Entrevistas
En Santillana del Mar
Lección en Santillana del Mar
Ingreso en la RAE
Discurso en la RAE
Presentación de Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós
Entrevista en Cara a cara
Página 2
A libro abierto. 1
A libro abierto. 2
A libro abierto. 3
A libro abierto. 4
Entrevista de Georgia Makhlouf en el número de julio de 2010 del suplemento literario
L’Orient Littéraire.
Raúl González y José María Gutierrez, Guti, se han despedido de su equipo de siempre: el Real Madrid. Ambos jugadores se emocionaban al recordar su paso por un club en el que se han sentido en su casa aunque en los últimos tiempos ya no tuvieran lugar en ella. Donde, sin duda, sí tendrán un sitio será en la memoria de muchos madridistas que hoy recuerdan a dos jugadores que, lejos de los grandes fichajes mediáticos, han representado al equipo y se han entregado a él.
“Me siento huérfano de los dos. El Real Madrid desde hoy será un poco menos Real Madrid. Esto pasa cuando se producen retiradas de jugadores emblemáticos, nos provoca nostalgias a los madrileños” dice Javier Marías. El escritor, madridista confeso, no puede olvidar los momentos memorables que ambos jugadores han dado a su equipo: “De Guti me gustaría recordar una temporada que a menudo se le olvida a la afición, en la que se lesionaron varios delanteros y él se puso a jugar de 9 y cumplió marcando 14 goles en media temporada. Demostró que sabía ponerse a disposición del equipo”. Se le nota su devoción por el centrocampista, “siempre le defendí, me ha parecido siempre un genio intermitente y en nuestra sociedad las intermitencias no se toleran”, pero no olvida al ya ex capitán del Madrid y número 7 del equipo. “De Raúl, hubo un momento que quedó eclipsado por el gran gol de Zidane y las palabras de Casillas, pero aquella noche de la última Liga de Campeones del Real, el primer gol lo metió Raúl, con su típica picardía. A veces se olvida su papel en esa victoria”.
EL País, 27 de julio de 2010
TODOS LOS LIBROS DE REINO DE REDONDA
El escritor madrileño Javier Marías, convertido en 1997 en monarca del literario Reino de Redonda, puso en marcha hace una década una pequeña editorial con este nombre, para recuperar las obras de otros «reyes» escritores y de paso para rescatar todos los años de dos a tres olvidadas joyas de la Literatura, en unas ediciones cuidadas hasta el extremo
Un reinado de libro
Es complicado encontrar en el mundo una editorial tan peculiar como Reino de Redonda, que ahora cumple una década de existencia. Ya no es sólo que por sus procelosos mares naveguen Conrad, Richmal Crompton, Yeats, Dinesen o el longevo historiador sir Steven Runciman, sino que el nacimiento de esta marca es pura literatura.
Colón bautizó en 1493 la islita de Redonda, que ni siquiera llegó a pisar. Se trata de un peñasco casi inaccesible de un kilómetro y medio de largo, enriquecido por los excrementos de pájaros que dan lugar al fosfato. Perdido en medio de las Antillas, muy cerca de este islote, en la isla de Montserrat, nació el escritor de ciencia ficción M.P. Shiel, a quien su padre, propietario de la isla, lo nombró «rey» en 1880, cuando el futuro literato contaba 15 años.
Al morir Shiel en 1947, otro escritor, el británico John Gawsworth (alias de Terence Ian Fytton), es nombrado albacea literario y recibe en «herencia» este reino de letras. El escritor Javier Marías conoció los avatares de la isla de Redonda y se sintió fascinado, algo que los lectores pudieron comprobar en Todas las almas y sobre todo en Negra espalda del tiempo, donde está presente esta monarquía de los libros.
El interés del español mereció una carta del entonces rey de Redonda, el también escritor John Wynne-Tyson, quien abdicó en Marías, que se convirtió en el rey Xavier I.
Desde entonces, el carácter literario de este peñasco antillano se ha reforzado con la entrega anual de los premios Reino de Redonda a grandes nombres del Cine o la Literatura pero también con la creación en 2000 de la editorial Reino de Redonda, que a un ritmo de dos o tres volúmenes al año, ha publicado hasta la fecha 19 libros. El primero de todos, realeza obliga, es un claro homenaje al fundador de esta dinastía: La mujer de Huguenin de M. P. Shiel.
El empeño de Javier Marías en rescatar del olvido a los anteriores monarcas literarios le ha llevado a publicar también algún relato de John Gawsworth en la recopilación de Cuentos únicos, así como la obra maestra de Shiel, La nube púrpura, un relato apocalíptico que no desmerece de H. G. Wells (uno de los admiradores de este primer rey de Redonda), que narra las aventuras del único hombre que vive en la Tierra tras el paso de una aterradora nube púrpura. También ha aprovechado Marías para publicar de nuevo su inencontrable «novela de juventud» El monarca del tiempo y para dar a conocer una vez más al lector español a uno de los historiadores más amenos y apasionantes del siglo XX, el mencionado sir Steven Runciman, un orientalista y medievalista británico, de quien Reino de Redonda ha rescatado sus clásicos La caída de Constantinopla (un éxito de ventas) y Las vísperas sicilianas: Una historia del mundo Mediterráneo a finales del siglo XIII.
Además, ha tenido buena acogida entre otros Revolución en el jardín, la recopilación de artículos del irónico y agudo periodista mexicano Jorge Ibargüengoitia. El último libro en salir a la luz ha sido el clásico de Émile Erckmann y Louis Alexandre Chatrian Cuentos de las orillas del Rin.
Los libros de esta peculiar editorial, «seguramente la más pequeña y pausada del Reino de España», escribía Marías en 2008, suelen tener una tirada de 3.000 ejemplares y la edición está a cargo del propio escritor y de Carme López Mercader.
La obligación de todo monarca de Redonda de velar por la memoria de anteriores reyes, al convertirse en albacea literario de la obra de Shiel y Gawsworth, está aquí más que cumplida. Una editorial pequeña, pausada… pero también única y cargada de libros de calidad.
ALFONSO VÁZQUEZ
La Opinión de Málaga, Libros, 24 de julio de 2010
ENTREVISTA
«Me gusta hacer libros bonitos y dar a conocer alguna obra ignorada u olvidada»
El responsable de Reino de Redonda habla de los secretos de esta editorial tan personal, creada «a fondo perdido» y lamenta el escaso eco que en los medios de comunicación nacionales encuentra esta labor de rescate de obras de calidadAunque no se considere editor, Javier Marías saca a la luz todos los años un par de libros que merece la atención de una entregada minoría de lectores.
¿Por qué pudiendo optar por la tranquilidad de la escritura decidió lanzarse además al mundillo editorial?
La expresión no es muy adecuada. Nadie me considera editor (ni siquiera yo mismo) en ese «mundillo». A Reino de Redonda nunca se la tiene en cuenta cuando se habla de «pequeñas editoriales» y demás. La verdad es que en un principio mi idea fue contribuir a conocer mejor en España las obras de los anteriores «Reyes de Redonda», M. P. Shiel y John Gasworth, de ahí que el primer título de la colección fuera una selección de cuentos del primero, escritor muy apreciable del que luego recuperé su magnífica y pionera novela La nube púrpura. Lamentablemente, ninguno de esos dos títulos suyos han vendido muchos ejemplares, así que resultaba un poco suicida continuar sólo por ese camino. En cuanto a Gasworth, su obra es muy inferior, si bien está incluido un buen cuento suyo en la antología Cuentos únicos. Así que algo he cumplido con uno de mis deberes: mantener viva la memoria y la obra de los «Reyes de Redonda».
¿Qué criterios sigue a la hora de seleccionar los libros?
Sólo el de mi propio gusto. He recuperado obras excelentes que estaban descatalogadas, desde El brazo marchito de Hardy a Las vísperas sicilianas de Runciman. He publicado por primera vez en español Viaje de Londres a Génova de Baretti, un viajero por la España de tiempos de Carlos III, interesantísimo y divertido, o los artículos del mexicano Jorge Ibargüengoitia. También traje a la editorial algunas de mis antiguas traducciones (no tenía que encargarlas ni que pagarlas), de sir Thomas Browne, Yeats, Conrad o Isak Dinesen. Son todos libros magníficos, sobre todo el de Conrad, que valía la pena que existieran en buenas ediciones.
Si algo caracteriza a la editorial son esas cubiertas perpetuas con un signo literario muy particular.
Esa flecha de las cubiertas está inspirada, como consta, creo, en la página de créditos, en la que aparece en la primera edición del libro de M. P. Shiel The Lost Viol de 1908. Yo la encuentro muy atractiva, y verá qué bien quedan todas las flechas, que aparecen en los lomos de los libros, alineadas en una estantería. Sé de algunos coleccionistas que compran los libros de Reino de Redonda sobre todo por eso. Cualquier motivo es bueno. La flecha, así pues, se ha convertido en el distintivo de la editorial, sin que tenga ningún significado misterioso, más allá del que tienen todas las flechas, que no siempre hieren.
¿Reino de Redonda se plantea dar el salto a los libros digitales?
Pues no. Sería absurdo hacer eso. Publicamos dos o tres títulos al año, y no sé cuántos más va a haber. Están programados unos cuatro más, y es posible que después cierre la editorial o la deje en estado vegetativo. No ha tenido ninguna ayuda por parte de la mayoría de suplementos literarios de los periódicos nacionales, alguno ha habido que no ha sacado una sola reseña de ningún título, y así es muy difícil sobrevivir, aunque la inversión que hago en Reino de Redonda haya sido desde el principio a fondo perdido. Los libros son costosos, por la buena encuadernación y el buen papel y sus precios son baratos para el comprador. Pero si los críticos ni siquiera se dignan a hacerles caso, pues todo tiene su límite.
Entonces, ¿qué satisfacciones le reporta una editorial que no persigue ser rentable?
Cada vez menos, la verdad. El empuje se va apagando por lo que acabo de comentarle. Hay gente que aprecia mucho la colección, que a la larga se convertirá en objeto de coleccionismo, supongo. Me gusta que los libros que escojo estén disponibles para el lector español, o para los pocos lectores que los estiman. Me gusta hacer libros bonitos y dar a conocer alguna obra ignorada u olvidada. Eso es todo. Quizá empieza a no ser suficiente.
ALFONSO VÁZQUEZ
La Opinión de Málaga, Libros, 24 de julio de 2010
In questi giorni, quasi contemporaneamente, sono usciti presso editori diversi tre testi di Javier Marías (Madrid, 1951), certamente il più importante scrittore spagnolo vivente.
Il primo, Il tuo volto domani 3. Veleno e ombra e addio, tradotto ineccepibilmente da Glauco Felici, rappresenta la terza parte, quella conclusiva, di questa sorta di “grande opera” definita da The Guardian, “il primo autentico capolavoro letterario del XXI secolo”, e da The Observer “straordinario capolavoro che colloca Marías nel canone della letteratura europea contemporanea”. Un viaggio tra passato e presente, tra ricordi e oblio in compagnia di Jaime Deza – questo uno dei nomi dell’”attore” principale, ma che altri chiamano anche Jacobo, o Jack, o Jacques, o Yago -, personaggio al servizio di uno strano e misterioso centro di spionaggio inglese che si avvale del suo inconsueto talento di “saper leggere” il volto delle persone e in tal modo di prevedere ciò che faranno “domani”. Un romanzo-fiume in cui Marías ha riversato il proprio grande talento e, anche, le sue manie, il detto e, soprattutto, il non detto… E poi il dubbio, il tradimento, la guerra, il doppiogiochismo del potere, l’amore, la morte. Una trilogia che ha assorbito l’autore per otto anni, che l’ha quasi fagocitato, e da cui a fatica sta tentando di uscirne scrivendo un nuovo romanzo “normale”: “E’ stato difficile ricominciare”, ha detto recentemente in un’intervista. Una trilogia da leggere – nei limiti delle personali possibilità di tempo – tutta d’un fiato, per riuscirne ad apprezzarne forza, capacità narrativa e assoluta originalità e per farci, a nostra volta, fagocitare dalla sua imprevedibile e inquietante storia. (E senza dimenticare che, sempre quest’anno, sono stati ripubblicati, in un’edizione economica einaudiana, i tre più famosi romanzi dell’autore spagnolo, e cioè Tutte le anime, del 1989; il suo libro di più grande successo, l’indimenticabile Un cuore così bianco, del 1992; e l’altrettanto acclamato Domani nella battaglia pensa a me del 1994).
Il secondo volume, Voglio essere lento, tradotto e curato da Elide Pittarello (docente di letteratura spagnola a Ca’ Foscari), raccoglie due lunghe “conversazioni” tra lo scrittore e la curatrice: un dialogo – tra vecchi amici – sul lavoro, sull’”officina letteraria” del romanziere innanzi tutto, ma anche su autori e libri, letture e letteratura, sull’infanzia, la famiglia, gli amici, la Guerra Civile, la politica, la “sua” fantasmatica Isola di Ridonda, e anche sull’Italia: “Un paese che invidiavamo”, ma che dal punto di vista politico e morale, sembra oggi “andare a rotoli”. Insomma, un ritratto inedito e a tutto campo sia del Marías uomo e sia del Marías scrittore.
Il terzo titolo, infine, dal titolo Sguardi -libro che fa il paio con il precedente Vite scritte, edito da Einaudi nel 2004-, tradotto da Valerio Nardoni, e con una prefazione di Elide Pittarello, si compone di quattordici ritratti di altrettanti scrittori, sorpresi nel fermo-immagine di una fotografia: Valle-Inclán, Borges, Vicente Aleixandre, Juan Benet, Bioy Casares, García Lorca, Victoria Ocampo, Savater, Cabrera Infante, Neruda, Antonio Martínez Sarrión, Luis Cernuda e Horacio Quiroga. Quattordici “amici” scrittori, indipendentemente dalla data di nascita: “l’unica condizione che m’imposi per la selezione dei ritratti fu che non vi rientrasse nessuno il cui aspetto mi risultasse antipatico o sgradevole, né di cui avessi un’opinione personale o letteraria così cattiva da potermi influenzare al momento di descriverne o commentarne il volto”. Con una sorpresa finale, perché vi è un ulteriore, quindicesimo ritratto, anzi, un “autoritratto farsesco”: il suo.
PAOLO COLLO
Domani, 17 giugno 2010
“Non flirtare mai con lo spionaggio”
Entrevista con Angela Bianchini en Tutto libri, 19 de junio de 2010
El escritor Javier Marías, gran aficionado al fútbol, considera que en el Mundial de Sudáfrica el “tradicional pesimismo” de los españoles “ha dado paso, por una vez, a lo que podríamos llamar ‘la confianza de los inocentes’” y ha destacado que “con esa confianza se llega a veces muy lejos”.
Marías ha señalado en declaraciones a Efe que si España gana a Holanda el próximo domingo en la final del Mundial “nada cambia” en la vida real de los españoles, pero precisa que “el ánimo de un país puede mejorar, misteriosamente”, por un acontecimiento de esa categoría.
“Y si el ánimo y la concordia mejoran, todo lo demás puede hacerlo también”, añade el escritor, para quien el hecho de que España haya llegado a la final del Mundial es “algo tan insólito que ni siquiera sabemos bien cómo vivirlo”.
Marías, uno de los escritores españoles más importantes de las últimas décadas, sabe que el fútbol tiene sus detractores pero cree que quienes “desprecian” este deporte “deberían pararse a pensar en qué pocas cosas hay en el mundo que proporcionen una alegría tan inmediata y absoluta -o también una tristeza, llegado el caso, claro está- en tantísima gente a la vez”.
“Nada cambia en la vida real de las personas, no digamos en la de un país, por ganar o perder un Mundial de fútbol. Nos seguirá yendo igual de bien o de mal pase lo que pase. Pero las alegrías simbólicas no son nada desdeñables, y el ánimo de un país puede mejorar, misteriosamente, por un acontecimiento así”, señala Marías, cuya pasión por el fútbol ha quedado reflejada en un buen número de sus artículos.
Ganar o perder un Mundial produce “una alegría o una tristeza desinteresadas, en un mundo en el que casi siempre hay tanto interés, en el mal sentido de la palabra ‘interés’”, concluye el escritor.
EFE, 9 de julio de 2010
Letras Libres, España, n. 105, junio de 2010
En inglés en Brick (Literary Journal), Canadá, n. 85, Summer 2010
El placer de las digresiones, El Malpensante (Colombia), junio de 2010
El escritor español Javier Marías sostiene que “los políticos mienten” en cuanto tienen un micrófono delante por lo que, para descubrir cómo son realmente, debe atenderse a lo que dicen “cuando creen que nadie les escucha”.
En una entrevista publicada hoy por Der Tagesspiegel, Marías alude así a las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que llamó “hijo de puta” al ex presidente de la Comisión de Control de Caja Madrid, Fernando Serrano, en una conversación captada por un micrófono abierto.
“Esta mujer es una grosera. Horrible”, señala el autor de obras como Todas las almas y Tu rostro mañana, quien insiste en que Aguirre no sólo se representa a sí misma sino también a la Comunidad de Madrid.
En su opinión, no es válido el argumento de la popular de que se trataba de una conversación privada, pues es en ese tipo de comentarios particulares en los que se “descubre cómo son realmente” los políticos.
Marías, que acaba de sacar a la venta en Alemania la edición germana del tercer volumen de Tu rostro mañana (Dein Gesicht Morgen), critica las “constantes obras” a las que permanentemente se somete a la capital española. “La ciudad es un caos, una broma, que desde hace veinte años sufre obras sin sentido”, lamenta.
Sostiene que los “negocios” desempeñan un papel importante ya que todos los que participan en la obra “ganan” cuando se levanta una calle, pero “a costa de los ciudadanos y de la vida de la ciudad”.
El autor de Negra espalda del tiempo, de 58 años, sostiene además que las procesiones de Semana Santa son un “espectáculo deprimente” que vuelven “casi imposible” trabajar y vivir en el centro de la ciudad, algo que tilda de “absurdo” en pleno siglo XXI.
Marías recuerda que, en su infancia, esa época era un tiempo “horrible para los niños” puesto que no se podía cantar, en la radio sólo se emitía música y la televisión sólo programaba películas de contenido religioso.
Afirma además que durante la Semana Santa reina en Madrid una “atmósfera intolerante” hacia quienes pretenden sortear los festejos y describe la iconografía de las procesiones de “inquietante”.
Terra/EFE, 28 de marzo de 2010
Javier Marías es uno de esos autores que resulta menos airado en persona que por escrito. Decidido a no ser ni banal, ni previsible, ni políticamente correcto, sus artículos son piedras en el estanque del consenso y sus argumentos salpican a izquierda y derecha. Sin importarle quién pueda salir escaldado, el primero que se moja es él. Y si sus artículos en el El País Semanal dan una idea de su contundencia, la antología de textos Los villanos de la nación (Los Libros del Lince) subraya su faceta de escritor comprometido en estos 84 textos aparecidos en periódicos y revistas entre 1985 y 2009.
Como hay un Marías cinéfilo (el recopilado en Donde todo ha sucedido, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), autobiográfico (Aquella mitad de mi tiempo, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) y futbolero (Salvajes y sentimentales, Aguilar), hay también un Marías político. Sus reflexiones sobre las condiciones laborales, el referéndum de la OTAN, ETA, el GAL, Irak o la crisis económica no dejan lugar a dudas. ¿Por qué entonces esa imagen de autor volcado en la literatura? “Será porque procuro no sacar provecho. Hay intelectuales muy bien intencionados que, aunque crean en lo que hacen, también parecen decir: ‘Vean cómo soy de solidario, de guay, de comprometido’. Cuando surge una cuestión polémica ya puedes prever quién y cómo va a pronunciarse. Salta lo de Aminetu Haidar y sabes quiénes van a hacerse la foto con ella. No digo que sean hipócritas, pero se les ve venir”. Como articulista, dice, no es de una pieza: “Si algo me aburre como lector de periódicos es el columnista al que, sin leerlo, ya he leído”.
Tampoco con eso que llaman sociedad civil se anda con paños calientes. Avisa de la invasión de dos arquetipos peligrosos: el quejica y el metomentodo. Los quejicas serían “individuos puerilizados que no asumen la responsabilidad de lo que hacen y siempre encuentran a otros a quienes echar la culpa de sus decisiones o indecisiones”. Son, dice, los que se saltan la recomendación de no viajar a zonas de conflicto y, una vez que les pasa algo, le echan la culpa al Gobierno: “Está bien que se ayude a un ciudadano español si tiene un problema, pero que no exija. Aquí se exige y no se agradece. Estamos creando una sociedad de ingratos. La gente clama por su libertad, pero en cuanto se tuerce algo ya no es libre, sino alguien cuya responsabilidad se traslada a quien sea. Vivimos una perpetua adolescencia social”. Los metomentodo serían los que “viven como policías en perpetua alerta, vigilando al prójimo para ver qué dice. Son los defensores a ultranza de lo políticamente correcto”.
Para el novelista, la corrección política es una de las “grandes calamidades” de nuestro tiempo: “Las palabras que usa alguien son una información de primer orden para juzgar con quién nos las estamos viendo”.
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
El País, 6 de marzo de 2010
Entrevista de Michael Silverblatt a Javier Marías en el programa Bookworm, en la KCRW Radio de Nueva York, en el mes de diciembre de 2009, con motivo de la presentación de Your Face Tomorrow 3. Poison, Shadow and Farewell.
El escritor Javier Marías considera “muy grave” que en España, y en otros países del mundo, haya “una especie de afán prohibicionista generalizado” y la gente dirima “cada vez más sus diferencias a través de un juez”.
“Parece como si la gente hubiera perdido la capacidad de arreglar diferencias entre sí, y algunas no son tan graves como para convertirse en asunto judicial”, afirmaba Marías en una reciente entrevista con EFE en la que hablaba del libro Los villanos de la nación, que agrupa sus artículos de tipo político y social y que acaba de publicar la editorial Los Libros del Lince.
En ese encuentro, en el que también se refirió a la reedición de sus novelas Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí, como ya informó EFE el pasado 20 de febrero, Marías decía que le preocupaban las consecuencias que la crisis económica está teniendo en España, pero “más grave aún” le parecía esa “especie de pulsión hacia recortes de la libertad” que ve “desde luego en los gobernantes, pero también en buena parte de la sociedad”.
Ese “afán prohibicionista generalizado” se nota, por ejemplo, en que “la gente quiere que todo esté regulado en la vida” y en que “todo el mundo está dispuesto a llevar a juicio al otro por cualquier tontería”.
“Esto es muy preocupante. Y hay demasiada gente que, cosa que le molesta o le parece mal, tiene el afán de que se prohíba, en vez de no practicarla o no hacerla: estamos en contra de los toros, que se prohíban los toros; estamos en contra del tabaco, pues que se prohíba también”, señala el escritor.
Al autor de Tu rostro mañana la situación actual le recuerda, “desde otro punto de vista”, lo que pasaba al comienzo de la Transición con las revistas eróticas, “que en vez de abstenerse de comprarlas ellos, querían que no existieran”.
“Me parece muy preocupante que una serie de actitudes prohibicionistas, intolerantes, de recorte de las libertades, estén triunfando hoy en día bajo un disfraz de izquierdas, cuando toda la vida fueron propias de la derecha más recalcitrante”, añade este escritor, cuya obra está traducida a 38 lenguas y publicada en 48 países.
Pero esta situación no se da sólo en España. Javier Marías dice que, “si uno se asoma a Italia, ese país que durante muchos años los españoles envidábamos”, ve que hay ciertas actitudes hacia los inmigrantes nada recomendables y que se están aprobando algunas “leyes xenófobas”.
“Con esas actitudes y con el tipo de leyes que están pasando ahora, dudo que a Italia se le hubiera permitido seguir en la Unión Europea hace diez o quince años”, asegura. En su opinión, si en España “nadie dice nada” sobre lo que pasa en Italia es porque, “en el fondo, a los demás no les parece tan mal”.
“Paulatinamente, nos estamos aproximando a cosas que hace unos años habrían sido condenadas porque había una mayor conciencia de las libertades, de la tolerancia y de las necesidades de la gente desfavorecida”, comenta preocupado Marías.
Como señala Inés Blanca, editora de Los villanos de la nación, Marías compaginó casi desde sus comienzos literarios la escritura de sus novelas con la publicación de artículos en prensa, que desde 1994 fueron apareciendo primero en El Semanal y luego en El País Semanal.
El libro contiene los 84 mejores artículos del escritor relacionados con asuntos políticos, éticos y sociales, publicados desde 1985 hasta ahora.
Marías no se calla nunca sus opiniones, por incómodas que sean, y estos artículos constituyen una buena prueba de su “decidida voluntad de intervenir en las cosas públicas”. Cuando tiene que criticar a los políticos de turno o a los poderosos de otro tipo, lo hace sin dudar.
EFE, 2 de marzo de 2010
Charla con Javier Marías
Encuentro digital en EL PAÍS.com
Hoy 3 de Marzo de 2010
de 18:00 a 19:00 horas
Envía tu pregunta
Encuentro en directo
Javier Marías: “Es difícil que se pueda superar el deterioro del español de España”
El escritor madrileño confiesa que tiene una nueva obra en marcha
El mayor problema del lenguaje español es que la gente habla y escribe mal y se “ufana de ello”. Son palabras del escritor y académico Javier Marías, quien ha conversado hoy con los lectores sobre el lenguaje, la literatura y su obra dentro del Congreso virtual de la lengua organizado por Babelia. El escritor y académico madrileño ha añadido: “Ayer mismo le oí a un político del PP decir ‘independientemente de estacionalidad o de no estacionalidad’. ¿Qué diablos quiere decir eso? Si quienes hablan a menudo en público sólo tantean la lengua, sin un dominio de ella, es difícil que el conjunto de la población se preocupe por mejorar su nivel”. El autor de Tu rostro mañana, además, se mostró escéptico con la utilización del idioma en España: “Me parece difícil que se pueda superar en ningún sitio el deterioro del español de España, donde demasiada gente no sabe ni construir entera una frase simple. Me temo que gran parte de culpa es de los medios de comunicación y de los Ministerios de Cultura de los últimos cuarenta años. Me temo que la cosa ya no tenga vuelta atrás”.
El autor de títulos como Mañana en la batalla piensa en mí y Corazón tan blanco ha explicado algunos aspectos del funcionamiento de la RAE. Por ejemplo: “La RAE no elimina palabras de la lengua, sólo el Diccionario de uso, para que siga siendo manejable y porque hay que dejar espacio a los nuevos términos. Esos vocablos que se ‘jubilan’ pasan al Diccionario Histórico, no es que se supriman ni se pierdan. Si no hay registro escrito de una palabra después de 1500, quiere decir que está completamente fuera de uso, salvo excepciones”. O de la importancia de la labor de filólogos, lingüistas y escritores dentro de la academia El concurso de los filólogos es fundamental, pero tienden -algunos- a ver la lengua como una disciplina exclusivamente científica. Las lenguas dependen en gran medida del lenguaje literario. Es éste el que las mantiene vivas y en evolución permanente, junto con el de la calle, claro está, y suelen ser los escritores quienes tienen lo que podríamos llamar “sentido de la lengua”. A mi modo de ver, son aún más necesarios que los lingüistas
Javier Marías ha contado que tiene una nueva novela en marcha “quizá mediada”, no obstante ha reconocido que “su escritura me he visto obligado a interrumpirla en los últimos meses. Me falta tranquilidad de espíritu, con tanto ajetreo, y aún no le he dado el “visto bueno”. Quiero decir que ni siquiera sé si acabará existiendo. Supongo que sí, pero yo soy muy inseguro con todo lo que escribo, y todavía no me ha llegado ese momento en que uno se dice “Que sea lo que San Conrad quiera”.
CAMILO SÁNCHEZ
El País, 3 de marzo de 2010
El escritor publica Los villanos de la nación
Los soldaditos de plomo invaden todos los rincones de la casa madrileña de Javier Marías, incluso la cocina. En la mesa, reposa su máquina de escribir electrónica. El escritor, tras la publicación en un solo volumen de Tu rostro mañana -su novela de 1.328 páginas- recibe a este diario para hablar de Los villanos de la nación (Los Libros del Lince), una selección de los textos que, sobre temas políticos, éticos y sociales, ha publicado en diferentes medios de comunicación desde 1985. Marías (Madrid, 1951) denuncia, entre otras cosas, “la gran opresión de nuestros días”: cómo el trabajo se come cada vez más territorio de lo que antaño fue vida privada.
-¿Qué importancia da a sus escritos sobre actualidad?
-A uno le sirve a veces de desahogo. Tengo la sensación de que tienen pocos efectos prácticos. Pero hay mucha gente que los agradece, que me dicen que les da alivio ver que alguien dice ciertas cosas. Uno siente ahí que tiene cierta obligación de decir lo que piensa de verdad. En cambio, en las novelas, no, no me responsabilizo de ellas como ciudadano. Hay un narrador que cuenta y unos personajes que dicen las cosas que quieren. Aunque cada vez hay más confusión y hay lectores que me recriminan opiniones de mis personajes. La ficción se había distinguido siempre de lo real pero ahora cada vez hay más personas que no realizan tal distinción.
-Ya en 1985 decía que no hay que depositar grandes esperanzas en los gobiernos.
-Tener entusiasmo por un gobierno viene a ser una ingenuidad o producto de la desesperación. Cada vez hay un descrédito mayor de la clase política, no sólo en España; en otro artículo propongo que haya la posibilidad en las elecciones de también votar en contra de un partido, y que, en el recuento, se le resten los votos negativos a cada formación. Sería lo más adecuado y lo más justo, hay un número creciente de personas que o bien no votan o cuando votan lo hace en contra de una opción.
-Usted presumía, en los 90. De no haber votado a ninguno de los tres grandes partidos que hay en España.
-Eso ya no podría suscribirlo. No tengo ningún inconveniente en decir que en el 2004 voté contra el PP, tras la segunda legislatura de Aznar, atroz desde cualquier punto de vista, al final dije: que venga cualquiera pero que no sean estos.
-Se ocupa bastante de describir la atmósfera de los años 80. ¿Qué hemos heredado de esa época?
-Yo la llamo la edad del recreo. El valor básico era hacerse guapo, para lo cual a veces hay que ser rico. Como el niño que quiere tener éxito con los compañeros. Se dio un proceso de infantilización de la sociedad que se ha coronado ahora. Ha ido a más la ausencia de responsabilidad por parte de todo el mundo ante cualquier cosa. La gente reclama su libertad de moverse, hacer, decir, iniciar negocios, irse a sitios peligrosos y en el momento en que les sucede algo, dicen: que el Estado me lo arregle. Pero el Estado somos los demás. Piden que les saquen las castañas del fuego, de modo impertinente, nadie agradece nada. Los pescadores que trabajan en aguas no protegidas no son diplomáticos ni gente empleada por el Estado. Me parece muy bien que se les quiera ayudar, pero no que haya una reclamación hacia el Estado, como si este fuera responsable de que estuvieran allí. Nadie asume sus actos, nadie se responsabiliza de nada. Si invierto en una cosa y me timan, ¿por qué el Estado me ha de devolver el dinero? Jugamos a ser mayores de edad hasta que hay algún problema. Otra lacra es que cualquier periodista o político puede decir una cosa y luego la contraria sin que nadie les pida cuentas, porque nadie recuerda ni lo que acaba de pasar.
-¿Tampoco los libros?
-Una novela se hace de modo artesanal, puede llevar años, y cada vez hay una mayor divergencia entre la forma en que vamos trabajando, que esencialmente es la misma que en el siglo XVII, y la manera en que esas cosas se consumen. Hay un desfase. Un librero, a los tres meses de la salida del tercer volumen de Tu rostro mañana, que me ha llevado tres años de trabajo, me dijo que eso ya era prehistoria, de la temporada anterior, como quien dice.
-¿Por qué critica ciertos aspectos de la solidaridad?
-Critico sus trampas. Aquí debajo de mi casa hay varios señores tumbados en el suelo a los que ningún transeúnte echa una mano. Nuestros pobres son concretos, sucios y desagradables, no los tocamos porque podrían transmitirnos su desesperación pero, eso sí, efectuamos donaciones a Haití. No es muy simpático decirlo, pero me produce un efecto contraproducente ver cómo todos los famosos del mundo entero se vuelcan como un solo hombre en Haití, y empiezan a donar dinero de manera ostentosa. Tengo la sensación de que estas solidaridades son mecánicas, que hay más deseo por parte de quienes la practican de mirarse al espejo y pensar qué majo soy que verdadera voluntad de ayudar y verdadera empatía. A mí me suena a falsedad, a medalla que se pone la gente a sí misma. Uno tiene el impulso de enviar un poco de dinero a Haití, y lo haces, privadamente, pero piensas: ¿qué es esto? Uno acaba desconfiando de los propios movimientos más altruistas del espíritu por el abuso que se hace de ellos.
-El trabajo y sus efectos negativos es otro de sus temas recurrentes…
-Hablo con mis amistades de toda España, y todos están igual, tengan el trabajo que tengan o cobren mucho o poco: no paran, no tienen tiempo de nada, trabajan sin cesar y cada vez les cunde menos. Amplían sus jornadas no para ganar más sino para dar abasto al trabajo diario. Apenas tienen ocio y están permanentemente agotadas, medio enfermas o desquiciadas. Es el gran mal de nuestros días. Las personas que están hoy a sueldo se desloman como no se había visto en los últimos 40 años. Es la opresión más grande que vive la gente corriente hoy: cómo el trabajo se nos va comiendo la vida. Con la crisis ha ido a más, y existe el miedo a perder el puesto, con lo que se renuncia a derechos sociales básicos.
-¿Usted sigue sin email ni móvil?
-Sí. Me niego a utilizar móvil, tengo uno solamente para los viajes, pero el número lo tienen mis hermanos y tres personas más. Me parece una forma de esclavismo: estar localizable permanentemente, que no haya ratos de silencio, en los que nadie sepa dónde está uno, caminando por la calle, mirando las musarañas, en el cine. No ser localizable me parece normal, una manera de descansar. La prueba de que el móvil es una herramienta de esclavización es que son las empresas los que se los ponen a sus trabajadores. Y no utilizo el ordenador porque voy viendo que lo del email es lo mismo: me dicen que, por la mañana, uno se encuentra unas cantidades fabulosas de correos. ¿Cómo puede haber 40 emails en tu buzón cada día? La gente procura contestarlos y, si no, tiene el agobio de que no lo ha hecho. Estas cosas, que se han vendido como facilitación de las tareas, son trampas verdaderas. A la gente se le crea pánico al vacío, a la soledad, y acaban siendo víctimas del síndrome de Estocolmo, si entendemos como secuestradores a los empresarios. Me parece atroz.
-¿Los artículos contribuyen a su fama de conflictivo?
-Me ven como áspero, pendenciero, grosero. No es una imagen grata. Da la impresión de que la gente no lee bien, te contestan a cosas que no has dicho. En vez de de leer, reaccionan. Semana que pasa, semana que hago nuevos amigos. Me llega mucha irritación. Hay muchas personas que cuando me conocen personalmente, aunque sea un par de minutos, me dicen: “Ah, pues eres muy normal, creía que eras muy arrogante”. No sé bien, en realidad soy cortés y a veces incluso supongo que puedo ser cordial. Pero, al escribir, uno dice cosas impertinentes porque no tiene sentido escribir para decir lo que todo el mundo ya sabe, lo que todo el mundo ya piensa, lo que toca.
-¿Y a usted qué le irrita?
-No sé. Hay una serie de cosas que siempre habían sido de derechas, reaccionarias, retrógradas, puritanas y, de pronto, han resucitado presentadas como de izquierdas, como si fueran propuestas avanzadas. Las mismas cosas que la iglesia ha impuesto durante muchos años, que les ponen otra vestimenta progre y ya está.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo, si se ve un culito en un anuncio, dicen que es una denigración de la mujer. ¿Pero por qué va a ser una denigración? Que aparezcan siempre mujeres en los anuncios de hemorroides, dentaduras postizas y dietas de adelgazamiento me parece más denigrante. Que aparezca un cuerpo de mujer agradable, en cambio, es una especie de aprobación y enaltecimiento de la mujer. La libertad es una cosa muy importante y eso es atentar contra la libertad.
-Su artículo sobre la prostitución también levantó ampollas…
-El minero o el estibador también alquilan su cuerpo, ¿verdad? ¿Acaso no alquilamos todos algo? Partir de la base de que es más humillante y grave el alquiler del sexo es tener una idea puritana del conjunto del cuerpo humano. A nadie le parece humillante alquilar las piernas de un pisador de uva. Hablo, por supuesto, de los casos en que alguien opta voluntariamente por ejercer la prostitución, si te obligan es monstruoso. Es humillante que, por extrema pobreza, las personas hagan cualquier cosa, como recoger la fresa por dos euros al día. La pobreza es humillante, pero diferenciemos: ¿quien se vale de su sexo hace algo peor? Me huele a chamusquina.
-Habla también de la superstición de lo legal…
-Sí, lo vemos con el asunto de Vic y la resistencia a empadronar a los sinpapeles. Responden: es que es legal. Pero es que hay cosas legales que no son legítimas. Lo legal puede ser mañana ilegal, y al revés. Un ejemplo que me ponía mi padre: si el gobierno decide que va a vender el Museo del Prado a un jeque árabe, probablemente pueda ser legal, porque es de su propiedad, pero sería intolerable. Haber sido elegido también se utiliza como excusa: dicen que si les faltamos al respeto faltamos al respeto a los electores. Pues no: usted, para ser democrático, debe gobernar democráticamente cada día y, si no lo hace, usted no es democrático. No se le puede derrocar porque le han elegido, pero debería usted comportarse. Berlusconi no es un gobernante democrático, como tampoco Hugo Chávez. Ser elegido es indispensable pero no suficiente. En 1960, Franco habría ganado unas elecciones de calle. El país era sociológicamente franquista, también Cataluña.
-Usted denuncia que se quieran publicar listas de delincuentes con penas cumplidas.
-Sí, de violadores, pedófilos… Esa propuesta me escandalizó. Si alguien ha cumplido una pena, ha saldado sus cuentas con la sociedad ¿qué es eso de seguirlo criminalizando? Si vuelve a delinquir, que se le vuelva a detener. ¿Por qué no los a los banqueros estafadores? Me parecen verdaderos atentados contra la libertad y la justicia. Es como que un preso sufra vejaciones en prisión: nos hemos acostumbrado a que sea violado, que se convierta en un drogadicto… Pero a nadie se le ha condenado a eso, sino a la privación de libertad y nada más. El estado debería ser responsable de la seguridad de esos individuos. Y no lo es. No ha lugar a que estemos señalando con el dedo a alguien para siempre, impidiéndole que se reinserte.
-Habla también de la censura que usted ha sufrido como opinador…
-No hay censura estatal ya, sino privada. De hecho, es anticonstitucional, podría haber denunciado a la empresa que lo hizo, pero nadie lo lleva a ese extremo. Fue un artículo sobre la iglesia y la religión que decidieron no publicar y entonces decidí que yo me iba de aquel medio.
-¿Es el único episodio?
-Hay varios ejemplos de censura comercial, que se quedan en el ámbito privado: una vez me dijeron que quitara el nombre de unos grandes almacenes en un artículo, porque se arriesgaban a perder la publicidad. Eso es frecuente. En Francia una revista me pidió un artículo sobre la moda y, al final hacía unas bromas diciendo que no recomendaba que salieran los modistos a saludar en los desfiles porque ante tales adefesios, la gente se asustaba, y citaba casos identificables, uno con una coleta y un abanico y me dijeron: “esto quítalo”. Conozco gente a la que le han pedido que rebaje el tono de un artículo sobre una exposición, porque en el patrocinio de la muestra participa la misma caja que paga la revista en buena medida. Es una cosa bastante común, bastante histérica y bastante intolerante.
-Cuando habla de que un escritor no puede saber si su editor le engaña en las liquidaciones, resuena su vieja rencilla con Jorge Herralde…
-Me temo que eso ha pasado muchas veces en la historia, y todavía sigue siendo así. Los autores no tenemos manera de saber los libros que vendemos, es muy difícil, a uno le informan de que se ha hecho una tirada determinada de ejemplares, se puede pedir el resguardo del impresor, pero se sabe que hay algunos impresores que ponen lo que les dice el editor porque, si no, pierden el volumen de trabajo procedente de dicho editor. Nunca hay una seguridad absoluta. Pero uno no puede ir por la vida con desconfianza, es un horror ir por la vida creyendo que te engañan. Pero llega el momento en que tienes la convicción de que es así, ves las cifras que no casan, no tienes pruebas para ir a un tribunal pero sí la certeza.
-Se mete también con el ayuntamiento de Barcelona…
-Soy más salvaje con el de Madrid. Lo de Barcelona no es que sea muy grave, pero esa campaña de Us parla la platja me dio un poco de vergüenza ajena, y propia, porque soy muy cercano a Barcelona, viví allí varios años, he tenido editores, mi agente literaria, y hasta mi pareja vive allí y es catalanoparlante. El ayuntamiento de Barcelona ha vivido gran consternación porque el turismo de tres al cuarto es cada vez más grosero; pero cómo no van a ir medio desnudos si el ayuntamiento hizo una reglamentación según la cual es perfectamente legal ir desnudo por la ciudad, la consecuencia es que hay dos individuos que van desnudos por Barcelona, uno va en bici con el pito tatuado. ¿Cómo se van a quejar ahora de que los turistas vayan en tanga? Si hacen ustedes leyes ridículas… Hay gente para todo, no pido que encierren al que sale desnudo, pero qué necesidad hay de hacer una ley para protegerlo? Barcelona es un poco chorras en algunas de estas cosas, de Madrid digo cosas peores, así que me va a permitir la frase.
-Para acabar, una pregunta literaria. Lo de publicar su última novela en tres entregas, a medida que las escribía, demuestra una enorme auto-confianza, ¿no? ¿Qué sucede si quiere hacer cambios en capítulos anteriores?
- Si descubría que me convenía algo diferente no podía rectificar, porque ya estaba publicado el libro anterior. Pero no ha sido tan distinto, tengo esta manera de escribir un poco rara y un poco suicida, voy improvisando en gran medida y no me permito cambiar nada de lo que he escrito con anterioridad. No hago una segunda versión de los textos. Trabajo mucho cada página pero luego va a la imprenta tal como ha quedado. Aplico el mismo principio de conocimiento a las novelas que el que rige en la vida: a los 50 dices: “ojalá me hubiera casado con esta persona, hubiera aceptado aquel trabajo…” pero te tienes que conformar, ser consecuente con lo que has hecho.
XAVI AYÉN
La Vanguardia, 27 de febrero de 2010
Javier Marías no relee “nunca” sus libros y no sabe por tanto “qué tal se mantienen” sus dos novelas de mayor éxito, Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí, que se acaban de reeditar, pero considera “un privilegio” que sigan vivas en una época en la que “todo caduca, incluso los libros”.
“Cada vez es más ridículo pensar en la posteridad. Creer que un libro se vaya a poder seguir leyendo al cabo de diez años de su existencia parece milagroso”, dice Marías en una entrevista con Efe, que tiene lugar en su casa de Madrid y en la que reconoce que “es difícil saber por qué tuvieron un éxito inesperado” estas dos novelas, de las que se han vendido unos tres millones de ejemplares en todo el mundo.
“Yo creo que tiene algo que ver con eso de lo que ya no se habla y que tradicionalmente se ha llamado estilo. Parece una cosa demasiado vagarosa, difusa y científica pero existe, aunque cada vez se aprecie menos”, afirma Marías (Madrid, 1951), uno de los mejores escritores europeos contemporáneos, en opinión del Premio Nobel J.M.Coetzee.
Con su obra publicada en 48 países, el escritor no sabe si tiene “estilo propio o no”, pero opina que el éxito de los libros “depende en gran medida de la capacidad de persuasión de la voz que está contando, de su modulación, su música, de si es envolvente o no, aparte de que la historia interese”.
Y en el caso de sus novelas quizá dependa también de que se habla en ellas sobre asuntos que “le conciernen a todo el mundo: el secreto, el engaño, la sospecha, el hablar y el callar, la traición, la desconfianza, el matrimonio: ¿quién no ha tenido un pequeño secreto? ¿Quién no ha engañado un poco?”
Publicada en 1992 por Anagrama y recuperada luego por Alfaguara, el sello que reedita ahora estas dos novelas, Corazón tan blanco recibió el Premio de la Crítica, el Prix l’Oeil et la Lettre y el Impac de Dublín y de ella se han vendido más de dos millones de ejemplares en todo el mundo.
De esa cifra 1.300.000 corresponden a Alemania, donde esta obra se convirtió en un fenómeno editorial a raíz de que el prestigioso crítico Marcel Reich-Ranicki “se descolgara con elogios encendidos en su programa de televisión”.
Los comienzos de las novelas de Marías suelen ser magistrales y el de Corazón tan blanco lo es sin duda:
“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre”.
A partir de ahí, el lector se verá envuelto por la excelente prosa de Javier Marías y se irá enterando de las peripecias de Juan Ranz, traductor e intérprete de profesión y una de esas personas que prefiere no enterarse de ciertas cosas porque “los oídos no tienen párpados, y lo que les llega ya no se olvida”.
Al autor de la trilogía Tu rostro mañana, su último gran proyecto literario, calificado por la crítica británica como una de las primeras obras maestras del siglo XXI, no le gusta revisar sus libros antiguos cuando se van a reeditar porque “podría sentir tentaciones de cambiar algunas cosas, y eso sería hacer trampas”.
“Nunca releo mis novelas. Hay mucho que leer en la vida como para dedicarse a releerse a sí mismo”, asegura este novelista que en 2011 cumple 40 años como “escritor en activo” (su primera novela, Los dominios del lobo, es de 1971).
Pero tanto Corazón tan blanco como Mañana en la batalla piensa en mí, publicada en 1994 y galardonada con el premio Rómulo Gallego, el Fastenrath de la Real Academia Española, el Prix Femina Étranger y el Premio Mondello di Palermo, tienen ya sus años y, “dado lo rápido que envejece todo hoy día, uno nunca sabe si se han quedado anticuadas”.
Y aunque, “evidentemente, los libros perduran en función de lo que se ha escrito, es difícil conseguirlo”. “Cada vez es más ridículo pensar en la posteridad”, insiste Marías.
El escritor no cree que vuelva a acometer “un proyecto de las dimensiones de Tu rostro mañana en cuanto a extensión y ambición”, y, de hecho, la nueva novela que tiene entre manos es “deliberadamente sencilla”. Es una obra pesimista y está narrada por una mujer, algo que solo hizo en un cuento de hace tiempo. Puede que esté terminada para finales de este año.
Mientras escribe sus novelas Marías tiene a veces “una cierta sensación de culpabilidad, de decir ‘qué derecho tengo yo de meterle en la cabeza a nadie ciertos pensamientos atroces u horribles sobre cómo funciona la vida, cómo funcionan las pérdidas o el hecho de que nada termina del todo”.
Como lector, él agradece que los autores se metan en esas profundidades, pero “cada vez que uno tiene una revelación de ese tipo también pierde un poco de imaginación, de inocencia, de optimismo, y en ese sentido el escritor puede sentir un poco de culpabilidad”.
ANA MENDOZA
EFE, 20 de febrero de 2010
L’un des plus grands écrivains espagnols, Javier Marías publie la dernière partie de son roman «Ton visage demain» et un excellent recueil d’essais, «Littérature et fantôme».
C’est un James Bond qui aurait lu Debord et McLuhan. Jaime, le héros de «Ton visage demain», reprend du service dans le troisième tome, «Poison et ombre et adieu» : espion à la solde d un mystérieux groupuscule piloté par un certain Tupra, il est soumis à rude épreuve en assistant à des scènes de sexe et de violence d’une sauvagerie inaccoutumée. Comment va-t-il à son tour se laisser aller à glisser sur la pente du mal irrémédiable? C’est ce que Marías, plus que jamais l’un des maîtres de la narration actuelle, raconte dans un récit où on lit l’avenir de notre société dans le visage de la barbarie.
Vous êtes l’un des plus grands romanciers espagnols actuels, reconnu comme tel dans le monde entier. Comment vivez-vous cette notoriété?
J’étais il y a quelques semaines à New York et nous avions une lecture croisée, avec Paul Auster. Je me disais que le public viendrait pour lui. On devait se retrouver après au restaurant, avec Paul. Alors qu’il avait fini de signer, il est venu vers moi et m’a dit: tu as encore beaucoup de monde. J’étais très sceptique, mais c’est vrai que je n’ai pu le rejoindre qu’une heure après. Je pense qu’il s’agissait surtout de revendeurs parce que certains d’entre eux avaient sept exemplaires à me faire signer…
Vous-même êtes un collectionneur de livres enthousiaste…
Oui, j’aime collectionner les livres que les écrivains ont signés. C’est une forme de fétichisme, bien sûr, mais c’est aussi parce qu’un livre signé dit quelque chose de son passé. On sait qu’il a été dans les mains de son auteur. J’ai quelques livres dédicacés d’écrivains que j’aime bien. Par exemple, j’en ai un signé par Radiguet. Il doit être très rare parce que Radiguet est mort à vingt ans, il n’a donc pu dédicacer beaucoup de livres. Je l’ai trouvé en Angleterre, à un prix qui n’était pas excessif. J’ai un livre signé de la main de Mallarmé, deux livres signés de Conrad, un de mes écrivains favoris, un de Isak Dinesen, Dylan Thomas, Faulkner…
Vous passez beaucoup de temps à fouiller dans les cartons des bouquinistes?
Je n’ai pas Internet, ce qui complique les recherches, mais un ami qui a un ordinateur me donne un coup de main. Il m’a retrouvé le titre d’un de mes arrière-grands-pères, qui était espagnol de Cuba, et qui a écrit quelques romans, et un «Manuel du chasseur cubain». Il l’a retrouvé dans une librairie de Californie. Il était militaire, mais il peignait, c’était un militaire cultivé. J’ai raconté son histoire dans un de mes livres, «Dans le dos noir du temps». Il a abandonné Cuba en 1998 quand l’Espagne a perdu l’île. Il est mort pendant la traversée. Le seul texte de fiction que je possède de lui est un absurde roman qui s’appelle «Le Cuirassier de Froeschwiller», un roman avec pour sous-titre: «Une histoire de la guerre franco-prussienne». Ca date de 1878.
A travers cette collection, c’est aussi peut-être la présence d’écrivains disparus que vous recherchez. Ce sont vos fantômes?
Sans doute. En tout cas, je pense que, s’il y a un narrateur dans un roman, il devrait être un fantôme. C’est quelqu’un qui a déjà vécu, il est hors du temps, mais il n’est pas indifférent. Au contraire, il revient dans les endroits soit qu’il affectionne, soit au contraire où il doit se venger. Il peut avoir une certaine froideur parce qu’il n’est plus affecté par les choses, mais il manifeste de l’intérêt pour ceux qu’il a connus. Le point de vue du fantôme, dans un roman, est donc à mes yeux le meilleur et de loin.
Dans votre roman, «Ton visage demain», il n’y a pas de narrateur omniscient. Tout est incertain, volontairement approximatif. Pourquoi?
C’est à cause de la réalité d’aujourd’hui. Depuis une vingtaine d’années, la plupart des écrivains trouvent que le narrateur omniscient est naïf et injustifiable. La vision du monde est plus incertaine, plus fragmentaire. «L’Homme sentimental», qui date de 1986, est mon premier roman écrit à la première personne. Le narrateur a une idée très fragmentaire de ce qui se passe, et même de sa propre histoire. Il y a des zones d’ombre partout, y compris en nous-même. Le commencement du roman de Dickens, «David Copperfield», avec la naissance du héros, serait impensable aujourd’hui, parce qu’il n’y a plus de commencement véritable. Tout est désormais incertain.
On y perd aussi les repères moraux. Où sont le Bien, le Mal? C’est tout le tragique de votre nouveau roman…
Au début du livre, je dis qu’on ne devrait jamais rien raconter. Dans ce troisième volume, qui aurait pu s’appeler «Mon visage demain», le narrateur découvre qu’il est capable de faire des choses qu’il n’imaginait pas au début. Il commet un acte de violence mais il peut l’assumer car il l’a décidé. Ce qui le tourmente, c’est de permettre, par une action dont il ne mesurait pas les conséquences, un acte de violence. Ce qu’on fait sans le vouloir, ou sans le savoir, peut donner lieu à des conséquences néfastes qui sont les plus difficiles à accepter. Normalement, on pense que ce qu’on peut être amené à regretter le plus, ce sont des choses qu’on a décidées et pensées. Mais, dans le livre, j’avance l’idée que ce qui nous poursuit est ce que nous n’avions pas prévu.
Vous dites souvent que, lorsque vous écrivez, vous ne faites pas de plan, vous préférez ne pas savoir ce qui va se passer. La construction de «Ton visage demain» est si complexe qu’il est difficile de vous croire…
Il y a beaucoup d’écrivains qui écrivent avec une carte, et savent à l’avance ce qui va se passer. Ils connaissent le territoire qu’ils vont devoir traverser. D’autres, comme moi, préfèrent travailler avec une boussole, c’est-à-dire qu’ils ont une certaine idée de la direction - le nord - mais ils ne connaissent pas le trajet. Inventer vient du latin invenire, qui signifie découvrir. Ainsi, dans la troisième partie de ce livre, un de mes personnages, Custardoy, un copiste, prend une certaine importance. Il vient de mon roman «Un cœur si blanc». Quand j’ai fini le deuxième volume, je n’avais pas la moindre idée que j’allais inclure ce vieux personnage venu d’un précédent roman. A présent que le livre est fini, il paraît absurde d’envisager qu’il ait pu ne pas être présent dans le livre. Autre exemple, j’avais une scène qui se passe au Musée du Prado. Quand j’ai écrit la scène, je n’étais pas à Madrid, mais dans une petite ville où je passe souvent quelques semaines pour écrire. Je n’utilise ni l’ordinateur ni Internet. Je n’avais pas le catalogue complet de la collection du Prado. Je me demandais donc quel tableau pourrait être copié par Custardoy. On pourrait croire que j’ai finalement choisi la Comtesse de San Segundo du Parmigianino, parce qu’il y a l’autre tableau du Comte, qui est séparé d’eux, ce qui permet un parallèle avec le narrateur qui est séparé de ses enfants et de sa femme. En fait, j’étais dans cette ville et j’ai trouvé dans une des rares librairies un petit livre sur quarante chefs d’œuvre du Prado, et j’ai choisi un peu par hasard le tableau de la Comtesse. Ce n’est qu’en retournant à Madrid, et en allant voir la Comtesse en personne, que je me suis aperçu qu’il y avait aussi le mari, à part. On croira que c’était très pensé, mais c’était le hasard.
Votre écriture laisse sa chance au hasard?
Il y a bien sûr des éléments que je prévois, mais pas le tout. Je tiens aussi à une règle absurde qui est ne de pas toucher à la première version, une fois celle-ci écrite. Je travaille beaucoup chaque page, que je réécris quatre ou cinq fois, mais une fois qu’elle est terminée, je n’y touche plus. Si page 400 je découvre que, page 20, il aurait été plus malin d’écrire autre chose, il serait légitime de le faire, mais je me l’interdis. Ce que je recherche, c’est que les éléments qui sont rentrés par hasard ou par caprice dans le roman deviennent ensuite nécessaires. C’est une question éthique. J’écris mes romans en appliquant les mêmes principes de connaissance qui règlent la vie. Si à quarante ans vous décidez qu’à vingt ans vous vous êtes marié par erreur, vous ne pouvez pas revenir en arrière. Je suis cette règle dans mes romans, même si, je le répète, c’est à la fois absurde et un peu suicidaire.
C’est une affaire de sincérité?
Non, les romans ne sont pas sincères de toute façon. Ce sont des artifices. Je préfère dire que c’est un défi. Sinon, c’est trop facile. Tout le monde le fait, et je ne juge pas cette manière de faire. Godard disait que le travelling est une affaire de morale. En travaillant comme je le fais, j’ai le sentiment qu’il n’y a pas de truquage. Disons que j’essaie de résoudre les problèmes que je me suis créé sans effacer purement et simplement la difficulté.
Vous n’utilisez pas Internet mais que pensez-vous de Google et de la numérisation?
J’ai écrit un article il y a longtemps dans lequel je disais que chacun peut léguer indéfiniment, pendant des générations, les choses que l’on possède. Personne n’y trouve à redire. Mais un écrivain ou un compositeur n’a pas de droits sur ce qu’il a créé au-delà de soixante-dix ans. Il devrait y avoir une sorte de compensation pour ces auteurs et leurs descendants. Mais rien n’est prévu pour les artistes. Et maintenant, non seulement on ne cherche pas à les dédommager, mais on discute du droit des artistes pendant qu’ils sont en vie. En Espagne, beaucoup de gens disent: la culture doit être gratuite. Mais si c’est le cas, pourquoi pas le pain, les taxis etc. C’est une situation absurde.
Vous pensez qu’Internet est synonyme de spoliation pour les artistes?
Quand j’étais très jeune, j’ai volé quelques livres, comme la plupart des gens de ma génération. Mais nous savions, quand nous volions un livre, que le créateur n’était pas spolié. Ca nous tranquillisait. On savait qu’on n’allait ruiner ni l’auteur ni le libraire. Aujourd’hui, c’est massif. Et ça va contre les auteurs. La contradiction est totale. Les internautes sont passionnés de culture et d’art. Ils aiment tellement les chansons et les films, les séries et les livres, qu’ils ne peuvent pas vivre sans eux. Mais, en même temps, ils détestent les créateurs. Nous, nous aimions Hitchcock et Nabokov. Nous aimions les artistes.
A propos de Nabokov, que pensez-vous de la publication, contre sa volonté, de son roman posthume, qui sera publié en France en avril?
Je ne l’ai pas lu encore. Il y a en général une obsession, une superstition presque, avec les inédits. Il est rare que ces inédits soient particulièrement bons, mais la presse y accorde une importance majeure. Si demain on découvre un tout petit texte de Flaubert, la presse va lui donner plus de crédit qu’à «Madame Bovary». C’est absurde. Je ne suis pas non plus d’accord avec la publication posthume des lettres d’écrivains. Je les achète, quand c’est un auteur que j’aime bien. Mais je ne suis pas sûr que l’on doive le faire. Normalement, ce ne sont pas des lettres écrites pour être publiées. Mon père est mort il y a quatre ans. Il était écrivain et philosophe, et il était le disciple principal de Ortega y Gasset, le philosophe. Mes frères et moi, nous avons retrouvé des lettres de Ortega à mon père, et aussi à ma mère. Que faire? Les publier? Je suis sûr qu’il n’aurait pas voulu qu’on le fasse, mais les détruire me semble aussi un peu sauvage. Nous verrons.
DIDIER JACOB
Le Nouvel Observateur, 28 Janvier 2010
Artículos en papel:
“Sevices secrets à Londres” de Chloé Brendlé en Magazine Littéraire, Janvier 2010
“Journal en public” de Maurice Nadeau en La Quinzaine Littéraire, 16-31 Janvier 2010
Ton visage demain III. Poison et ombre et adieu en Lire, Février 2010
Javier Marías a achevé sa trilogie de «Ton visage demain». On ne trouve aucune autre entreprise contemporaine à laquelle comparer cette construction borgésienne d’un livre infini.
On ne peut sortir totalement rassuré d’un entretien avec Javier Marías. Ce n’est pas sa courtoisie anglo-ibérique qui est en cause ; ni ses talents de polyglotte qui lui permettent même en français, d’aller chercher le plus précis de la pensée ; ni sa disponibilité qui lui vaut de se souvenir de votre nom des années après une précédente rencontre. Non. Il ne s’agit pas de tout cela. Dans ce grand bureau lambrissé au coeur de Paris, une curieuse impression ne vous lâche jamais. Désormais, Javier Marías entre et sort de son livre à loisir et devient à tout moment le narrateur du roman et votre interlocuteur. Voilà huit ans et 1 400 pages que Jacques-Jaime Deza, héros de «Ton visage demain», nous a donné rendez-vous. La trilogie est aujourd’hui achevée. Chacun des volumes rassemble deux ou trois livres. Il s’agit d’une histoire inscrite dans un temps dilaté que l’on peut après tout facilement résumer. Jaime Deza est engagé à Londres par le MI6, cellule secrète du renseignement britannique comme agent. Son talent, assez vite décelé par un de ses vieux amis anglais, Sir Peter Wheeler, est de deviner qui se cache en vous. Quel est l’homme que vous êtes vraiment? Qui serez-vous demain? Lâche ou glorieux. Traître ou fidèle. Poltron ou courageux. Et dans le même temps se déroule la vie de Jaime Deza, partagée entre la femme quittée à Madrid, Luisa, et la jeune Pérez-Nuix, entre les souvenirs du vieux Wheeler et les conseils du trouble Trupa, maître en formation. Ce cheminement, emboîté dans d’autres vies, dans d’autres intrigues que l’on pourrait dérouler ainsi à l’envi, sert de trame à l’ensemble des récits.
Dans ce dernier tome -qui vient de paraître en France, après avoir remporté un énorme succès en Grande-Bretagne- Jaime Deza, revenu à Madrid, clôt cette parenthèse. Il découvre à son tour qu’il peut être également autre. La violence qui est en lui suffit à le transformer en un ange de la mort qui lui était, croyait-il, étranger.
À la vérité, on ne trouve aucune autre entreprise contemporaine à laquelle comparer cette construction borgésienne d’un livre infini. Javier Marías a mis tout ce qu’il est et tout ce vers quoi il voulait tendre. Son roman est celui d’un grand horloger qui joue avec la pâte molle du temps, qu’il étire à loisir, ramasse et retourne par circonvolutions. Javier Marías ne l’explique pas. À peine consent-il à dire «qu’il est possible d’écrire un roman-fleuve qui se déroulerait pendant beaucoup d’années et beaucoup de générations, mais que là n’était pas son propos.» On conçoit que chacun des êtres possède leur double inconnu, fidèle en cela à une conception même de l’écrivain selon laquelle «nous sommes également composés de ce que l’on a fait ou de ce que l’on aurait pu faire.»
Universalité
À ce jeu avec le temps s’ajoutent la distorsion et l’ambiguïté de la langue. Quand on le questionne à propos des noms de ses protagonistes, Javier Marías affirme qu’il ne s’est pas aperçu que le patronyme de Deza -ce tendre Jaime qui se change en exterminateur en toute fin de récit- ne peut se dire en anglais qu’en prononçant «death» (mort). Ou mieux, qu’il eut l’idée de baptiser le cynique inspirateur du bureau secret britannique, M. Trupa, soit celui qui donne le tempo, du nom d’un véritable réparateur de montres anciennes chez qui il amena la sienne à Bath (Angleterre).
Ajoutez à cela que l’ensemble des trois volumes sont de perpétuelles réminiscences des livres antérieurs. Que l’on y retrouve des citations et des titres. Que le sombre Curtadoy arrive en droite ligne d’un précédent ouvrage, «Un coeur si blanc». Que Javier Marías affirme qu’il ignorait la veille encore d’écrire son nom qu’il le ferait revivre. On comprend alors que cette oeuvre s’apparente à une création d’alchimiste, un miracle d’équilibre qui parle de la mémoire, de l’amour et de l’altérité. Qui voudrait être universelle.
Pourquoi mettre un point final, demande-t-on à l’auteur? Il répond sagement : «Je ne savais pas un mois plus tôt que mon livre allait être terminé. Quand il s’est arrêté, j’ai eu une immense impression de vide, je me suis retourné sur huit ans de ma vie. Épuisé. Physiquement et intellectuellement. Aujourd’hui quand j’écris, je me demande qui sont ces intrus, ces gens-là qui s’invitent sous ma plume. Où sont passés mes vieux compagnons Trupa, Wheeler, Deza et Curtadoy. Ils me hantent.» C’est l’auteur qui le dit dans ce grand salon vide du VIe arrondissement. Voilà pourquoi, quand on rencontre cet écrivain-là, on a l’impression d’être dans son roman. Un autre univers. Un autre temps. Tout ce qui est de l’ordre d’un créateur.
YVES HARTÉ
Sud Ouest, 24 Janvier 2010
Hoy jueves, 14 de enero, Javier Marías será entrevistado en Radio France Culture, a partir de las 12 horas, por Arnaud Laporte en el programa “Tout arrive”.
Y en Radio France Internationale, a las 13,45 horas, charlará con Jordi Batallé.
Face à face. Rarement expression aura été plus appropriée. Quand Javier Marías vous ouvre la porte de son appartement, dans un immeuble médiéval du centre historique de Madrid, il est impossible de ne pas le fixer avec attention. Non pour s’assurer qu’on ne s’est pas trompé d’étage. Ou parce qu’on a appris à regarder dans les yeux les gens que l’on salue. Mais parce qu’on arrive tout imprégné de ses livres et que, pour cette raison même, on se prend soudain, comme son héros, à détailler et “interpréter” chaque visage…
Un ovale parfait, trois rides bien parallèles barrant un front un peu dégarni de quinquagénaire, une paupière légèrement tombante… Se peut-il que tout cela puisse, comme on dit, “faire sens” ? Plus tard, alors qu’il est assis dans le canapé du salon et propose du chocolat noir, l’idée revient avec insistance. Menton, joues, sourcils, oreilles… Comment un simple assemblage de chairs peut vraiment dire, prédire ou trahir quelque chose ?
Depuis plus de huit ans, Javier Marías travaille sur le visage. Aucun lien avec la moindre démarche morphopsychologique ou physiognomonique douteuse ! Aucun rapport non plus avec l’oeuvre de Levinas, pour qui le visage de l’autre nous investit d’une responsabilité. Non. Ton visage demain, une trilogie commencée en 1998, est bien d’abord une entreprise romanesque - touffue, complexe, très complexe même parfois et qui sollicite sans cesse le lecteur -, mais où, comme le titre l’indique, le visage joue un rôle central. On peut le comprendre, d’ailleurs. Le visage n’est-il pas au fond le thème privilégié de l’art depuis le paléolithique ? Celui qui hante le dessin, la peinture, la sculpture depuis La Dame à la Capuche de nos lointains cours de préhistoire ?
En littérature, ce motif est sans doute moins présent, et l’approche de Marías n’en est que plus singulière. Dans les trois tomes de Ton visage demain, le héros-narrateur, Jaime, a la capacité de percer à jour les êtres en observant leurs traits et en imaginant la façon dont ils vont vieillir, bref de les “voir” vraiment, de les jauger, de savoir - c’est ce qui obsède Marías et son narrateur par-dessus tout - s’ils se comporteront plus tard en héros ou en lâches.
“La lâcheté. Oui, Pérez Nuix avait raison : on ne sait presque jamais ce que c’est, remarque Jaime, page 110. Elle ne se présente jamais à l’état pur. Le plus souvent (…), il n’y a pas moyen de la séparer de l’ensemble de ce qui nous constitue, de l’arracher au noyau de chacun de nous, ni de l’isoler.” Sera-t-on fort ou faible ? En général, nul n’en a la moindre idée, surtout pour soi-même. Et Marías note qu’il est d’ailleurs “oppressant d’ignorer cela et de savoir en plus qu’on ne l’apprendra jamais. Mais, dit-il, c’est ainsi que nous vivons”.
Jaime, lui, sait. A force de déshabiller les âmes, et “aussi fuyante que soit la lâcheté”, il ne la laisse pas échapper, il la capture. A travers “son visage demain”, il a cette faculté étrange de dire à (ou de) quiconque : “Tu es celui qui trahira. Tu es Judas. Tu es Iago…”
D’où vient donc cette étrange obsession ? Certes, dans de nombreux romans précédents, Marías procédait déjà par associations d’images ou d’idées - Un coeur si blanc (Rivages poche, 2004), Demain dans la bataille pense à moi (Rivages, 1996). Mais la trahison ? Avant de se lancer dans l’explication - et peut-être parce qu’il s’agit d’un passage délicat de son histoire familiale -, Javier Marías allume une nouvelle cigarette. Puis : “C’est un des principaux désirs que nous avons tous, dit-il, savoir de quoi l’autre est capable. Peut-être parce que nous avons tous expérimenté la déception ou la trahison. C’est exactement ce qui est arrivé à mon père, pendant la guerre civile espagnole… ” Marías explique comment son père, le philosophe et sociologue Julian Marías, mort en 1995, a été trahi par son “meilleur ami”, qui, pendant la guerre d’Espagne, le livra aux phalangistes comme “agent de Moscou”.
Le destin du père, la façon dont il a meurtri le fils, est donc ce qui sous-tend toute l’entreprise de Ton visage demain. Et cette interrogation qui revient comme un leitmotiv : “Comment peut-on ne pas voir (…) que celui qui finira et finit par nous perdre nous perdra ?, écrivait déjà Marías dans le premier tome, Fièvre et lance. Comment puis-je ne pas connaître aujourd’hui ton visage demain, celui (…) que tu ne me montreras que lorsque je ne m’y attendrai pas ?” Plus loin, il ajoutait : “Rare est la confiance qui n’est pas trahie tôt ou tard, rare est le lien qui ne s’emmêle pas ou ne fait pas de noeuds, et alors il finit par être trop serré et il faut tirer son couteau pour le trancher net.”
Quand on demande à Marías quel type d’existence on peut mener lorsqu’on est ainsi habité par le doute et la méfiance constante envers autrui, il préfère botter en touche. Expliquer, comme dans son livre, que le personnage de Jaime est aussi une métaphore de l’écrivain. “Aussi brillant et heureux qu’il ait été, le passé nous semble entaché d’ingénuité, note-t-il. C’est pourquoi il comporte toujours un élément d’irrémédiable fadaise, et nous fait sentir honteux d’être resté dans les nuages, d’avoir cru alors ce qu’aujourd’hui nous savons être faux, ou qui ne l’était peut-être pas, mais ne l’est plus, pour n’avoir ni résisté ni persévéré. L’amour qui semblait solide, l’amitié dont nous ne doutions pas…”
A cet égard, Jaime est comme l’écrivain, celui qui a les yeux décillés parce qu’il connaît le dénouement de l’histoire. Même si, précise Marías dans son français impeccable, “j’applique à l’écriture de mes romans le même principe de connaissances qui règle la vie”. Traduction ? “A 40 ans, on peut regretter de s’être marié avec telle personne ou d’avoir choisi tel métier, mais il faut s’y tenir. En littérature, c’est différent. Un romancier, lui, peut changer la page 10 si, page 300, il s’aperçoit qu’elle ne lui convient plus. Or moi, je ne fais pas cela. Je m’applique au contraire à rendre nécessaire ce qui, au début du livre, a pu me venir par hasard. Je le fais parce que ça m’amuse, c’est un défi supplémentaire. D’ailleurs, dans cette trilogie, il y a depuis le premier tome une tache de sang. On a beau frotter, il reste toujours une auréole. Preuve qu’on n’efface jamais rien.”
Parvenu au terme de son énorme trilogie, Marías avoue un sentiment de “videment”, comme il dit. Ses personnages lui manquent. Même Jaime ? “Personne n’aime savoir à l’avance. Cela nous fait horreur, une horreur biographique et une horreur morale”, écrit-il à la fin du livre. A moins, suggère-t-il, que “personne n’ose reconnaître qu’il voit ce qu’il voit”. Ce n’est peut-être pas faux.
Depuis qu’on a lu et rencontré Marías, on a beau se montrer vigilant et regarder les visages, force est d’avouer que souvent on n’y voit rien. On n’y apprend rien. Et peut-être est-ce mieux comme cela ?
FLORENCE NOIVILLE
Le Monde des Livres, 7 janvier 2010
Ton visage demain. Tome III : Poison et ombre et adieu, de Javier Marías : quand le “roman sans fin” s’achève
Il disait que ce serait “un roman sans fin”. “Du type dont le Quichotte ou La Recherche seraient l’exemple.” Un livre sur la mémoire, l’amour, la peur, la violence, l’autre… Comment pareil ouvrage pourrait-il d’ailleurs s’achever ? Aujourd’hui, Javier Marías vient pourtant de mettre un point final à Ton visage demain, une trilogie de près de 2.000 pages, à laquelle il travaillait depuis 1998. “Comme disait Borges, le point final, on le met sûrement par fatigue !”
Avec d’innombrables sauts, digressions, dilatations de la pensée et des phrases, ce troisième tome, comme les précédents, fourmille d’histoires dans l’histoire. On y retrouve Jaime - alias Jacobo ou Jack -, agent du MI6 à Londres, travaillant pour l’énigmatique Tupra au sein d’une mystérieuse équipe de traducteurs-analystes-espions où ses talents d’interprète des visages font merveille - il doit rendre “des avis sur les gens, dire s’ils peuvent être utiles ou non et à quoi”. En l’occurrence, le voici aux prises avec la superbe Pérez Nuix, dont le bas file de façon troublante à mesure que la nuit avance. De fil en aiguille, pris dans un imbroglio madrilène, l’agent secret philosophe finira par découvrir une vérité essentielle le concernant, c’est-à-dire par voir son propre visage demain.
FLORENCE NOIVILLE
Le Monde des Livres, 7 janvier 2010
En la web Guardian.co.uk se puede ver la entrevista que Richard Lea hizo a Javier Marías en su viaje a Londres en noviembre con motivo de la publicación en el Reino Unido del tercer volumen de Tu rostro mañana, traducido al inglés por Margaret Jull Costa: Poison, Shadow and Farewell y editado por Chatto & Windus.
Y en la web de la The New York Public Library se puede ver la conversación mantenida, el 3 de diciembre, entre Paul Holdengräber y Javier Marías a causa de la publicación en Estados Unidos, por la editorial New Directions, de Your Face Tomorrow 3. Poison, Shadow and Farewell.
Exclusive Q&A: Spanish Author Javier Marías
Javier Marías is the most important intellectual figure that you’ve probably never heard of. The Spanish author, translator, and columnist has published 14 books (11 of which are available in English), translated everyone from Thomas Hardy to Joseph Conrad to Vladimir Nabokov, and has been profiled and reprinted in such publications as The New Yorker, The Believer, and The Threepenny Review, but is somehow still not a household name. Ahead of a speaking engagement with already-a-household-name-author Paul Auster at the 92nd Street Y tonight, Marías chatted with Flavorpill about how translations can actually improve books, the Spanish authors you should be reading, and what it’s like being the king of a tiny, uninhabitable Caribbean island.
Flavorpill: A lot of literature tackles unanswerable questions and subjects — what is the purpose of writing for you?
Javier Marías: I think it was Faulkner who once said that when you strike a match in a dark wilderness it is not in order to see anything better lighted, but just in order to see how much more darkness there is around. I think that literature does mainly that. It is not really supposed to “answer” things, not even to make them clearer, but rather to explore — often blindly — the huge areas of darkness, and show them better. So in my opinion it does not really matter if subjects are unanswerable (all of them are, possibly), as literature is not expected to solve riddles or mysteries, but just to show them — perhaps putting them in a slightly new light, perhaps calling attention to overlooked aspects of them.
FP: Do your dual roles as a writer and an English-Spanish translator intersect?
JM: I have not translated a book in the last 20 years or so. Writing and translating are too similar to cope with at the same time. What I can say is that translation is the best possible school for a writer. If you are capable of “rewriting” acceptably (that is what a translator does, he or she rewrites) texts by Laurence Sterne or Joseph Conrad or Thomas Browne, it means you have learned a lot, it means that your instrument or tool is ready for rather ambitious enterprises. Of course, translating does not give you talent or imagination, but it tunes your instrument — language — and that’s a lot.
FP: What is it like to have your work translated into English by someone else? Have you ever considered translating your own work?
JM: I would never try to translate my own work. It would be terribly boring — I already write and rewrite and correct so much in Spanish that it would become a never-ending task. Luckily I have a wonderful English translator, Margaret Jull Costa — and Esther Allen was excellent too with Dark Back of Time. They send me lists of queries and doubts, and by the quality of them I see that my texts are in very good hands. In the past, when I had more free time, I supervised translations into the languages I know (English, Italian, French), but I cannot do that any more. I trust my translators and help them when they find themselves in distress, as I would have loved to be able to ask Conrad, Sterne, or Yeats what the devil they meant here or there. On the other hand, I think that translations tend to improve the originals — when they are good, that is. Sometimes I feel that my novels must sound better in English, Korean, or Hindi than they do in Spanish.
FP: Why do you think so many American readers are unfamiliar with Spanish literature?
JM: I suppose there are several reasons for that. The United States translates very few books, all in all, as literary production in English is enormous. On the other hand, during all the long years of Franco’s dictatorship, the Spanish literary output was not extraordinary, so there has been a long period of ignorance about my country. It is not easy to get accustomed to the existence of a country after so many years of forgetfulness, as it were. Also, because of geographical reasons, the United States has been more interested in the literature of South America, which seemed more attractive and exotic.
Spain is — and always has been, despite our anomalies — a European country like most others. The country has more to do, in my opinion, with France, Italy, or even Great Britain than, say, with Mexico or Argentina. It is not easy for an American audience to see and accept that. Perhaps they still expect bullfighters and gypsies with knives in their stockings in most Spanish literary works. Nowadays, our literature is very varied and some authors are really worth reading: from the past La Regenta should be better known, and from the present Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Arturo Pérez-Reverte, and Antonio Muñoz Molina should be better read.
FP: You are currently the “king” of Redonda and have even granted “titles” to other famous literary figures and filmmakers. Can you please explain the concept behind the uninhabitable island’s history and its monarchs?
JM: Redonda’s old motto is “Ride si sapis,” which is Latin for “Laugh if you know how to,” more or less. The second “king” of Redonda, the poet/drunkard/beggar John Gawsworth, created an “intellectual aristocracy” or “literary nobility” and gave titles to peers like Dylan Thomas, Lawrence Durrell, Henry Miller, and Vincent Price. I thought I should follow the tradition and the joke, and all “my” peers have understood the jovial character of the legend. Some of them I created directly, some others have become “dukes” or “duchesses” after winning the Realm of Redonda Prize, which is given yearly by the other peers. Winners so far have been: J.M. Coetzee, John H. Elliott, Claudio Magris, Eric Rohmer, Alice Munro, Ray Bradbury, George Steiner, Umberto Eco, and Marc Fumaroli. The jury includes John Ashbery, Pedro Almodóvar, William Boyd, Francis Ford Coppola, A.S. Byatt, Antony Beevor, Mario Vargas Llosa, as well as the previous winners. I don’t think there is a more prestigious jury in the world. I don’t vote in order to keep it so — I just organize and fund the prize. The winning “dukes” and “duchesses” are distinguished authors and filmmakers, and, as Redonda is a bilingual “kingdom,” their works must be available in English and in Spanish. Fortunately there are no subjects, and peers have no duties whatsoever — not even that of loyalty. As in all good kingdoms, they are allowed to conspire.
FP: If you could have five books on a desert island — say, for example, Redonda — what would you bring and why?
JM: Five is very generous, as most people usually just allow one book on desert islands. To be sure, Shakespeare’s works, from which I have taken four or five titles for my novels and stories; Cervantes’ Don Quijote, because it is a very long, re-readable book, and also to be in touch with good Spanish; Sterne’s Tristram Shandy because it makes you laugh often and because it would help me recall my youth when I translated it into Spanish (I was about 25 then); T.S. Eliot’s poetry, as it is very good to be read aloud; Jorge Manrique’s Coplas a la muerte de mi padre because it is one of the most moving books of poetry I have ever read — or re-read.
CHELSEA BAUCH
Flavorpill, 30 November 2009
Encuentro literario en Nueva York:
Javier Marías-Paul Auster
Hoy 30 de noviembre, a las 20 horas, en 92nd Street Y (92Y), Lexington Avenue, los escritores Javier Marías y Paul Auster conversarán de literatura y de sus últimas obras publicadas en Estados Unidos. Paul Auster será presentado por Rick Moody y Javier Marías por Wyatt Mason.
El Ministerio de Cultura anunciará hoy el ganador del Premio Cervantes
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, anunciará esta tarde el nombre del ganador del Premio Cervantes 2009, para el que han sido presentados como candidatos los escritores José Emilio Pacheco, Nicanor Parra, Ricardo Piglia, Isabel Allende y Fernando del Paso, entre otros.
Este premio, el más importante de las letras hispanas, está dotado con 125.000 euros y fue creado en 1975 por el Ministerio de Cultura para rendir anualmente testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.
Si se respeta esa ley no escrita que reparte alternativamente el premio entre hispanoamérica y España, este año debería recaer en un escritor americano ya que en 2008 lo ganó el novelista español Juan Marsé.
En ese caso, podrían ganar el prestigioso galardón el mexicano José Emilio Pacheco, que hace unos días recogió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el chileno Nicanor Parra, o el argentino Ricardo Piglia.
En esta edición también han sido presentados como candidatos el mexicano Fernando del Paso, la chilena Isabel Allende, el argentino Tomás Eloy Martínez, el nicaragüense Sergio Ramírez, el mexicano Homero Aridjis, y la uruguaya Ida Vitale, entre otros muchos.
Y si el jurado rompiera la ley no escrita y optara por un español, el nombre de Ana María Matute, finalista en múltiples ediciones, debería encabezar la lista de candidatos españoles en la que también figurarían Francisco Nieva, José Manuel Caballero Bonald, los hermanos Juan y Luis Goytisolo y Javier Marías.
El Premio Cervantes ha distinguido hasta ahora a dieciocho escritores españoles y dieciséis latinoamericanos. Y sólo en dos ocasiones ha recaído en una mujer: la española María Zambrano, en 1988, y la cubana Dulce María Loynaz, en 1992.
Los candidatos pueden ser propuestos por los anteriores premiados, por instituciones vinculadas a la lengua castellana y por las Academias de la Lengua. La Real Academia Española apuesta este año por Luis Goytisolo, Emilio Lledó y Javier Marías.
La composición del jurado del Cervantes, de once miembros, se mantiene siempre en secreto hasta el día del fallo, pero al menos se sabe que formarán parte de él los dos últimos ganadores: Juan Gelman y Juan Marsé.
EFE/ADN, 30 de noviembre de 2009
The Spanish novelist Javier Marías appeared this week at London’s Southbank Centre, where he answered questions about the final part of his “novel in three volumes” Your Face Tomorrow, a country-hopping mixture of spy thriller, love story, comic novel and Proustian study of memory which in the Spanish editions adds up to 1,600 pages. Interviewed by Sam Leith, Marías contrasted himself with authors who “write with a map, so on the way they know they’ll find some cliffs, a desert and so on; I just have a compass, and I know I’m going north, let’s say, but what I find is a surprise.” What had he found most surprising in Your Face Tomorrow? “The length,” he replied to laughter, adding that only one more volume was expected when he published the first.
“I write and rewrite so much, between two and five times, but then don’t revise it again.” This is because he has a “suicidal” policy of banning himself from going back to material even if he knows it’s flawed. “I apply the same principle we adopt in life. We may wish at 40, for example, that we hadn’t married this person when younger, but it’s part of our life. Most authors would change the mistake, but I stick with it, I make it necessary.”
This month’s Bookslut interview (bookslut.com/features) is with Marías’s English translator, Margaret Jull Costa, who seems unfazed by working with an author who is not only a prolific translator of novels (including Tristram Shandy) from English into Spanish, but also often makes his narrator a translator or -as in the Impac prize-winning A Heart So White- an interpreter. Jull Costa outdoes him, revising her versions “nine or 10 times” , and makes no complaint about the writer’s wordiness. “It requires lots of rereading and rewriting,” she says, “but it’s very satisfying when one of those page-long or two-page-long sentences really works in English with no loss of cogency”.
JOHN DUGDALE
The Guardian, 14 November 2009
Javier Marías tiene un cuadro que cobra vida en el salón de su casa madrileña. Es un pueblo decimonónico envuelto en las sombras de la noche a orillas de un río, pero que dependiendo de la luz y de dónde se mire desvela detalles de su mundo. Debajo de este Keller-Reutlingen, el escritor y académico, con gafas redondas y sentado en el borde del sofá con los codos apoyados en las rodillas, da pistas sobre la nueva novela que ha empezado, “la más pesimista de todas”, narrada y protagonizada por una mujer, y se explaya acerca de Tu rostro mañana (Alfaguara), traducida a 16 idiomas, que se edita por vez primera en un solo volumen.
Un proyecto literario que empezó a publicar en 2002 y que a medida que escribía fue creciendo hasta convertirse en tres partes, en 2007, y es considerado por muchos como su obra cumbre. Esta nueva edición de 1.328 páginas coincide con la salida del tercer tomo en otras lenguas, como inglés, holandés o francés. Las críticas siguen la línea elogiosa de los dos anteriores. Entre ellas se cuenta la del escritor Anthony Beevor para The Sunday Telegraph.
Con voz pausada, Marías (Madrid, 1951) habla de su obra y de sus proyectos. Una especie de monólogo que bien podría dividirse en las siete palabras que conforman los subtítulos con que fueron publicadas las tres partes de Tu rostro mañana.
» Fiebre. “Es bueno leer el libro como en gran medida es, una sola novela. Siempre dije que no era una trilogía, sino una misma obra en tres partes. Si he dicho que no es del todo una sola novela es porque el comienzo de cada tomo me supuso un esfuerzo equiparable al de empezar una nueva novela. Ha habido ahora alguna pequeña enmienda, alguna errata que se había despistado, y uno o dos errores que había cometido. El libro es el mismo para los lectores a los que les gustan las novelas largas, a mí no”.
» Lanza. “Cuando escribía Tu rostro mañana tenía la sensación de estar haciendo algo difícil, que me costaba esfuerzo… sin saber que iban a resultar tres volúmenes, y pensaba: ‘Esperemos que lo logre terminar’. Ahora, al cabo de dos años de haberla concluido, no puedo evitar la sensación de que no ha sido suficiente… Me suele ocurrir que el mero hecho de haber terminado un libro lo disminuye a mis ojos, le quita valor, porque me digo: ‘Si lo he logrado no debía de ser tan difícil, ni tanta la complicación como me parecía, por lo cual tampoco tendrá tanto mérito’. Envidio a otros escritores que están satisfechísimos”.
» Baile. “Uno siempre agradece los elogios, estimulan. Pero no se pueden tomar en serio. A veces no puedo por menos que verlos como una exageración. Siento una especie de desdén hacia lo que ya he logrado. Tiene que ver, aunque no exactamente, con la frase de Groucho Marx: ‘No pertenecería a un club que estuviera dispuesto a admitirme como miembro’. Uno tiene que aceptar lo que digan los demás sobre lo que publica, y no protestar, aunque en casa pueda decir lo que quiera”.
» Sueño. “Nunca busco temas literarios o que queden bien. Siempre escribo sobre las cosas que me preocupan. Todo el mundo se ha interesado por la naturaleza del secreto, el engaño, la persuasión, el azar, la mentira o la sospecha, que es muy desasosegante. Quién no ha sufrido una traición o la ha cometido con pequeñas cosas o defraudado o decepcionado. Y la traición está ahí. Pero hay que ir de buena fe. En mayor o menor grado las relaciones humanas están expuestas a la decepción y también a la ratificación de lo bueno. Hay cosas que nunca son transparentes, ésas son las zonas que me interesa explorar, y quizá también las que dan una dimensión dramática. Soy de los que cree, como Faulkner, que los escritores seguimos escribiendo sobre lo mismo desde Homero”.
» Veneno. “Veo el mundo muy decadente. Basta con mirar alrededor. Berlusconi, Sarkozy, los Kirchner, Chávez o la corrupción en España. Gente mediocre y desfachatada. Tengo la sensación de un envilecimiento general de las poblaciones. Ojalá no tenga nada que ver con lo que se produjo en los años treinta. Ahora hay una especie de pragmatismo, de falta de escándalo; una tendencia a darle importancia a lo que no lo tiene y a no dársela a lo que quizá sí”.
» Sombra. “He empezado una nueva novela y me siento muy inseguro. Es de dimensiones normales, sencilla, quizás la más pesimista de las que haya escrito. Tal vez por haber estado ocho años en compañía de los personajes de la anterior y su mundo, ahora tengo la sensación de extrañeza frente a estos nuevos. No me preocupa que se siga hablando de Tu rostro mañana como una obra de referencia mía. Uno nunca sabe lo que va a quedar, si es que queda algo, porque no importa el esfuerzo o pasión que ponga el autor en cada uno de sus libros, no depende de él”.
» Y adiós. “En Reino de Redonda sigo publicando dos o tres libros anuales. En la Academia estoy a gusto, y desde la comisión donde estoy hemos logrado salvar alguna palabra del diccionario. Uno de los problemas es que está en desuso casi todo. El vocabulario de la gente es más limitado de lo que ha sido nunca. Sería bueno que se empezara a usar palabras olvidadas para recuperar varias de ellas”.
WINSTON MANRIQUE SABOGAL
El País, 19 de noviembre de 2009
Su prosa prolija e hipnótica ha sido traducida a 37 idiomas. Con más de cinco millones y medio de libros vendidos es, probablemente, el escritor español vivo más prestigioso fuera de nuestras fronteras. El Nobel es solo cuestión de tiempo…
Javier Marías recibe al equipo de GQ en su apartamento del centro de Madrid como quien abre las puertas de su reino literario (y tiene uno, el de Redonda) a una invasión bárbara. Penetramos en la abigarrada guarida del escritor, llena de estanterías colmadas de volúmenes, soldaditos de plomo, recuerdos de todo tipo y montañas de libros apilados, como un elefante en una cacharrería. ¡Que nadie rompa nada, por favor!, le espeto a mis compañeros, cargados de trípodes, flashes y maletas, mientras observo con cierto arrobo la vieja máquina de escribir que dormita en un despachito (Marías, como ha reconocido muchas veces, desconoce las virtudes del ordenador y es un analfabeto cibernético). De ese objeto al que Bukowski definió como la ametralladora del escritor han salido las páginas de Corazón tan blanco o su aclamada última trilogía, Tu rostro mañana. Si te concentras, casi puedes oler la tinta de las palabras flotando entre las volutas de humo de los cigarrillos que e! novelista encadena, uno tras otro, mientras hablamos.
“Estoy pensando en dejarlo”, aventura con escasa convicción mientras aspira una honda calada por indicación de nuestro fotógrafo. Tal vez, creo, a los 58 años todo hombre sensato debería plantearse abandonar sus vicios. No está entre los suyos el del matrimonio: su casa es la casa de un hombre soltero. Tampoco el de los hijos, “aunque he tenido muchas novias -precisa-, y ahora tengo una también, aunque a mi edad la palabra ya suene un tanto absurda. Nunca he tenido la sensación de que la escritura me impidiera vivir y, desde luego, no he concebido mi profesión como un sacerdocio” .
Sacerdocio o no, lo cierto es que su relación con la literatura es de una precocidad inusual. Publica su primera novela, Los dominios del lobo, con tan solo 19 años. Travesía del horizonte, su segunda incursión en el género, ve la luz tan solo 12 meses después.
No obstante, la fama y el reconocimiento internacional no le llegan hasta la publicación de Todas las almas, una novela pseudo-biográfica ambientada en Oxford cuyos personajes han transitado el universo de Marías a través de los años y las obras. Su anglofilia apenas disimulada (ha escrito también excelentes traducciones de Conrad, Faulkner o Sterne), le ha deparado no pocas críticas. “Ya sabes que a mí, durante mucho tiempo, y aún hay mucha gente que lo dice, me han negado incluso la españolidad, han dicho que soy un escritor inglés que escribe en español, que mi literatura parece una traducción del inglés”.
“En general, tengo mejor prensa fuera de España que en España, y he recibido más premios en otros países que aquí -constata-. Hay que tener en cuenta que este país es tradicionalmente tirando a rácano. Pero bueno, en mi caso prefiero que mis cosas no causen una aceptación tibia. Me parece preferible tener lectores muy entusiastas y detractores muy furibundos a resultar indiferente”.
Desde abril de 2008, ocupa el sillón R de la Real Academia (”lo más parecido que hay en España a un club inglés”, bromea), honor que solo aceptó tras la muerte de su padre, el filósofo Julián Marías; y su nombre suena ya entre los candidatos al Nobel.
Entretanto, escribe su columna semanal en el dominical de El País y trabaja ya en lo que podría ser su próxima novela, protagonizada, por primera vez, por una mujer: “Aún no sé si llegará a ser una novela o no; tras mi última trilogía acabé tan cansado que me lo estoy tomando con calma”.
HÉCTOR IZQUIERDO
GQ, Especial aniversario, noviembre de 2009

Marc Fumaroli ganó esta primavera el Premio Reino de Redonda, que también poseen Coetzee, Elliot, Magris, Rohmer, Munro, Bradbury, Steiner y Eco. Foto: Daniel Mordzinski
El autor de libros como Las abejas y las arañas es uno de los intelectuales más críticos y polémicos con la sociedad cultural y las expresiones artísticas contemporáneas. Historiador y académico francés, ha sido distinguido con el Premio Reino de Redonda por su recuperación del pasado, y ha adoptado el título de Duke of Houyhnhnms. París-New York et retour es su último libro
Marc Fumaroli (Marsella, 1932), escritor, historiador, miembro de la Academia Francesa, abomina de lo moderno por lo moderno y de lo políticamente correcto por definición. Atildado, cultísimo, ceremonioso y elegante, recibe a EL PAÍS en un despacho del Collège de France, del que es profesor honorario. Desde hace años, el amable y educado estudioso del arte y la retórica se ha convertido en un brillante y ácido crítico de la sociedad cultural del presente más rabioso y de sus manifestaciones artísticas contemporáneas, de las que él, por lo general, abomina explicando el porqué. Su polémico libro El Estado cultural (Acantilado) da fe de su preocupación por el mundo en el que vive. Recientemente, ha ganado el Premio Reino de Redonda, que concede desde 2001 la editorial del mismo nombre, del escritor Javier Marías.
PREGUNTA. ¿Contento con este premio?
RESPUESTA. No sólo contento: muy orgulloso. El jurado está compuesto por personalidades internacionales de calidad e independencia absolutas. Es más que el Nobel, porque al jurado del Nobel no lo conoce nadie y está influido por lo políticamente correcto. Y este jurado es completamente incorrecto.
P. ¿Por qué ha elegido como título del Reino de Redonda el de Duke of Houyhnhnms? (en referencia a “aquellos caballos de Los viajes de Gulliver, de Swift, ‘que nos hacen avergonzarnos de nuestra humanidad”).
R. Porque adoro Los viajes de Gulliver, un gran libro irónico. Creo que Schopenhauer sostenía que los tres grandes libros alegóricos del mundo son El Quijote, Los viajes de Gulliver y El Criticón de Gracián. En Los viajes…, Gulliver descubre toda suerte de monstruos, todos humanos, y después encuentra un mundo habitado por caballos inteligentes y generosos, denominados Houyhnhnms, que viven juntos en una sociedad utópica. Creo que ése es buen sitio para instalarme y ponerme el título de Duke.
P. El jurado ha reconocido su labor a la hora de tender puentes con el pasado. ¿Está de acuerdo?
R. Sí, con la condición de definir “pasado”. Yo no soy un pasadista en absoluto. El pasado en cuanto pasado no me interesa, porque es algo que tiende a la desaparición. Yo creo, eso sí, en la inteligencia de lo mejor de la humanidad, en el tesoro cultural acumulado a lo largo de los siglos. Desde Homero hasta Joyce, desde Platón y Aristóteles hasta San Agustín y Santo Tomás. Esta tradición literaria y filosófica no ha creado un mundo estable y habitable, pero nos permite mirar en el que vivimos con distancia, con una mirada crítica, no nos deja encerrarnos en nuestras ilusiones.
P. ¿En nuestras ilusiones?
R. Sí, ilusiones que acaban en un desengaño. Hay toda una corriente ciega que sostiene que el mundo moderno se ha desarrollado gracias al egoísmo. Hay que buscar por otros lados, convencernos de que el camino que hemos tomado no es el bueno.
P. ¿Cuándo perdimos el camino correcto?
R. Lo perdimos con la filosofía anglosajona del siglo XVIII, con Locke y Adam Smith, entre otros. En el fondo, el mundo de ahora es el mundo del todos contra todos, en el que han desaparecido todos los referentes de verdadera grandeza, en el que la admiración, la emulación o la educación es imposible. Cada uno debe aprender por sí mismo. Los jóvenes no poseen nada que les haya sido transmitido por las generaciones precedentes y ellos no transmitirán nada a los que les vendrán después.
P. En su último libro publicado en Francia, París-New York et retour. Voyage dans les arts et les images, compara la cultura americana y la europea.
R. No tanto la cultura en el sentido universal como la imagen. Considero que la imagen y por tanto la imaginación se encuentran en la base del conocimiento humano. Así que me pregunté dónde se encuentran las imágenes contemporáneas y las he estudiado a la luz del pasado. Y me he dado cuenta de que estamos sumidos en un régimen de imágenes, en principio, feas, sin futuro, de una materia pobre, digital, que se emiten en pantallas, que son efímeras. Y están por todos lados, nos asaltan desde que nos levantamos de la cama. Y esto condiciona nuestra imaginación, la constriñe.
P. Así que somos más pobres en cuanto a imágenes que en el siglo XVII, por ejemplo.
R. Efectivamente, porque las de ahora son imágenes industriales que ejercen una presión irresistible. Yo soy un apasionado del arte. Y creo que las imágenes comerciales que nos invaden, y sus hermanas gemelas, las que están en las galerías de lo que se denomina “arte contemporáneo”, no son en realidad arte: son mero producto de la técnica y del mercado. Imágenes artísticas hay muy pocas. Antes, tenían el poder de educar los sentidos y la sensibilidad. Y eran, cómo decir, más nutritivas desde el punto de vista artístico que el océano en el que nosotros estamos sumergidos. No es que lo de entonces fuera el ideal, pero si comparamos una cosa y otra, no estoy seguro de que no nos hayamos llevado la peor parte.
P. Usted ha acuñado el término cultura pizza. ¿Qué significa?
R. Responde a la idea de que no ya no hay tradición nacional, tradición local, de que todo debe ser mestizo, un collage, una instalación, un vídeo, de que todo debe ser una mezcla, de que todo debe ser kitsch. La alta cultura, a lo largo de los siglos, ha estado unida a la tierra, al aire, a la misma luz de un lugar que permanece. El hombre necesita una cultura para adaptarse a la naturaleza. En un mundo completamente técnico como el nuestro nuestra relación con la naturaleza casi ha desaparecido.
P. Es usted muy pesimista
R. No. No soy pesimista, porque los pesimistas creen que la humanidad está completamente corrompida y que avanza hacia la autodestrucción. Yo no creo eso: la humanidad tiene un fondo tan excelente como desastroso. Pero ese fondo excelente tropieza con la megalomanía, la ambición desmesurada o, simplemente, con la maldad egoísta. Entre esas dos fuerzas se libra siempre un combate. Y los pocos que tienen algo noble dentro de ellos, lejos de desesperarse, se esfuerzan en compensar esa pulsión autodestructiva de la otra parte. Esa lucha está representada en esas dos parejas de personajes alegóricos, una de Rabelais y la otra de Cervantes: Pantagruel es un gigante generoso y Panurge es un tipo egoísta, avaro, vengativo, mezquino y tramposo. No se puede entender la humanidad sin esos dos polos opuestos. Sólo en el paraíso o en la utopía uno encontraría un mundo poblado sólo de pantagrueles. La otra pareja, claro, es Don Quijote, ese idealista español, esa suerte de Cristo caballeresco, y Sancho, presa de sus pequeñas ambiciones. La diferencia entre las dos parejas es que mientras Pantagruel y Panurge son completamente antitéticos, Don Quijote y Sancho no lo son del todo. Sancho tiene un lado muy simpático y, además, el sentido común que le falta a Don Quijote. Cervantes es relativamente más filantrópico que yo. Yo estoy más cerca de Rabelais y de Swift.
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA
El País, Babelia, 11 de julio de 2009
El sábado 4 de julio, entre las 11 y las 12 horas, Javier Marías será entrevistado por Pepa Fernández en el programa “No es un día cualquiera” de RNE sobre su último libro Lo que no vengo a decir.

Javier Marías retoma el ritual de las firmas con motivo de la edición de su volumen de artículos Lo que no vengo a decir
“Ponga, por favor: A Manoli, que tiene el mejor cuerpo de Madrid”. A Javier Marías, madrileño de 1951, lo único que le molesta de firmar en la Feria del Libro es que le dicten la dedicatoria. Sobre todo si es como la de Manoli, incluida en uno de los artículos publicados durante los dos últimos años en El País Semanal y recopilados ahora en Lo que no vengo a decir (Alfaguara).
Por lo demás, le gusta ir al Retiro. Cuando tenia 19 años comenzó a hacerlo como autor. Desde entonces, ha dedicado, generalmente en casetas de librerías pequeñas, cientos de libros propios. También alguno de Benet, Pombo, Pérez-Reverte o de su propio padre a los lectores despistados. En esta feria que termina el domingo el autor de Todas las almas, futbolero empedernido, se ha saltado incluso el veto a las dedicatorias dictadas: “Me pidieron una ‘para un rayista entristecido’ y cedí”.
Javier Marías tiene todavía sobre la mesa el original mecanografiado del tercer volumen de Tu rostro mañana, su última novela. La escritura de ese libro monumental atraviesa varios de los artículos reunidos ahora. ¿No es una distracción tener que escribir un artículo semanal de dos folios para alguien que ha pasado ocho años inmerso en una historia de casi mil seiscientas páginas?: “Distrae, sí, pero un artículo es un sprint de tres horas del que sales cansado. Cuando lo escribo no trabajo en la novela que tenga entre manos. Y agradezco que se me obligue a no escribir. Te obliga a pensar. Y no está mal pensar”.
Lo que no vengo a decir es la séptima recopilación de artículos dominicales de Javier Marías, que considera el género como “el más modesto de todos”. En su caso, no obstante, han ido dando forma a una especie de “diario involuntario”. La decadencia de la educación, el orgullo de los ignorantes y el bajo nivel de los políticos conviven con reflexiones sobre el uso de la lengua, la Semana Santa y el Real Madrid en un volumen que su autor pensó titular El pelma ante los plastas. “Yo soy pelma, efectivamente, pero es que las cosas hay que decirlas muchas veces”.
Los plastas no son los lectores sino las instituciones con las que polemiza Marías cada domingo. Al final optó por un título que refleja la sensación de incomprensión que invade regularmente al escritor, que “cada dos o tres semanas” se plantea dejar de escribir en los periódicos: “Hace poco conocí personalmente a Ferlosio, y me dijo que un artículo de prensa no mueve ni una hoja. Yo también tengo esa sensación. Aunque a veces hay gente que los agradece. Todos los que escribimos columnas tenemos el deseo de influir un poco. No tendría sentido escribir sin ese afán de convencer, de razonar, de argumentar”.
Los artículos de Javier Marías tienen una virtud cada vez menos frecuente: son imprevisibles. “No tiene mucho sentido escribir en prensa”, dice, “si es para decir lo que ya opina todo el mundo. Y lo que opina la época, sobre todo. La gente, y me incluyo, no nos damos mucha cuenta de hasta qué punto pensamos muy poco por nosotros mismos. Hay valores que son de la época y que se dan tan por sentados que nadie se para a pensar si están bien o mal. Si eres de derechas toca decir esto; si de izquierdas, esto otro. No me interesa”.
Muchos de los dardos del autor de Corazón tan blanco se dirigen contra la tiranía de la novedad, que convierte en prehistoria todo aquello que tenga más de un mes de vida: “La impaciencia por lo nuevo es tal que basta que algo sea presente para que inmediatamente sea antiguo y pasado. Ya no cuenta. Como si todo tuviera existencia mientras no existe. Parece que lo importante es consumir. No hay ni un sedimento ni un aprecio de las cosas”. La situación puede llegar a ser angustiosa para un escritor que pasa meses trabajando en un libro. “Éste es un trabajo artesanal”, explica. “Trabajamos como los artistas de la Edad Media. Tenemos otros instrumentos, aunque yo no use el ordenador, pero la escritura sigue necesitando sus ritmos, sus pausas. Es terrible que algo que lleva años en pocos días se dé por ya visto”.
Mientras sigue escribiendo cada sábado el artículo que se publicará dos semanas después, Javier Marías ha empezado, después del “vaciamiento” de Tu rostro mañana, una nueva novela: “He vuelto a la ficción quizás más temprano de lo que yo esperaba, pero no estoy muy seguro de si va a llegar a algo. Después de un libro tan extenso, sabía que cuanto más tardase en acometer algo nuevo más me iba a costar hacerlo. Quería romper el temor de no escribir otra novela”. Eso sí, después de un esfuerzo así, dice, todo lo que venga será una propina. Aunque añade: “A veces lo mejor de un autor son sus propinas”.
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
El País, 11 de junio de 2009
Varios escritores españoles contestan a la pregunta: “¿Qué autor clásico le ha influido más y por qué?”
No me cabe duda de que el autor clásico que más me ha influido ha sido Laurence Sterne, por la aplastante razón de que, hacia mis veinticinco años, traduje al español su monumental Tristan Shandy, y lo que uno “reescribe” le influye aún más que lo que lee o relee.
Aparte de ser el más genuino heredero de Cervantes (mucho más que cualquier autor español), Sterne me enseñó la libertad y la osadía, y que en ese flexible género llamado novela cabía todo, siempre que se hiciera con gracia (en el sentido más amplio de la palabra). También me enseñó a alargar o detener el tiempo, o, dicho de otra manera, a conseguir que en la novela exista ese tiempo que en la vida real nunca tiene tiempo de existir.
JAVIER MARÍAS
Revista Mercurio, n.112, junio de 2009
Francesco Grant: Señor Marías, usted, que es hincha del Madrid, ¿cómo vivió ayer la final de la Liga de Campeones? ¿Prevaleció en usted la admiración por el buen juego del Barça o la “envidia” del madridista?
Javier Marías: No son cosas incompatibles. Durante toda la temporada he sentido gran admiración por el juego del Barça, en verdad tan extraordinario que ha hecho que casi todos sus rivales parecieran malos equipos (incluido el Manchester United). A la vez, una enorme envidia porque no fuera mi equipo, el Real Madrid, el que hacía ese fútbol (cuando en otras épocas sí lo hizo). Con la agravante de que este año el Madrid ha jugado fatal, incluso cuando ganaba y ganaba.
FG: En Italia vemos al Barça como la expresión de la alegría del fútbol español. ¿Qué representa para usted?
JM: Sí, algo tiene de eso. En España ha gustado siempre el juego de ataque, asumiendo riesgos, y nuestros dos equipos principales, el Madrid y el Barça, llevan el ataque inscrito en su historia. Tenga en cuenta que el Madrid ha echado a varios entrenadores después de que ganaran una Liga o incluso una Copa de Europa, porque el juego no era lo bastante brillante. En los grandes equipos españoles no basta con ganar, como en tantos otros extranjeros. Sus hinchas quieren ver espectáculo y belleza y armonía.
FG: Guardiola ha conquistado la Liga de Campeones con apenas treinta y ocho años: esto sólo parece posible en España. ¿Por qué?
JM: No sé si sólo es posible en España. Yo estoy harto de “jerarquías”. En literatura no se considera “grande” a ningún escritor hasta que ha cumplido sesenta y cinco años, cuando tal vez lleva escribiendo obras maestras desde los treinta y cinco. En el fútbol pasa algo parecido con los entrenadores. El Barcelona ha visto que Guardiola, pese a su inexperiencia, era un hombre inteligente y con ideas, y le ha dado una responsabilidad máxima en plena juventud. Es obvio que ha sido un acierto.
FG: El Real Madrid y el Barça son modelos distintos de club, pero tienen algo en común: la participación “democrática” de la gente. ¿Cree que también en esto se puede hablar de un modelo español?
JM: En realidad ya he respondido a esta pregunta. Tanto el público del Nou Camp como el de Chamartín son exigentes, y son capaces de pitar a los jugadores aunque estén ganando. Eso hace que aquí el “resultadismo” quede sólo para los equipos pequeños.
FG: Ayer el presidente Laporta dijo que su club tiene beneficios y que cada año distribuye unos 15 millones de euros. ¿Es una broma o un milagro?
JM: Parece que sí, que tanto el Barça como el Madrid, pese a sus deudas “globales” y a sus muchos gastos, suelen obtener beneficios cada año. Será un milagro o será que muchos multimillonarios meten dinero en el fútbol, a fondo perdido.
FG: ¿Qué jugador robaría al Barça para “su” Real? ¿O bien preferiría robarles su espíritu identitario?
JM: El Madrid no necesita “espíritus identitarios”. Su identidad es su historia. Quien se pone esa camiseta suele saber que lleva la que llevaron Di Stéfano, Puskas, Gento, Velázquez, Netzer, Butragueño y Míchel, entre otros. En estos momentos al Barça le “robaría” a Guardiola, si ello fuera posible, y su atrevimiento para confiar en jóvenes de la cantera. Hay muchos canteranos del Madrid que triunfan hoy en otros equipos y que en el Real no pudieron ni debutar. Y, ya puestos a “robar”, Iniesta me parece en estos momentos el mejor jugador del mundo.
FG: Florentino Pérez quiere comprar Kaká al Milan. ¿Sería suficiente eso para ver una final Real Madrid-Barça el año que viene?
JM: No he visto a Kaká demasiadas veces, pero no me parece un jugador determinante. Tampoco me gustaría ver con la camiseta del Madrid a Cristiano Ronaldo ni a Ibrahimovic. Son demasiado engreídos. Ya veremos qué equipo tenemos la temporada próxima. Espero que continúe el desaprovechado Guti, al que siempre he visto a la altura de los mejores.
ANSA, 29 de mayo de 2009


































