Entrevistas

6th Marzo
2010
written by zonafantasma
Foto. Gorka Lejarcegi

Foto. Gorka Lejarcegi

Javier Marías es uno de esos autores que resulta menos airado en persona que por escrito. Decidido a no ser ni banal, ni previsible, ni políticamente correcto, sus artículos son piedras en el estanque del consenso y sus argumentos salpican a izquierda y derecha. Sin importarle quién pueda salir escaldado, el primero que se moja es él. Y si sus artículos en el El País Semanal dan una idea de su contundencia, la antología de textos Los villanos de la nación (Los Libros del Lince) subraya su faceta de escritor comprometido en estos 84 textos aparecidos en periódicos y revistas entre 1985 y 2009.

Como hay un Marías cinéfilo (el recopilado en Donde todo ha sucedido, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), autobiográfico (Aquella mitad de mi tiempo, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) y futbolero (Salvajes y sentimentales, Aguilar), hay también un Marías político. Sus reflexiones sobre las condiciones laborales, el referéndum de la OTAN, ETA, el GAL, Irak o la crisis económica no dejan lugar a dudas. ¿Por qué entonces esa imagen de autor volcado en la literatura? “Será porque procuro no sacar provecho. Hay intelectuales muy bien intencionados que, aunque crean en lo que hacen, también parecen decir: ‘Vean cómo soy de solidario, de guay, de comprometido’. Cuando surge una cuestión polémica ya puedes prever quién y cómo va a pronunciarse. Salta lo de Aminetu Haidar y sabes quiénes van a hacerse la foto con ella. No digo que sean hipócritas, pero se les ve venir”. Como articulista, dice, no es de una pieza: “Si algo me aburre como lector de periódicos es el columnista al que, sin leerlo, ya he leído”.

Los villanos de la nación

Los villanos de la nación

Tampoco con eso que llaman sociedad civil se anda con paños calientes. Avisa de la invasión de dos arquetipos peligrosos: el quejica y el metomentodo. Los quejicas serían “individuos puerilizados que no asumen la responsabilidad de lo que hacen y siempre encuentran a otros a quienes echar la culpa de sus decisiones o indecisiones”. Son, dice, los que se saltan la recomendación de no viajar a zonas de conflicto y, una vez que les pasa algo, le echan la culpa al Gobierno: “Está bien que se ayude a un ciudadano español si tiene un problema, pero que no exija. Aquí se exige y no se agradece. Estamos creando una sociedad de ingratos. La gente clama por su libertad, pero en cuanto se tuerce algo ya no es libre, sino alguien cuya responsabilidad se traslada a quien sea. Vivimos una perpetua adolescencia social”. Los metomentodo serían los que “viven como policías en perpetua alerta, vigilando al prójimo para ver qué dice. Son los defensores a ultranza de lo políticamente correcto”.

Para el novelista, la corrección política es una de las “grandes calamidades” de nuestro tiempo: “Las palabras que usa alguien son una información de primer orden para juzgar con quién nos las estamos viendo”.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

El País, 6 de marzo de 2010

5th Marzo
2010
written by zonafantasma

 

 

Entrevista de Michael Silverblatt a Javier Marías en el programa Bookworm, en la KCRW Radio de Nueva York, en el mes de diciembre de 2009, con motivo de la presentación de Your Face Tomorrow 3. Poison, Shadow and Farewell.

Escuchar la entrevista

4th Marzo
2010
written by zonafantasma
Los villanos de la nación

Los villanos de la nación

El escritor Javier Marías considera “muy grave” que en España, y en otros países del mundo, haya “una especie de afán prohibicionista generalizado” y la gente dirima “cada vez más sus diferencias a través de un juez”.

“Parece como si la gente hubiera perdido la capacidad de arreglar diferencias entre sí, y algunas no son tan graves como para convertirse en asunto judicial”, afirmaba Marías en una reciente entrevista con EFE en la que hablaba del libro Los villanos de la nación, que agrupa sus artículos de tipo político y social y que acaba de publicar la editorial Los Libros del Lince.

En ese encuentro, en el que también se refirió a la reedición de sus novelas Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí, como ya informó EFE el pasado 20 de febrero, Marías decía que le preocupaban las consecuencias que la crisis económica está teniendo en España, pero “más grave aún” le parecía esa “especie de pulsión hacia recortes de la libertad” que ve “desde luego en los gobernantes, pero también en buena parte de la sociedad”.

Ese “afán prohibicionista generalizado” se nota, por ejemplo, en que “la gente quiere que todo esté regulado en la vida” y en que “todo el mundo está dispuesto a llevar a juicio al otro por cualquier tontería”.

“Esto es muy preocupante. Y hay demasiada gente que, cosa que le molesta o le parece mal, tiene el afán de que se prohíba, en vez de no practicarla o no hacerla: estamos en contra de los toros, que se prohíban los toros; estamos en contra del tabaco, pues que se prohíba también”, señala el escritor.

Al autor de Tu rostro mañana la situación actual le recuerda, “desde otro punto de vista”, lo que pasaba al comienzo de la Transición con las revistas eróticas, “que en vez de abstenerse de comprarlas ellos, querían que no existieran”.

“Me parece muy preocupante que una serie de actitudes prohibicionistas, intolerantes, de recorte de las libertades, estén triunfando hoy en día bajo un disfraz de izquierdas, cuando toda la vida fueron propias de la derecha más recalcitrante”, añade este escritor, cuya obra está traducida a 38 lenguas y publicada en 48 países.

Pero esta situación no se da sólo en España. Javier Marías dice que, “si uno se asoma a Italia, ese país que durante muchos años los españoles envidábamos”, ve que hay ciertas actitudes hacia los inmigrantes nada recomendables y que se están aprobando algunas “leyes xenófobas”.

“Con esas actitudes y con el tipo de leyes que están pasando ahora, dudo que a Italia se le hubiera permitido seguir en la Unión Europea hace diez o quince años”, asegura. En su opinión, si en España “nadie dice nada” sobre lo que pasa en Italia es porque, “en el fondo, a los demás no les parece tan mal”.

“Paulatinamente, nos estamos aproximando a cosas que hace unos años habrían sido condenadas porque había una mayor conciencia de las libertades, de la tolerancia y de las necesidades de la gente desfavorecida”, comenta preocupado Marías.

Como señala Inés Blanca, editora de Los villanos de la nación, Marías compaginó casi desde sus comienzos literarios la escritura de sus novelas con la publicación de artículos en prensa, que desde 1994 fueron apareciendo primero en El Semanal y luego en El País Semanal.

El libro contiene los 84 mejores artículos del escritor relacionados con asuntos políticos, éticos y sociales, publicados desde 1985 hasta ahora.

Marías no se calla nunca sus opiniones, por incómodas que sean, y estos artículos constituyen una buena prueba de su “decidida voluntad de intervenir en las cosas públicas”. Cuando tiene que criticar a los políticos de turno o a los poderosos de otro tipo, lo hace sin dudar.

EFE, 2 de marzo de 2010

3rd Marzo
2010
written by zonafantasma

 

 

 

 

 

Charla con Javier Marías
Encuentro digital en EL PAÍS.com
Hoy 3 de Marzo de 2010
de 18:00 a 19:00 horas
Envía tu pregunta
Encuentro en directo

 

 

Javier Marías: “Es difícil que se pueda superar el deterioro del español de España”

El escritor madrileño confiesa que tiene una nueva obra en marcha

El mayor problema del lenguaje español es que la gente habla y escribe mal y se “ufana de ello”. Son palabras del escritor y académico Javier Marías, quien ha conversado hoy con los lectores sobre el lenguaje, la literatura y su obra dentro del Congreso virtual de la lengua organizado por Babelia. El escritor y académico madrileño ha añadido: “Ayer mismo le oí a un político del PP decir ‘independientemente de estacionalidad o de no estacionalidad’. ¿Qué diablos quiere decir eso? Si quienes hablan a menudo en público sólo tantean la lengua, sin un dominio de ella, es difícil que el conjunto de la población se preocupe por mejorar su nivel”. El autor de Tu rostro mañana, además, se mostró escéptico con la utilización del idioma en España: “Me parece difícil que se pueda superar en ningún sitio el deterioro del español de España, donde demasiada gente no sabe ni construir entera una frase simple. Me temo que gran parte de culpa es de los medios de comunicación y de los Ministerios de Cultura de los últimos cuarenta años. Me temo que la cosa ya no tenga vuelta atrás”.

El autor de títulos como Mañana en la batalla piensa en mí y Corazón tan blanco ha explicado algunos aspectos del funcionamiento de la RAE. Por ejemplo: “La RAE no elimina palabras de la lengua, sólo el Diccionario de uso, para que siga siendo manejable y porque hay que dejar espacio a los nuevos términos. Esos vocablos que se ‘jubilan’ pasan al Diccionario Histórico, no es que se supriman ni se pierdan. Si no hay registro escrito de una palabra después de 1500, quiere decir que está completamente fuera de uso, salvo excepciones”. O de la importancia de la labor de filólogos, lingüistas y escritores dentro de la academia El concurso de los filólogos es fundamental, pero tienden -algunos- a ver la lengua como una disciplina exclusivamente científica. Las lenguas dependen en gran medida del lenguaje literario. Es éste el que las mantiene vivas y en evolución permanente, junto con el de la calle, claro está, y suelen ser los escritores quienes tienen lo que podríamos llamar “sentido de la lengua”. A mi modo de ver, son aún más necesarios que los lingüistas

Javier Marías ha contado que tiene una nueva novela en marcha “quizá mediada”, no obstante ha reconocido que “su escritura me he visto obligado a interrumpirla en los últimos meses. Me falta tranquilidad de espíritu, con tanto ajetreo, y aún no le he dado el “visto bueno”. Quiero decir que ni siquiera sé si acabará existiendo. Supongo que sí, pero yo soy muy inseguro con todo lo que escribo, y todavía no me ha llegado ese momento en que uno se dice “Que sea lo que San Conrad quiera”.

CAMILO SÁNCHEZ

El País, 3 de marzo de 2010

27th Febrero
2010
written by zonafantasma
Foto. Emilia Gutiérrez

Foto. Emilia Gutiérrez

El escritor publica Los villanos de la nación

Los soldaditos de plomo invaden todos los rincones de la casa madrileña de Javier Marías, incluso la cocina. En la mesa, reposa su máquina de escribir electrónica. El escritor, tras la publicación en un solo volumen de Tu rostro mañana -su novela de 1.328 páginas- recibe a este diario para hablar de Los villanos de la nación (Los Libros del Lince), una selección de los textos que, sobre temas políticos, éticos y sociales, ha publicado en diferentes medios de comunicación desde 1985. Marías (Madrid, 1951) denuncia, entre otras cosas, “la gran opresión de nuestros días”: cómo el trabajo se come cada vez más territorio de lo que antaño fue vida privada.

-¿Qué importancia da a sus escritos sobre actualidad?
-A uno le sirve a veces de desahogo. Tengo la sensación de que tienen pocos efectos prácticos. Pero hay mucha gente que los agradece, que me dicen que les da alivio ver que alguien dice ciertas cosas. Uno siente ahí que tiene cierta obligación de decir lo que piensa de verdad. En cambio, en las novelas, no, no me responsabilizo de ellas como ciudadano. Hay un narrador que cuenta y unos personajes que dicen las cosas que quieren. Aunque cada vez hay más confusión y hay lectores que me recriminan opiniones de mis personajes. La ficción se había distinguido siempre de lo real pero ahora cada vez hay más personas que no realizan tal distinción.

-Ya en 1985 decía que no hay que depositar grandes esperanzas en los gobiernos.
-Tener entusiasmo por un gobierno viene a ser una ingenuidad o producto de la desesperación. Cada vez hay un descrédito mayor de la clase política, no sólo en España; en otro artículo propongo que haya la posibilidad en las elecciones de también votar en contra de un partido, y que, en el recuento, se le resten los votos negativos a cada formación. Sería lo más adecuado y lo más justo, hay un número creciente de personas que o bien no votan o cuando votan lo hace en contra de una opción.

-Usted presumía, en los 90. De no haber votado a ninguno de los tres grandes partidos que hay en España.
-Eso ya no podría suscribirlo. No tengo ningún inconveniente en decir que en el 2004 voté contra el PP, tras la segunda legislatura de Aznar, atroz desde cualquier punto de vista, al final dije: que venga cualquiera pero que no sean estos.

-Se ocupa bastante de describir la atmósfera de los años 80. ¿Qué hemos heredado de esa época?
-Yo la llamo la edad del recreo. El valor básico era hacerse guapo, para lo cual a veces hay que ser rico. Como el niño que quiere tener éxito con los compañeros. Se dio un proceso de infantilización de la sociedad que se ha coronado ahora. Ha ido a más la ausencia de responsabilidad por parte de todo el mundo ante cualquier cosa. La gente reclama su libertad de moverse, hacer, decir, iniciar negocios, irse a sitios peligrosos y en el momento en que les sucede algo, dicen: que el Estado me lo arregle. Pero el Estado somos los demás. Piden que les saquen las castañas del fuego, de modo impertinente, nadie agradece nada. Los pescadores que trabajan en aguas no protegidas no son diplomáticos ni gente empleada por el Estado. Me parece muy bien que se les quiera ayudar, pero no que haya una reclamación hacia el Estado, como si este fuera responsable de que estuvieran allí. Nadie asume sus actos, nadie se responsabiliza de nada. Si invierto en una cosa y me timan, ¿por qué el Estado me ha de devolver el dinero? Jugamos a ser mayores de edad hasta que hay algún problema. Otra lacra es que cualquier periodista o político puede decir una cosa y luego la contraria sin que nadie les pida cuentas, porque nadie recuerda ni lo que acaba de pasar.

-¿Tampoco los libros?
-Una novela se hace de modo artesanal, puede llevar años, y cada vez hay una mayor divergencia entre la forma en que vamos trabajando, que esencialmente es la misma que en el siglo XVII, y la manera en que esas cosas se consumen. Hay un desfase. Un librero, a los tres meses de la salida del tercer volumen de Tu rostro mañana, que me ha llevado tres años de trabajo, me dijo que eso ya era prehistoria, de la temporada anterior, como quien dice.

-¿Por qué critica ciertos aspectos de la solidaridad?
-Critico sus trampas. Aquí debajo de mi casa hay varios señores tumbados en el suelo a los que ningún transeúnte echa una mano. Nuestros pobres son concretos, sucios y desagradables, no los tocamos porque podrían transmitirnos su desesperación pero, eso sí, efectuamos donaciones a Haití. No es muy simpático decirlo, pero me produce un efecto contraproducente ver cómo todos los famosos del mundo entero se vuelcan como un solo hombre en Haití, y empiezan a donar dinero de manera ostentosa. Tengo la sensación de que estas solidaridades son mecánicas, que hay más deseo por parte de quienes la practican de mirarse al espejo y pensar qué majo soy que verdadera voluntad de ayudar y verdadera empatía. A mí me suena a falsedad, a medalla que se pone la gente a sí misma. Uno tiene el impulso de enviar un poco de dinero a Haití, y lo haces, privadamente, pero piensas: ¿qué es esto? Uno acaba desconfiando de los propios movimientos más altruistas del espíritu por el abuso que se hace de ellos.

-El trabajo y sus efectos negativos es otro de sus temas recurrentes…
-Hablo con mis amistades de toda España, y todos están igual, tengan el trabajo que tengan o cobren mucho o poco: no paran, no tienen tiempo de nada, trabajan sin cesar y cada vez les cunde menos. Amplían sus jornadas no para ganar más sino para dar abasto al trabajo diario. Apenas tienen ocio y están permanentemente agotadas, medio enfermas o desquiciadas. Es el gran mal de nuestros días. Las personas que están hoy a sueldo se desloman como no se había visto en los últimos 40 años. Es la opresión más grande que vive la gente corriente hoy: cómo el trabajo se nos va comiendo la vida. Con la crisis ha ido a más, y existe el miedo a perder el puesto, con lo que se renuncia a derechos sociales básicos.

-¿Usted sigue sin email ni móvil?
-Sí. Me niego a utilizar móvil, tengo uno solamente para los viajes, pero el número lo tienen mis hermanos y tres personas más. Me parece una forma de esclavismo: estar localizable permanentemente, que no haya ratos de silencio, en los que nadie sepa dónde está uno, caminando por la calle, mirando las musarañas, en el cine. No ser localizable me parece normal, una manera de descansar. La prueba de que el móvil es una herramienta de esclavización es que son las empresas los que se los ponen a sus trabajadores. Y no utilizo el ordenador porque voy viendo que lo del email es lo mismo: me dicen que, por la mañana, uno se encuentra unas cantidades fabulosas de correos. ¿Cómo puede haber 40 emails en tu buzón cada día? La gente procura contestarlos y, si no, tiene el agobio de que no lo ha hecho. Estas cosas, que se han vendido como facilitación de las tareas, son trampas verdaderas. A la gente se le crea pánico al vacío, a la soledad, y acaban siendo víctimas del síndrome de Estocolmo, si entendemos como secuestradores a los empresarios. Me parece atroz.

-¿Los artículos contribuyen a su fama de conflictivo?
-Me ven como áspero, pendenciero, grosero. No es una imagen grata. Da la impresión de que la gente no lee bien, te contestan a cosas que no has dicho. En vez de de leer, reaccionan. Semana que pasa, semana que hago nuevos amigos. Me llega mucha irritación. Hay muchas personas que cuando me conocen personalmente, aunque sea un par de minutos, me dicen: “Ah, pues eres muy normal, creía que eras muy arrogante”. No sé bien, en realidad soy cortés y a veces incluso supongo que puedo ser cordial. Pero, al escribir, uno dice cosas impertinentes porque no tiene sentido escribir para decir lo que todo el mundo ya sabe, lo que todo el mundo ya piensa, lo que toca.

-¿Y a usted qué le irrita?
-No sé. Hay una serie de cosas que siempre habían sido de derechas, reaccionarias, retrógradas, puritanas y, de pronto, han resucitado presentadas como de izquierdas, como si fueran propuestas avanzadas. Las mismas cosas que la iglesia ha impuesto durante muchos años, que les ponen otra vestimenta progre y ya está.

-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, si se ve un culito en un anuncio, dicen que es una denigración de la mujer. ¿Pero por qué va a ser una denigración? Que aparezcan siempre mujeres en los anuncios de hemorroides, dentaduras postizas y dietas de adelgazamiento me parece más denigrante. Que aparezca un cuerpo de mujer agradable, en cambio, es una especie de aprobación y enaltecimiento de la mujer. La libertad es una cosa muy importante y eso es atentar contra la libertad.

-Su artículo sobre la prostitución también levantó ampollas…
-El minero o el estibador también alquilan su cuerpo, ¿verdad? ¿Acaso no alquilamos todos algo? Partir de la base de que es más humillante y grave el alquiler del sexo es tener una idea puritana del conjunto del cuerpo humano. A nadie le parece humillante alquilar las piernas de un pisador de uva. Hablo, por supuesto, de los casos en que alguien opta voluntariamente por ejercer la prostitución, si te obligan es monstruoso. Es humillante que, por extrema pobreza, las personas hagan cualquier cosa, como recoger la fresa por dos euros al día. La pobreza es humillante, pero diferenciemos: ¿quien se vale de su sexo hace algo peor? Me huele a chamusquina.

-Habla también de la superstición de lo legal…
-Sí, lo vemos con el asunto de Vic y la resistencia a empadronar a los sinpapeles. Responden: es que es legal. Pero es que hay cosas legales que no son legítimas. Lo legal puede ser mañana ilegal, y al revés. Un ejemplo que me ponía mi padre: si el gobierno decide que va a vender el Museo del Prado a un jeque árabe, probablemente pueda ser legal, porque es de su propiedad, pero sería intolerable. Haber sido elegido también se utiliza como excusa: dicen que si les faltamos al respeto faltamos al respeto a los electores. Pues no: usted, para ser democrático, debe gobernar democráticamente cada día y, si no lo hace, usted no es democrático. No se le puede derrocar porque le han elegido, pero debería usted comportarse. Berlusconi no es un gobernante democrático, como tampoco Hugo Chávez. Ser elegido es indispensable pero no suficiente. En 1960, Franco habría ganado unas elecciones de calle. El país era sociológicamente franquista, también Cataluña.

-Usted denuncia que se quieran publicar listas de delincuentes con penas cumplidas.
-Sí, de violadores, pedófilos… Esa propuesta me escandalizó. Si alguien ha cumplido una pena, ha saldado sus cuentas con la sociedad ¿qué es eso de seguirlo criminalizando? Si vuelve a delinquir, que se le vuelva a detener. ¿Por qué no los a los banqueros estafadores? Me parecen verdaderos atentados contra la libertad y la justicia. Es como que un preso sufra vejaciones en prisión: nos hemos acostumbrado a que sea violado, que se convierta en un drogadicto… Pero a nadie se le ha condenado a eso, sino a la privación de libertad y nada más. El estado debería ser responsable de la seguridad de esos individuos. Y no lo es. No ha lugar a que estemos señalando con el dedo a alguien para siempre, impidiéndole que se reinserte.

-Habla también de la censura que usted ha sufrido como opinador…
-No hay censura estatal ya, sino privada. De hecho, es anticonstitucional, podría haber denunciado a la empresa que lo hizo, pero nadie lo lleva a ese extremo. Fue un artículo sobre la iglesia y la religión que decidieron no publicar y entonces decidí que yo me iba de aquel medio.

-¿Es el único episodio?
-Hay varios ejemplos de censura comercial, que se quedan en el ámbito privado: una vez me dijeron que quitara el nombre de unos grandes almacenes en un artículo, porque se arriesgaban a perder la publicidad. Eso es frecuente. En Francia una revista me pidió un artículo sobre la moda y, al final hacía unas bromas diciendo que no recomendaba que salieran los modistos a saludar en los desfiles porque ante tales adefesios, la gente se asustaba, y citaba casos identificables, uno con una coleta y un abanico y me dijeron: “esto quítalo”. Conozco gente a la que le han pedido que rebaje el tono de un artículo sobre una exposición, porque en el patrocinio de la muestra participa la misma caja que paga la revista en buena medida. Es una cosa bastante común, bastante histérica y bastante intolerante.

-Cuando habla de que un escritor no puede saber si su editor le engaña en las liquidaciones, resuena su vieja rencilla con Jorge Herralde…
-Me temo que eso ha pasado muchas veces en la historia, y todavía sigue siendo así. Los autores no tenemos manera de saber los libros que vendemos, es muy difícil, a uno le informan de que se ha hecho una tirada determinada de ejemplares, se puede pedir el resguardo del impresor, pero se sabe que hay algunos impresores que ponen lo que les dice el editor porque, si no, pierden el volumen de trabajo procedente de dicho editor. Nunca hay una seguridad absoluta. Pero uno no puede ir por la vida con desconfianza, es un horror ir por la vida creyendo que te engañan. Pero llega el momento en que tienes la convicción de que es así, ves las cifras que no casan, no tienes pruebas para ir a un tribunal pero sí la certeza.

-Se mete también con el ayuntamiento de Barcelona…
-Soy más salvaje con el de Madrid. Lo de Barcelona no es que sea muy grave, pero esa campaña de Us parla la platja me dio un poco de vergüenza ajena, y propia, porque soy muy cercano a Barcelona, viví allí varios años, he tenido editores, mi agente literaria, y hasta mi pareja vive allí y es catalanoparlante. El ayuntamiento de Barcelona ha vivido gran consternación porque el turismo de tres al cuarto es cada vez más grosero; pero cómo no van a ir medio desnudos si el ayuntamiento hizo una reglamentación según la cual es perfectamente legal ir desnudo por la ciudad, la consecuencia es que hay dos individuos que van desnudos por Barcelona, uno va en bici con el pito tatuado. ¿Cómo se van a quejar ahora de que los turistas vayan en tanga? Si hacen ustedes leyes ridículas… Hay gente para todo, no pido que encierren al que sale desnudo, pero qué necesidad hay de hacer una ley para protegerlo? Barcelona es un poco chorras en algunas de estas cosas, de Madrid digo cosas peores, así que me va a permitir la frase.

-Para acabar, una pregunta literaria. Lo de publicar su última novela en tres entregas, a medida que las escribía, demuestra una enorme auto-confianza, ¿no? ¿Qué sucede si quiere hacer cambios en capítulos anteriores?
- Si descubría que me convenía algo diferente no podía rectificar, porque ya estaba publicado el libro anterior. Pero no ha sido tan distinto, tengo esta manera de escribir un poco rara y un poco suicida, voy improvisando en gran medida y no me permito cambiar nada de lo que he escrito con anterioridad. No hago una segunda versión de los textos. Trabajo mucho cada página pero luego va a la imprenta tal como ha quedado. Aplico el mismo principio de conocimiento a las novelas que el que rige en la vida: a los 50 dices: “ojalá me hubiera casado con esta persona, hubiera aceptado aquel trabajo…” pero te tienes que conformar, ser consecuente con lo que has hecho.

XAVI AYÉN

La Vanguardia, 27 de febrero de 2010

20th Febrero
2010
written by zonafantasma
EFE

EFE

Javier Marías no relee “nunca” sus libros y no sabe por tanto “qué tal se mantienen” sus dos novelas de mayor éxito, Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí, que se acaban de reeditar, pero considera “un privilegio” que sigan vivas en una época en la que “todo caduca, incluso los libros”.

“Cada vez es más ridículo pensar en la posteridad. Creer que un libro se vaya a poder seguir leyendo al cabo de diez años de su existencia parece milagroso”, dice Marías en una entrevista con Efe, que tiene lugar en su casa de Madrid y en la que reconoce que “es difícil saber por qué tuvieron un éxito inesperado” estas dos novelas, de las que se han vendido unos tres millones de ejemplares en todo el mundo.

“Yo creo que tiene algo que ver con eso de lo que ya no se habla y que tradicionalmente se ha llamado estilo. Parece una cosa demasiado vagarosa, difusa y científica pero existe, aunque cada vez se aprecie menos”, afirma Marías (Madrid, 1951), uno de los mejores escritores europeos contemporáneos, en opinión del Premio Nobel J.M.Coetzee.

Con su obra publicada en 48 países, el escritor no sabe si tiene “estilo propio o no”, pero opina que el éxito de los libros “depende en gran medida de la capacidad de persuasión de la voz que está contando, de su modulación, su música, de si es envolvente o no, aparte de que la historia interese”.

Y en el caso de sus novelas quizá dependa también de que se habla en ellas sobre asuntos que “le conciernen a todo el mundo: el secreto, el engaño, la sospecha, el hablar y el callar, la traición, la desconfianza, el matrimonio: ¿quién no ha tenido un pequeño secreto? ¿Quién no ha engañado un poco?”

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Publicada en 1992 por Anagrama y recuperada luego por Alfaguara, el sello que reedita ahora estas dos novelas, Corazón tan blanco recibió el Premio de la Crítica, el Prix l’Oeil et la Lettre y el Impac de Dublín y de ella se han vendido más de dos millones de ejemplares en todo el mundo.

De esa cifra 1.300.000 corresponden a Alemania, donde esta obra se convirtió en un fenómeno editorial a raíz de que el prestigioso crítico Marcel Reich-Ranicki “se descolgara con elogios encendidos en su programa de televisión”.

Los comienzos de las novelas de Marías suelen ser magistrales y el de Corazón tan blanco lo es sin duda:

“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre”.

A partir de ahí, el lector se verá envuelto por la excelente prosa de Javier Marías y se irá enterando de las peripecias de Juan Ranz, traductor e intérprete de profesión y una de esas personas que prefiere no enterarse de ciertas cosas porque “los oídos no tienen párpados, y lo que les llega ya no se olvida”.

Al autor de la trilogía Tu rostro mañana, su último gran proyecto literario, calificado por la crítica británica como una de las primeras obras maestras del siglo XXI, no le gusta revisar sus libros antiguos cuando se van a reeditar porque “podría sentir tentaciones de cambiar algunas cosas, y eso sería hacer trampas”.

“Nunca releo mis novelas. Hay mucho que leer en la vida como para dedicarse a releerse a sí mismo”, asegura este novelista que en 2011 cumple 40 años como “escritor en activo” (su primera novela, Los dominios del lobo, es de 1971).

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Pero tanto Corazón tan blanco como Mañana en la batalla piensa en mí, publicada en 1994 y galardonada con el premio Rómulo Gallego, el Fastenrath de la Real Academia Española, el Prix Femina Étranger y el Premio Mondello di Palermo, tienen ya sus años y, “dado lo rápido que envejece todo hoy día, uno nunca sabe si se han quedado anticuadas”.

Y aunque, “evidentemente, los libros perduran en función de lo que se ha escrito, es difícil conseguirlo”. “Cada vez es más ridículo pensar en la posteridad”, insiste Marías.

El escritor no cree que vuelva a acometer “un proyecto de las dimensiones de Tu rostro mañana en cuanto a extensión y ambición”, y, de hecho, la nueva novela que tiene entre manos es “deliberadamente sencilla”. Es una obra pesimista y está narrada por una mujer, algo que solo hizo en un cuento de hace tiempo. Puede que esté terminada para finales de este año.

Mientras escribe sus novelas Marías tiene a veces “una cierta sensación de culpabilidad, de decir ‘qué derecho tengo yo de meterle en la cabeza a nadie ciertos pensamientos atroces u horribles sobre cómo funciona la vida, cómo funcionan las pérdidas o el hecho de que nada termina del todo”.

Como lector, él agradece que los autores se metan en esas profundidades, pero “cada vez que uno tiene una revelación de ese tipo también pierde un poco de imaginación, de inocencia, de optimismo, y en ese sentido el escritor puede sentir un poco de culpabilidad”.

ANA MENDOZA

EFE, 20 de febrero de 2010

29th Enero
2010
written by zonafantasma

L’un des plus grands écrivains espagnols, Javier Marías publie la dernière partie de son roman «Ton visage demain» et un excellent recueil d’essais, «Littérature et fantôme».

C’est un James Bond qui aurait lu Debord et McLuhan. Jaime, le héros de «Ton visage demain», reprend du service dans le troisième tome, «Poison et ombre et adieu» : espion à la solde d un mystérieux groupuscule piloté par un certain Tupra, il est soumis à rude épreuve en assistant à des scènes de sexe et de violence d’une sauvagerie inaccoutumée. Comment va-t-il à son tour se laisser aller à glisser sur la pente du mal irrémédiable? C’est ce que Marías, plus que jamais l’un des maîtres de la narration actuelle, raconte dans un récit où on lit l’avenir de notre société dans le visage de la barbarie.

Vous êtes l’un des plus grands romanciers espagnols actuels, reconnu comme tel dans le monde entier. Comment vivez-vous cette notoriété?

J’étais il y a quelques semaines à New York et nous avions une lecture croisée, avec Paul Auster. Je me disais que le public viendrait pour lui. On devait se retrouver après au restaurant, avec Paul. Alors qu’il avait fini de signer, il est venu vers moi et m’a dit: tu as encore beaucoup de monde. J’étais très sceptique, mais c’est vrai que je n’ai pu le rejoindre qu’une heure après. Je pense qu’il s’agissait surtout de revendeurs parce que certains d’entre eux avaient sept exemplaires à me faire signer…

Vous-même êtes un collectionneur de livres enthousiaste…

Oui, j’aime collectionner les livres que les écrivains ont signés. C’est une forme de fétichisme, bien sûr, mais c’est aussi parce qu’un livre signé dit quelque chose de son passé. On sait qu’il a été dans les mains de son auteur. J’ai quelques livres dédicacés d’écrivains que j’aime bien. Par exemple, j’en ai un signé par Radiguet. Il doit être très rare parce que Radiguet est mort à vingt ans, il n’a donc pu dédicacer beaucoup de livres. Je l’ai trouvé en Angleterre, à un prix qui n’était pas excessif. J’ai un livre signé de la main de Mallarmé, deux livres signés de Conrad, un de mes écrivains favoris, un de Isak Dinesen, Dylan Thomas, Faulkner…

Vous passez beaucoup de temps à fouiller dans les cartons des bouquinistes?

Je n’ai pas Internet, ce qui complique les recherches, mais un ami qui a un ordinateur me donne un coup de main. Il m’a retrouvé le titre d’un de mes arrière-grands-pères, qui était espagnol de Cuba, et qui a écrit quelques romans, et un «Manuel du chasseur cubain». Il l’a retrouvé dans une librairie de Californie. Il était militaire, mais il peignait, c’était un militaire cultivé. J’ai raconté son histoire dans un de mes livres, «Dans le dos noir du temps». Il a abandonné Cuba en 1998 quand l’Espagne a perdu l’île. Il est mort pendant la traversée. Le seul texte de fiction que je possède de lui est un absurde roman qui s’appelle «Le Cuirassier de Froeschwiller», un roman avec pour sous-titre: «Une histoire de la guerre franco-prussienne». Ca date de 1878.

A travers cette collection, c’est aussi peut-être la présence d’écrivains disparus que vous recherchez. Ce sont vos fantômes?

Sans doute. En tout cas, je pense que, s’il y a un narrateur dans un roman, il devrait être un fantôme. C’est quelqu’un qui a déjà vécu, il est hors du temps, mais il n’est pas indifférent. Au contraire, il revient dans les endroits soit qu’il affectionne, soit au contraire où il doit se venger. Il peut avoir une certaine froideur parce qu’il n’est plus affecté par les choses, mais il manifeste de l’intérêt pour ceux qu’il a connus. Le point de vue du fantôme, dans un roman, est donc à mes yeux le meilleur et de loin.

Dans votre roman, «Ton visage demain», il n’y a pas de narrateur omniscient. Tout est incertain, volontairement approximatif. Pourquoi?

C’est à cause de la réalité d’aujourd’hui. Depuis une vingtaine d’années, la plupart des écrivains trouvent que le narrateur omniscient est naïf et injustifiable. La vision du monde est plus incertaine, plus fragmentaire. «L’Homme sentimental», qui date de 1986, est mon premier roman écrit à la première personne. Le narrateur a une idée très fragmentaire de ce qui se passe, et même de sa propre histoire. Il y a des zones d’ombre partout, y compris en nous-même. Le commencement du roman de Dickens, «David Copperfield», avec la naissance du héros, serait impensable aujourd’hui, parce qu’il n’y a plus de commencement véritable. Tout est désormais incertain.

On y perd aussi les repères moraux. Où sont le Bien, le Mal? C’est tout le tragique de votre nouveau roman…

Au début du livre, je dis qu’on ne devrait jamais rien raconter. Dans ce troisième volume, qui aurait pu s’appeler «Mon visage demain», le narrateur découvre qu’il est capable de faire des choses qu’il n’imaginait pas au début. Il commet un acte de violence mais il peut l’assumer car il l’a décidé. Ce qui le tourmente, c’est de permettre, par une action dont il ne mesurait pas les conséquences, un acte de violence. Ce qu’on fait sans le vouloir, ou sans le savoir, peut donner lieu à des conséquences néfastes qui sont les plus difficiles à accepter. Normalement, on pense que ce qu’on peut être amené à regretter le plus, ce sont des choses qu’on a décidées et pensées. Mais, dans le livre, j’avance l’idée que ce qui nous poursuit est ce que nous n’avions pas prévu.

Vous dites souvent que, lorsque vous écrivez, vous ne faites pas de plan, vous préférez ne pas savoir ce qui va se passer. La construction de «Ton visage demain» est si complexe qu’il est difficile de vous croire…

Il y a beaucoup d’écrivains qui écrivent avec une carte, et savent à l’avance ce qui va se passer. Ils connaissent le territoire qu’ils vont devoir traverser. D’autres, comme moi, préfèrent travailler avec une boussole, c’est-à-dire qu’ils ont une certaine idée de la direction - le nord - mais ils ne connaissent pas le trajet. Inventer vient du latin invenire, qui signifie découvrir. Ainsi, dans la troisième partie de ce livre, un de mes personnages, Custardoy, un copiste, prend une certaine importance. Il vient de mon roman «Un cœur si blanc». Quand j’ai fini le deuxième volume, je n’avais pas la moindre idée que j’allais inclure ce vieux personnage venu d’un précédent roman. A présent que le livre est fini, il paraît absurde d’envisager qu’il ait pu ne pas être présent dans le livre. Autre exemple, j’avais une scène qui se passe au Musée du Prado. Quand j’ai écrit la scène, je n’étais pas à Madrid, mais dans une petite ville où je passe souvent quelques semaines pour écrire. Je n’utilise ni l’ordinateur ni Internet. Je n’avais pas le catalogue complet de la collection du Prado. Je me demandais donc quel tableau pourrait être copié par Custardoy. On pourrait croire que j’ai finalement choisi la Comtesse de San Segundo du Parmigianino, parce qu’il y a l’autre tableau du Comte, qui est séparé d’eux, ce qui permet un parallèle avec le narrateur qui est séparé de ses enfants et de sa femme. En fait, j’étais dans cette ville et j’ai trouvé dans une des rares librairies un petit livre sur quarante chefs d’œuvre du Prado, et j’ai choisi un peu par hasard le tableau de la Comtesse. Ce n’est qu’en retournant à Madrid, et en allant voir la Comtesse en personne, que je me suis aperçu qu’il y avait aussi le mari, à part. On croira que c’était très pensé, mais c’était le hasard.

Votre écriture laisse sa chance au hasard?

Il y a bien sûr des éléments que je prévois, mais pas le tout. Je tiens aussi à une règle absurde qui est ne de pas toucher à la première version, une fois celle-ci écrite. Je travaille beaucoup chaque page, que je réécris quatre ou cinq fois, mais une fois qu’elle est terminée, je n’y touche plus. Si page 400 je découvre que, page 20, il aurait été plus malin d’écrire autre chose, il serait légitime de le faire, mais je me l’interdis. Ce que je recherche, c’est que les éléments qui sont rentrés par hasard ou par caprice dans le roman deviennent ensuite nécessaires. C’est une question éthique. J’écris mes romans en appliquant les mêmes principes de connaissance qui règlent la vie. Si à quarante ans vous décidez qu’à vingt ans vous vous êtes marié par erreur, vous ne pouvez pas revenir en arrière. Je suis cette règle dans mes romans, même si, je le répète, c’est à la fois absurde et un peu suicidaire.

C’est une affaire de sincérité?

Non, les romans ne sont pas sincères de toute façon. Ce sont des artifices. Je préfère dire que c’est un défi. Sinon, c’est trop facile. Tout le monde le fait, et je ne juge pas cette manière de faire. Godard disait que le travelling est une affaire de morale. En travaillant comme je le fais, j’ai le sentiment qu’il n’y a pas de truquage. Disons que j’essaie de résoudre les problèmes que je me suis créé sans effacer purement et simplement la difficulté.

Vous n’utilisez pas Internet mais que pensez-vous de Google et de la numérisation?

J’ai écrit un article il y a longtemps dans lequel je disais que chacun peut léguer indéfiniment, pendant des générations, les choses que l’on possède. Personne n’y trouve à redire. Mais un écrivain ou un compositeur n’a pas de droits sur ce qu’il a créé au-delà de soixante-dix ans. Il devrait y avoir une sorte de compensation pour ces auteurs et leurs descendants. Mais rien n’est prévu pour les artistes. Et maintenant, non seulement on ne cherche pas à les dédommager, mais on discute du droit des artistes pendant qu’ils sont en vie. En Espagne, beaucoup de gens disent: la culture doit être gratuite. Mais si c’est le cas, pourquoi pas le pain, les taxis etc. C’est une situation absurde.

Vous pensez qu’Internet est synonyme de spoliation pour les artistes?

Quand j’étais très jeune, j’ai volé quelques livres, comme la plupart des gens de ma génération. Mais nous savions, quand nous volions un livre, que le créateur n’était pas spolié. Ca nous tranquillisait. On savait qu’on n’allait ruiner ni l’auteur ni le libraire. Aujourd’hui, c’est massif. Et ça va contre les auteurs. La contradiction est totale. Les internautes sont passionnés de culture et d’art. Ils aiment tellement les chansons et les films, les séries et les livres, qu’ils ne peuvent pas vivre sans eux. Mais, en même temps, ils détestent les créateurs. Nous, nous aimions Hitchcock et Nabokov. Nous aimions les artistes.

A propos de Nabokov, que pensez-vous de la publication, contre sa volonté, de son roman posthume, qui sera publié en France en avril?

Je ne l’ai pas lu encore. Il y a en général une obsession, une superstition presque, avec les inédits. Il est rare que ces inédits soient particulièrement bons, mais la presse y accorde une importance majeure. Si demain on découvre un tout petit texte de Flaubert, la presse va lui donner plus de crédit qu’à «Madame Bovary». C’est absurde. Je ne suis pas non plus d’accord avec la publication posthume des lettres d’écrivains. Je les achète, quand c’est un auteur que j’aime bien. Mais je ne suis pas sûr que l’on doive le faire. Normalement, ce ne sont pas des lettres écrites pour être publiées. Mon père est mort il y a quatre ans. Il était écrivain et philosophe, et il était le disciple principal de Ortega y Gasset, le philosophe. Mes frères et moi, nous avons retrouvé des lettres de Ortega à mon père, et aussi à ma mère. Que faire? Les publier? Je suis sûr qu’il n’aurait pas voulu qu’on le fasse, mais les détruire me semble aussi un peu sauvage. Nous verrons.

DIDIER JACOB

Le Nouvel Observateur, 28 Janvier 2010

 

Artículos en papel:

“Sevices secrets à Londres” de Chloé Brendlé en Magazine Littéraire, Janvier 2010

“Journal en public” de Maurice Nadeau en La Quinzaine Littéraire, 16-31 Janvier 2010

Ton visage demain III. Poison et ombre et adieu en Lire, Février 2010

25th Enero
2010
written by zonafantasma
Photo : C. Helie/Gallimard

Photo : C. Helie/Gallimard

Javier Marías a achevé sa trilogie de «Ton visage demain». On ne trouve aucune autre entreprise contemporaine à laquelle comparer cette construction borgésienne d’un livre infini.

On ne peut sortir totalement rassuré d’un entretien avec Javier Marías. Ce n’est pas sa courtoisie anglo-ibérique qui est en cause ; ni ses talents de polyglotte qui lui permettent même en français, d’aller chercher le plus précis de la pensée ; ni sa disponibilité qui lui vaut de se souvenir de votre nom des années après une précédente rencontre. Non. Il ne s’agit pas de tout cela. Dans ce grand bureau lambrissé au coeur de Paris, une curieuse impression ne vous lâche jamais. Désormais, Javier Marías entre et sort de son livre à loisir et devient à tout moment le narrateur du roman et votre interlocuteur. Voilà huit ans et 1 400 pages que Jacques-Jaime Deza, héros de «Ton visage demain», nous a donné rendez-vous. La trilogie est aujourd’hui achevée. Chacun des volumes rassemble deux ou trois livres. Il s’agit d’une histoire inscrite dans un temps dilaté que l’on peut après tout facilement résumer. Jaime Deza est engagé à Londres par le MI6, cellule secrète du renseignement britannique comme agent. Son talent, assez vite décelé par un de ses vieux amis anglais, Sir Peter Wheeler, est de deviner qui se cache en vous. Quel est l’homme que vous êtes vraiment? Qui serez-vous demain? Lâche ou glorieux. Traître ou fidèle. Poltron ou courageux. Et dans le même temps se déroule la vie de Jaime Deza, partagée entre la femme quittée à Madrid, Luisa, et la jeune Pérez-Nuix, entre les souvenirs du vieux Wheeler et les conseils du trouble Trupa, maître en formation. Ce cheminement, emboîté dans d’autres vies, dans d’autres intrigues que l’on pourrait dérouler ainsi à l’envi, sert de trame à l’ensemble des récits.

Dans ce dernier tome -qui vient de paraître en France, après avoir remporté un énorme succès en Grande-Bretagne- Jaime Deza, revenu à Madrid, clôt cette parenthèse. Il découvre à son tour qu’il peut être également autre. La violence qui est en lui suffit à le transformer en un ange de la mort qui lui était, croyait-il, étranger.

À la vérité, on ne trouve aucune autre entreprise contemporaine à laquelle comparer cette construction borgésienne d’un livre infini. Javier Marías a mis tout ce qu’il est et tout ce vers quoi il voulait tendre. Son roman est celui d’un grand horloger qui joue avec la pâte molle du temps, qu’il étire à loisir, ramasse et retourne par circonvolutions. Javier Marías ne l’explique pas. À peine consent-il à dire «qu’il est possible d’écrire un roman-fleuve qui se déroulerait pendant beaucoup d’années et beaucoup de générations, mais que là n’était pas son propos.» On conçoit que chacun des êtres possède leur double inconnu, fidèle en cela à une conception même de l’écrivain selon laquelle «nous sommes également composés de ce que l’on a fait ou de ce que l’on aurait pu faire.»

Universalité

À ce jeu avec le temps s’ajoutent la distorsion et l’ambiguïté de la langue. Quand on le questionne à propos des noms de ses protagonistes, Javier Marías affirme qu’il ne s’est pas aperçu que le patronyme de Deza -ce tendre Jaime qui se change en exterminateur en toute fin de récit- ne peut se dire en anglais qu’en prononçant «death» (mort). Ou mieux, qu’il eut l’idée de baptiser le cynique inspirateur du bureau secret britannique, M. Trupa, soit celui qui donne le tempo, du nom d’un véritable réparateur de montres anciennes chez qui il amena la sienne à Bath (Angleterre).

Ajoutez à cela que l’ensemble des trois volumes sont de perpétuelles réminiscences des livres antérieurs. Que l’on y retrouve des citations et des titres. Que le sombre Curtadoy arrive en droite ligne d’un précédent ouvrage, «Un coeur si blanc». Que Javier Marías affirme qu’il ignorait la veille encore d’écrire son nom qu’il le ferait revivre. On comprend alors que cette oeuvre s’apparente à une création d’alchimiste, un miracle d’équilibre qui parle de la mémoire, de l’amour et de l’altérité. Qui voudrait être universelle.

Pourquoi mettre un point final, demande-t-on à l’auteur? Il répond sagement : «Je ne savais pas un mois plus tôt que mon livre allait être terminé. Quand il s’est arrêté, j’ai eu une immense impression de vide, je me suis retourné sur huit ans de ma vie. Épuisé. Physiquement et intellectuellement. Aujourd’hui quand j’écris, je me demande qui sont ces intrus, ces gens-là qui s’invitent sous ma plume. Où sont passés mes vieux compagnons Trupa, Wheeler, Deza et Curtadoy. Ils me hantent.» C’est l’auteur qui le dit dans ce grand salon vide du VIe arrondissement. Voilà pourquoi, quand on rencontre cet écrivain-là, on a l’impression d’être dans son roman. Un autre univers. Un autre temps. Tout ce qui est de l’ordre d’un créateur.

YVES HARTÉ

Sud Ouest, 24 Janvier 2010

14th Enero
2010
written by zonafantasma

 

Hoy jueves, 14 de enero, Javier Marías será entrevistado en Radio France Culture, a partir de las 12 horas, por Arnaud Laporte en el programa “Tout arrive”.

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Y en Radio France Internationale, a las 13,45 horas, charlará con Jordi Batallé.

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7th Enero
2010
written by zonafantasma

Face à face. Rarement expression aura été plus appropriée. Quand Javier Marías vous ouvre la porte de son appartement, dans un immeuble médiéval du centre historique de Madrid, il est impossible de ne pas le fixer avec attention. Non pour s’assurer qu’on ne s’est pas trompé d’étage. Ou parce qu’on a appris à regarder dans les yeux les gens que l’on salue. Mais parce qu’on arrive tout imprégné de ses livres et que, pour cette raison même, on se prend soudain, comme son héros, à détailler et “interpréter” chaque visage…

Un ovale parfait, trois rides bien parallèles barrant un front un peu dégarni de quinquagénaire, une paupière légèrement tombante… Se peut-il que tout cela puisse, comme on dit, “faire sens” ? Plus tard, alors qu’il est assis dans le canapé du salon et propose du chocolat noir, l’idée revient avec insistance. Menton, joues, sourcils, oreilles… Comment un simple assemblage de chairs peut vraiment dire, prédire ou trahir quelque chose ?

Depuis plus de huit ans, Javier Marías travaille sur le visage. Aucun lien avec la moindre démarche morphopsychologique ou physiognomonique douteuse ! Aucun rapport non plus avec l’oeuvre de Levinas, pour qui le visage de l’autre nous investit d’une responsabilité. Non. Ton visage demain, une trilogie commencée en 1998, est bien d’abord une entreprise romanesque - touffue, complexe, très complexe même parfois et qui sollicite sans cesse le lecteur -, mais où, comme le titre l’indique, le visage joue un rôle central. On peut le comprendre, d’ailleurs. Le visage n’est-il pas au fond le thème privilégié de l’art depuis le paléolithique ? Celui qui hante le dessin, la peinture, la sculpture depuis La Dame à la Capuche de nos lointains cours de préhistoire ?

En littérature, ce motif est sans doute moins présent, et l’approche de Marías n’en est que plus singulière. Dans les trois tomes de Ton visage demain, le héros-narrateur, Jaime, a la capacité de percer à jour les êtres en observant leurs traits et en imaginant la façon dont ils vont vieillir, bref de les “voir” vraiment, de les jauger, de savoir - c’est ce qui obsède Marías et son narrateur par-dessus tout - s’ils se comporteront plus tard en héros ou en lâches.

“La lâcheté. Oui, Pérez Nuix avait raison : on ne sait presque jamais ce que c’est, remarque Jaime, page 110. Elle ne se présente jamais à l’état pur. Le plus souvent (…), il n’y a pas moyen de la séparer de l’ensemble de ce qui nous constitue, de l’arracher au noyau de chacun de nous, ni de l’isoler.” Sera-t-on fort ou faible ? En général, nul n’en a la moindre idée, surtout pour soi-même. Et Marías note qu’il est d’ailleurs “oppressant d’ignorer cela et de savoir en plus qu’on ne l’apprendra jamais. Mais, dit-il, c’est ainsi que nous vivons”.

Jaime, lui, sait. A force de déshabiller les âmes, et “aussi fuyante que soit la lâcheté”, il ne la laisse pas échapper, il la capture. A travers “son visage demain”, il a cette faculté étrange de dire à (ou de) quiconque : “Tu es celui qui trahira. Tu es Judas. Tu es Iago…”

D’où vient donc cette étrange obsession ? Certes, dans de nombreux romans précédents, Marías procédait déjà par associations d’images ou d’idées - Un coeur si blanc (Rivages poche, 2004), Demain dans la bataille pense à moi (Rivages, 1996). Mais la trahison ? Avant de se lancer dans l’explication - et peut-être parce qu’il s’agit d’un passage délicat de son histoire familiale -, Javier Marías allume une nouvelle cigarette. Puis : “C’est un des principaux désirs que nous avons tous, dit-il, savoir de quoi l’autre est capable. Peut-être parce que nous avons tous expérimenté la déception ou la trahison. C’est exactement ce qui est arrivé à mon père, pendant la guerre civile espagnole… ” Marías explique comment son père, le philosophe et sociologue Julian Marías, mort en 1995, a été trahi par son “meilleur ami”, qui, pendant la guerre d’Espagne, le livra aux phalangistes comme “agent de Moscou”.

Le destin du père, la façon dont il a meurtri le fils, est donc ce qui sous-tend toute l’entreprise de Ton visage demain. Et cette interrogation qui revient comme un leitmotiv : “Comment peut-on ne pas voir (…) que celui qui finira et finit par nous perdre nous perdra ?, écrivait déjà Marías dans le premier tome, Fièvre et lance. Comment puis-je ne pas connaître aujourd’hui ton visage demain, celui (…) que tu ne me montreras que lorsque je ne m’y attendrai pas ?” Plus loin, il ajoutait : “Rare est la confiance qui n’est pas trahie tôt ou tard, rare est le lien qui ne s’emmêle pas ou ne fait pas de noeuds, et alors il finit par être trop serré et il faut tirer son couteau pour le trancher net.”

Quand on demande à Marías quel type d’existence on peut mener lorsqu’on est ainsi habité par le doute et la méfiance constante envers autrui, il préfère botter en touche. Expliquer, comme dans son livre, que le personnage de Jaime est aussi une métaphore de l’écrivain. “Aussi brillant et heureux qu’il ait été, le passé nous semble entaché d’ingénuité, note-t-il. C’est pourquoi il comporte toujours un élément d’irrémédiable fadaise, et nous fait sentir honteux d’être resté dans les nuages, d’avoir cru alors ce qu’aujourd’hui nous savons être faux, ou qui ne l’était peut-être pas, mais ne l’est plus, pour n’avoir ni résisté ni persévéré. L’amour qui semblait solide, l’amitié dont nous ne doutions pas…”

A cet égard, Jaime est comme l’écrivain, celui qui a les yeux décillés parce qu’il connaît le dénouement de l’histoire. Même si, précise Marías dans son français impeccable, “j’applique à l’écriture de mes romans le même principe de connaissances qui règle la vie”. Traduction ? “A 40 ans, on peut regretter de s’être marié avec telle personne ou d’avoir choisi tel métier, mais il faut s’y tenir. En littérature, c’est différent. Un romancier, lui, peut changer la page 10 si, page 300, il s’aperçoit qu’elle ne lui convient plus. Or moi, je ne fais pas cela. Je m’applique au contraire à rendre nécessaire ce qui, au début du livre, a pu me venir par hasard. Je le fais parce que ça m’amuse, c’est un défi supplémentaire. D’ailleurs, dans cette trilogie, il y a depuis le premier tome une tache de sang. On a beau frotter, il reste toujours une auréole. Preuve qu’on n’efface jamais rien.”

Parvenu au terme de son énorme trilogie, Marías avoue un sentiment de “videment”, comme il dit. Ses personnages lui manquent. Même Jaime ? “Personne n’aime savoir à l’avance. Cela nous fait horreur, une horreur biographique et une horreur morale”, écrit-il à la fin du livre. A moins, suggère-t-il, que “personne n’ose reconnaître qu’il voit ce qu’il voit”. Ce n’est peut-être pas faux.

Depuis qu’on a lu et rencontré Marías, on a beau se montrer vigilant et regarder les visages, force est d’avouer que souvent on n’y voit rien. On n’y apprend rien. Et peut-être est-ce mieux comme cela ?

FLORENCE NOIVILLE

Le Monde des Livres
, 7 janvier 2010

Ton visage demain. Tome III : Poison et ombre et adieu, de Javier Marías : quand le “roman sans fin” s’achève

Il disait que ce serait “un roman sans fin”. “Du type dont le Quichotte ou La Recherche seraient l’exemple.” Un livre sur la mémoire, l’amour, la peur, la violence, l’autre… Comment pareil ouvrage pourrait-il d’ailleurs s’achever ? Aujourd’hui, Javier Marías vient pourtant de mettre un point final à Ton visage demain, une trilogie de près de 2.000 pages, à laquelle il travaillait depuis 1998. “Comme disait Borges, le point final, on le met sûrement par fatigue !”

Avec d’innombrables sauts, digressions, dilatations de la pensée et des phrases, ce troisième tome, comme les précédents, fourmille d’histoires dans l’histoire. On y retrouve Jaime - alias Jacobo ou Jack -, agent du MI6 à Londres, travaillant pour l’énigmatique Tupra au sein d’une mystérieuse équipe de traducteurs-analystes-espions où ses talents d’interprète des visages font merveille - il doit rendre “des avis sur les gens, dire s’ils peuvent être utiles ou non et à quoi”. En l’occurrence, le voici aux prises avec la superbe Pérez Nuix, dont le bas file de façon troublante à mesure que la nuit avance. De fil en aiguille, pris dans un imbroglio madrilène, l’agent secret philosophe finira par découvrir une vérité essentielle le concernant, c’est-à-dire par voir son propre visage demain.

FLORENCE NOIVILLE

Le Monde des Livres, 7 janvier 2010

19th Diciembre
2009
written by zonafantasma

En la web Guardian.co.uk se puede ver la entrevista que Richard Lea hizo a Javier Marías en su viaje a Londres en noviembre con motivo de la publicación en el Reino Unido del tercer volumen de Tu rostro mañana, traducido al inglés por Margaret Jull Costa: Poison, Shadow and Farewell y editado por Chatto & Windus.

Ver vídeo




Y en la web de la The New York Public Library se puede escuchar la conversación mantenida, el 3 de diciembre, entre Paul Holdengräber y Javier Marías a causa de la publicación en Estados Unidos, por la editorial New Directions, de Your Face Tomorrow 3. Poison, Shadow and Farewell.

Escuchar conversación

30th Noviembre
2009
written by zonafantasma

Exclusive Q&A: Spanish Author Javier Marías

Javier Marías is the most important intellectual figure that you’ve probably never heard of. The Spanish author, translator, and columnist has published 14 books (11 of which are available in English), translated everyone from Thomas Hardy to Joseph Conrad to Vladimir Nabokov, and has been profiled and reprinted in such publications as The New Yorker, The Believer, and The Threepenny Review, but is somehow still not a household name. Ahead of a speaking engagement with already-a-household-name-author Paul Auster at the 92nd Street Y tonight, Marías chatted with Flavorpill about how translations can actually improve books, the Spanish authors you should be reading, and what it’s like being the king of a tiny, uninhabitable Caribbean island.

Flavorpill: A lot of literature tackles unanswerable questions and subjects — what is the purpose of writing for you?
Javier Marías: I think it was Faulkner who once said that when you strike a match in a dark wilderness it is not in order to see anything better lighted, but just in order to see how much more darkness there is around. I think that literature does mainly that. It is not really supposed to “answer” things, not even to make them clearer, but rather to explore — often blindly — the huge areas of darkness, and show them better. So in my opinion it does not really matter if subjects are unanswerable (all of them are, possibly), as literature is not expected to solve riddles or mysteries, but just to show them — perhaps putting them in a slightly new light, perhaps calling attention to overlooked aspects of them.

FP: Do your dual roles as a writer and an English-Spanish translator intersect?
JM: I have not translated a book in the last 20 years or so. Writing and translating are too similar to cope with at the same time. What I can say is that translation is the best possible school for a writer. If you are capable of “rewriting” acceptably (that is what a translator does, he or she rewrites) texts by Laurence Sterne or Joseph Conrad or Thomas Browne, it means you have learned a lot, it means that your instrument or tool is ready for rather ambitious enterprises. Of course, translating does not give you talent or imagination, but it tunes your instrument — language — and that’s a lot.

FP: What is it like to have your work translated into English by someone else? Have you ever considered translating your own work?
JM: I would never try to translate my own work. It would be terribly boring — I already write and rewrite and correct so much in Spanish that it would become a never-ending task. Luckily I have a wonderful English translator, Margaret Jull Costa — and Esther Allen was excellent too with Dark Back of Time. They send me lists of queries and doubts, and by the quality of them I see that my texts are in very good hands. In the past, when I had more free time, I supervised translations into the languages I know (English, Italian, French), but I cannot do that any more. I trust my translators and help them when they find themselves in distress, as I would have loved to be able to ask Conrad, Sterne, or Yeats what the devil they meant here or there. On the other hand, I think that translations tend to improve the originals — when they are good, that is. Sometimes I feel that my novels must sound better in English, Korean, or Hindi than they do in Spanish.

FP: Why do you think so many American readers are unfamiliar with Spanish literature?
JM: I suppose there are several reasons for that. The United States translates very few books, all in all, as literary production in English is enormous. On the other hand, during all the long years of Franco’s dictatorship, the Spanish literary output was not extraordinary, so there has been a long period of ignorance about my country. It is not easy to get accustomed to the existence of a country after so many years of forgetfulness, as it were. Also, because of geographical reasons, the United States has been more interested in the literature of South America, which seemed more attractive and exotic.
Spain is — and always has been, despite our anomalies — a European country like most others. The country has more to do, in my opinion, with France, Italy, or even Great Britain than, say, with Mexico or Argentina. It is not easy for an American audience to see and accept that. Perhaps they still expect bullfighters and gypsies with knives in their stockings in most Spanish literary works. Nowadays, our literature is very varied and some authors are really worth reading: from the past La Regenta should be better known, and from the present Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Arturo Pérez-Reverte, and Antonio Muñoz Molina should be better read.

FP: You are currently the “king” of Redonda and have even granted “titles” to other famous literary figures and filmmakers. Can you please explain the concept behind the uninhabitable island’s history and its monarchs?
JM: Redonda’s old motto is “Ride si sapis,” which is Latin for “Laugh if you know how to,” more or less. The second “king” of Redonda, the poet/drunkard/beggar John Gawsworth, created an “intellectual aristocracy” or “literary nobility” and gave titles to peers like Dylan Thomas, Lawrence Durrell, Henry Miller, and Vincent Price. I thought I should follow the tradition and the joke, and all “my” peers have understood the jovial character of the legend. Some of them I created directly, some others have become “dukes” or “duchesses” after winning the Realm of Redonda Prize, which is given yearly by the other peers. Winners so far have been: J.M. Coetzee, John H. Elliott, Claudio Magris, Eric Rohmer, Alice Munro, Ray Bradbury, George Steiner, Umberto Eco, and Marc Fumaroli. The jury includes John Ashbery, Pedro Almodóvar, William Boyd, Francis Ford Coppola, A.S. Byatt, Antony Beevor, Mario Vargas Llosa, as well as the previous winners. I don’t think there is a more prestigious jury in the world. I don’t vote in order to keep it so — I just organize and fund the prize. The winning “dukes” and “duchesses” are distinguished authors and filmmakers, and, as Redonda is a bilingual “kingdom,” their works must be available in English and in Spanish. Fortunately there are no subjects, and peers have no duties whatsoever — not even that of loyalty. As in all good kingdoms, they are allowed to conspire.

FP: If you could have five books on a desert island — say, for example, Redonda — what would you bring and why?
JM: Five is very generous, as most people usually just allow one book on desert islands. To be sure, Shakespeare’s works, from which I have taken four or five titles for my novels and stories; Cervantes’ Don Quijote, because it is a very long, re-readable book, and also to be in touch with good Spanish; Sterne’s Tristram Shandy because it makes you laugh often and because it would help me recall my youth when I translated it into Spanish (I was about 25 then); T.S. Eliot’s poetry, as it is very good to be read aloud; Jorge Manrique’s Coplas a la muerte de mi padre because it is one of the most moving books of poetry I have ever read — or re-read.

CHELSEA BAUCH

Flavorpill, 30 November 2009

 

Encuentro literario en Nueva York:
Javier Marías-Paul Auster

Hoy 30 de noviembre, a las 20 horas, en 92nd Street Y (92Y), Lexington Avenue, los escritores Javier Marías y Paul Auster conversarán de literatura y de sus últimas obras publicadas en Estados Unidos. Paul Auster será presentado por Rick Moody y Javier Marías por Wyatt Mason.

Más información

El Ministerio de Cultura anunciará hoy el ganador del Premio Cervantes

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, anunciará esta tarde el nombre del ganador del Premio Cervantes 2009, para el que han sido presentados como candidatos los escritores José Emilio Pacheco, Nicanor Parra, Ricardo Piglia, Isabel Allende y Fernando del Paso, entre otros.

Este premio, el más importante de las letras hispanas, está dotado con 125.000 euros y fue creado en 1975 por el Ministerio de Cultura para rendir anualmente testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

Si se respeta esa ley no escrita que reparte alternativamente el premio entre hispanoamérica y España, este año debería recaer en un escritor americano ya que en 2008 lo ganó el novelista español Juan Marsé.

En ese caso, podrían ganar el prestigioso galardón el mexicano José Emilio Pacheco, que hace unos días recogió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el chileno Nicanor Parra, o el argentino Ricardo Piglia.

En esta edición también han sido presentados como candidatos el mexicano Fernando del Paso, la chilena Isabel Allende, el argentino Tomás Eloy Martínez, el nicaragüense Sergio Ramírez, el mexicano Homero Aridjis, y la uruguaya Ida Vitale, entre otros muchos.

Y si el jurado rompiera la ley no escrita y optara por un español, el nombre de Ana María Matute, finalista en múltiples ediciones, debería encabezar la lista de candidatos españoles en la que también figurarían Francisco Nieva, José Manuel Caballero Bonald, los hermanos Juan y Luis Goytisolo y Javier Marías.

El Premio Cervantes ha distinguido hasta ahora a dieciocho escritores españoles y dieciséis latinoamericanos. Y sólo en dos ocasiones ha recaído en una mujer: la española María Zambrano, en 1988, y la cubana Dulce María Loynaz, en 1992.

Los candidatos pueden ser propuestos por los anteriores premiados, por instituciones vinculadas a la lengua castellana y por las Academias de la Lengua. La Real Academia Española apuesta este año por Luis Goytisolo, Emilio Lledó y Javier Marías.

La composición del jurado del Cervantes, de once miembros, se mantiene siempre en secreto hasta el día del fallo, pero al menos se sabe que formarán parte de él los dos últimos ganadores: Juan Gelman y Juan Marsé.

EFE/ADN, 30 de noviembre de 2009

21st Noviembre
2009
written by zonafantasma

The Spanish novelist Javier Marías appeared this week at London’s Southbank Centre, where he answered questions about the final part of his “novel in three volumes” Your Face Tomorrow, a country-hopping mixture of spy thriller, love story, comic novel and Proustian study of memory which in the Spanish editions adds up to 1,600 pages. Interviewed by Sam Leith, Marías contrasted himself with authors who “write with a map, so on the way they know they’ll find some cliffs, a desert and so on; I just have a compass, and I know I’m going north, let’s say, but what I find is a surprise.” What had he found most surprising in Your Face Tomorrow? “The length,” he replied to laughter, adding that only one more volume was expected when he published the first.

“I write and rewrite so much, between two and five times, but then don’t revise it again.” This is because he has a “suicidal” policy of banning himself from going back to material even if he knows it’s flawed. “I apply the same principle we adopt in life. We may wish at 40, for example, that we hadn’t married this person when younger, but it’s part of our life. Most authors would change the mistake, but I stick with it, I make it necessary.”

This month’s Bookslut interview (bookslut.com/features) is with Marías’s English translator, Margaret Jull Costa, who seems unfazed by working with an author who is not only a prolific translator of novels (including Tristram Shandy) from English into Spanish, but also often makes his narrator a translator or -as in the Impac prize-winning A Heart So White- an interpreter. Jull Costa outdoes him, revising her versions “nine or 10 times” , and makes no complaint about the writer’s wordiness. “It requires lots of rereading and rewriting,” she says, “but it’s very satisfying when one of those page-long or two-page-long sentences really works in English with no loss of cogency”.

JOHN DUGDALE

The Guardian, 14 November 2009

19th Noviembre
2009
written by zonafantasma
Foto. Gorka Lejarcegi

Foto. Gorka Lejarcegi

Javier Marías tiene un cuadro que cobra vida en el salón de su casa madrileña. Es un pueblo decimonónico envuelto en las sombras de la noche a orillas de un río, pero que dependiendo de la luz y de dónde se mire desvela detalles de su mundo. Debajo de este Keller-Reutlingen, el escritor y académico, con gafas redondas y sentado en el borde del sofá con los codos apoyados en las rodillas, da pistas sobre la nueva novela que ha empezado, “la más pesimista de todas”, narrada y protagonizada por una mujer, y se explaya acerca de Tu rostro mañana (Alfaguara), traducida a 16 idiomas, que se edita por vez primera en un solo volumen.

Un proyecto literario que empezó a publicar en 2002 y que a medida que escribía fue creciendo hasta convertirse en tres partes, en 2007, y es considerado por muchos como su obra cumbre. Esta nueva edición de 1.328 páginas coincide con la salida del tercer tomo en otras lenguas, como inglés, holandés o francés. Las críticas siguen la línea elogiosa de los dos anteriores. Entre ellas se cuenta la del escritor Anthony Beevor para The Sunday Telegraph.

Con voz pausada, Marías (Madrid, 1951) habla de su obra y de sus proyectos. Una especie de monólogo que bien podría dividirse en las siete palabras que conforman los subtítulos con que fueron publicadas las tres partes de Tu rostro mañana.

» Fiebre. “Es bueno leer el libro como en gran medida es, una sola novela. Siempre dije que no era una trilogía, sino una misma obra en tres partes. Si he dicho que no es del todo una sola novela es porque el comienzo de cada tomo me supuso un esfuerzo equiparable al de empezar una nueva novela. Ha habido ahora alguna pequeña enmienda, alguna errata que se había despistado, y uno o dos errores que había cometido. El libro es el mismo para los lectores a los que les gustan las novelas largas, a mí no”.

» Lanza. “Cuando escribía Tu rostro mañana tenía la sensación de estar haciendo algo difícil, que me costaba esfuerzo… sin saber que iban a resultar tres volúmenes, y pensaba: ‘Esperemos que lo logre terminar’. Ahora, al cabo de dos años de haberla concluido, no puedo evitar la sensación de que no ha sido suficiente… Me suele ocurrir que el mero hecho de haber terminado un libro lo disminuye a mis ojos, le quita valor, porque me digo: ‘Si lo he logrado no debía de ser tan difícil, ni tanta la complicación como me parecía, por lo cual tampoco tendrá tanto mérito’. Envidio a otros escritores que están satisfechísimos”.

» Baile. “Uno siempre agradece los elogios, estimulan. Pero no se pueden tomar en serio. A veces no puedo por menos que verlos como una exageración. Siento una especie de desdén hacia lo que ya he logrado. Tiene que ver, aunque no exactamente, con la frase de Groucho Marx: ‘No pertenecería a un club que estuviera dispuesto a admitirme como miembro’. Uno tiene que aceptar lo que digan los demás sobre lo que publica, y no protestar, aunque en casa pueda decir lo que quiera”.

» Sueño. “Nunca busco temas literarios o que queden bien. Siempre escribo sobre las cosas que me preocupan. Todo el mundo se ha interesado por la naturaleza del secreto, el engaño, la persuasión, el azar, la mentira o la sospecha, que es muy desasosegante. Quién no ha sufrido una traición o la ha cometido con pequeñas cosas o defraudado o decepcionado. Y la traición está ahí. Pero hay que ir de buena fe. En mayor o menor grado las relaciones humanas están expuestas a la decepción y también a la ratificación de lo bueno. Hay cosas que nunca son transparentes, ésas son las zonas que me interesa explorar, y quizá también las que dan una dimensión dramática. Soy de los que cree, como Faulkner, que los escritores seguimos escribiendo sobre lo mismo desde Homero”.

» Veneno. “Veo el mundo muy decadente. Basta con mirar alrededor. Berlusconi, Sarkozy, los Kirchner, Chávez o la corrupción en España. Gente mediocre y desfachatada. Tengo la sensación de un envilecimiento general de las poblaciones. Ojalá no tenga nada que ver con lo que se produjo en los años treinta. Ahora hay una especie de pragmatismo, de falta de escándalo; una tendencia a darle importancia a lo que no lo tiene y a no dársela a lo que quizá sí”.

» Sombra. “He empezado una nueva novela y me siento muy inseguro. Es de dimensiones normales, sencilla, quizás la más pesimista de las que haya escrito. Tal vez por haber estado ocho años en compañía de los personajes de la anterior y su mundo, ahora tengo la sensación de extrañeza frente a estos nuevos. No me preocupa que se siga hablando de Tu rostro mañana como una obra de referencia mía. Uno nunca sabe lo que va a quedar, si es que queda algo, porque no importa el esfuerzo o pasión que ponga el autor en cada uno de sus libros, no depende de él”.

» Y adiós. “En Reino de Redonda sigo publicando dos o tres libros anuales. En la Academia estoy a gusto, y desde la comisión donde estoy hemos logrado salvar alguna palabra del diccionario. Uno de los problemas es que está en desuso casi todo. El vocabulario de la gente es más limitado de lo que ha sido nunca. Sería bueno que se empezara a usar palabras olvidadas para recuperar varias de ellas”.

WINSTON MANRIQUE SABOGAL

El País, 19 de noviembre de 2009

23rd Octubre
2009
written by zonafantasma
Fotografía. Fede Serra

Fotografía. Fede Serra

Su prosa prolija e hipnótica ha sido traducida a 37 idiomas. Con más de cinco millones y medio de libros vendidos es, probablemente, el escritor español vivo más prestigioso fuera de nuestras fronteras. El Nobel es solo cuestión de tiempo…

Javier Marías recibe al equipo de GQ en su apartamento del centro de Madrid como quien abre las puertas de su reino literario (y tiene uno, el de Redonda) a una invasión bárbara. Penetramos en la abigarrada guarida del escritor, llena de estanterías colmadas de volúmenes, soldaditos de plomo, recuerdos de todo tipo y montañas de libros apilados, como un elefante en una cacharrería. ¡Que nadie rompa nada, por favor!, le espeto a mis compañeros, cargados de trípodes, flashes y maletas, mientras observo con cierto arrobo la vieja máquina de escribir que dormita en un despachito (Marías, como ha reconocido muchas veces, desconoce las virtudes del ordenador y es un analfabeto cibernético). De ese objeto al que Bukowski definió como la ametralladora del escritor han salido las páginas de Corazón tan blanco o su aclamada última trilogía, Tu rostro mañana. Si te concentras, casi puedes oler la tinta de las palabras flotando entre las volutas de humo de los cigarrillos que e! novelista encadena, uno tras otro, mientras hablamos.

“Estoy pensando en dejarlo”, aventura con escasa convicción mientras aspira una honda calada por indicación de nuestro fotógrafo. Tal vez, creo, a los 58 años todo hombre sensato debería plantearse abandonar sus vicios. No está entre los suyos el del matrimonio: su casa es la casa de un hombre soltero. Tampoco el de los hijos, “aunque he tenido muchas novias -precisa-, y ahora tengo una también, aunque a mi edad la palabra ya suene un tanto absurda. Nunca he tenido la sensación de que la escritura me impidiera vivir y, desde luego, no he concebido mi profesión como un sacerdocio” .

Sacerdocio o no, lo cierto es que su relación con la literatura es de una precocidad inusual. Publica su primera novela, Los dominios del lobo, con tan solo 19 años. Travesía del horizonte, su segunda incursión en el género, ve la luz tan solo 12 meses después.

No obstante, la fama y el reconocimiento internacional no le llegan hasta la publicación de Todas las almas, una novela pseudo-biográfica ambientada en Oxford cuyos personajes han transitado el universo de Marías a través de los años y las obras. Su anglofilia apenas disimulada (ha escrito también excelentes traducciones de Conrad, Faulkner o Sterne), le ha deparado no pocas críticas. “Ya sabes que a mí, durante mucho tiempo, y aún hay mucha gente que lo dice, me han negado incluso la españolidad, han dicho que soy un escritor inglés que escribe en español, que mi literatura parece una traducción del inglés”.

“En general, tengo mejor prensa fuera de España que en España, y he recibido más premios en otros países que aquí -constata-. Hay que tener en cuenta que este país es tradicionalmente tirando a rácano. Pero bueno, en mi caso prefiero que mis cosas no causen una aceptación tibia. Me parece preferible tener lectores muy entusiastas y detractores muy furibundos a resultar indiferente”.

Desde abril de 2008, ocupa el sillón R de la Real Academia (”lo más parecido que hay en España a un club inglés”, bromea), honor que solo aceptó tras la muerte de su padre, el filósofo Julián Marías; y su nombre suena ya entre los candidatos al Nobel.

Entretanto, escribe su columna semanal en el dominical de El País y trabaja ya en lo que podría ser su próxima novela, protagonizada, por primera vez, por una mujer: “Aún no sé si llegará a ser una novela o no; tras mi última trilogía acabé tan cansado que me lo estoy tomando con calma”.

HÉCTOR IZQUIERDO

GQ, Especial aniversario, noviembre de 2009

11th Julio
2009
written by zonafantasma
Marc Fumaroli ganó esta primavera el Premio Reino de Redonda, que también poseen Coetzee, Elliot, Magris, Rohmer, Munro, Bradbury, Steiner y Eco. Foto: Daniel Mordzinski

Marc Fumaroli ganó esta primavera el Premio Reino de Redonda, que también poseen Coetzee, Elliot, Magris, Rohmer, Munro, Bradbury, Steiner y Eco. Foto: Daniel Mordzinski

El autor de libros como Las abejas y las arañas es uno de los intelectuales más críticos y polémicos con la sociedad cultural y las expresiones artísticas contemporáneas. Historiador y académico francés, ha sido distinguido con el Premio Reino de Redonda por su recuperación del pasado, y ha adoptado el título de Duke of Houyhnhnms. París-New York et retour es su último libro

Marc Fumaroli (Marsella, 1932), escritor, historiador, miembro de la Academia Francesa, abomina de lo moderno por lo moderno y de lo políticamente correcto por definición. Atildado, cultísimo, ceremonioso y elegante, recibe a EL PAÍS en un despacho del Collège de France, del que es profesor honorario. Desde hace años, el amable y educado estudioso del arte y la retórica se ha convertido en un brillante y ácido crítico de la sociedad cultural del presente más rabioso y de sus manifestaciones artísticas contemporáneas, de las que él, por lo general, abomina explicando el porqué. Su polémico libro El Estado cultural (Acantilado) da fe de su preocupación por el mundo en el que vive. Recientemente, ha ganado el Premio Reino de Redonda, que concede desde 2001 la editorial del mismo nombre, del escritor Javier Marías.

PREGUNTA. ¿Contento con este premio?
RESPUESTA. No sólo contento: muy orgulloso. El jurado está compuesto por personalidades internacionales de calidad e independencia absolutas. Es más que el Nobel, porque al jurado del Nobel no lo conoce nadie y está influido por lo políticamente correcto. Y este jurado es completamente incorrecto.

P. ¿Por qué ha elegido como título del Reino de Redonda el de Duke of Houyhnhnms? (en referencia a “aquellos caballos de Los viajes de Gulliver, de Swift, ‘que nos hacen avergonzarnos de nuestra humanidad”).
R. Porque adoro Los viajes de Gulliver, un gran libro irónico. Creo que Schopenhauer sostenía que los tres grandes libros alegóricos del mundo son El Quijote, Los viajes de Gulliver y El Criticón de Gracián. En Los viajes…, Gulliver descubre toda suerte de monstruos, todos humanos, y después encuentra un mundo habitado por caballos inteligentes y generosos, denominados Houyhnhnms, que viven juntos en una sociedad utópica. Creo que ése es buen sitio para instalarme y ponerme el título de Duke.

P. El jurado ha reconocido su labor a la hora de tender puentes con el pasado. ¿Está de acuerdo?
R. Sí, con la condición de definir “pasado”. Yo no soy un pasadista en absoluto. El pasado en cuanto pasado no me interesa, porque es algo que tiende a la desaparición. Yo creo, eso sí, en la inteligencia de lo mejor de la humanidad, en el tesoro cultural acumulado a lo largo de los siglos. Desde Homero hasta Joyce, desde Platón y Aristóteles hasta San Agustín y Santo Tomás. Esta tradición literaria y filosófica no ha creado un mundo estable y habitable, pero nos permite mirar en el que vivimos con distancia, con una mirada crítica, no nos deja encerrarnos en nuestras ilusiones.

P. ¿En nuestras ilusiones?
R. Sí, ilusiones que acaban en un desengaño. Hay toda una corriente ciega que sostiene que el mundo moderno se ha desarrollado gracias al egoísmo. Hay que buscar por otros lados, convencernos de que el camino que hemos tomado no es el bueno.

P. ¿Cuándo perdimos el camino correcto?
R. Lo perdimos con la filosofía anglosajona del siglo XVIII, con Locke y Adam Smith, entre otros. En el fondo, el mundo de ahora es el mundo del todos contra todos, en el que han desaparecido todos los referentes de verdadera grandeza, en el que la admiración, la emulación o la educación es imposible. Cada uno debe aprender por sí mismo. Los jóvenes no poseen nada que les haya sido transmitido por las generaciones precedentes y ellos no transmitirán nada a los que les vendrán después.

P. En su último libro publicado en Francia, París-New York et retour. Voyage dans les arts et les images, compara la cultura americana y la europea.
R. No tanto la cultura en el sentido universal como la imagen. Considero que la imagen y por tanto la imaginación se encuentran en la base del conocimiento humano. Así que me pregunté dónde se encuentran las imágenes contemporáneas y las he estudiado a la luz del pasado. Y me he dado cuenta de que estamos sumidos en un régimen de imágenes, en principio, feas, sin futuro, de una materia pobre, digital, que se emiten en pantallas, que son efímeras. Y están por todos lados, nos asaltan desde que nos levantamos de la cama. Y esto condiciona nuestra imaginación, la constriñe.

P. Así que somos más pobres en cuanto a imágenes que en el siglo XVII, por ejemplo.
R. Efectivamente, porque las de ahora son imágenes industriales que ejercen una presión irresistible. Yo soy un apasionado del arte. Y creo que las imágenes comerciales que nos invaden, y sus hermanas gemelas, las que están en las galerías de lo que se denomina “arte contemporáneo”, no son en realidad arte: son mero producto de la técnica y del mercado. Imágenes artísticas hay muy pocas. Antes, tenían el poder de educar los sentidos y la sensibilidad. Y eran, cómo decir, más nutritivas desde el punto de vista artístico que el océano en el que nosotros estamos sumergidos. No es que lo de entonces fuera el ideal, pero si comparamos una cosa y otra, no estoy seguro de que no nos hayamos llevado la peor parte.

P. Usted ha acuñado el término cultura pizza. ¿Qué significa?
R. Responde a la idea de que no ya no hay tradición nacional, tradición local, de que todo debe ser mestizo, un collage, una instalación, un vídeo, de que todo debe ser una mezcla, de que todo debe ser kitsch. La alta cultura, a lo largo de los siglos, ha estado unida a la tierra, al aire, a la misma luz de un lugar que permanece. El hombre necesita una cultura para adaptarse a la naturaleza. En un mundo completamente técnico como el nuestro nuestra relación con la naturaleza casi ha desaparecido.

P. Es usted muy pesimista
R. No. No soy pesimista, porque los pesimistas creen que la humanidad está completamente corrompida y que avanza hacia la autodestrucción. Yo no creo eso: la humanidad tiene un fondo tan excelente como desastroso. Pero ese fondo excelente tropieza con la megalomanía, la ambición desmesurada o, simplemente, con la maldad egoísta. Entre esas dos fuerzas se libra siempre un combate. Y los pocos que tienen algo noble dentro de ellos, lejos de desesperarse, se esfuerzan en compensar esa pulsión autodestructiva de la otra parte. Esa lucha está representada en esas dos parejas de personajes alegóricos, una de Rabelais y la otra de Cervantes: Pantagruel es un gigante generoso y Panurge es un tipo egoísta, avaro, vengativo, mezquino y tramposo. No se puede entender la humanidad sin esos dos polos opuestos. Sólo en el paraíso o en la utopía uno encontraría un mundo poblado sólo de pantagrueles. La otra pareja, claro, es Don Quijote, ese idealista español, esa suerte de Cristo caballeresco, y Sancho, presa de sus pequeñas ambiciones. La diferencia entre las dos parejas es que mientras Pantagruel y Panurge son completamente antitéticos, Don Quijote y Sancho no lo son del todo. Sancho tiene un lado muy simpático y, además, el sentido común que le falta a Don Quijote. Cervantes es relativamente más filantrópico que yo. Yo estoy más cerca de Rabelais y de Swift.

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA

El País, Babelia, 11 de julio de 2009

2nd Julio
2009
written by zonafantasma
Pepa Fernández

Pepa Fernández

 

 

 

El sábado 4 de julio, entre las 11 y las 12 horas, Javier Marías será entrevistado por Pepa Fernández en el programa “No es un día cualquiera” de RNE sobre su último libro Lo que no vengo a decir.

Escuchar la entrevista

11th Junio
2009
written by zonafantasma
Javier Marías retoma el ritual de las firmas con motivo de la edición de su volumen de artículos Lo que no vengo a decir

Javier Marías retoma el ritual de las firmas con motivo de la edición de su volumen de artículos Lo que no vengo a decir

“Ponga, por favor: A Manoli, que tiene el mejor cuerpo de Madrid”. A Javier Marías, madrileño de 1951, lo único que le molesta de firmar en la Feria del Libro es que le dicten la dedicatoria. Sobre todo si es como la de Manoli, incluida en uno de los artículos publicados durante los dos últimos años en El País Semanal y recopilados ahora en Lo que no vengo a decir (Alfaguara).

Por lo demás, le gusta ir al Retiro. Cuando tenia 19 años comenzó a hacerlo como autor. Desde entonces, ha dedicado, generalmente en casetas de librerías pequeñas, cientos de libros propios. También alguno de Benet, Pombo, Pérez-Reverte o de su propio padre a los lectores despistados. En esta feria que termina el domingo el autor de Todas las almas, futbolero empedernido, se ha saltado incluso el veto a las dedicatorias dictadas: “Me pidieron una ‘para un rayista entristecido’ y cedí”.

Javier Marías tiene todavía sobre la mesa el original mecanografiado del tercer volumen de Tu rostro mañana, su última novela. La escritura de ese libro monumental atraviesa varios de los artículos reunidos ahora. ¿No es una distracción tener que escribir un artículo semanal de dos folios para alguien que ha pasado ocho años inmerso en una historia de casi mil seiscientas páginas?: “Distrae, sí, pero un artículo es un sprint de tres horas del que sales cansado. Cuando lo escribo no trabajo en la novela que tenga entre manos. Y agradezco que se me obligue a no escribir. Te obliga a pensar. Y no está mal pensar”.

Lo que no vengo a decir es la séptima recopilación de artículos dominicales de Javier Marías, que considera el género como “el más modesto de todos”. En su caso, no obstante, han ido dando forma a una especie de “diario involuntario”. La decadencia de la educación, el orgullo de los ignorantes y el bajo nivel de los políticos conviven con reflexiones sobre el uso de la lengua, la Semana Santa y el Real Madrid en un volumen que su autor pensó titular El pelma ante los plastas. “Yo soy pelma, efectivamente, pero es que las cosas hay que decirlas muchas veces”.

Los plastas no son los lectores sino las instituciones con las que polemiza Marías cada domingo. Al final optó por un título que refleja la sensación de incomprensión que invade regularmente al escritor, que “cada dos o tres semanas” se plantea dejar de escribir en los periódicos: “Hace poco conocí personalmente a Ferlosio, y me dijo que un artículo de prensa no mueve ni una hoja. Yo también tengo esa sensación. Aunque a veces hay gente que los agradece. Todos los que escribimos columnas tenemos el deseo de influir un poco. No tendría sentido escribir sin ese afán de convencer, de razonar, de argumentar”.

Los artículos de Javier Marías tienen una virtud cada vez menos frecuente: son imprevisibles. “No tiene mucho sentido escribir en prensa”, dice, “si es para decir lo que ya opina todo el mundo. Y lo que opina la época, sobre todo. La gente, y me incluyo, no nos damos mucha cuenta de hasta qué punto pensamos muy poco por nosotros mismos. Hay valores que son de la época y que se dan tan por sentados que nadie se para a pensar si están bien o mal. Si eres de derechas toca decir esto; si de izquierdas, esto otro. No me interesa”.

Muchos de los dardos del autor de Corazón tan blanco se dirigen contra la tiranía de la novedad, que convierte en prehistoria todo aquello que tenga más de un mes de vida: “La impaciencia por lo nuevo es tal que basta que algo sea presente para que inmediatamente sea antiguo y pasado. Ya no cuenta. Como si todo tuviera existencia mientras no existe. Parece que lo importante es consumir. No hay ni un sedimento ni un aprecio de las cosas”. La situación puede llegar a ser angustiosa para un escritor que pasa meses trabajando en un libro. “Éste es un trabajo artesanal”, explica. “Trabajamos como los artistas de la Edad Media. Tenemos otros instrumentos, aunque yo no use el ordenador, pero la escritura sigue necesitando sus ritmos, sus pausas. Es terrible que algo que lleva años en pocos días se dé por ya visto”.

Mientras sigue escribiendo cada sábado el artículo que se publicará dos semanas después, Javier Marías ha empezado, después del “vaciamiento” de Tu rostro mañana, una nueva novela: “He vuelto a la ficción quizás más temprano de lo que yo esperaba, pero no estoy muy seguro de si va a llegar a algo. Después de un libro tan extenso, sabía que cuanto más tardase en acometer algo nuevo más me iba a costar hacerlo. Quería romper el temor de no escribir otra novela”. Eso sí, después de un esfuerzo así, dice, todo lo que venga será una propina. Aunque añade: “A veces lo mejor de un autor son sus propinas”.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

El País, 11 de junio de 2009

9th Junio
2009
written by zonafantasma

Varios escritores españoles contestan a la pregunta: “¿Qué autor clásico le ha influido más y por qué?”

No me cabe duda de que el autor clásico que más me ha influido ha sido Laurence Sterne, por la aplastante razón de que, hacia mis veinticinco años, traduje al español su monumental Tristan Shandy, y lo que uno “reescribe” le influye aún más que lo que lee o relee.

Aparte de ser el más genuino heredero de Cervantes (mucho más que cualquier autor español), Sterne me enseñó la libertad y la osadía, y que en ese flexible género llamado novela cabía todo, siempre que se hiciera con gracia (en el sentido más amplio de la palabra). También me enseñó a alargar o detener el tiempo, o, dicho de otra manera, a conseguir que en la novela exista ese tiempo que en la vida real nunca tiene tiempo de existir.

JAVIER MARÍAS

Revista Mercurio, n.112, junio de 2009

8th Junio
2009
written by zonafantasma
Guardiola manteado por los jugadores del Barça

Guardiola manteado por los jugadores del Barça

Francesco Grant: Señor Marías, usted, que es hincha del Madrid, ¿cómo vivió ayer la final de la Liga de Campeones? ¿Prevaleció en usted la admiración por el buen juego del Barça o la “envidia” del madridista?

Javier Marías: No son cosas incompatibles. Durante toda la temporada he sentido gran admiración por el juego del Barça, en verdad tan extraordinario que ha hecho que casi todos sus rivales parecieran malos equipos (incluido el Manchester United). A la vez, una enorme envidia porque no fuera mi equipo, el Real Madrid, el que hacía ese fútbol (cuando en otras épocas sí lo hizo). Con la agravante de que este año el Madrid ha jugado fatal, incluso cuando ganaba y ganaba.

FG: En Italia vemos al Barça como la expresión de la alegría del fútbol español. ¿Qué representa para usted?

JM: Sí, algo tiene de eso. En España ha gustado siempre el juego de ataque, asumiendo riesgos, y nuestros dos equipos principales, el Madrid y el Barça, llevan el ataque inscrito en su historia. Tenga en cuenta que el Madrid ha echado a varios entrenadores después de que ganaran una Liga o incluso una Copa de Europa, porque el juego no era lo bastante brillante. En los grandes equipos españoles no basta con ganar, como en tantos otros extranjeros. Sus hinchas quieren ver espectáculo y belleza y armonía.

FG: Guardiola ha conquistado la Liga de Campeones con apenas treinta y ocho años: esto sólo parece posible en España. ¿Por qué?

JM: No sé si sólo es posible en España. Yo estoy harto de “jerarquías”. En literatura no se considera “grande” a ningún escritor hasta que ha cumplido sesenta y cinco años, cuando tal vez lleva escribiendo obras maestras desde los treinta y cinco. En el fútbol pasa algo parecido con los entrenadores. El Barcelona ha visto que Guardiola, pese a su inexperiencia, era un hombre inteligente y con ideas, y le ha dado una responsabilidad máxima en plena juventud. Es obvio que ha sido un acierto.

FG: El Real Madrid y el Barça son modelos distintos de club, pero tienen algo en común: la participación “democrática” de la gente. ¿Cree que también en esto se puede hablar de un modelo español?

JM: En realidad ya he respondido a esta pregunta. Tanto el público del Nou Camp como el de Chamartín son exigentes, y son capaces de pitar a los jugadores aunque estén ganando. Eso hace que aquí el “resultadismo” quede sólo para los equipos pequeños.

FG: Ayer el presidente Laporta dijo que su club tiene beneficios y que cada año distribuye unos 15 millones de euros. ¿Es una broma o un milagro?

JM: Parece que sí, que tanto el Barça como el Madrid, pese a sus deudas “globales” y a sus muchos gastos, suelen obtener beneficios cada año. Será un milagro o será que muchos multimillonarios meten dinero en el fútbol, a fondo perdido.

FG: ¿Qué jugador robaría al Barça para “su” Real? ¿O bien preferiría robarles su espíritu identitario?

JM: El Madrid no necesita “espíritus identitarios”. Su identidad es su historia. Quien se pone esa camiseta suele saber que lleva la que llevaron Di Stéfano, Puskas, Gento, Velázquez, Netzer, Butragueño y Míchel, entre otros. En estos momentos al Barça le “robaría” a Guardiola, si ello fuera posible, y su atrevimiento para confiar en jóvenes de la cantera. Hay muchos canteranos del Madrid que triunfan hoy en otros equipos y que en el Real no pudieron ni debutar. Y, ya puestos a “robar”, Iniesta me parece en estos momentos el mejor jugador del mundo.

FG: Florentino Pérez quiere comprar Kaká al Milan. ¿Sería suficiente eso para ver una final Real Madrid-Barça el año que viene?

JM: No he visto a Kaká demasiadas veces, pero no me parece un jugador determinante. Tampoco me gustaría ver con la camiseta del Madrid a Cristiano Ronaldo ni a Ibrahimovic. Son demasiado engreídos. Ya veremos qué equipo tenemos la temporada próxima. Espero que continúe el desaprovechado Guti, al que siempre he visto a la altura de los mejores.

ANSA, 29 de mayo de 2009

4th Junio
2009
written by zonafantasma
A Venezia

A Venezia

Fosse rimasto a Venezia, chissà, «forse non avrei scritto i libri che ho scritto», «o forse non sarei quello che sono: in fondo, siamo anche il risultato di ciò che abbiamo scartato, no?». Javier Marías si accende una sigaretta allungando lo sguardo su Campo San Polo, gli occhi sembrano accarezzare una città incontrata vent’anni fa - «ci ho vissuto diversi mesi per vari periodi, in tutto credo due anni, tra l’84 e l’89» - e ritrovata adesso in occasione di “Incroci di civiltà”, il festival letterario che oggi accoglie lo scrittore spagnolo al Malibran (ore 18). “Venezia fa parte del mio immaginario biografico» sorride Marías. Perché a Venezia l’autore di Domani nella battaglia pensa a me ha scritto parzialmente L’uomo sentimentale e Tutte le anime, a Venezia ha composto “Venezia, un interno”, 35 pagine (inedite in Italia) pubblicate in 5 puntate sul País e poi in una raccolta di saggi, e a Venezia il romanziere ha pure «avuto una morosa».

«Ho un rapporto emotivo con questa città, avevo persino pensato di restarci - aggiunge in un italiano fluido ed elegante - Ma qualcosa mi ha trattenuto: ho sentito che tutto quello che accade al di fuori della città sembra lontano, uscire è complicato, andare a Padova o prendere il treno è complicato…». E lui, che si è sempre mosso (ha insegnato all’università di Oxford per anni, poi negli States, quindi a Madrid, dove vive), ha avvertito «la sensazione involontaria di essere prigioniero».

E l’italiano l’ha imparato a Venezia?
«Non l’ho mai studiato, l’ho dedotto dallo spagnolo. Solo una volta ho preso una grammatica per guardare i verbi e capire come funzionavano le coniugazioni. Ma ho mai compreso mai il passato remoto, qui non si usa molto».

La sua attività di traduttore l’ha aiutata?
“Può darsi. Ma sono molti anni che non traduco più. Credo che scrivere e tradurre non si possano più fare nello stesso tempo. Certo, chi traduce è abituato a maneggiare le parole e ad avere nostalgia di quello che un’altra lingua ha e la propria non ha. Quando parli un’altra lingua, invece, hai nostalgia di ciò che la tua lingua possiede e l’altra no. In un certo senso sei consapevole delle carenze delle lingue. Nessuna è completa. La morosa rideva delle cose che io creavo in italiano!».

Cosa significa per lei raccontare?
«È una forma di pensiero diversa da tutto il resto, alla quale non vorrei mai rinunciare, la trovo particolarmente attiva, fervida. Forse per questo si scrivono tante lettere, diari, mail. Si tenta di spiegare e di spiegarsi meglio una cosa. E in un romanzo ci si sente più liberi di dire cose che forse non diresti mai a nome tuo. Perché è una finzione. Molti lettori mi indentificano coi narratori dei miei romanzi, ma quello non sono io, anche se alcune cose coincidono».

Dove la porta la scrittura?
«Io lavoro con la bussola. So più o meno dove voglio arrivare, ma non conosco la rotta. E allora improvviso molto. Certo, decido io, ma tento di non sapere in anticipo tutta la storia, mi annoierei. Mi piace scoprirla mentre la scrivo. L’importante, per me, è che ciò che entra nel romanzo in modo casuale o arbitrario divenga poi necessario e abbia senso. Mentre scrivo sono concentrato, penso a quello che faccio, ma quando smetto, mi è normale guardare una partita di calcio o bermi una birra».

Real Madrid o Atletico Madrid?
(risata) «Real Madrid!»

Scrive al computer o a penna?
«Con la macchina da scrivere, elettrica, anche se di recente mi si è rotta. Avevo appena terminato il terzo capitolo di Il tuo volto domani, dovrebbe uscire in Italia a settembre-ottobre, e sono più di 700 pagine. Anzi, in tutto saranno 1600 pagine, la macchina si era consumata, ed ero un po’ disperato perché non c’erano più in giro. L’ho raccontato sul País, e i lettori mi hanno offerto altri modelli».

Odia il computer come Pamuk?
«Ma no! Mi piace scrivere sulla carta. Butto giù la prima versione della pagina, poi la correggo a mano, faccio frecce, cancellature, e la riscrivo. Lo faccio tre, quattro, cinque volte, sembra una perdita di tempo tremenda, invece no. Ogni volta che batto la pagina di nuovo, la rendo un po’ più mia, la assumo un po’ di più. È diverso dal leggerla. Chissà, magari in futuro mi convertirò al computer».

CHIARA PAVAN

Il Gazzettino, 22 maggio 2009

3rd Junio
2009
written by zonafantasma
Lo scrittore spagnolo è uno dei protagonisti di Incroci di civiltà

Lo scrittore spagnolo è uno dei protagonisti di Incroci di civiltà

Ci sono 35 pagine segrete custodite nell’archivio di carta di Javier Marías. Contengono le riflessioni su Venezia dello scrittore spagnolo divenuto celebre e amatissimo nel nostro Paese per romanzi come Domani nella battaglia pensa a me, L’uomo sentimentale e Nera schiena del tempo. In Italia nessuno le ha mai lette, perché ancora non hanno trovato un editore prima ancora che un traduttore. Eppure è a quelle pagine che Marías, classe 1951, ieri a Venezia per «lncroci di civiltà» (oggi alle 18, al teatro Malibran, l’autore sarà in conversazione con Elide Pittarello e Paolo Lepri del Corriere della Sera) ha affidato i suoi pensieri sulla città che giusto vent’anni fa lo ospitò per un anno, complice una «morosa» (proprio cosi dice Marías) veneziana:«Era dall’89 che non ci tornavo. E quando sono arrivato, ieri, mi sono emozionato a rivedere i luoghi di vem t’anni fa».

Marías, che effetto le fa essere qui?
«Questa è una città che ho incorporato, l’ho sempre presente dentro di me. È come quando sono a Madrid e dico: vorrei andare in un posto e ci vado. Provo questo sentimento anche per Venezia, la sento un po’ mia».

L’ha trovata cambiata?
«È una città alla quale non è permesso cambiare. Il titolo del mio articolo era “Venezia, un interno”, riprendeva la concezione di Henry James, secondo il quale questa città è come un interno. Per questo non può cambiare».

Vivere una storia d’amore a Venezia da «travet». Fa veramente cartolina.

«È un posto straordinario. Devo dire che mi sentivo particolarmente fortunato, mi sembrava incredibile essermi innamorato proprio qui. In città ho scritto anche parti di due miei romanzi, L’uomo sentimentale e Tutte le anime. Tanto che c’è stato un momento in cui pensavo di vivere qui, ma mi faceva un po’ paura. Dopo un po’ che ci stai a un certo punto ti sembra che tutto quello che accade fuori dalla città sia difficile. Andare a Padova? Difficile. Prendere un treno? Difficile. E si finisce per avere la sensazione di essere prigionieri».

Chissà cosa sarebbe successo se fosse rimasto.
«Non so come sarebbe stata la mia vita qui, forse non avrei scritto gli stessi libri, chissà. Nel nostro “dizionario biografico” si trova quello che uno ha fatto. Eppure noi consistiamo anche di quello che non abbiamo fatto, quello che non siamo stati tanto audaci da fare, quello che abbiamo scartato. Tutto fa parte di noi, fa parte della vita immaginaria di un romanziere. Soprattutto quando si diventa consapevoli di questa possibilità. Cosi Venezia è diventata una città del mio inimaginario biografico: vissuta, ma anche scartata».

Che cos’è raccontare per lei?
«Raccontare è una forma di pensiero diversa da tutto il resto. Per questo la gente scrive diari, lettere, mail: per spiegare e spiegarsi meglio una cosa. Se sono sdraiato sul sofa a pensare, per quanti sforzi faccia so che non penserò mai esattamente come scrivo: quello della scrittura è una forma di pensiero più lucido alla quale non vorrei mai rinunciare».

Che succede alle sue storie mentre scrive?
«Ci sono romanzieri che sanno tutto quando si mettono a scrivere. Io mi siedo con una bussola, so più o meno dove voglio arrivare, ma quello che non conosco è il percorso. Tento di non sapere tutta la storia, altrimenti sarebbe un esercizio di stile noioso, mi piace scoprire la storia mentre la scrivo. Mi è successo anche mentre ero qui e finivo L’uomo sentimentale. Dicevo alla persona con cui stavo:”Non so proprio come finire”».

E in quei frangenti che fine fa la sua vita privata? Viene travolta dalla letteratura?
«Ma no. Gli scrittori che fanno gli scrittori 24 ore al giorno mi sembrano poco credibili. Nel momento in cui smetto di scrivere mi piace anche bermi una birra, vedere una partita di calcio».

Atletico Madrid o Real Madrid?
«Real Madrid».

SARA D’ASCENZO

Corriere del Veneto, 22 maggio 2009

24th Mayo
2009
written by zonafantasma

Annuncia, per ottobre, l’uscita italiana da Einaudi del terzo volume del suo romanzo-fiume, ”Il tuo volto domani”.

Javier Marías è oggi a Venezia (parlerà alle 18 al Teatro Malibran) per il festival letterario “Incroci di civiltà”. Nato a Madrid nel 1951, è uno degli scrittori in lingua spagnola più importanti del mondo. I suoi libri – tra cui ricordiamo ”L’uomo sentimentale”, ”Tutte le anime, ”Un cuore così bianco”, ”Domani nella battaglia pensa a me” – sono tradotti in 37 Paesi.

«Con il tomo che verrà pubblicato in autunno da Einaudi - spiega, - anche il lettore italiano potrà vedere come va a finire il romanzo più lungo che abbiamo mai scritto: circa 1600 pagine. Un’idea, quella di un romanzo ”a puntate”, che inizialmente aveva scoraggiato i miei editori, ma che il pubblico dei lettori alla fine ha premiato».

Come mai ha deciso di darsi a una narrazione così articolata, addirittura in tre volumi?

«C’erano due protagonisti di questo romanzo, mio padre e un anziano professore di Oxford, che quando ho iniziato a scriverlo erano già molto anziani. Chiesi loro il permesso di utilizzare elementi della loro biografia, seppure trasposti con una certa dose di invenzione in un’opera letteraria. In questo modo li coinvolsi in prima persona nel mio progetto e vidi che entrambi ne erano molto incuriositi. Essendo loro già ultranovantenni, non volevo correre il rischio che non facessero in tempo a vedere il romanzo stampato. Per questo, in attesa di completarlo, decisi di pubblicare la prima parte e poi la seconda. Nel frattempo, infatti, il materiale era cresciuto e la storia era evoluta in direzioni che all’inizio neanche sospettavo. Sono felice che i miei due ”personaggi” abbiano potuto leggere il ”loro” romanzo. Ora però non ci sono più e quindi mi spiace che non potranno conoscere il finale».

Lei ha anche tradotto molti autori dall’inglese (da Sterne a Conrad, da Stevenson a Hardy). Che cosa ha imparato come scrittore da questa attività?

«Moltissimo. Soprattutto a calibrare le parole. Non credo nelle scuole di scrittura: penso che si possa insegnare come non bisogna scrivere, ma che sia difficile spiegare come si dovrebbe farlo. Tuttavia, se mai dovessi dirigerne una, richiederei come pre-requisito agli aspiranti corsisti la conoscenza di una o più lingue straniere e li farei tradurre. ”Riscrivere” e ”ricreare” un grande libro (perché per me questo è il compito del traduttore), è il modo migliore per imparare a farne altri».

Di recente lei ha dichiarato che tra i suoi autori di riferimento c’è lo scrittore austriaco Thomas Bernhard. Che cosa rappresenta per lei?

«Uno straordinario maestro di sarcasmo e di ironia, di un umorismo feroce e corrosivo. E di autoironia, cioè della capacità di non prendersi troppo sul serio. L’ho scoperto e l’ho fatto tradurre in Spagna, dove era poco conosciuto. Mi piace anche l’eccezionale musicalità della sua pagina, quell’elemento ritmico che anch’io nei miei libri cerco di ottenere. Il tutto con un gusto per l’esagerazione e l’amplificazione che trovo estremamente gustoso».

Il suo ultimo libro uscito in Italia, ”Dove tutto è accaduto” (Passigli 2008), è una raccolta di scritti sul cinema. Qual è il suo rapporto con la settima arte?

Dove tutto è accaduto

Dove tutto è accaduto

«Direi senz’altro un rapporto strettissimo. Il cinema e il romanzo sono per me entrambi grandi narrazioni. La mia generazione è cresciuta con il cinema. Perciò il cinema, accanto alla letteratura, è l’altra grande fonte di immaginario. Da alcuni anni organizzo in Spagna un premio, il ”Reino de Redonda”, dedicato, indistintamente, a scrittori e cineasti».

Arte (cinema, letteratura, musica) e vita: per essere scrittori conta di più la prima o la seconda?

«L’arte è importante, ma ovviamente conta anche l’esperienza della vita. In ogni caso anche ciò che vive, lo scrittore deve poi reinventarlo, immaginarlo in termini narrativi. Quindi chi scrive è tenuto continuamente a rivisitare in forma di racconto le cose che gli accadono e i fatti di cui è protagonista. Perché la vita, in sé, senza questo filtro, sarebbe materiale inerte».

ROBERTO CARNERO

Il Piccolo, 22 maggio 2009

29th Abril
2009
written by zonafantasma
Javier Marías

Javier Marías

Javier Marías (Madrid, 1951), figura sobresaliente de la literatura española contemporánea, comparte su amor a las letras con su afición al Madrid: ya piensa en el clásico.

¿Cuáles son sus primeros recuerdos del fútbol?

Me aficioné con siete años. Era la época de Di Stéfano, Puskas, Gento, Kopa y Rial. Recuerdo bien la primera colección de cromos que hice, que se llamaba Los Cabezudos, de colores muy vivos, que me vi obligado a recomprar en una subasta de Internet hace poco tiempo.

¿Por qué del Real Madrid?

Siendo del barrio de Chamberí y con aquel gran Real lo tuve fácil. Mis padres jamás vieron un partido de fútbol. Supongo que me influyó tener un tío madridista. Incluso en el colegio la mayoría de los niños éramos del Madrid. Sólo un par de ellos, colchoneros, tenían que aguantar las faenas y burlas típicas de esas edades. Decía Vázquez Montalbán que así como uno cambia a lo largo de la vida de ideas políticas, religiosas, de mujer y de gustos, es muy raro que alguien cambie de equipo.

¿Recuerda la primera vez que fue al Bernabéu?

Me temo que sí: fue una derrota, una final de Copa ante el Atlético. Empezó marcando Puskas un gol olímpico y acabamos perdiendo 1-3. No salí muy contento.

¿Su jugador favorito?

Quien ha visto jugar a Di Stéfano, como yo, dirá que es el mejor de la historia. Pero yo soy zurdo y de niño corría muy rápido, así que me tocaba jugar de extremo izquierdo y siempre intentaba imitar a Gento. Ha sido el mejor extremo zurdo que ha habido. El escritor Juan García Hortelano, muy colchonero y antimadridista, decía que detectaba si alguien sabía de fútbol preguntándole cuál había sido el mejor extremo izquierdo de la historia: “Si no dice Gento, es que no sabe”. ¡Y era colchonero, en una época en la que el Atlético tenía a Collar!

Usted es muy contrario al mito del Madrid franquista.

Gente como Haro Tecglen, que lo ha vivido, decía que no es que el Madrid fuera de izquierdas, pero que justo después de la guerra la gente republicana prefería al Madrid antes que al Atlético, un equipo de la aviación franquista cuyos jugadores tenían prebendas como ahorrarse el servicio militar. Luego, el franquismo se aprovechó de los años de las Copas de Europa. ¡A ver quién le decía a Franco que no fuera al palco! El Madrid ha tenido jugadores claramente de izquierdas como Breitner, Miguel Ángel, Valdano… o antes de ellos Pahíño.

El fútbol tiene héroes y villanos, ¿y algo de novelesco?

Tiene un elemento de representación que lo asemeja al teatro. Hay 22 actores y cada partido contiene un drama. Ahora, en la era de la televisión, igual que uno recuerda los andares de actores como Henry Fonda, John Wayne o Gary Cooper, también reconoce a algunos jugadores por su manera de andar.

¿Cómo afronta el clásico?

Desconcertado. Siendo sincero, la diferencia de juego entre el Barça y el Madrid es abismal. El Madrid, en conjunto, no me ha gustado nada. Tiene jugadores que me irritan, como Sneijder, o Drenthe, por supuesto.

¿Sneijder?

Es una nulidad. El propio Gago no me convence. Hay una serie de jugadores que no me cuadran en un equipo como el Madrid. Si hubiera justicia en el fútbol tendría que ganar la Liga el Barça, y cualquier cosa que no fuera eso sería una injusticia. Pero siendo uno de un equipo la justicia pasa a un segundo término. Desearé que gane el Madrid, pero no con tanto ahínco como otras veces. Sería para que los del Barcelona se pegaran un tiro si se dejan la Liga como hace dos años. Y para los madridistas algo preocupante con vistas a que el presidente que venga pueda mantener las cosas como están.

¿Hay símbolos en el Real?

Es evidente que Casillas lo es cada vez más. También Guti, un jugador fundamental y desaprovechado en el conjunto de su carrera. Lo veo fundamental, incluso en mayor medida que Raúl, que ahora tiene menos influencia en el juego.

¿Qué valor da a Guardiola?

Es un hombre muy inteligente. Si le veo algún defecto a Maradona es que comparado con Di Stéfano, Cruyff o Pelé, era mucho menos inteligente. Tiene que ver, además, que Guardiola venga de la casa. Esa es otra de las cosas que le reprocho al Madrid, el descuido de la cantera. En el Barça han salido montones de jugadores en los últimos años. No digo que en el Madrid tenga que haber salido un Messi o un Iniesta, pero sí un Piqué o un Busquets. ¡Desde Casillas no ha habido ninguno! Esto es vital: quien procede de la casa es como una especia de cordón umbilical para los que van llegando. Lass, siendo combativo y trabajador, no puede estar empapado de lo que es un Madrid-Barça, con tanta carga emotiva y sentimental.

¿Un pronóstico?

Creo que va a ganar el Barça 1-2, aunque espero no acertar.

MARCO RUIZ

As, 29 de abril de 2009

4th Abril
2009
written by zonafantasma
Foto. Fernando Massobrio

Foto. Fernando Massobrio

Fuma. Javier Marías fuma. En estos días de poco humo en los cuales nadie invita al vicio y, menos aún, diciendo: “¿Quieres un pitillo”?, con cadencia españolísima, Marías rompe el esquema.

Difícil presentar a este hombre de 57 años, novelista mimado en España, sin mencionar que es hijo de Julián Marías, el filósofo español que vivió en carne propia las lacras del franquismo más cruel y debió exiliarse en los Estados Unidos. Y allá fue con su familia, se codeó con lo más grande de la literatura mundial y leyó las mejores obras de una biblioteca inconmensurable que su padre administraba. Muchas de ellas las tradujo luego al español.

Marías es columnista de El País, integrante de la Real Academia y rey de Redonda, monarquía heredada en los 90 y que otorga un premio literario. Redonda queda en el Caribe. Es sólo un peñasco frente a Antigua y Barbuda, donde nada existe; es sólo piedra.
No es broma. El reino semificcional existe (la isla está y tuvo su dueño) y Marías es el monarca del peñasco deshabitado, donde cada miembro de la casa real tiene su función, como el duque de Trémula, que no es otro que Pedro Almodóvar.

-¿Cómo vive este cambio fenomenal que se da en el mundo?
-No me parece que vaya a haber cambios. Soy muy escéptico. No creo en los cambios bruscos.

-¿No cree que estas crisis tan profundas engendran, por ejemplo, nacionalismos, xenofobia?
-No? Hay, es verdad, un resurgimiento de la derecha, y es verdad que el racismo revive, pero no en todos los casos. Por ejemplo, en España, la xenofobia no ha aumentado; ni siquiera luego del atentado de Atocha se vio un resurgimiento de la xenofobia, aunque haya casos aislados. España es un pueblo pesado, raro, pero no es xenófobo. Creo que es tolerante.

-¿En comparación con cuál?
-Con Italia, ahora. Me da mucho miedo ver cómo la derecha está avanzando en ese país y cómo el odio racial se acrecienta. En Italia, hay patrullas urbanas, con lo que eso tiene de peligroso, y en Inglaterra, un país liberal, la derecha y su discurso se afianzan cada día. Y hay países que no son racistas porque no tienen con qué, es decir, no hay un otro diferente.

-¿Y cómo ve ese proceso en países latinoamericanos?
-No conozco mucho la realidad de estos países. No podría decirle mucho. Siempre estuve de paso.

-Bueno, ahora mismo tenemos grandes zonas del país con epidemia de enfermedades que se creían extinguidas.
-En Europa pasa lo mismo. Conozco casos de tuberculosis.

-Lo llevo a otro tema. Usted es miembro de la Real Academia Española. Debe de ser una rara avis en ese ambiente.
-[Se ríe.] Sí, con Arturo Pérez Reverte, que tiene mi misma edad, somos los jóvenes de la Academia. Algunos de los históricos dicen: “Pregúntenles a los jóvenes”, y esos somos nosotros. Igual, hacemos un trabajo muy lindo.

-¿Por ejemplo?
-Pues, entre otras cosas, recibimos cientos de cartas de gente que pide que se eliminen ciertas palabras del diccionario y nosotros tenemos que estudiar el caso.

-¿Cuáles palabras?
-Palabras de uso diario que pueden encerrar algo de discriminación, pero que no por eso tienen que desaparecer. “Judiada”, por ejemplo, es una palabra que se usa mucho para identificar a alguien que hizo una “putada” y hay quienes piensan que es muy ofensiva. Pero, vamos, hombre, que se usa desde hace tiempo. Podemos aconsejar que no se utilice, pero no que se elimine. Si sacamos algunas palabras, vamos camino a un idioma políticamente correcto.

-¿Y no es lo deseable?
-Pues no: con un idioma políticamente correcto, perdemos la posibilidad de conocer a los otros, de ver de qué viene todo.

-No entiendo.
-Si yo hablo con alguien que cuando debe mencionar a Franco dice “caudillo” me doy cuenta de quién es y tengo la posibilidad de elegir, de decir “con este señor prefiero no dialogar”. Por eso digo que si hablamos todos de la misma manera perdemos una herramienta invalorable para conocernos. Porque el lenguaje es una manera de conocerse.

-¿Y cuándo se sacan palabras para siempre?
-Pues, a ver… Hay palabras que se utilizaron en forma escrita por última vez en 1492 y luego nunca más. Bueno, esas palabras dejan de existir, excepto que se vuelvan a utilizar. Y hay palabras muy lindas que cayeron en desuso.

-¿Por ejemplo?
-A ver… La palabra “acercanza”, por ejemplo, que tiene que ver con el acercamiento, no se usa desde fines de 1400 y cuando la vimos con Pérez Reverte nos gustó mucho. Tanto que consultamos y nos dijeron que, si se volvía a utilizar, no se la sacaba del diccionario. Entonces, con Arturo dijimos que íbamos a publicar artículos en el que usaríamos la palabra. Y así lo hicimos: él la usó y yo, también. Y sigue viva.

Javier Marías se ríe. Sabe que la anécdota es graciosa; que es una gran travesura; que Arturo, el Pérez Reverte que todos conocemos, es tan travieso como él. Cuenta que la “culpa” de su ingreso en la Academia fue del autor de El Club Dumas y que cuando él se enteró dijo: “Con un Marías, es suficiente”, en referencia a su padre, también miembro de la casa. ¿Habrá sido por ese convite por lo que Pérez Reverte es parte del reino de Redonda?

-La trilogía Tu rostro mañana es espectacular.
-Pues… gracias. A mí también me gustó. Yo digo ahora que no voy a escribir más una novela, lo que no es cierto, porque estoy haciendo una, pero me da la sensación de que se escribe sola.

-¿Tiene título?
-No, los títulos los busco después.

ALEJANDRA REY

La Nación, 4 de abril de 2009

2nd Abril
2009
written by zonafantasma
Foto: Bernardino Ávila

Foto: Bernardino Ávila

“No me gusta engañar al lector”

El escritor aprovechó la entrega de un premio en Chile para viajar a la Argentina y difundir su último libro, Veneno y sombra y adiós. Reconoce que nunca gozó de la simpatía del establishment literario y, a la hora de leer, dice que prefiere los clásicos a los contemporáneos.

El pánico al avión es una de las principales razones para que el Rey de Redonda –nación semificticia y semirreal creada alrededor de la isla deshabitada de Redonda, una dependencia de Antigua y Barbuda–, Javier Marías, no haya visitado con tanta frecuencia estos pagos, aunque es uno de los autores españoles más leídos y respetados en este país. En su segunda visita a Buenos Aires, la primera fue a principios de los años 90, recordó que sólo estuvo en Venezuela cuando recibió el premio Rómulo Gallegos, en 1995, y en México hace unos diez años. “He buscado pretextos para no volar”, admitió en la sede de la editorial Alfaguara durante una conferencia de prensa en la que demostró su cordialidad, locuacidad y buen humor. A pesar de que su editora norteamericana ha intentado conjurar su terror a volar, hace veinte años que no viaja a los Estados Unidos. “Mientras esté Bush no voy”, decía Marías, que encontró la excusa perfecta para rechazar las invitaciones. “Eso me dio una prórroga de ocho años”, bromeó. Pero ahora con Obama como presidente, viajará en noviembre para acompañar la publicación de la traducción de la tercera parte de su trilogía Tu rostro mañana, titulada Veneno y sombra y adiós.

Recién llegado de Chile, donde recibió el premio José Donoso de la Universidad de Talca, Marías aprovechó la cercanía para volver a esa Buenos Aires de la que tiene un recuerdo borroso. El escritor subrayó que su manera de trabajar es “un tanto peculiar” y que no tiene demasiado claro el horizonte de sus novelas. “He dicho muchas veces que si supiera la historia entera, si fuera como esos autores que saben lo que va a suceder con cada personaje, me aburriría enormemente. Me gusta, por el contrario, averiguar la novela a medida que la voy escribiendo.” Para fundamentar esta peculiaridad, mencionó que la palabra inventar procede etimológicamente del término latín “invenire”, que quiere decir hallar, descubrir, averiguar. “Cuando sé demasiado, tengo la sensación de que la escritura de la novela se va a convertir en un ejercicio de redacción –explicó el escritor–. Me esfuerzo por cambiar e improvisar sobre la marcha, procurando que lo azaroso se convierta en necesario. Y que luego todo calce, en la medida de lo posible.”

Muchos de los narradores de sus novelas son intérpretes que han renunciado a su propia voz: un cantante de ópera que se dedica a reproducir las composiciones de otros; un profesor que se limita a transmitir saberes heredados, un escritor fantasma que pone su voz al servicio de lo que otros dicen. Pero le faltaba el “mayor intérprete posible que todos queremos ser”, el intérprete de personas, de vidas, que es el narrador de Tu rostro mañana, apellidado Deza, un antiguo profesor de Oxford, donde el propio escritor dio clases, que regresa a Inglaterra para trabajar para sus servicios secretos. “El principal inconveniente de adoptar la primera persona consiste en renunciar a saberlo todo y a hacer afirmaciones arbitrarias que el narrador en tercera persona puede hacer –comparó Marías–. El narrador en primera persona tiene que matizar y justificar lo que sabe o conoce. He intentado suplir esta desventaja con algunas invenciones de tipo técnico, hacer lo que he llamado ‘narración hipotética’, que el narrador diga que ‘tal vez ocurrió esto’, y a partir de ahí desarrollo una escena hipotética sin engañar al lector. A mí no me gusta engañar al lector, no me gusta ese tipo de autores que aprovechan cierta confusión para introducir lo que es soñado, imaginado o conjeturado. Procuro que quede claro lo que no ha ocurrido, pero desarrollando esta escena hipotética de modo tal que el lector finalmente la dé por ocurrida, que tenga el mismo valor que lo acaecido.”

Premiado en 1979 por su traducción de Tristram Shandy, de Laurence Sterne, Marías confesó que nunca fue un traductor profesional sino más bien ocasional. “Traducir es el mejor ejercicio para cualquiera que quiere escribir. Si yo tuviera, ¡Dios me libre!, una escuela o taller literario de los que ahora abundan, como no creo que se pueda enseñar más que por la vía negativa a escribir, ‘no haga usted esto, no escriba usted así’, pero de modo alguno puede hacerse de manera positiva, les diría traduzcan, traduzcan, traduzcan. Es el mejor ejercicio posible, la mejor manera de afinar el instrumento con el que uno va a trabajar”, señaló. “El traductor no solamente es un lector privilegiado, sino que es también un escritor privilegiado que tiene que volver a escribir el texto original, que es móvil per se porque nunca hay una versión unívoca. Si uno llega a reescribir un texto de Conrad, de Faulkner o Nabokov, tiene mucho ganado. No da talento ni inventiva, pero ponerse a la altura de un gran autor y salir más o menos airoso en la reescritura en otra lengua es un trabajo extraordinario para cualquier escritor.” Su tarea de traductor ha influido en su modo de escribir. “Todo escritor desearía disponer de un texto original a partir del cual trabajar porque tendría resuelta la parte de invención y ese pánico que se tiene a la ‘página en blanco’. Algunos escritores tienen un texto original en su cabeza, como Vargas Llosa o Pérez-Reverte, un amigo que me consta que trabaja de una manera totalmente diferente a la mía. El tiene pensada la novela entera y le interesa más la preparación y documentación que la tarea misma de escribirla. En mi caso, trabajo página a página hasta conseguir la mejor versión.”

Marías tiene 57 años. No es viejo, pero reconoció que se siente “muy veterano”. El escritor repasó lo que se ha dicho de él a lo largo de su larga trayectoria (publicó su primera novela en 1971, a los 19 años), sobre todo en su país, donde aclaró que no ha gozado de la simpatía del establishment literario. “Se dijo que era un autor extranjerizante, se dijo que escribía como si tradujera, lo cual para mí era un elogio, pero lo decían con el peor ánimo; en otro momento se dijo que era demasiado cerebral y frío y más tarde se dijo que escribo muy mal y maltrato la lengua. Y es verdad que fuerzo la lengua, que fuerzo mucho la sintaxis, procurando no caer en barbarismos, y que tengo un español raro, un poco forzado”, reconoció el escritor. “A Borges se lo acusó de ser un escritor inglés transplantado al castellano. Borges se ha convertido en el más argentino de los escritores argentinos, lo cual no creo que me pase a mí en España porque para eso debería tener la calidad y universalidad de Borges que no tengo de modo alguno.”

En las novelas de Marías abundan la reflexión y la digresión. “Una de las cosas que como lector pido a una novela es que, aparte de un argumento, una trama interesante o apasionante, exista algo que me haga detenerme de vez en cuando en la lectura, que haya ciertos destellos de tipo estilístico o reflexivo, como los hay en Proust. Que exista lo que he llamado ‘pensamiento literario’. Lo que uno recuerda de los libros no suelen ser los argumentos. Lo que queda es el recuerdo de una escena, un detalle, una atmósfera, un estilo, un fogonazo, una iluminación de un pensamiento, más allá de la historia.” El escritor asumió que después de estar ocho años escribiendo su trilogía dejó de leer narrativa contemporánea española y que no puede opinar mucho sobre el tema. “A medida que uno se hace mayor, la curiosidad va menguando. De cien libros nuevos apenas dos o tres te llaman la atención, y llega un momento en que dices: ‘Esta tarea que la haga otro’. Prefiero releer, o leer algunos autores clásicos que todavía no he leído”, se justificó.

Aunque empezó a escribir una nueva novela hace unos meses, tiene la sensación de que nunca va a acometer ni remotamente un proyecto tan ambicioso y extenso como Tu rostro mañana. “Tengo una cierta duda sobre qué más me queda. Estoy dejando que esta novela se haga sola, sosteniéndola con menos intensidad y menos intención que en otras ocasiones. Quizá lo que escriba en el futuro lo voy a sentir como propinas. Tengo 57 años, no son los suficientes para tener esta sensación de leve desconcierto biográfico-literario.” De su emprendimiento editorial Reino de Redonda, un sello que publica dos o tres títulos al año, dijo que debe ser “el único editor que no hace bien las cuentas, pero el reino no se arruina”. El best seller de esta editorial es La caída de Constantinopla, de Steven Runciman, que ha vendido más de 5.400 ejemplares. “Lo hago por gusto, por placer, para publicar lo que me apetece”, aclaró respecto de su rol como editor. Marías reconoció la perplejidad que le provoca la crisis que está viviendo su país. “Aparte de que la crisis quizá sea mucho peor de lo que se vaticina, tengo la sensación de que en España hay una especie de satisfacción y de regodeo con la crisis, incluso cuando hay una pequeña buena noticia al respecto la despachan colateralmente y casi con molestia, mientras que si hay una nueva mala noticia eso ocupa más lugar. Hay un gusto por el catastrofismo que no me acabo de explicar”, precisó el escritor.

SILVINA FRIERA

Página 12, 2 de abril de 2009

Javier Marías, el mal querido

El autor, miembro de la Real Academia Española y permanente candidato al Nobel, vino a presentar su novela Veneno y sombra y adiós. En una diálogo con Ñ le contesta a sus detractores: “Llegaron a decir que sólo le gusto a las mujeres, como si eso fuera algo denigratorio”.

Los compromisos promocionales pudieron más que su miedo al avión y Javier Marías pasó otra vez por Argentina. Diez años transcurrieron desde su última incursión en América latina (México). Ahora, de gira promocional y proveniente desde Chile, el flamante Premio Donoso, pisó Buenos Aires antes de viajar a Estados Unidos, país que no visita desde hace dos décadas. “Mi editora norteamericana lleva años insistiéndome con que vaya y yo le decía ‘No, no, mientras esté Bush, no iré. Así que este año me toca. Esto es un entrenamiento”, dice entre risas Marías. “Esto” es una mesa con ocho periodistas que durante más de una hora y media preguntan en el último piso de la editorial Santillana. “Esto” sería también la entrevista pública en la que el martes por la tarde participó el autor de Negra espalda del tiempo junto a Silvia Hopenhayn.

La primera excusa para romper el hielo es Veneno y sombra y adiós, la última entrega de Tu rostro mañana, la trilogía en la que ficcionalizó las vivencias de su padre, el filósofo Julián Marías y de su amigo el viejo profesor de la Universidad de Oxford Sir Peter Russell, al final de la Guerra Civil española. Por la edad avanzada de ambos, para que tuvieran tiempo de reconocerse en las páginas del libro, decidió -en parte- subdividir la obra en tres. Por eso, afán que logró con los dos primeros tomos, y porque además odia los libros demasiado largos. Esta última entrega le permitió que tanto Russell como el viejo Marías vivieran un poco más en su imaginación

No planea tanto Marías. Para él, la literatura es una ciencia incierta, muy lejana a la ingeniería literaria que practica su amigo Arturo Pérez Reverte antes de teclear la primera letra.

“A mí me gusta, por el contrario, averiguar la novela a medida que la voy escribiendo. Siempre recuerdo que la palabra inventar etimológicamente viene del latín invenire, e invenire en latín lo que quería decir era hallar, descubrir, averiguar. Es decir que etimológicamente -al menos- la invención y la averiguación o el hallazgo tienen la misma raíz. Entonces, uno averigua a medida que inventa. Yo me permito trabajar mucho sobre la marcha, incorporar cosas que en modo alguno tenía previsto, entre otras cosas porque no deseo tenerlo previsto”, dispara erudito este, aseguran, firme candidato al Nobel.

Precisamente también relativiza las voces que lo proclaman para recibir el galardón de la Academia Sueca. “Es algo que se dice más que nada en el mundo anglosajón y en Alemania también. Sin ningún fundamento, desde luego, yo creo, en absoluto. Pero bueno, se han dicho muchas cosas…”, se desentiende ahora un modestísimo Marías.

Muchas cosas se han dicho sobre este autor autodefinido como un veterano a sus 57, teniendo en cuenta que lleva publicados más de una veintena de libros desde 1971. Y, aunque la mayoría son elogios, él decide enumerar la larga lista de argumentos que sus detractores propusieron en los últimos 38 años. “Se dijo que era un autor extranjerizante, que escribía como si tradujera -lo cual para mí era un elogio-. En otro momento se dijo: ‘Es muy cerebral, demasiado frío. Luego, empezaron con que ‘Sólo le gusta a las mujeres’, como si fuero algo malo, denigratorio… Lo último es que escribo muy mal, que maltrato la lengua. Nunca he gozado de muchas simpatías entre el establishment literario”, se ufana Marías, mientras juega en su mano con el primero de los cuatro cigarrillos que fumará casi de corrido. Sin embargo reconoce que su métier como traductor -”un trabajo extraordinario para cualquier escritor”- favorecieron su facilidad para explorar todas las posibilidades de la lengua y admite, sin tapujos, que alrededor del 60% de sus lectores son mujeres, lo que le parece natural “porque las mujeres leen más”.

Si de dardos maliciosos se trata, Marías también sabe a quién apuntarle. “Jorge Herralde es un buen editor, pero hace años que me prohibí leer libros de Anagrama, y sobre todo, comprarlos”, dice sobre la editorial amarilla donde publicó sus primeras obras antes de que la relación se quebrara.

El estado actual de las traducciones al español también logra crisparle los nervios a este especialista entre traidores, que fue galardonado hace décadas por su versión castellana de la disparatada Tristram Shandy, de Laurence Sterne. “No quiero decirles el estado general de las traducciones actuales españolas. ¡Es terrible! Hay personas que no saben una lengua ni la otra” , sentencia.

Las digresiones y reflexiones de Marías se repiten en su discurso casi tanto como en sus novelas, es la característica que lo distingue y que hilvana su obra. “No creo que haga falta leer todas mis novelas para tener una comprensión de una determinada, pero sí digamos que hay unos vasos comunicantes y personajes que pasan de una a otra, frases incluso, que deliberadamente se repiten de un libro a otro. Todo eso es deliberado, desde luego”, asume.

El autoproclamado rey de Redonda, isla que actualmente pertenece a Antigua y Barbuda, y monarquía en la que Marías ha nombrado una nobleza soñada de artistas ilustres, reconoce que ha perdido contacto con la actualidad literaria. Incluso –reconfórtese perezoso lector- concede que uno de los precios de plasmar su colosal Tu rostro mañana ha sido que pasaron casi 8 años sin que leyera prácticamente nada de lo que se ha publicado en cualquier lengua. “Creo que hay cosas muy repetitivas, me da la sensación de que son cosas propias de los años 70. Es más una impresión que un juicio. Además, a medida que uno se va haciendo mayor, la curiosidad va menguando. Ahora quiero releer”, revela. Por si fuera poco, lanza una aseveración más grande para animársele otra vez a los clásicos y por primera vez a autores griegos y latinos con los que nunca se desafió. “No tengo la impresión de que éste sea un momento particularmente brillante. Es decir, no ha habido todavía casi ningún autor en menos de cuarenta y cinco años del cual se me haya dicho con verdadera insistencia: ‘Debes leerlo, hay que leerlo’, ¿no? Rara vez me autocritico eso”, se defiende.

Redonda, la crisis, la traducción, la narrativa contemporánea, el Nobel y Tu rostro mañana marean y desconciertan, pero Marías advierte que sólo habla de una cosa. Al igual que el tema principal de la novela, todo se reduce a lo único que hacemos a lo largo de nuestras existencias: “Vamos interpretando vidas, vamos interpretando personas”, insiste.

Poca cosa para alguien que –dicen sus detractores- escribe mal.

GUIDO CARELLI LYNCH

Ñ, Clarín, 2 de abril de 2009

Marías dixit

“A mí me gusta trabajar con un plan poco preconcebido. He dicho muchas veces que si supiera la historia entera que voy a contar me aburriría enormemente. Me digo “Ay ay, esto se va a convertir en un ejercicio de redacción”.

A mí me divierte sobre todo averiguar la novela a medida que la voy escribiendo. Averiguarla. Me ha pasado en alguna ocasión con algún cuento, con algún relato, que más o menos tenía la historia completa y me pareció un ejercicio de redacción. Me aburrí, y eso se nota, eh. Yo creo que cuando el escritor se aburre, el lector acaba aburriéndose también

No tengo quejas en absoluto sobre mis lectores y tampoco sobre cómo me ha tratado la crítica, que a veces me ha tratado a veces mal y a veces bien, como a todo el mundo”.

La crisis según Marías

“Yo tengo la sensación de que aparte de que existe la crisis (financiera internacional) y sin duda alguna es cierta, en España hay una especie de satisfacción y regodeo… Incluso, a veces tengo la sensación de que cuando hay una pequeña buena noticia al respecto, la despachan así, como lateralmente. Hay una especie como de gusto en el catastrofismo que no me acabo de explicar, que es general a todos los periódicos.

Evidentemente, yo no soy economista, y además, me parece que ni siquiera los economistas tienen mucha idea de lo que está pasando ni de lo que va a pasar, así que menos aún la puedo tener yo. Evidentemente, quienes más la están notando son las personas que han perdido el empleo. El desempleo está creciendo muchísimo en España. Pero el caso español era previsible. Muchos articulistas lo dijimos varios años, el disparate que suponía el ritmo de construcción de casas y de edificios que había en España era una locura. Era falso, una burbuja. Y era normal que sucediera. Efectivamente, hubo mucha gente que lo advirtió. Ahora los políticos dicen “No nos lo impidieron”. En fin, podrían haber tenido un poco más de seso”.

31st Marzo
2009
written by zonafantasma
Ni me lo nombren. Marías es un firme candidato al premio Nobel, pero no quiere oir hablar del tema.

Ni me lo nombren. Marías es un firme candidato al premio Nobel, pero no quiere oir hablar del tema.

De visita en Buenos Aires, el escritor que reúne éxito de crítica y de ventas cuenta cómo lo hace.

“El novelista es como un televidente, mira con impunidad y juzga y dice lo que le parece, sabiendo que del otro lado nadie le va a contestar.” Eso dice el escritor español, traductor y miembro de la Real Academia Javier Marías, en la entrevista concedida a Clarín. El mismo hombre que sin dejar de ser locuaz se muestra reservado y confiesa preferir la soledad del trabajo a la frecuentación de los círculos literarios de su país, entre los que, sin embargo, es una celebridad.

De paso por Buenos Aires, luego de recibir en Chile el Premio Iberamericano de Letras José Donoso, Marías aprovechará su estadía para presentar aquí la última parte de su novela Tu rostro mañana. Veneno, sombra y adiós y para hablar sobre su obra. Una obra que con cada nuevo título se transforma en fenómeno de ventas en España, que desde hace años viene siendo traducida a muchos idiomas y que lo postula como un firme candidato al Premio Nobel, aunque él ni quiere oír hablar de ello.

La trayectoria, el éxito comercial, formar parte de la Real Academia, los reconocimientos y los premios, lo han convertido en un escritor canónico. ¿Hasta qué punto esto influye en su escritura?

Tampoco es para tanto –dice con modestia–, ni siquiera me considero un escritor prolífico a pesar de que llevo publicados más de una veintena de títulos. Lo mío es un caso raro de precocidad y veteranía: empecé a publicar a los 19 y desde entonces no he parado, por eso me considero un veterano. Yo he tenido una suerte inmensa. Hubo un momento puntual en el que experimenté esa suerte. Fue en 1996, cuando mi novela Corazón tan blanco fue traducida en Alemania y un crítico muy prestigioso e influyente -y también temido por su ferocidad con los libros que no le gustaban- tuvo para con el mío comentarios sumamente elogiosos en el programa televisivo que conducía en ese país. Sólo allí se vendieron más de un millón doscientos mil ejemplares de mi novela. Pero se sabe que los alemanes son muy obedientes… A partir de ese momento me sentí muy libre, porque ya había tenido mi cuota de suerte. Había alcanzado un nivel altísimo de aceptación, de ventas y de crítica; no podía pedir más. Por eso me dije: si en el futuro las cosas me van mal, no debería quejarme. Y me dediqué a hacer lo que quería.

Y sin dudas lo hizo. De otro modo no se explica el arriesgado proyecto que significó la escritura de Tu rostro mañana, una novela de más de 1.600 páginas, publicada en tres partes que aparecieron en 2002, 2004 y 2007 que, según él, escribió sin un plan previo.

Es muy difícil pensar que una obra de esa importancia no haya sido tramada de antemano. ¿Cómo lo hizo?

Soy un buen improvisador. En verdad yo tenía varias cuestiones dando vueltas en mi cabeza, digamos de índole teórica, una de ellas tiene que ver con aquello que seríamos capaces de hacer, con cuál será nuestro rostro mañana. Así me puse a reflexionar sobre nuestra capacidad o incapacidad para interpretar lo que vemos, los signos y los avisos que nos anticipan lo que va a ocurrir y nuestra tendencia a negarlo. ¿Acaso no nos damos cuenta si alguien nos va a traicionar o a delatar? Lo sabemos, pero preferimos negarlo porque nos duele pensarlo. La narración está destinada a ilustrar esa idea. Así fueron apareciendo los personajes y un puñado de situaciones. En el transcurso fui buscando el rumbo que tomarían pero me puse como regla atenerme a lo que había planteado en un principio. Además la primera parte ya estaba publicada, ¡no tenía forma de torcer lo que estaba escrito! De manera que hice que lo azaroso se transformara en necesario.

¿La escritura es un punto de partida o un punto de llegada?

Las dos cosas, porque es una búsqueda y a la vez una confirmación de nuestras sospechas, de aquellas impresiones que son como las de un niño: se dan de una vez y para siempre, y sin temor de decir lo que se piensa. Además, me reservo ese costado infantil: seguiré escribiendo mientras me divierta hacerlo.

JORGELINA NÚÑEZ

Clarín, 31 de marzo de 2009

30th Marzo
2009
written by zonafantasma
El escritor recuerda a Francis Ford Coppola y a Roberto Bolaño

El escritor recuerda a Francis Ford Coppola y a Roberto Bolaño

Estuvo la semana que termina en Chile recibiendo el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso. Hablamos con el autor de Corazón tan blanco, quien aquí, en primera persona, se refiere al pasado y sus “zonas de sombra”, al Reino de Redonda, a W. G. Sebald y a Enrique Vila-Matas.

Había procurado no cruzar el océano Atlántico. En 1999 estuve en México, y ahora Chile, que no conocía. Estaba desentrenado, no es fácil subirme a un avión. Por eso estoy mentalizado que en noviembre deberé ir a Estados Unidos donde se han publicado diez de mis libros , a presentar el tercer volumen de Tu rostro mañana.

Hasta los años 80 traduje bastante, luego algunas cosas, un poema, un cuento, pero la tarea de traductor y escritor son demasiado parecidas como para compaginar las dos. A pesar que le tengo estima, incluso un poco de nostalgia. Siempre quise traducir algo de Henry James y T. S. Eliot, pero ya está casi todo traducido, aunque tengo particular debilidad por La canción de amor de Alfred Prufrock. El traductor no sólo es un lector privilegiado, sino también un escritor privilegiado, porque vuelve a escribir en una lengua distinta, después de leer otra.

Ahora escribo una novela de dimensiones normales, no totalizadora como Tu rostro mañana, es una historia relativamente sencilla. Uno puede ser novelista de su propia vida, pero incluso el pasado es difuso recordarlo, porque hay zonas de sombra, y cosas que siguen siendo inexplicables. El novelista, una de las cosas que intenta, es saber lo que no se puede saber, algo que en la vida es imposible.

Por ejemplo, el género policial me interesa, pero ya no lo leo como cuando adolescente. Pero sí hay elementos del género muy aprovechables, trasladables a cualquier tipo de novela. Pesquisas, perplejidades ante cosas explicables, han sido cuestiones que yo he tomado prestado del género policial.

Con respecto a uno de mis compatriotas, Enrique Vila-Matas, creo estar más cerca de él en un plano teórico que uno real. Hace unos meses el diario El País hizo un tema, donde preguntaron a 100 escritores los cinco libros que lo habían marcado. Bueno, yo era uno de ellos junto a Vila-Matas, y con él coincidimos en tres títulos. Pero la literatura sobre escritores, como la de él, me cansa.

Mi único reino es el de Redonda, donde los requisitos para pertenecer son: alguien a quien yo admire, alguien con quien haya tenido trato, y como es un reino bilingüe, sus obras deben ser traducidas tanto al inglés y al español.

Por ejemplo, Francis Ford Coppola tuvo interés en publicarme en su revista de cuentos Zoetrope: All-Story, entonces por ese motivo cruzamos correspondencia, y no podía decirle que no al hombre que ha hecho El Padrino.

Y con W. G. Sebald, también nos carteamos en los últimos dos años de su vida, ambos nos habíamos leído y él dijo cosas muy amables de mi obra.

Ahora, de haber vivido Roberto Bolaño sería parte del Reino de Redonda, él fue muy generoso conmigo. Nunca nos conocimos en persona, pero sé que hubiese sido un gran duque.

JAVIER GARCÍA

La Nación, 29 de marzo de 2009

29th Marzo
2009
written by zonafantasma

Narrador celebrado, articulista polémico y monarca de un reino literario, el escritor español Javier Marías visitó Chile por primera vez para recibir el premio José Donoso de la Universidad de Talca. Conversa sobre algunas de sus facetas.

Cuando Javier Marías publicó su novela Todas las almas en 1989, contando las andanzas de un español, profesor en la Universidad de Oxford por un par de años, no podía ignorar que contribuiría a la identificación entre narrador y autor (Marías enseñó un par de años en Oxford). Sin embargo, nunca imaginó que sería al punto en que efectivamente ocurrió, aunque las diferencias entre ambos eran tantas como las semejanzas. En su última novela, Tu rostro mañana -su retoño de 1.600 páginas, nacido en un parto de cinco años (y una gestación de algunos más)-, retorna, años después, ese narrador, que ahora sabemos se apellida Deza: el antiguo profesor está de nuevo en Inglaterra y ahora trabaja para sus servicios secretos.Aunque en las novelas que publicó entre aquellas dos -las más exitosas-, Corazón tan blanco (1992) y Mañana en la batalla piensa en mí (1994), no se identificó autor y narrador (siempre en primera persona), ocurrió otra confusión entre verdad y ficción, según cuenta en Negra espalda del tiempo. Si en Todas las almas relató la historia del Reino de Redonda (que se hereda por la literatura), en 1997 el último de sus monarcas, Jon Wynne-Tyson, abdicó en favor de Marías. Actual rey de Redonda -una isla antillana cuya leyenda se alimenta de esta tradición-, Marías sigue la costumbre de nombrar duques y se desentiende de todas las “disputas dinásticas”.

Intérpretes

En las novelas de Marías abundan traductores e intérpretes (”Me interesa que los narradores sean personas que, por sus profesiones y en teoría, no tengan voz propia -cantantes, profesores, traductores, “negros” literarios-, aunque, paradójicamente, en la novela hablan sin parar”). Todas ellas están escritas en una prosa divagatoria, alambicada, morosa, llena de frases subordinadas y reincidencias.

Tu rostro mañana implica un acendramiento de la voz y recursos narrativos de Marías. Deza, de hecho, es reclutado por los servicios secretos ingleses debido a su capacidad para vaticinar las conductas de las personas: es un “intérprete de vidas”. Es, además, un libro ambicioso: también incorpora fragmentos de historias familiares (la principal, la delación que sufrió su padre, el filósofo Julián Marías); sus temas son muchos temas: la violencia, el miedo, el amor, la guerra y la memoria, la paz y el olvido, el desconocimiento de los demás (incluso los más cercanos) y el de uno mismo. Es indudablemente su empresa de mayor aliento. O quizá desaliento, pues hay un trasfondo de pesimismo y amargura, aunque no faltan atisbos cómicos (a veces, sátira feroz) en un contexto más bien desolado. Pero las muestras de humor no son extrañas en los libros de Marías, e incluso las hubo en su discurso de incorporación a la Real Academia Española cuando contó la historia de un amigo, al que llama Vián, declarando ante un juez, cuyos desvíos y circunloquios hacían imposible entender nada de lo que decía.

-Tu rostro mañana empieza como novela de espías, pero termina hablando de todo. ¿Hay una pretensión totalizadora?

-Supongo que resulta que sí, que hablo de muchos asuntos y que tiene una cierta pretensión totalizadora (destaco lo de pretensión). No es que yo me lo haya propuesto antes de empezar el libro. No soy el tipo de escritor que tiene las cosas muy claras antes de escribir. Improviso sobre la marcha.

-La traición parece ser un asunto que le ha preocupado desde siempre.

-Sí, y quizá donde está más explicitado es en Tu rostro mañana. El padre del narrador fue delatado de una manera que coincide con lo que le sucedió a mi padre. Es una historia que supe desde joven, ocurrida en 1939 y que tuvo repercusiones en su vida: fue encarcelado y con suerte se salvó de la muerte; sufrió represalias: se le impidió trabajar en la universidad y hasta escribir en la prensa, todo lo cual lo llevó a ganarse la vida traduciendo, escribiendo muchísimo, enseñando en universidades extranjeras, de manera que también influyó en mi vida y la de mis hermanos. Y no fue una traición cualquiera en una época cualquiera. Es la traición de tu mejor amigo, durante una guerra civil, donde el resultado normal de una denuncia así era morir. Tomé en préstamo los hechos de esta historia.

-También se detecta en una novela antigua, El siglo.

-Sí, aunque El siglo es más bien un intento por entender la personalidad de un delator, algo no tan raro en mi país. El último Premio Nobel español, Camilo José Cela, se ofreció como tal en plena guerra civil, en una carta -repugnante en su tono y que él nunca desmintió- a la policía franquista.

-¿Cree, como dice un personaje de la novela, que la traición es consustancial a los Estados?

-Lo dice Tupra, un personaje muy particular. En cierto sentido, los Estados, como ha de suponer quien no sea muy ingenuo, necesitan de la amenaza, el miedo, de enemigos, reales o más o menos imaginados, necesitan del delito y en parte de la traición y la amenaza de traición al Estado. Tupra trabaja para los servicios de inteligencia ingleses y en una escena somete al narrador, subordinado suyo, a una sesión de vídeos escogidos en que aparecen personas de cierta influencia en actitudes delictivas o sonrojantes, pero no le interesa tanto hacer justicia como poder avisar que tiene esa información. Le interesa controlar. Al Estado o a lo que se llama las cloacas del Estado le interesa que la gente cometa cosas impropias para poderlas controlar y manipular.

-En el libro confluyen temas anteriores e incluso personajes de otros libros. ¿Es un juego?

-Hay un elemento de juego y de guiño, pero también de conveniencia. Si necesito un personaje de ciertas características y ese personaje ya existe, lo utilizo, manteniendo la coherencia narrativa. Y no sólo hay personajes que reaparecen: hay palabras, frases, imágenes que se repiten, ritornellos, por decirlo así, un elemento musical, como una melodía que vuelve. Alguna gente señala que mis novelas tienen vasos comunicantes; probablemente tienen razón.

-En un artículo antiguo señalaba que en los novelistas siempre se sospecha un elemento autobiográfico y en los memorialistas uno ficticio; y que a usted le interesaban los libros que mezclaran ambas sospechas. ¿Es Tu rostro mañana el resultado?

-En cierta medida, sí. Reconozco que algún material de la novela es real, que lo he tomado en préstamo, incorporándolo a algo ficticio. Lo interesante en la literatura es que la procedencia de los materiales es o debería ser indiferente para el lector. Ahora hay mucha información sobre el autor de una novela. Pero si mi libro se traduce al húngaro, el lector húngaro leerá la novela y nada más. Lo mismo si es leído -lo que es dudoso o más que dudoso- en cincuenta o cien años. Nadie sabrá qué procede de la imaginación y qué de una historia real. Creo que para el lector debería ser indiferente esa procedencia. El mal escritor sería el que la trasluce. El escritor pasa sus materiales por un filtro -la literatura- donde todo se junta en un texto. Una de las maneras de lograrlo, de volver a producir esa indiferencia, quizá sea dar algunas pistas pero no todas de aquello que sí y aquello que no viene de una historia real.

-En sus artículos las referencias autobiográficas no se desfiguran como en las novelas.

-Es otro el que los escribe.

-En muchos se refiere a su infancia.

-Hay varios de tipo evocativo o autobiográfico (reunidos ahora en Aquella mitad de mi tiempo). Llevo ahora catorce años escribiendo una columna, cada domingo. Uno se repite, porque la realidad también se repite, así que se intenta variar un poco y uno de los recursos es hacer memoria. Tendencia que podría reprochársele a una columna de actualidad, aunque a la gente parece gustarle. Y, bueno, la infancia es un período importante en la vida de cualquiera, nos marca: entonces se descubre el mundo y no nos abandona del todo nunca. Una de mis maneras de intentar calibrar a las personas es imaginarlas de niños.

-En otros se muestra como un ciudadano enfadado.

-No me gusta mucho el mundo actual, me parecen mal muchas cosas. Y creo que no vale la pena decir lo que todo el mundo ya sabe, lo que la época ya opina por nosotros, sino mostrar lo que no me parece bien. Cada dos años suelo compilar mis artículos. He estado preparando la edición de los últimos y a la hora de ponerle título he pensado en “Una región ocultamente furibunda”, que sería un buen título para mi columna, aunque el adverbio sobra. A veces pienso que soy yo el que me estoy convirtiendo en un cascarrabias. Hay demasiadas cosas que no me gustan. Pero no creo haber tenido una actitud provocadora o de escándalo, detesto ese tipo de escritor que busca llamar la atención de manera profesional.

-El profesor y el padre de Tu rostro mañana lamentan la tontería de esta época. ¿Está de acuerdo con ellos?

-En eso, sí. Y puedo decir que no son un reflejo de mí mismo. Los personajes están inspirados en mi padre y en el gran hispanista sir Peter Russell, quienes estaban vivos y a quienes pedí permiso cuando publiqué los dos primeros volúmenes. Ambos eran muy mayores (nacidos en 1913 y 1914), muy inteligentes y de ninguna manera estaban de espaldas a su tiempo. A los dos oí la misma idea. Mi padre alguna vez refirió lo deprimente que es vivir en una época de decadencia intelectual, habiendo conocido otras mejores. Y yo, sin tener más de 90 años, tiendo a creer que tenían razón. Hay un entontecimiento generalizado, una tendencia a no arrostrar las propias responsabilidades (nadie es culpable de nada: todos son víctimas) y, empezando por los políticos, a un envilecimiento de la sociedad.

-Una de las primeras misiones de Deza es servir de intérprete a unos chilenos. ¿Ha tenido alguna aproximación a los chilenos y su literatura?

-Chilenos no he conocido muchos. Cuando hice clases en Estados Unidos tuve una colega, Marjorie Agosin. He conocido también a Arturo Fontaine. Literariamente, claro que conozco a sus clásicos. He leído a Neruda, Huidobro, Nicanor Parra, Donoso en su día, me gusta Coloane. No estoy muy al tanto de la literatura más actual ni chilena ni de ningún lugar. Sobre todo en los últimos ocho años en que escribir Tu rostro mañana ha sido muy absorbente, no he leído apenas literatura actual.

Estilos y ecos

-Ese amigo que llama Vián, en su discurso para la Real Academia, ¿ha influido en su estilo?

-Espero que no. Me parece que mi manera de hacer digresiones o de divagar no es tan disparatada o inasible como la de aquel personaje, que es real. Mis digresiones, que no son pocas ni menores, tengo la idea que están más controladas y que retomo las ideas interrumpidas para llegar a alguna parte. O eso creo.

-En su sistema de ecos figuran las citas. Hay una de Rilke que se reitera: “Extraño no seguir deseando los deseos”. Usted, ¿sigue deseando los deseos?

-Últimamente me lo he estado preguntando. Paso por una etapa un poco extraña de mi vida literaria y también personal, pues la literatura ocupa buena parte de mi tiempo. Después de Tu rostro mañana tengo la impresión de haber terminado mi obra. Tengo 57 años, que no son pocos, pero no demasiados. Me dicen que soy el más joven en recibir el premio Donoso, aunque soy un autor veterano, empecé a publicar con 19 años. Después de este libro -está claro que nunca voy a acometer uno ni remotamente semejante- tengo una cierta duda de qué más me queda. No es que considere que sea una gran obra, a pesar de su tamaño, pero tras un proyecto tan ambicioso y extenso, me queda la sensación de haber llegado a un punto de inflexión y que todo lo que venga en el futuro será “menos”. Insisto en que no estoy hablando de calidad ni de resultados, pero ya no sé muy bien si realmente deseo escribir. He empezado a escribir, con todo, otra cosa. Una novela de dimensiones “normales”. Pero me parece escribirla con menos intensidad, menos intención, estoy dejando que se haga sola, si se puede decir así. Me ha entrado, entonces, la duda de si deseo escribir más: ¿seguiré escribiendo porque no sé hacer otra cosa? Me encuentra usted en unos momentos de leve desconcierto biográfico-literario.

Algo de la vida y algo de la obra

Javier Marías (1951) estudió filología inglesa. En 1997 se convierte en Rey de Redonda. En 2006 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Entre sus libros se cuentan las novelas: Los dominios del lobo, Travesía del horizonte, El siglo, El hombre sentimental, Todas las almas, Corazón tan blanco , Mañana en la batalla piensa en mí , Negra espalda del tiempo, Tu rostro mañana. Cuentos: Mientras ellas duermen , Cuando fui mortal y una edición de Cuentos únicos. Recopilaciones de artículos: Pasiones pasadas, Literatura y fantasma, Vida del fantasma, Mano de sombra, El oficio de oír llover, más otras temáticas como Salvajes y sentimentales (fútbol), Donde todo ha sucedido (cine), Aquella mitad de mi tiempo (autobiográficos). Casi todos estos libros pueden encontrarse (en algunos títulos coinciden, en otros no) en ediciones Debols!llo (Random House) y Alfaguara

PATRICIO TAPIA

El Mercurio, Revista de Libros, 29 de marzo de 2009

25th Marzo
2009
written by zonafantasma
Foto: Esteban Garay

Foto: Esteban Garay

Asegura el autor español sobre la nación inventada por él, a la que pertenecen, entre otros, los “duques” Pedro Almodóvar, Francis Coppola y Vargas Llosa. Y cuenta que en Nueva York y Amsterdam saldrá un libro de textos sobre Tu rostro mañana.

“La bahía parecía el telón de un teatro pintado”, dice de Valparaíso, donde estuvo el domingo pasado. Javier Marías llegó el sábado a Chile y ya parte a Buenos Aires a fines de esta semana.

Sin antes dejar de recibir, mañana, el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en la Universidad de Talca, motivo de su visita, además de dar una charla este jueves en la Universidad Católica, donde conversará con el escritor Gonzalo Garcés.

“Si alguna vez me viese obligado a tener un taller de escritura ¡Dios lo prohíba! Sólo admitiría a alumnos que conociesen una lengua, además de la propia, y los haría traducir y traducir, porque es la mejor escuela”, dice Marías, quien ha traducido con honores el Tristram Shandy, de Lawrence Sterne, y obras de Faulkner, Nabokov y Stevenson.

Y sobre sus libros traducidos a 34 idiomas dice que “hace muchos años tenía la costumbre de revisar las traducciones al francés, italiano e inglés, las lenguas que conozco pero ahora me falta tiempo, y tengo la suerte de no poder opinar si me traducen al coreano o al croata”, cuenta riéndose desde una sala subterránea de un hotel céntrico.

Javier Marías tiene 57 años y a los 19 publicó su primera novela, Los dominios del lobo. De ahí en adelante obras memorables como Corazón tan blanco y la trilogía Tu rostro mañana (más de 1.500 páginas), finalizada hace dos años.

-¿Qué escribes ahora?

-Un libro de dimensiones normales, unas 200 páginas. Quizá vuelva a mis temas, como Alfred Hitchcock y sus películas, la traición y la incapacidad de saber a qué atenerse. Uno puede saber lo que no quiere hacer, pero nunca tendrás la absoluta certeza de que no caerás en lo que no quieres.

La nación de Marías

-Los inicios en sus libros son memorables, como el de Corazón tan blanco: “No he querido saber, pero he sabido “. ¿Los trabaja mucho?

-Los inicios son más bien casuales, y los hago en la medida que trabajo las primeras páginas más que el resto, pero la verdad es que me cuesta mucho iniciar mis libros. Por ejemplo, ahora en Nueva York y Amsterdam publicarán un libro de textos sobre Tu rostro mañana, entonces me pidieron si podía enviarles un escrito inicial, y buscando encontré la primera página mecanografiada del primer volumen, y al borde de esa página había anotado: “Vuelvo a comenzar la novela casi un año después de haber empezado”. Quizá alguna vez la empiece de veras (dice riéndose).

-¿Hay algún escritor chileno en condiciones de pertenecer al Reino de Redonda (nación creada por el escritor, donde los elegidos son designados “duques”)?

-Los requisitos para ser Duque son: alguien a quien yo admire, alguien con quien haya tenido trato, y como es un reino bilingüe, sus obras deben ser traducidas tanto al inglés y al español. Por ejemplo, Roberto Bolaño hubiese sido parte del Reino de Redonda, ambos nos habíamos leído, y él fue muy generoso conmigo. Lamento que he tardado en leer todo Bolaño, por la razón estúpida de que él publicaba en Anagrama, editorial con la que terminé muy mal.

JAVIER GARCÍA

La Nación, 24 de marzo de 2009

Hoy Javier Marías recoge el Premio José Donoso e inaugura el año académico 2009 en la Universidad de Talca

El escritor español Javier Marías es el invitado especial de la Ceremonia de Inauguración del Año Académico 2009 de la Universidad de Talca, que se desarrollará en el Teatro Regional del Maule hoy, 25 de marzo, a las 11 horas.

El novelista, ganador del Premio Iberoamericano de Letras “José Donoso” 2008, que otorga la Casa de Estudios, ofrecerá una Clase Magistral relacionada con las traducciones en la literatura, con la realidad a través de las letras, denominada “El escritor que traduce”.

Según el programa, la Corporación entregará el premio adjudicado por el escritor, que fue anunciado en agosto de 2008 por el jurado internacional que cada año distingue a un literato en memoria del chileno José Donoso, quien tuvo una estrecha relación con la Universidad y con la Región del Maule.

Los anteriores galardonados han sido el mexicano José Emilio Pacheco (2001), la argentina Beatriz Sarlo (2002), la chilena Isabel Allende (2003), el peruano Antonio Cisneros (2004), el argentino Ricardo Piglia (2005), el portugués Antonio Lobo Antunes (2006) y el cubano Miguel Barnet (2007).

En la oportunidad, en conjunto con el Banco Santander, se hará entrega al autor de Corazón tan blanco de 20 mil dólares, la medalla y el diploma del galardón que entrega la Universidad de Talca.

UNIVERSIDAD DE TALCA

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