, y habitado por una casi indigente población de alcatraces y pequeños reptiles. El Premio Reino de Redonda, cuya décima edición se fallará uno de estos días, ya sufrió el año pasado un fuerte recorte en su dotación (de 6.500 a 3.000 euros), que tradicionalmente sale de los bolsillos de Javier Marías. En algún momento, incluso, ha cundido cierto desánimo, habida cuenta del esfuerzo burocrático que supone su organización y del escaso eco que recibe en la prensa un premio que concede el jurado más importante del mundo (sus miembros: Almodóvar, Lobo Antunes, Ashbery, Beevor, Boyd, Bradbury, Braudeau, Byatt, Citati, Coetzee, Coppola, Díaz Yanes, Dobson, Eco, Elliott, Fumaroli, Gehry, Gimferrer, Magris, Mendoza, Michael, Munro, Pamuk, Pérez-Reverte, Rico, Robertson, Savater, Steiner, Vargas Llosa, Villena y Villoro). Incluso existió la tentación, al parecer rápidamente desechada, de abrirlo a la financiación de algún grupo o institución extranjera. Por lo demás, y según mis confidentes, la nobleza de Redonda sigue unida en torno al monarca. No puedo asegurar lo mismo (aunque tampoco lo contrario) respecto a los ciudadanos de a pie, entre quienes, de continuar la crisis, podría prender el virus republicano. Como reza el lema del (todavía) reino, ride si sapis.
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
El País, Babelia, 10 de abril de 2009
Sorprende que el periodista español Joan Antoni Guerrero, uno de los impulsores del texto de repudio del régimen cubano, haya dicho con respecto a algunos firmantes que habían llegado tarde a esta condena del castrismo.
Imagino a Guerrero con un cronómetro viendo a qué hora llegaban adonde él ya estaba gente como Almodóvar o Marsé o Ana Belén y Víctor Manuel. He escuchado también a algún conspicuo periodista de los que jamás se equivocan que algunos firmantes fueron castristas de toda la vida, como si no hubiera (acaso el propio conspicuo) gente que fue castrista, estalinista e incluso maoísta que hizo el viaje de vuelta porque o lo vio claro o le dio la real gana.
Con esa medalla del arrepentimiento vive gente muy reputada a la que todo el mundo respeta, y con razón. En la época gloriosa en la que todos vivíamos contra Franco, como decía el maestro Manuel Vázquez Montalbán, Blas de Otero escribió que se iba a China “a orientarse un poco”. Había mucha gente que hacía ese viaje, y aquí nadie se rasgaba las vestiduras. Luego volvían y decían que tampoco era para tanto la muralla china.
Pero se hacían esos viajes como se hacían los viajes a Perpiñán. Algunos venían (o vienen) de Cuba más convencidos de lo que fueron, pero muchísimos regresaron (o regresan) desencantados de haber creído que debajo del montículo donde pastaba una cabra había un tesoro. Y digo esto del tesoro porque en el siglo XIX, cuando mis paisanos canarios se iban a Cuba, tenían delante esa perspectiva: que cuando llegaran a Cuba la isla feraz los iba a hacer ricos.
Los de mi quinta creímos que aquella revolución de 1959 iba a redimir el mundo, pero luego vinieron noticias de que no era para tanto, hasta que vimos con nuestros propios ojos que no había tesoro, y que ni siquiera (¡ay!) había tesoros morales. Y abandonamos el sueño, pero no alegres, pero no alegres. Para los de mi quinta la desilusión cubana es tan seria como la desilusión de nuestros antepasados que fueron allí a buscar oro y hallaron lo otro. Cuando esta desilusión fue la mirra de nuestros sueños, no había un Guerrero que estuviera cronometrando si llegaba tarde o pronto al convencimiento de que la revolución tenía, tuvo y tendrá estas cosas, y que la gente irá diciendo lo que le parezca a medida que su conciencia le va diciendo lo que tiene que hacer.
No sé qué habrán pensado los firmantes de aquella carta, que yo hubiera firmado también, cuando ha venido este colega nuestro con el cronómetro en la mano. Les recomiendo, de todos modos, un texto fantástico del maestro mexicano Jorge de Ibargüengoitia, que fue premiado por la revolución cubana en 1964; en su texto Revolución en el jardín (publicado ahora otra vez en España por Javier Marías en su editorial Reino de Redonda) dejó claro desde entonces que el oro de nuestras pasiones era bastante de barro. Pero allí nadie cronometró a Ibargüengoitia porque además creyeron que su sátira era un elogio. Por cierto, a don Jorge le pidieron los cubanos que llevara a Cuba un busto de Zapata para quitar el de otro Zapata que les sobraba. Es curioso que otro Zapata (Orlando) sea ahora la víctima en torno a la cual se firma la carta que impulsó Guerrero. Y que aquí se da por firmada, con permiso del cronómetro del colega.
JUAN CRUZ
El País, 21 de marzo de 2010
Señor Director:
En el reportaje Léeme o muere, en EP3 del 5 de marzo, el señor Jorge Carrión, en su afán por justificar los megalómanos tráileres promocionales que ha hecho de una novela suya, dice que “Cada cual hace networking a su manera: Javier Marías, por ejemplo, carteándose con celebridades que admira y que después se citan en las solapas de sus libros”.
El señor Carrión no me conoce y no sé de dónde ha sacado semejante infundio. Ni me “carteo con celebridades”, ni nunca le he pedido a nadie una cita para colocarla como condecoración, ni jamás se ha citado en un libro mío ninguna frase de nadie que no se hubiera publicado en prensa con anterioridad. Es más, citar un elogio hecho privadamente, en una misiva personal, me ha parecido siempre una bajeza en la que nunca se me ocurriría incurrir. Sería de desear que el señor Carrión se dé el autobombo que le plazca, aun a riesgo de hacer el ridículo, sin mezclarnos en ello ni atribuirnos falsedades a los demás.
Javier Marías
El País, 9 de marzo de 2010
Un buen día caen en desgracia y nadie sabe muy bien por qué ha sido. La gente deja de usarlas; es la primera denuncia. Después, los académicos, aquellos sabios encargados de la vigilancia de la lengua, las sentencian a morir arrojándolas fuera del diccionario. A nadie le gusta asesinar palabras. Son casos aislados. Aunque también se dan los ejemplos heroicos. Como el de la palabra acercanza.
Resulta que en la comisión correspondiente de enmiendas y adiciones, un buen día se presentó ante las narices de los señores académicos el palabro en cuestión. Moribunda, en la UVI del diccionario, nadie documentaba su uso desde 1494. Es la línea fronteriza. Las palabras que han sido utilizadas desde 1500 deben permanecer porque el diccionario es un instrumento que facilita la comprensión de cualquier texto desde esas fechas hasta hoy. Alguno clamó, con sangre fría, que debía eliminarse. Pero dos escritores presentes en el juicio, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte, y un humorista de raza como Mingote detuvieron en última instancia el aniquilamiento.
Fue un arrojo romántico. Acercanza les sonaba a cercanía, pero con muchas más lecturas. “Con un toque afectivo”, confiesa Pérez-Reverte. En la definición dice: “De acercar. Proximidad, relación”. Y además les mecía ese sonido tan propio, meloso, musical, vivo. Total, que decidieron lo insólito: resucitarla.
“Nos juramentamos allí, nos comprometimos a darle vida de nuevo”, comenta el autor de Alatriste. El procedimiento en estos casos es fácil. Volverla a usar. Como Marías, Pérez-Reverte y Mingote tienen prédica semanal en los diarios y se pusieron manos a la obra. Los escritores la incluyeron en sus artículos y el humorista en su viñeta. Además, Pérez-Reverte la ha utilizado en su nueva novela, El asedio.
Pero ya que ha vuelto a la vida, Marías no ha querido desaprovechar la oportunidad de aumentar su eco, de darle nuevas dimensiones. “Nos pareció que era una palabra bonita por sí misma, sin necesidad de dar muchas explicaciones”, asegura el novelista. “Yo la volví a utilizar con un sentido nuevo, le quité la acepción poética y la coloqué en un uso normal, algo así como: ‘Si alguien prefiere rehuir esa acercanza”. El efecto se consiguió a las mil maravillas. “Incluso tenemos que agradecer a los críticos su labor”, proclama Marías. Muchos atacaron que en la Real Academia se dedicaran a esas cosas. ¿A qué sino?, cabe preguntarse. “Cuanto más utilizaban el ejemplo sea a favor, fuera en contra, más se afianzaba su uso, que era la cuestión fundamental”, dice Marías.
No es muy habitual esta resurrección de palabras enfermas. Los académicos son conscientes de su misión. “Hay que hacer hueco, ésa es la verdad, de todas formas nosotros influimos muy poco en esa selección. Los que de verdad influyen son los medios de comunicación con los usos reiterados”, comenta Álvaro Pombo. También lo dice Emilio Lledó, que estaba en la operación rescate. “Soy muy poco partidario de eliminar palabras”, comenta el filósofo. Más bien prefiere inventarlas. Pero en eso ha corrido una suerte variable hasta el momento. “Hace poco se me ocurrió la palabra aterrorismar, dícese de quien mete miedo a la gente con la excusa del terrorismo. Escribí un artículo dedicado a ella, pero ha tenido poco predicamento”, asegura Lledó.
Hay otros ejemplos de palabras que se han incluido y han perdido vigencia en algunas áreas. Antonio Muñoz Molina recuerda un caso querido. “Cuando se debatió maizena, que era uno de esos nombres de marca comercial que se convierten en sustantivos genéricos, como danone por yogur”. La marca perdió preponderancia y dejó de usarse mucho en España. “Para mí tiene su valor sentimental, porque está asociado a la infancia: a los niños de finales de los cincuenta nos daban maizena para ponernos robustos”, rememora el escritor de Úbeda.
Los criterios pueden parecer caprichosos en casos así. “Ha habido sesiones en las que hemos visto palabras que se arrastraban por el diccionario porque venían de ediciones anteriores, sin ninguna constancia de uso en siglos. De todos modos hay que ser cuidadoso, porque el hecho de que una palabra haya dejado de usarse no indica que no convenga mantenerla en el diccionario”, asevera Muñoz Molina.
El escritor es partidario de ser generoso con las entradas. “Creo que hay que ser cauteloso. Al fin y al cabo, una palabra tampoco ocupa tanto espacio. Eso sí, a no ser que sea una palabra fantasma que en realidad no se ha usado nunca”.
De todas formas hay casos más peliagudos, explica el director de la RAE, Víctor García de la Concha. Los términos más técnicos. “Palabras del dialectismo y de las jergas jurídicas, la medicina, la filosofía que se incluyeron siguiendo un criterio acertado en su época, pero que ya no tienen sentido ni en su propio mundo”, comenta. Muchas de ellas pasan al diccionario histórico y ahí quedan. En los demás casos, cuando se documentan en un texto literario y no se utilizan habitualmente, el DRAE avisa. “En esos casos especificamos que están poco usadas”, asegura García de la Concha.
Sin embargo, la RAE se enfrenta a nuevos tiempos. Quizás ya no urja deshacerse de todas y cada una de las palabras moribundas. La era digital ensancha y destroza la frontera del papel del propio diccionario. Los académicos cuentan con hueco para todas y cada una de las palabras, muertas o vivas. “Es una buena observación”, comenta Víctor García de la Concha. La magia de aquel armatroste de papel que un buen día sorprendió a Pablo Neruda para dedicarle su Oda al Diccionario -”No eres tumba, sepulcro, féretro, túmulo, mausoleo, sino preservación, fuego escondido, plantación de rubíes, perpetuidad viviente de la esencia, granero del idioma”- ya cuenta con un espacio infinito donde saltan sin cesar todas las palabras de todos los idiomas. Como en un babel horizontal de pasado, presente y futuro.
JESÚS RUIZ MANTILLA
El País, Babelia, 27 de febrero de 2010
GAME CHANGE: Obama and the Clintons, McCain and Palin, and the Race of a Lifetime, by John Heilemann and Mark Halperin (Harper/HarperCollins, $27.99.) The inside story of the 2008 campaign, longer on vignettes and backstage gossip than on analysis.
THE PRIVILEGES, by Jonathan Dee (Random House, $25.) In this intelligent novel, a contemporary morality tale, a family stumbles along, rich and dysfunctional, without ethical or moral responsibility.
CHANGING MY MIND: Occasional Essays, by Zadie Smith (Penguin Press, $26.95.) The quirky pleasures here are due in part to Smith’s inspired cultural references, from Simone Weil to “Buffy the Vampire Slayer.”
YOUR FACE TOMORROW. VOLUME 3: Poison, Shadow and Farewell, by Javier Marías. Translated by Margaret Jull Costa (New Directions, $24.95.) In the final volume of Marías’s sui generis novel, his narrator, an uneasy spy, peers into the territory of torture.
DAY OUT OF DAYS: Stories, by Sam Shepard (Knopf, $25.95.) Shepard’s anonymous narrator, his own red-eyed alter ego, drives to forsaken places most travelers never stop, but he’s fine with being nowhere.
TRUE CONFECTIONS, by Katharine Weber (Shaye Areheart, $22.) This novel’s heroine, an unhappy daughter of repressed New England Protestants, finds her destiny with a family of immigrant candy makers.
MARCHING FOR FREEDOM: Walk Together, Children, and Don’t You Grow Weary, by Elizabeth Partridge (Viking, $19.99; ages 10 and up.) Pivotal civil rights victories through the eyes of young participants.
ONE CRAZY SUMMER, by Rita Williams-Garcia (Amistad/HarperCollins, $15.99; ages 9 to 12.) A novel of three sisters, their mother and the Black Panthers.
ROSIE AND SKATE, by Beth Ann Bauman (Wendy Lamb, $15.99; ages 12 and up.) On the Jersey Shore, teenage sisters cope with an alcoholic father.
The New York Times, Sunday Book Review, January 21, 2010
Todas las almas (1989), de Javier Marías
Tengo muchas dudas en relación con la novela española de los últimos decenios, que conozco de manera muy insuficiente. Todas las almas me parece, sin embargo, un verdadero tour de force constructivo y un mundo novelesco muy atrayente. Todo un ejercicio de inteligencia y de sabiduría narrativa. Javier Marías es tal vez el novelista español más brillante surgido en los últimos tiempos.
ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA
Tu rostro mañana (2002-2008), de Javier Marías
A esta novela le llega la corriente eléctrica de dos generadores que redoblan la potencia anterior del escritor: la intuición experimental de un novelista insatisfecho con cada uno de sus anteriores narradores morosamente reflexivos y la intuición civil o ética de un novelista más y más dispuesto al autoanálisis y la meditación sobre un pasado colectivo del que quiso huir a todo trance en sus primeros libros y al que ha regresado para aceptarlo ya también como casa propia y no sólo mera residencia accidental.
JORDI GRACIA
Fiebre y lanza (2002), de Javier Marías
Ahora ya no se puede leer como una obra autónoma, pero yo lo hice cuando apareció. Muy diferente al resto de las novelas de su autor, cuenta varias historias de la Guerra Civil, como la del asesinato de Andreu Nin, que ya había obsesionado a Juan Benet, y de la Segunda Guerra Mundial, relacionadas con el silencio y el “no contar”. La búsqueda por las fosas improvisadas de Madrid de un cadáver es espeluznante.
FÉLIX ROMEO
Letras Libres, enero de 2010
100 Libros, discos, películas e inventos de la década
2000-2009. Los expertos eligen los mejores
1. La fiesta del chivo. Mario Vargas Llosa
2. Tu rostro mañana. Javier Marías
3. La carretera. Cormac McCarthy
4. Las benévolas. Jonathan Littell
5. La reina en el palacio de las… Stieg Larsson
6. Cometas en el cielo. Khaled Hosseini
7. Ébano. Ryszard Kapuscinski
8. Suite francesa. Irene Nemirovsky
9. Brooklyn Follies. Paul Auster
10. Expiación. Ian McEwan
La selección ha sido realizada por: Arcadi Espada, Lorenzo Silva, Ana S. Pareja, César Antonio Molina, Ángel Méndez, Blanca Berasategui, Santos Sanz Villanueva, Ymelda Navajo, Agustín Pery y Antonio Lucas.
Magazine, El Mundo, 3 de enero de 2010
Hay muchos escritores geniales actualmente: Don DeLillo, Coetzee, mi esposa Siri Hustvedt. Y también me gustan autores españoles, como Javier Marías o Vila-Matas.
El Mundo
Sobre la literatura, dijo que le gusta la contemporánea y, en cuanto a escritores españoles, destacó a Javier Marías, con quien participó en un recital en Nueva York, y Enrique Vila-Matas.
Diario Vasco
En los últimos días he consultado casi una veintena de listas de los “mejores libros del año” publicadas en algunos de los principales suplementos y revistas culturales extranjeros. Si quieren hacerse una idea de su proliferación vayan a Google y compruébenlo en un par de golpes de tecla. La “retórica de la enumeración” (consúltese el muy navideño libro de Umberto Eco El vértigo de las listas, Lumen) se apodera de las páginas culturales de muchos medios en este diciembre tan tradicionalmente propicio al balance. Algunas listas no se conforman con consignar los mejores libros del año y, aprovechando que se acaban los noughties (los años con cero en las decenas), proponen a sus lectores un interesante ejercicio acerca de qué libros (o qué películas, o qué música) “definen” mejor el espíritu de esta década que ahora finaliza y en la que el terrorismo, la guerra, la crisis, el cambio climático y la apoteosis de la cultura de la celebridad han colonizado las primeras de periódicos serios y tabloides. Las listas de los “mejores” (o más “importantes”) libros sirven para poco más que para registrar el coyuntural y momentáneo estado de opinión (y a veces de ánimo) de quienes las elaboran: son un juego útil y abierto a la polémica, al recuerdo, a la reflexión, al contraste. Para componerlas algunos periódicos recurren no sólo a escritores, críticos y periodistas culturales, sino también a celebridades mediáticas, a cuyas opiniones y gustos se atribuye un enorme valor suasorio (los interesados en la mecánica de la celebridad consultarán con provecho La fama. Iconos de la religión mediática, de Margarita Rivière, publicado por Crítica). Las listas tienen la obsolescencia inscrita en su mismo ADN metodológico (¿se acuerdan de cuando El acorazado Potemkin era la mejor película de la Historia del Cine?), pero ayudan a sugerir “ideas” para que cada cual se oriente/desoriente en la orgía general de consumo que se nos viene encima, por eso son útiles para el engrase del mercado. Sobre todo en un año como éste, en el que el negocio librero no está siendo como para lanzar cohetes y quedarse arrobado contemplando su estela.
Esperando con auténtica ansiedad la lista que publicará Babelia en un par de semanas, abro boca con las extranjeras que van cayendo en mis manos. Bolaño y Marías son los autores hispánicos más citados en las listas anglófonas (2666, Los detectives salvajes y el último volumen de Tu rostro mañana han recibido auténticos ditirambos en la prensa británica y estadounidense). Entre los otros géneros, me llama la atención lo muy citadas que están las biografías literarias de John Cheever, Raymond Carver y Somerset Maugham (publicadas respectivamente por Knopf, Scribner y John Murray), y la recopilación de correspondencia The Letters of Samuel Beckett, 1929-1940 (Cambridge). Más cerca de nosotros, la mejor biografía publicada en Francia este año, según los redactores y críticos de la revista Lire, ha sido Gabriel García Márquez: una vida, de Gerald Martin (en español en Debate). Por lo demás, los editores españoles también han elaborado sus propias listas (interesadas): las encuentro cada día puntualmente en la bandeja de entrada de mi correo electrónico, que rebosa de mensajes (”urgentes”) con el asunto “apuestas de Navidad”, o similar. Y es que aquí quien no lista, vuela.
Celebridades
Confiesa el crítico y biógrafo Pietro Citati (de quien jamás me cansaré de recomendar su espléndido El mal absoluto: en el corazón de la novela del siglo XIX, Galaxia Gutenberg) que lo único que le interesa retener de las vidas de los escritores de los que se ha ocupado (y lo ha hecho de muchos, de Kafka o Tolstói a Goethe o Katherine Mansfield) son aquellos episodios que pueden ser considerados simbólicos para entender su obra literaria (¡si Barthes -reléase, por ejemplo, S/Z, de 1970- y demás partidarios posestructuralistas de la teoría de la muerte del autor levantaran la cabeza!). Llevado a sus últimas consecuencias, y desprovisto de toda consiguiente “ganga” biográfica, tal propósito llevaría a tratar a los escritores estudiados como si fueran personajes de ficción, lo que, sin ir más lejos, constituye el fundamento de esa estupenda colección de brevísimas biografías de “individuos calamitosos” -todos ellos autores, por cierto- que componen las Vidas escritas (1992 y 1999), de Javier Marías.
Estos días de avalancha libresca prenavideña he recibido dos nuevos volúmenes que tratan de explotar ese pequeño filón editorial que son las colecciones de (breves) relatos biográficos de las celebridades literarias. El primero es Póquer de ases (Alfaguara), de Manuel Vicent, un volumen en el que se reúnen (ilustradas por Fernando Vicente) una treintena de “radiografías” de escritores españoles y extranjeros de primera fila, tratadas desde un peculiar punto de vista de insider, de colega más o menos irónico y distante que conoce bien los abismos y cumbres del oficio. El otro es 44 escritores de la literatura universal (Siruela), de Jesús Marchamalo (caricaturas del pintor Damián Flores), una muy entretenida colección de viñetas biográficas de escritores europeos y norteamericanos de los siglos XIX y XX que se leen como relatos instantáneos y cuyo hilo conductor es ese “rasgo” peculiar y siempre diferente que, según el autor, define a cada persona. Ambos libros, compuestos desde la cercanía del periodismo, son también, a su modo, sugestivas (e irresistibles) invitaciones a ulteriores lecturas.
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
El País, Babelia,12 de diciembre de 2009
Los escritores ingleses eligen los mejores libros del 2009
My book of the year is Javier Marías’s conclusion to his Your Face Tomorrow trilogy. Although an unashamed novel of ideas, Poison, Shadow and Farewell (Chatto & Windus) possesses an astonishing tension which makes it hard to put down. Marías’s observation in exquisite detail has prompted many comparisons to Proust, but his themes, including human corruption through state secrecy and power, could hardly be more contemporary. It is probably the most powerful and important novel to appear in European literature for some time.
ANTONY BEEVOR
The Guardian, Books, 28 November 2009
En la primera de sus Prosas apátridas (1975) Julio Ramón Ribeyro se hacía, verdaderamente angustiado, una pregunta parecida a la que había obsesionado a Cyril Connolly en Enemies of Promise (1938): “¿Qué cosas hay que poner en una obra literaria para durar?”. El autor británico había escrito su influyente ensayo para dilucidar -en una época en la que la producción editorial era muy inferior a la actual- cómo escribir un libro que durara diez años. No es demasiado tiempo. Y, sin embargo, ¿quién se acuerda de la inmensa mayoría de las novelas publicadas en español -aquí y allá- en la última década? En 2007, con motivo del IV Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Medellín y Cartagena de Indias (el cónclave académico que elevó al trono de Cervantes -con una puesta en escena digna de Busby Berkeley- a García Márquez como dios vivo del Olimpo literario hispánico), la revista colombiana Semana publicó una interesante lista de las “100 mejores novelas de la lengua española de los últimos 25 años”. Releída ahora, la nómina, construida a partir de los votos de “81 escritores, editores, periodistas y críticos literarios”, adolece de la obsolescencia inevitable de todo periodismo. Las cinco primeras novelas eran latinoamericanas (1ª: El amor en los tiempos del cólera, de GGM; 2ª: La fiesta del Chivo, de MVLL; 3ª: Los detectives salvajes, de Bolaño; 4ª: 2666, de Bolaño; 5ª: Noticias del Imperio, de Fernando del Paso), y la sexta era Corazón tan blanco, de Javier Marías. Ignoro cuáles de esas 100 novelas aguantarían hoy en una segunda edición puesta al día (y a la moda, y a los pasajeros entusiasmos) de ese catálogo. Quizás Bolaño (del que se siguen publicando “sobras completas”) se estabilizara en los primeros lugares con sólo una de sus novelas más extensas.
Y tal vez Corazón tan blanco se vería superada por Tu rostro mañana, alabada por The Guardian como “quizás la primera auténtica obra maestra literaria del siglo XXI”. En todo caso, algunas de las que entonces se citaban han soportado con dignidad la prueba de la década, y en estos tres años se han publicado otras (por ejemplo, La noche de los tiempos, de Muñoz Molina) que hoy entrarían en una lista renovada. Lo que sí parece haberse extendido es la convicción de que la literatura hispanoamericana es un único territorio por el que todos transitamos. Eso también tiene su reflejo en algunas (buenas) editoriales españolas, en las que casi la mitad de los títulos de ficción en castellano publicados en los últimos años corresponden a autores nacidos al lado de allá. América -”la bella nadadora entre dos océanos suntuosos”, la llamó Huidobro con imaginería hollywoodiana- está ahora mucho más cerca. Y quizás, en las orillas de esos mares lejanos, y gracias a la literatura que compartimos, ya no tenga sentido la pregunta, sorprendentemente unamuniana, que se hacía Paz en 1965: “¿Recobraremos un día nuestra parte perdida, el gran fragmento de nuestro ser que se llama España?”.
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
El País, Babelia, 28 de noviembre de 2009

La web magazine norteamericana Bookslut ofrece, en su número de noviembre, una entrevista con la traductora de las obras de Javier Marías al inglés Margaret Jull Costa en la que habla de los autores a los que ha traducido.
En estos días me llegaron, por caminos distintos, dos textos curiosamente parecidos. Se parecen en forma y en color –dos cuadernillos de color hueso–, pero además son ambos discursos, y además los pronunciaron dos escritores estrictamente contemporáneos. Uno se titula Sobre la dificultad de contar, y es el discurso de entrada a la RAE de Javier Marías; el otro es la lección magistral que hace poco dio John Banville en el marco del segundo Premio Vallombrosa, y su título es Las personae del verano. Ambos son breves comentarios –o mejor diré aproximaciones, y añadiré cautelosas– al extraño oficio de escribir ficción. O, para ser más preciso, ambos son declaraciones de extrañeza y al mismo tiempo de fascinación por esta actividad humana que es contar las tribulaciones de gente que nunca ha existido; y, si bien parten de lugares muy distintos (y a muy distintos lugares llegan), ambos mencionan en algún momento el carácter más que lúdico, casi pueril, del escritor de ficciones.
Marías lo hace recordando esos versos de Stevenson que tantas veces ha recordado: “No digáis de mí que, débil, decliné / los trabajos de mis mayores, y que huí del mar, / de las torres que erigimos y las luces que encendimos, / para jugar en casa, como un niño, con papel”. Banville usa un poema de Stevens (Wallace), con lo cual sólo un par de letras lo separan del de Marías: “Las máscaras del verano son los personajes / de un autor inhumano”. Luego recuerda cómo, para el novelista principiante, la creación de personajes es la cosa más natural del mundo. “Qué fácil parecía entonces crear aquellas personitas de papel”, escribe de ese principiante. “Todo el día lo pasaba en su estudio, como un juguetón Frankestein en su crepuscular laboratorio.” Y los dos, Marías y Banville, pasan entonces a recordarnos que no, que no es fácil ni natural; que, de hecho, el pacto de la ficción (por el cual los lectores deciden creer en lo que leerán, incluso a sabiendas de que todo es una gran fabricación) es la cosa más rara que existe.
Pero, ¿por qué dedicamos entonces nuestro tiempo, como lectores y novelistas, a estos personajes, estos mundos nacidos de algo tan parecido al capricho? Es la pregunta más recorrida que existe, y sin embargo no hay novelista o lector digno de ese nombre que no se la haya hecho alguna vez. “La obra de arte es un objeto redondeado, bruñido, terminado, se yergue en el mundo completo e inviolable”, dice Banville, “y por eso nos satisface”. “Ese novelista que inventa es el único facultado para contar cabalmente”, dice Marías, y añade que vamos a él porque “necesitamos saber algo enteramente de vez en cuando”. He dicho antes que Marías y Banville llegaban a lugares distintos, pero tal vez no sea así. Ambos desembocan en una misma idea: la búsqueda –humana, demasiado humana– de certezas. Pero no hablamos aquí de certezas morales, que para eso están la religión o la autoayuda, sino de algo mucho más misterioso: la profunda satisfacción que nos dan los mundos cerrados, autónomos y perfectos, de las grandes ficciones. Esos mundos que, precisamente por haber nacido de la imaginación libre y soberana, dan a la realidad un orden y un significado que ésta, por sí sola, no logrará jamás. Esos mundos donde, precisamente porque no han precedido nunca, las cosas seguirán sucediendo para siempre.
Fragmento del libro de Juan Gabriel Vásquez, El arte de la distorsión, Alfaguara, 2009
Hubo un tiempo en que el Premio Nobel de Literatura tenía una vocación decididamente universal. Pero en los últimos 15 años, los miembros de la Academia Sueca han decidido convertirlo en una suerte de premio para escritores europeos. Es cierto que en esta década lo ganaron Coetzee, Naipaul y Xingjian, y también Pamuk (Turquía es una nación euroasiática), pero los otros 11 han sido europeos. De esos, algunos han sido nombres acertados, como Wislawa Szymborska, Günter Grass o Seamus Heaney; otros, sin embargo, son escritores de rango más limitado, como Imre Kertész, Le Clézio o Darío Fo. Europa ha dado origen a muchas de las mejores páginas de la literatura universal y hoy varios de sus escritores mantienen el listón muy alto, pero eso no debería hacer pensar a los que otorgan el Nobel que en los otros continentes ocurre poco o nada.
En sus mejores momentos, este galardón nos descubre a un escritor minoritario, incluso a una literatura de la que no sabíamos mucho. Pero, cuando uno ve sus últimas elecciones, parecería que, más allá del talento individual de sus escritores, con el Nobel de Literatura Europa se premia a sí misma. ¿Por qué nos sorprendemos? Porque, pese a sus equívocos y omisiones, este galardón se había forjado una legitimidad universalista que está comenzando a resquebrajarse. Incluso si hablamos de europeos, la literatura universal no pasa hoy por Kertész o Elfriede Jelinek, escritores que le hablan a una parroquia limitada, sino por Javier Marías o Ismail Kadaré, cuyas propuestas estéticas son renovadoras y abren puertas para la literatura de este siglo.
De lo que se trata es de abrir el mapa, de ampliar la mirada. No es necesario premiar a un escritor muy conocido, como Murakami, Roth o Vargas Llosa. Si les dieran el premio a algunos menos conocidos, como Adonis o Assia Djebar, también estaríamos felices. Nos haría sentir que el Nobel puede acertar en grande, y no sólo mirándose a su propio ombligo.
EDMUNDO PAZ SOLDÁN
La Tercera (Chile), 9 de octubre de 2009
James Wood, crítico británico de The New Yorker, en una entrevista concedida a Gabriel Pasquini para el número de septiembre de 2009 de la revista Letras Libres, comenta sobre la literatura en castellano:
Gabriel Pasquini: ¿Y qué hay de la literatura en español?¿Lees algo?
James Wood: No leo tanto como debería.
G P: ¿Qué opinas, por ejmplo, de Roberto Bolaño?
J W: Mi impresión es que es más fuerte en sus nouvelles, como Nocturno de Chile. Es que me gusta la forma y me gustan las nouvelles. Y hay otro escritor, Javier Marías, que me pareció realmente interesante en Mañana en la batalla piensa en mí.
El escritor angloindio Salman Rushdie, conocido por su controvertida obra Los versos satánicos, cree que actualmente los artistas lo tienen muy difícil para expresarse con libertad. Rushdie está amenazado por el mundo islámico tras la publicación de Los versos satánicos en 1988, debido a la supuesta irreverencia con que se trata a la figura del profeta Mahoma.
En una entrevista en el programa Asuntos Propios (Radio Nacional), Rushdie se ha comparado con Roberto Saviano, el escritor amenzado por la mafia italiana por su publicación Gomorra. “Me siento muy unido a Saviano en un sentido”, pero “la situación de Saviano es peor que la mía”, ha asegurado. Aunque sólo han coincidio unas 3 ó 4 veces, “le he dado todas las recomendaciones posibles”. Desde que publicó su libro sobre la Camorra napolitana Saviano vive oculto y no puede hospedarse durante más de dos noches en un mismo lugar.
Rushdie se ha referido varias veces a la globalización actual. Considera que “el mundo cada vez es más pequeño” por lo que es importante contar historias que interconecten a las personas. “No vivimos en cajas aisladas sino interconectadas”, ha asegurado. Y en ese mundo de interconexión Rushdie cree que es posible preservar la identidad nacional y las raices culturales. “India sigue siendo India”, al igual que España o el Reino Unido tienen sus propias identidades.
La relación entre Oriente y Occidente es una de las temáticas más recurrentes de su literatura, como en su última obra La encantadora de Florencia, publicada en nuestro país el pasado febrero.
Rushdie, que se ha mostrado como un hombre optimista, cree que desde la publicación de Los versos satánicos “el mundo ha mejorado para mí”. No obstante, cree que en la actualidad los artistas tienen dificultades para expresarse con libertad ya que muchos han recibido ataques últimamente. Pero ha asegurado mantenerse unido a sus principios.
Pero los 35 años como escritor también le han dejado un hueco para el sentido del humor. Rushdie ha mostrado su lado cómico y ha bromeado con sentirse como un “miembro extra” de la banda de música U2. Rushdie ha escrito para ellos la letra de la canción The Ground Beneath Her Feet, algo que los irlandeses no habían permitido hasta entonces.
Preguntado por la literatura española ha confesado conocer más la latioamericana. Aunque es un admirador de Gabriel García Márquez, Rushdie recomendaría al escritor español Javier Marías; “es un gran escritor”, ha asegurado.
Rushdie se encuentra en A Coruña para inaugurar el X Congreso de Semiótica que reunirá a un millar de profesionales.
Pero actualmente, está trabajando en el guión cinematográfico de su obra Hijos de la medianoche, que se adaptará al cine y cuyo rodaje podría comenzar en el plazo de un año.
Salman Rushdie, uno de los escritores más brillantes de la últimas décadas, ha recibido muchos premios pero no ha conseguido el Nobel, el máximo galardón internacional. Rushdie guarda una premisa cuando le preguntan por los premios: “Es muy agradable recibirlos, pero nunca debes esperarlos”.
TVE, 22 de septiembre de 2009





















