Críticas
The Best Technology Writing 2010 de Julian Dibbell, publicado por la Universidad de Yale, recoge el relato de Javier Marías “Airships” (“Aviones marineros”), traducido por Margaret Jull Costa y publicado anteriormente por la revista Granta.
Alexis Madrigal en The Atlantic comenta este cuento: Could Knowing Your Plane’s Name Change Your Flight?
Les meilleurs livres de l’année: Les romans étrangers
Sobre Demain dans la bataille pense à moi
Hablando de Domani nella battaglia pensa a me
El fútbol es un mundo y en ese mundo cabe todo el mundo. Además un mundo lleno de sentimientos muy nobles aunque unos pocos se empeñen en empañarlos. Pero es también el fútbol una materia para hacer buena literatura y si nos metemos en la crónica deportiva da para mucho.
Javier Marías entre la crónica deportiva y el artículo de opinión levanta un monumento a la memoria personal y colectiva de nuestra sociedad. Salvajes y sentimentales. Letras de fútbol (Alfaguara, 2010) es un libro de esos que se pueden repasar como reencuentros con viejos amigos, como fotos que convocan recuerdos y alegrías.
Escrito como es habitual en Marías con delicadeza literaria y con buen olfato futbolístico, este libro que reedita Alfaguara incluyendo treinta nuevos textos es una lectura de esas que te dejan con ganas de más. Marías aboga en estos textos por un fútbol que es recuperación semanal de la infancia, una excursión del mundo de las ficciones a un paraje donde se puede descansar siendo uno mismo con sus recuerdos.
Porque la ruda lucha entre el intelecto y el músculo no debe durar mucho más: en el fútbol caben todas las pasiones, cabe la épica, la estética, caben los heroísmos e incluso da tiempo a la picaresca y a la saga de matones. Porque en el fútbol también hay malos malísimos como en los libros.
Para los seguidores de Javier Marías y para quienes no lo son tanto, este es un libro que no les va a dejar indiferentes. Se nota en estos textos que el escritor se siente libre, parece volver con seguridad a sus pasiones y recuerdos. Se encuentra, en el terreno del fútbol, con una libertad tanto estética como técnica que le hace solventar con elegancia cada uno de estos textos que son como una jugada limpia en el área pequeña.
Y da igual que sean ustedes o no fanáticos del fútbol: aquí hay para todos los gustos y para todos los colores. Estas son crónicas sentimentales de España, son recuerdos que revelan mucho de dónde venimos. Vistos por los ojos de Marías los hechos cobran la singularidad de las buenas novelas.
Aquí se habla del Madrid, de Barça, nos encontraremos con un jovencísimo Guardiola, con lo gracioso que sería ponerle letra a nuestro himno para que lo canten nuestros chicos en las citas deportivas. Marías tiene para todos y sobre todo tiene para todos muy buena literatura.
El prólogo de Paul Ingendaay, escritor y crítico alemán, da buena cuenta de cómo estos artículos han calado muy bien en Alemania. Abre aludiendo a la pasión de Camus por el fútbol y cierra con una frase acertadísima. No importa la religión sino el talento del misionero. Estos textos entonces pueden convertirse en una suerte de texto sagrado para convertir a los escépticos del fútbol. Es más, es muy probable que tengamos que leer el fútbol con otra clave, con otra mirada. Este es un espectáculo al que haremos bien en prestarle más atención.
PEDRO CRENES
El placer de la lectura (Blog), 21 de junio de 2010
“Esta brillante novela, sin duda una de las más grandes que el siglo ha producido hasta ahora”
MARK FORD
The New York Review of Books
“Una soberbia trilogía por un autor en verdad magistral”
JOSEPH D HASKE
American Book Review
“Una escritura que desafía, y entretiene, y se siente tan eléctrica e inmediata como las noticias recién llegadas”
STEPHEN SMITH
The Globe and Mail
“Mientras la prosa es exquisita, como un ballet, el proyecto es fundamentalmente turbador … Absolutamente brillante”
STACEY D’ERASMO
The New York Times Book Reviev
“Aquí se hallan las maravillosamente parentéticas operaciones de la mente humana del siglo XXI”
MAURO JAVIER CÁRDENAS
San Francisco Chronicle
“Este volumen es el sobrecogedor y complejo final de una extraordinaria obra de arte” STEPHANIE MERRITT
The Observer
“Una de las obras más impresionantes de nuestra memoria reciente”
GEORGE DUCKER
Los Angeles Times
The Believer
“Su más conmovedora y personal obra hasta la fecha”
MEGAN DOLL
“Una novela de ideas, un tour de force literario”
The Economist
“Una de las más inspiradoras obras de ficción de la última década”
MICHAEL EAUDE
The Independent
“Muy bien puede ser la primera verdadera obra maestra literaria del siglo XXI”
JAMES LASDUN
The Guardian
“Merece ser reconocida como unas de las mejores novelas de los tiempos modernos” TIM MARTIN
The Daily Telegraph
“Consigue lo que el propio Marías ha dicho que toda literatura debe lograr: como una cerilla encendida en medio de un campo, ‘nos permite ver cuánta oscuridad hay alrededor’”
DAVID HAGLUND
The National
“Una de las grandes obras de la moderna ficción europea”
ALLAN MASSIE
The Scotsman
“Como tanta de la extraordinaria escritura de Javier Marías es inolvidable”
MARGARET DRABBLE
The Times Literary Supplement
“Corona esta trilogía con honores narrativos”
JOHN SPURLING
The Sunday Times
“Juntos, estos tres volúmenes constituyen una de las grandes novelas de la moderna literatura europea”
ANTONY BEEVOR
The Sunday Telegraph
“Una trilogía inquietante … Una experiencia de lectura como ninguna otra”
Publishers Weekly
“Una obra asombrosa, que entrega algo sublime en cada página”
ELLIOT BERGER
The Oxonian Review
“Una de las obras más ambiciosas y originales de los últimos años”
ALEX CLARK
The New Statesman
“Esta obra invita libremente a las comparaciones con Proust”
CHRIS POWER
The Times
“Un volumen final hipnotizante … Quien haya disfrutado los anteriores verá el conjunto como una de las experiencias lectoras de su vida y deseará volver a empezar”
JOHN DE FALBE
The Spectator
Il vero romanziere, ha scritto Marías, non riflette la realtà bensì piuttosto l’ irrealtà, intesa non quale inverosimiglianza o fantasticheria, bensì semplicemente «come ciò che avrebbe potuto accadere e non è accaduto». Al pari di Musil, Marías sa che la storia -individuale e collettiva- non è fatta soltanto di ciò che è successo e certo ancor meno delle alternative chimeriche e assurde, ma è fatta anche delle possibilità, delle potenzialità concretamente latenti in una determinata situazione; di ciò che, in un dato momento, era o è possibile. Ernestina Pellegrini ha parlato del mio interesse narrativo per «i futuri abortiti», ossia per quelle realtà vitali esistenti, stroncate nel cammino verso la loro compiuta realizzazione ma facenti parte, in questo processo, del mondo. Javier Marías è uno straordinario maestro nel raccontare concretamente questi futuri abortiti, come quello di Valerie, la moglie di Peter Wheeler, che, suicida in ancor giovane età, non è stata compagna della sua vecchiezza, ma vive ed esiste, insieme a lui vecchio, con questa sua assenza, che è anch’ essa una storia, quanto quella della sua attività durante la Seconda guerra mondiale o della sua morte (Il tuo volto domani).

Il tuo volto domani -un vero capolavoro- è il titolo di una trilogia, ma potrebbe forse essere il titolo ideale della narrativa di Marías in generale. Il tacito interrogativo su quale sarà domani un volto che si ama, o anche il proprio, è un’ ossessione che diventa verità esistenziale, un’ incertezza che trapassa quasi in una legge. È un futuro che esiste nella coscienza del presente che lo teme e nega quel presente o almeno insinua una sua negazione e lo sgretola; è un tessuto impalpabile di tanti futuri, qualcuno forse destinato a diventare un giorno presente, altri solo incombenti e possibili o imprevedibili, ma in qualche modo reali in questo loro incombere.
Javier Marías ama le fotografie, enigmatiche tagliole del tempo che catturano qualcosa che non c’ è, un istante immobile in una corsa che è solo fluire e non conosce immobilità. Un paio di mesi fa, per caso, mi è capitata sott’ occhio una fotografia che mi ha subito fatto pensare al Tuo volto domani: quella di Hitler a circa uno o due anni di vita, tenero volto di bambino da proteggere e coccolare, che diverrà il volto di Auschwitz.
Questo esempio, tuttavia, è troppo univoco e semplicistico e non rende giustizia al narrare di Marías, alla sua appassionata e velata ambiguità. Quella fotografia di Hitler infante esprime certo un elemento, forte e centrale, della complessa tematica implicita nel volto di domani: la paura che un volto, magari amato con passione e fiducia, più tardi diventi (o si riveli?) orribilmente diverso, malvagio, traditore, il contrario di quello in cui avevamo creduto e che avevamo amato.
Ma raccontare la storia di questo volto domani, quando non c’ è ancora ma c’ è già nel suo maturare, non è solo esprimere quella paura che, retrospettivamente, si prova vedendo l’ immagine di Hitler bambino e sapendo cos’ è diventato. Significa piuttosto raccontare -calandolo in una ben precisa vicenda, ricostruita con puntiglioso rigore nei dettagli psicologici, cronologici e nella sua sequenza anche (seppure non solo) lineare - lo sdipanarsi del tempo da una caligine interna e suscettibile di assumere le forme e gli aspetti più diversi, inquietanti o teneramente amorosi, come le nuvole. Elide Pittarello, citando le parole dello stesso Marías, ha parlato della sua «capacità di vedere le relazioni fra tutte le cose», che fa della sua scrittura una rete gettata in un continuum oscuro quale è la vita.
Ma se il racconto di Marías coglie, come una rete gettata in un immenso pelago indistinto, l’ impalpabile e sfuggente sabbia del vivere, esso afferra pure, con lucidità e precisione, la concreta storia e storicità degli eventi, la politica, gli intrighi sociali, il meccanismo degli apparati statali e militari. Poche altre opere scavano altrettanto, con meticolosa esattezza e passione morale, nella realtà storica.
Poche altre opere ci fanno ad esempio conoscere altrettanti aspetti, episodi, caratteri della guerra civile spagnola, dei suoi labirinti politici e delle sue infamie (durante e dopo di essa) che il lettore tocca con mano. La sua narrativa penetra concretamente, con realismo non solo letterario e con analisi oggettivamente fedeli alla realtà dei fatti, gli orrori della guerra, i meccanismi del potere che, anche negli Stati democratici e nella difesa della libertà e della democrazia, si fonda sulla violenza, sul tradimento, sulla bassezza, perfino sul delitto.

Questo contrasto, artisticamente fecondo, tra lo sfumare quasi inavvertito degli eventi, di per sé non immorale ma amorale, e le epifanie dell’ umano, del bene e del male, che tagliano come spade, è possibile forse grazie all’ ambivalenza dell’ Io. C’ è un io narrante, c’ è un io narrato e c’ è una voce del testo, mescolati ma non fusi. Marías è un maestro anche per quel che riguarda il rapporto fra l’ autore, la persona materiale che porta il suo nome, e il personaggio che narra in prima persona - rapporto che è un nodo centrale della letteratura di sempre e in particolare di quella moderna e contemporanea. Prestando la sua voce e alcune sue esperienze al personaggio narrativo de L’ uomo sentimentale- ha scritto lo stesso Javier Marías nel breve saggio Chi scrive -egli sa che non si tratta di lui stesso, bensì di qualcuno ben distinto da lui, anche se a lui somigliante; quel personaggio, egli dice, era «colui che avrei potuto essere ma che non sono stato»- l’ io di un suo futuro abortito nella realtà e rinato o ripescato nella scrittura.
Nel romanzo Tutte le anime, in un passaggio ricordato dallo stesso scrittore in un suo saggio, il protagonista dice «io» e usa un nome che lo accompagna sin dalla nascita anche nella mente di altre persone, così come racconta dei fatti che possono essere attribuiti all’ autore stesso, ma soltanto perché preferisce parlare in prima persona, senza per questo pensare che si possa restare il medesimo nel variare del tempo e dei luoghi in cui si vive. Raccontando ciò che ha visto e vissuto, non è più colui che ha visto e vissuto quelle cose. Non c’ è poetica dell’ Io che potrei sentire più congeniale. È solo nella scrittura, ha scritto Marías in un altro saggio, che lo scrittore scopre di aver visto delle cose che sino a quel momento non sapeva di aver visto e si accorge di dettagli che non aveva percepito.
CLAUDIO MAGRIS
Il Corriere della Sera, 26 luglio 2010
In questi giorni, quasi contemporaneamente, sono usciti presso editori diversi tre testi di Javier Marías (Madrid, 1951), certamente il più importante scrittore spagnolo vivente.
Il primo, Il tuo volto domani 3. Veleno e ombra e addio, tradotto ineccepibilmente da Glauco Felici, rappresenta la terza parte, quella conclusiva, di questa sorta di “grande opera” definita da The Guardian, “il primo autentico capolavoro letterario del XXI secolo”, e da The Observer “straordinario capolavoro che colloca Marías nel canone della letteratura europea contemporanea”. Un viaggio tra passato e presente, tra ricordi e oblio in compagnia di Jaime Deza – questo uno dei nomi dell’”attore” principale, ma che altri chiamano anche Jacobo, o Jack, o Jacques, o Yago -, personaggio al servizio di uno strano e misterioso centro di spionaggio inglese che si avvale del suo inconsueto talento di “saper leggere” il volto delle persone e in tal modo di prevedere ciò che faranno “domani”. Un romanzo-fiume in cui Marías ha riversato il proprio grande talento e, anche, le sue manie, il detto e, soprattutto, il non detto… E poi il dubbio, il tradimento, la guerra, il doppiogiochismo del potere, l’amore, la morte. Una trilogia che ha assorbito l’autore per otto anni, che l’ha quasi fagocitato, e da cui a fatica sta tentando di uscirne scrivendo un nuovo romanzo “normale”: “E’ stato difficile ricominciare”, ha detto recentemente in un’intervista. Una trilogia da leggere – nei limiti delle personali possibilità di tempo – tutta d’un fiato, per riuscirne ad apprezzarne forza, capacità narrativa e assoluta originalità e per farci, a nostra volta, fagocitare dalla sua imprevedibile e inquietante storia. (E senza dimenticare che, sempre quest’anno, sono stati ripubblicati, in un’edizione economica einaudiana, i tre più famosi romanzi dell’autore spagnolo, e cioè Tutte le anime, del 1989; il suo libro di più grande successo, l’indimenticabile Un cuore così bianco, del 1992; e l’altrettanto acclamato Domani nella battaglia pensa a me del 1994).
Il secondo volume, Voglio essere lento, tradotto e curato da Elide Pittarello (docente di letteratura spagnola a Ca’ Foscari), raccoglie due lunghe “conversazioni” tra lo scrittore e la curatrice: un dialogo – tra vecchi amici – sul lavoro, sull’”officina letteraria” del romanziere innanzi tutto, ma anche su autori e libri, letture e letteratura, sull’infanzia, la famiglia, gli amici, la Guerra Civile, la politica, la “sua” fantasmatica Isola di Ridonda, e anche sull’Italia: “Un paese che invidiavamo”, ma che dal punto di vista politico e morale, sembra oggi “andare a rotoli”. Insomma, un ritratto inedito e a tutto campo sia del Marías uomo e sia del Marías scrittore.
Il terzo titolo, infine, dal titolo Sguardi -libro che fa il paio con il precedente Vite scritte, edito da Einaudi nel 2004-, tradotto da Valerio Nardoni, e con una prefazione di Elide Pittarello, si compone di quattordici ritratti di altrettanti scrittori, sorpresi nel fermo-immagine di una fotografia: Valle-Inclán, Borges, Vicente Aleixandre, Juan Benet, Bioy Casares, García Lorca, Victoria Ocampo, Savater, Cabrera Infante, Neruda, Antonio Martínez Sarrión, Luis Cernuda e Horacio Quiroga. Quattordici “amici” scrittori, indipendentemente dalla data di nascita: “l’unica condizione che m’imposi per la selezione dei ritratti fu che non vi rientrasse nessuno il cui aspetto mi risultasse antipatico o sgradevole, né di cui avessi un’opinione personale o letteraria così cattiva da potermi influenzare al momento di descriverne o commentarne il volto”. Con una sorpresa finale, perché vi è un ulteriore, quindicesimo ritratto, anzi, un “autoritratto farsesco”: il suo.
PAOLO COLLO
Domani, 17 giugno 2010
“Non flirtare mai con lo spionaggio”
Entrevista con Angela Bianchini en Tutto libri, 19 de junio de 2010
En el epílogo de El hombre sentimental, un libro de juventud de Javier Marías (cuando era treintañero, en el 86) se dice que la primera escena proviene casi intacta de un tren con destino a Venecia (Milán-Venecia). Una mujer en el compartimento es sustrato de una historia que se promete triste como aquella de El buen soldado, una mujer velada que rescata el protagonista en sus recuerdos de hoteles. Con una confesión triste de Sándor Marai, y Madrid en las espirales de esa mujer fantasma.
Un protagonista cantante que acaso no ha querido saber y ha sabido, con los “presentimientos de desastre” de Corazón tan blanco, de un desastre ocurrido. En Mañana en la batalla piensa en mí (otro gran éxito posterior) se habla de las “banshees”, los espíritus femeninos que traen presagios fúnebres (y que eran amables en Una pelea amorosa entre las hadas de Yeats). En El hombre sentimental, el sufriente y memorioso divo de ópera protagonista (el “Leon de Nápoles” le llaman) interpreta a Cassio en Otello. Este papel (de tenor ligero) supone una ironía. Hablamos del falso motivo de celos del Moro de Venecia. El buen Cassio, y tras la máscara, el León de Nápoles con su amor culpable.
En su música de reiteraciones y en el recuerdo velado (¡aquella imagen de Milán-Venecia!) de su “banshee”, y el de Berta, su mujer muerta, se compone el sueño. “In dreams I walk with you”, dice Orbison, y después lo citará Dennis Hopper en la noche mistérica al prota de Terciopelo azul, mientras una desconocida baila sobre un coche. Otro que trae a sus muertas en la almohada, en Conversación, de Gil de Biedma: “La parte de tu muerte que me doy/ la parte de tu muerte que yo puse/ de mi cosecha cómo poder pagártela…” Son desapariciones/apariciones femeninas y soledades de hotel, dulce hotel.
“Llevo 15 años esperando ser amado por Natalia Monte, mi mujer; usted en cambio es un advenedizo, señor”, dice el empresario Manur, que aparece con un bombón de esclava silenciosa, como el Conde de Montecristo con la griega Haydée. Sus rincones íntimos los vamos conociendo poco a poco. Y mientras tanto, el protagonista (en este sueño que es mascarada) contrata a una puta donde querría ver a Natalia.
Selva envolvente
La selva envolvente de Conrad y de Benet, maestros del autor, engulle todo, y deja los parlamentos entre paréntesis (algo que también veremos en el futuro Marías). Mientras bulle Madrid con su concurrencia y su cháchara. Esta prostitución equívoca ya aparece de forma fascinante en Mañana en la batalla…, y de nuevo las “banshees”, y un estreno de Verdi que se acerca (siempre lejano, porque el León vive instalado en un pasado muy concreto, absorto en unas sombras).
Quizá tiene razón Constantino Bértolo, en una crítica del 87, cuando considera la segunda mitad de esta entrega aún juvenil de Marías muy superior a la primera: “Cuando la novela abandona los castillos interiores del narrador y permite que éste recupere su función de personaje (lo que implica la creación de otros personajes) los talentos narrativos de Javier Marías se ponen en marcha”. El personaje de Dato, con sus manos pequeñas, los viajantes del hotel y el perfil cómico de Hörbiger (el divísimo) pueblan los márgenes y breves momentos antes de los fundidos en negro de un paisaje en realidad solitario. Volviendo a De Biedma: “Amada mía, remordimiento mío,/ la nuit c’est toi cuando estoy solo/ y vuelves tú, comienzas/ en tus retratos a reconocerme”.
Incertidumbres de Cassio
¿Qué hay al fondo, qué había entre los Manur en esta historia que aspira a ser la más triste? No se sabe. Recordemos que en Carta a tres esposas la relación aparentemente más interesada (la guapa y el rico) resultó ser un amor pasional y profundo. Esta noche, la noche del falso Cassio, es de los muertos y de los desaparecidos, y se construye y se hace cierta en su proceso. Pero su tristeza es en parte su incertidumbre, su mezquina propiedad de inasible.
El falso Cassio se va construyendo, como demiurgo de la proyección de noche y farolas de su vida entera (previa a un estreno, comprendida en la cabina de un tren con el rostro vuelto de una mujer que será fantasma entre ciudad y ciudad, fantasma de paso detenido). La invención de Natalia Manur. Mirando por la ventana mientras trota en sus hierros el vagón hasta Venecia.
ÁLVARO CORTINA
El Mundo, 7 de julio de 2010
Researching Elvis for Bad Nature
Bad Nature, or Elvis in Mexico
REVIEW: Bad Nature, or With Elvis in Mexico by Javier Marías
Kurt Wolff, en cuyo sello editorial publicó Kafka, distingue en Autores, libros, aventuras, entre dos clases de editores: los que publican los libros que la gente quiere leer, y los que editan los que creen que la gente debe leer. Javier Marías pertenece a estos últimos, y desde que se embarcó en la meritoria aventura de Reino de Redonda ha ido publicando a algunos de sus autores predilectos en cuidadas ediciones que configuran un memorial de afinidades literarias. El propio Marías recuerda en la nota preliminar de estos Cuentos de las orillas del Rin de Erckmann-Chatrian, cómo fue una de las lecturas más perturbadoras de sus veranos de infancia.
Émile Erckmann y Alexander Chatrian fueron una exitosa pareja literaria que firmó casi cincuenta obras, muchas de género fantástico. Aunque no escribían a medias, ideaban juntos las tramas, y ese universo de ambientes desasosegantes: espíritus, maleficios, cuervos y sueños premonitorios en los que predomina un raro, casi perverso, sentido del humor. En el cenit de su carrera rompieron su sociedad por diferencias económicas y a partir de ese momento sus respectivas carreras literarias fueron un absoluto fracaso. Erckmann sólo publicó un par de libritos y Chatrian, como si fuera el argumento de uno de sus propios cuentos, murió con una foto de ambos bajo la almohada.
JESÚS MARCHAMALO
Abc Cultural, 3 de julio de 2010
Que el fútbol mueve pasiones, lo saben muy bien los jugadores y aficionados, dirigentes y todos aquellos que aún no mostrando especial interés por el deporte, deben sufrirlo semana tras semana tanto en la programación televisiva como en sus respectivos trabajos. (Baste recordar que un Club como el Real Madrid mueve tanto presupuesto como una ciudad de doscientos mil habitantes). Pero también lo saben los periodistas, deportivos o no, como es el caso de Enric González, autor en su día de Historias del calcio.
Ahora, cuatro años después del último fracaso mundialista y dos de la última gran alegría europeísta, estamos inmersos en el Mundial de Fútbol 2010 de Sudáfrica, hoy, de hecho, nos la jugamos con Paraguay, y podemos decir que vivimos el que sin duda es el mes por excelencia para olvidar la crisis económica (si es que podemos). El país se encuentra adormecido, aletargado, no en vano las encuestas dicen que los ciudadanos estarían dispuestos (sic) a desembolsar cien euros cada uno con tal de que su selección resultase campeona del mundo (sic). Y con el Mundial, el primero que se celebra en el continente africano, por cierto, afloran los libros con el fútbol como excusa literaria. Uno de los mejores, sin duda, es Salvajes y sentimentales, de Javier Marías, reeditado y ampliado para la ocasión.
Conocidos son, al menos por algunos, sus artículos futboleros (y su devoción por el Real Madrid. ¡Qué tiempos aquellos en que cruzaba sus crónicas con las del ‘culé’ Montalbán!). Por eso no me he podido resistir a adquirir esta nueva edición a pesar de tener la original, por eso y porque siempre es de agradecer que alguien se tome en serio un espectáculo excesivamente vilipendiado y en el que los periodistas deportivos acostumbran a abusar del sofisma.
Bienvenidos sean pues estas crónicas de cabecera de Javier Marías, por higiene ante todo. Cuenta Marías que para él el futbol es ante todo «la recuperación semanal de la infancia»; y también es temor y temblor, dramaticidad y zozobra, una mezcla de sentimentalidad y salvajismo, una escuela de comportamiento y nostalgia, y la escenificación de la épica al alcance de todo el mundo.
¿Es posible que haya llegado la hora de separar el viejo mito que relacionaba el deporte rey con el opio del pueblo? No en vano lo practicó Camus en su juventud, y Nabokov, y el propio Javier Marías convertido en extremo izquierda en su infancia. (Izquierda tenia que ser). Por eso sus crónicas de Salvajes y sentimentales no desmerecen para nada las que pueda escribir sobre política. Por eso Javier Marías escriba sobre lo que escriba siempre lo es en estado puro. Por eso.
El Comercio, 3 de julio de 2010
Fue en una entrevista realizada por Lola Mariné, en su blog Gatos por los tejados, al periodista Óscar López, un año después de estrenado su programa de libros Página 2. Lola incluyó en la parte final un cuestionario a imitación del que utiliza Óscar en su espacio. ¿Tu primera vez? Shadow el perro pastor, de Enid Blyton. ¿Dónde y cuándo? Leo mucho por trabajo, por tanto a cualquier hora del día y en cualquier lugar. ¿Hay que probar…? Corazón tan blanco de Javier Marías.
Ahí estaba, Corazón tan blanco. Llevaba no sé cuánto tiempo entre mi batería de libros disponibles e incluso apetecibles, pero la verdad es que después de varios años siempre había encontrado motivo para abrir otro. A veces necesitas que te empujen a ello. A veces una recomendación es un tesoro, pero nunca un cofre del que se salen las monedas de oro sino más bien el mapa que conduce hasta él porque nos anima a emprender un viaje –el de la librería, la biblioteca, el estudio de un familiar- y a seguir la ruta con un punto extra de atención y de entusiasmo.
Si dentro de cien años esta novela de Javier Marías no figura entre las lecturas imprescindibles de la población, si no ocupa entonces un lugar destacado entre las listas de mejores libros del último siglo, si no abundan las ediciones y reediciones en formatos diversos, con o sin ilustraciones, prólogos de estudiosos y entusiastas, si no es libro preferido de muchos lectores del siglo XXII tanto en España como en Tailandia o en Perú, entonces será porque no hemos mejorado nada, porque nos sigue gobernando un presidente sin vocación, porque un descomunal incendio ha arrasado todos los ejemplares y manuscritos habidos en el mundo entero, porque las editoriales han renunciado a todo aroma literario en favor del tufo de las cifras, porque ha surgido una cantidad ingente de escritores excepcionales que hagan palidecer el legado de los anteriores, cosa que dudamos mucho porque se agotaría la excepción y el ser humano no es tan avanzado.
Corazón tan blanco toca varios palos de la novela, pertenece a varios subgéneros conocidos, y ya desde el principio amaga con el policiaco sin llegar nunca a sumergirse del todo en él pero sin renunciar en ningún momento a su proximidad. Tiene igualmente mucho de humorístico, hasta los pasajes más amargos guardan un tono ambiguo que te hace dudar de su objetivo, pero especialmente cómico resulta el episodio en que narra las peripecias del ponente australiano Flaxman, que en una reunión de la Commonwealth, donde todos los convocados hablaban inglés, se indignó al descubrir que ninguno de sus colegas se servía de los auriculares para seguir su discurso y que las cabinas de traducción simultánea estaban vacías, por lo que empezó a exagerar una jerga suburbial de Melbourne o por ahí que hizo fruncir el ceño de los asamblearios y los obligó, de modo instintivo, a llevarse a los oídos los auriculares por los que no salía ningún sonido; la organización improvisó un traductor australiano para no desairar al ponente y así buena parte de los oyentes utilizó el mecanismo pensado para reuniones en distintas lenguas, con lo que el tal Flaxman, satisfecho con la solución, fue relajando su acento hasta volver a un inglés más asequible: “se produjo así, como culminación de la fiebre traductora que recorre y domina los foros internacionales, una traducción del inglés al inglés, al parecer no demasiado exacta…” Y también mucho de social y realista, como cuando explica que al casarse y empezar a ver a su pareja a diario y en todas las situaciones, pierde las “pequeñas incógnitas” que hasta entonces llenaron sus días.
Novela compendio, da la impresión de que todo lo narrado a lo largo de cuatrocientas páginas sólo sirviera para crear un núcleo final al que convergen multitud de elementos dispares que dan sentido a la obra. Pero mientras los narraba individualmente tenían ya sentido propio, con suficiente entidad para a arrastrarnos a una lectura independiente, permitiéndonos descubrir, sólo a pequeñas dosis, de qué manera unos se van enlazando con los otros. Corazón tan blanco nos ofrece tal cantidad de recovecos, que un comentarista arrojado y paciente podría dedicar cientos de páginas a su exploración e interpretación sin agotar sus posibilidades. Pero no era ésta la intención, sino agradecer la recomendación de Óscar –ese mapa que conduce al verdadero tesoro– brindada desinteresadamente en la entrevista de Lola.
ALAN FERREIRO
Periodista digital, 25 de junio de 2010
Los analistas deportivos suelen caer en uno de estos dos extremos: la abundancia de tópicos o la de tecnicismos. Javier Marías no es ningún analista deportivo, por eso en Salvajes y sentimentales. Letras de fútbol el lector no encontrará ningún pasaje en el que no haya “enemigo pequeño”, la delantera “defina” o la defensa “pivote”. El escritor madrileño habla a sus lectores con sencillez, sentado en la grada del Santiago Bernabeú pero tamizando su innegable madridismo con buenas dosis de sentido común. Esta postura hace que le sea más fácil explicar eso tan complicado de asir que es su afición madridista, un sentimiento que, confiesa, le surgió en la infancia por ser madrileño y del barrio de Chamberí (esto último no es una ley natural, pues en Chamberí vivió don Vicente Calderón).
Alfaguara, con lógica comercial, ha publicado estos días del naciente Mundial de Sudáfrica la recopilación de artículos de fútbol que Marías saco a la luz hace una década, y lo hace añadiendo 30 textos sobre los diez últimos años. El volumen constata una vez más que la literatura y el fútbol no son incompatibles y no es el momento de repetir la retahíla de escritores de fama mundial apasionados por el balón.
En el fondo de esta falsa incompatibilidad subyace la manida idea de que el fútbol es un deporte de masas que no merece la atención de ningún artista de verdad. Precisamente, uno de nuestros autores más reconocidos emplea buena parte de las 300 páginas del libro en desmentir el topicazo, y lo hace desde el punto de vista del forofo, pero también del cinéfilo, el escritor y, si me apuran, del antropólogo:
«El fútbol debería dar más que pensar. Pocas cosas hacen que millones de personas salten a la vez de alegría, en los estadios y en sus casas, por algo en lo que de hecho no han tenido participación».
Javier Marías resalta esa comunión entre el equipo y el seguidor, una unión que nace porque se trata de la zaga de la ciudad natal o porque el forofo piensa “que podría ser uno de ellos” en un terreno “inofensivo y simbólico”. Refuerza esta adhesión inquebrantable la infancia, un espacio que en el libro se encuentra muy presente, pues esta plagado de reproducciones de los cromos que el autor reunió hace medio siglo (o que recuperó años más tarde por internet).
Quizás la lección más importante de esta obra sea la imparcialidad que desprende: las lágrimas por los sinsabores que de vez en cuando proporciona el Madrid no impiden al autor ver las “estrellas”, en este caso la de los equipos ajenos y reconocer, ya sea en el Manchester, en la selección holandesa o en el enemigo acérrimo (el Barcelona) la superioridad del rival e incluso apoyarlo si no hay más remedio. Esta objetividad le lleva a defender causas perdidas, por políticamente incorrectas, como la “revuelta” de Eric Cantoná, quien propinó una patada a un seguidor que en insultos a su persona se pasó tres pueblos. Marías cree que si esa situación la hubiéramos visto en el cine, la gente hubiera aplaudido la reacción del héroe frente a un publico que, a estas alturas del cuento, no tiene nada de respetable.
Y como ocurre en sus artículos alejados de los terrenos de juego, a la hora de analizar el fútbol Marías lanza dardos políticamente incorrectos contra el nacionalismo patriotero, los presidentes de clubes, el ruido en las ciudades o el olvido de un puñado de votantes esparcidos por su querida Soria. Por otro lado, encontramos en Salvajes y sentimentales pronósticos fallidos de los lances del juego. Así, sostenía el autor allá por 1998 que Francia nunca ganaría el Mundial porque nunca ha vencido un equipo con un portero “de aspecto innoble o amanerado” (y a pesar de todo, Barthez y compañía se hicieron con el trofeo). Y días antes de la gloriosa Eurocopa del 2008, retrata a la selección española como un conjunto mayoritario de medianías, algo que confirmaba su teoría de que hay dos cargos en España “cuyos ocupantes se vuelven locos antes o después”, el de presidente del Gobierno y el de seleccionador nacional. Pero, ¿quién está libre de fallar un pronóstico futbolero? Además, el autor reconoce su error en los artículos siguientes. No hay tópicos, no hay tecnicismos, hay mucho corazón y mucho intento de analizar con sencillez el misterio del fútbol. No hay que extrañarse de que Javier Marías, como tantos novelistas, haya saltado al campo; en algún lugar de este hermoso libro deja claro que todos los jugadores son gente novelesca, a su pesar.
ALFONSO VÁZQUEZ
La Opinión de Málaga, Libros, 12 de junio de 2010
Conforme se leen los tres volúmenes de Tu rostro mañana se va adquiriendo conciencia de que toda la literatura anterior de Javier Marías parece ser preparatoria de lo que en esta novela alcanza.
[…] La pregunta fundamental que la novela se plantea es ¿cómo no supimos ver lo que ocurriría? Ligada a otra consecuencia de naturaleza ética: es preciso contarlo para que no vuelva a ocurrir.
[…]
Pero por debajo de estas explícitas recurrencias del motivo de la presciencia […] late un sentido mayor: la pregunta por la traición, por la violencia y el horror de la Guerra Civil española y luego de la Europea o Mundial.
[…]
Emerge crecido de nuevo, al final de ella, en el tercer volumen, el homenaje al padre, porque se encuentra en él la gran excepción, una ética sostenida en la actitud y trayectoria vital de Juan Deza, el único totalmente limpio de cualquier violencia a lo largo de toda la novela. El único totalmente inocente.
[…] El lector sabe que se trata de la literatura, de la función del narrar literario, se vierta en ficción o se vierta sobre acontecimientos históricos, porque si la literatura no los salva los sepultará el olvido.
[…] Este ir desde un nivel de la historia, concebida como trama, […], hacia ese otro nivel, esa altura (u hondura) reflexiva, que es el rasgo más precisamente definitorio de la apuesta literaria de Marías. Reflexionar, indagar sobre procesos éticos o faltos de ética, sobre conductas y sus motivaciones profundas, sobre situaciones extremas, sobre la dignidad (la de su padre, tan soberbiamente inscrita en su silencio), y la indignidad de los traidores, sobre la humillación de los vencidos.
[…]
Javier Marías tiene el acierto de llevar a su propia sintaxis ese gran tema de los “estados conjeturales”. Uno de los rasgos más reveladores de su singularidad en cuanto estilo (entendiendo ahora por tal término la compositio) es que en la frase literaria de Javier Marías el discurso, el fraseo que lo constituye como tal discurso, se va abriendo constantemente para introducir formulaciones contrarias, o matizadas, o hipótesis otras que contraponer a las dichas, o desarrollos posibles que adjuntar a ellas… No considero que este fraseo sea caprichoso y mucho menos hijo de ninguna impericia. Antes al contrario es el modo de ejecutar su poética de escritor de novelas y, en el caso de ésta, incluso el tema mismo de ella: cada cosa puede tener su otra cara oculta, que puede o no entreverse, conjeturarse, decidirse en el plano de la posibilidad, en su alternativa, en su rostro (velado o sepultado) del pasado o en su rostro mañana (si fuéramos capaces de preconocerlo).
[…]
El tercer volumen añade a la semántica del conjunto la doble forma de la elegía por el padre (Juan Deza) y el maestro (Wheeler), desaparecidos entre la publicación del segundo y éste, y el compás rítmico y orquestal de un Requiem en el que la Muerte va ocupando la escena, a través de distintas presencias.
[…] Quizá no se haya escrito en la literatura española durante décadas, una elegía de tanto calado y emoción contenida, al hilo de los versos de Heine, como la despedida, que en la escena que se cierra en página 526, se dan padre e hijo, la mano en el hombro, el beso, el adiós, la bruma, y el definitivo exilio.
[…] El estilo Marías tiene algo de hipnótico, porque te lleva a donde quiere, y ese sitio resultó tener más posibilidades de las que creías al principio. La raíz de su peculiar estilo es que sirve a la arquitectura de la inteligencia. Y se ha entregado con ella a ofrecer el testimonio necesario de unos horrores heredados que nos hagan prevenir los rostros del mañana.
Fragmentos de “Javier Marías” en José María Pozuelo Yvancos, 100 narradores españoles de hoy, Menoscuarto Ediciones, Palencia, 2010.
SGUARDI
JAVIER MARÍAS
Prefazione di Elide Pittarello
Traduzione di Valerio Nardoni
Mavida, 2010
Prima edizione italiana di Miramientos, un’opera pubblicata in Spagna nel 1997, che comprende quattordici ritratti di scrittori di lingua spagnola (Vicente Aleixandre, Juan Benet, Federico Garcia Lorca, Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga, Antonio Martinez Sarrion, Luis Cernuda, Guillermo Cabrera Infante, Fernando Savater, Pablo Neruda, Victoria Ocampo, Eduardo Mendoza, Ramon del Valle-Inclan, Adolfo Bioy Casares) più, a chiusura, un ‘autoritratto farsesco’ che l’autore dedica a se stesso.
Gli occhi cupi di Federico Garcìa Lorca
Fernando Savater, le philosophe
Quelle fisionomie di scrittori parlanti come mini biografie
Borges cinquantenne ma ancora adolescente, «uomo candido e derelitto», faccia leggermente addolorata che non ha nulla a che fare con il suo nome e con ciò che scrive. E tanto distante dall’immagine dell’anziano mito letterario colto in un’altra immagine, ben consapevole del suo nome e del suo volto «mescolati per sempre».
Lo sguardo di Savater, ironico bonario, penetrante e burlone «da uomo che sta riflettendo». Neruda, rabbuiato giovincello in cerca di risarcimenti e pacioso uomo maturo, in attesa del clic della macchina per tornare a dominare la scena vincendo l’antico risentimento grazie al successo che in ogni caso pacifica. E, poi, il misterioso Benet, il concorde Bioy Casares, la fantastica Ocampo, lo sconfitto Cernuda…
Javier Marias crede (lo ripete nella bella conversazione con Elide Pittarello Voglio essere lento, Mavida, 138 pagine, 14,50) che il lavoro del romanziere sia simile a quello della spia: «La spia deve fare delle scommesse, deve intuire e decidere forse arbitrariamente e un romanziere fa in gran misura lo stesso».
I suoi quattordici ritratti di scrittori (Sguardi, Passigli, 128 pagine, 14,50 euro) hanno come oggetto «occhi sognanti e gentili», «folgoranti e allerta», «occhi sprezzanti con reminescenze da batrace», «occhi impazienti e freddi» impreparati a capire «nulla di quello che hanno deciso di non capire». Tutti “spiati” dallo sguardo di Javier Marias e composti in «minime biografie materiali» che rinunziano ai ricordi personali di amici e alla memoria di testi amati e li incalzano solo attraverso gli indizi di volti e atteggiamenti disseminati nelle immagini, dalle più antiche a quelle più prossime, in rassicurante cronologia. Due foto per Lorca, tre per Cabrera Infante, sei per Quiroga, tre per Mendoza…
Uno sguardo finto e mentale, quello di Marias, una fisiognomica che, per tracce, congetture, interrogativi, piccole aperture di senso, indaga le forme, la scena dei volti e del mondo, la sua cangiante apparenza, l’impercettibile mutazione nascosta dietro la sostanziale immobilità dell’«autoritratto farsesco» finale in cui l’impenetrabile determinazione delle prime immagini si scioglie nel volto che «ha imparato ad essere pietoso» dell’ultima.
La «inafferrabilità della fotografia» e «la reticenza della parola» di commento delineano – scrive la Pittarello - un «vuoto fertile reattivo». E’ «la necessità del racconto», la necessità di un “tempo” lieve, sussultante incalzante impenetrabile. Che è il “tempo” del Marias, narratore e “spia” che sferza tutti i ricordi, le congetture, le fantasie di esistenze possibili e non realizzate.
Il Marias di Veleno e ombra e addio (Einaudi, 420 pagine, 28 euro), il terzo tempo appena approdato in libreria della trilogia Il tuo volto domani, grande romanzo sulla violenza e la paura, l’apprendimento della solitudine, il peso che il passato esercita sul presente. E l’impossibilità di conoscere gli altri e anche se stessi che affiora anche nelle fulminanti micronarrazioni delle «fisionomie parlanti» in Sguardi. Nello sguardo della Ocampo che «si attacca alla vita quando sa che la vita inizia a prescindere da lei».
RENATO MINORE
Il Messaggero, 5 giugno 2010
“… esta brillante novela, una de las más grandes que el siglo ha dado hasta ahora”
MARK FORD
The New York Review of Books
Eli S. Evans escribe en Fanzine sobre la traducción del cuento Mala índole:
One, Two, Three and Four: Bad Nature, or the Literary Universe of Javier Marías
Tenía razón Jorge Luis Borges al decir que los géneros nucleares eran los más atrayentes y difíciles. La específica economía verbal y síntesis expresiva del escritor argentino sobresalen ante todo en el cuento, porque era un fabulador con un refinado gusto por lo fantástico, tal vez heredado de su pasión y familiaridad con la literatura inglesa, que le hizo escribir alguna que otra pieza casi tan “oscura y esquiva” como las 22 que integran la segunda edición aumentada de Cuentos únicos (Reino de Redonda, Barcelona 2009); requisito indispensable, según Javier Marías, para figurar en esta constelación de cuentos fantásticos, o de horror, o de fantasmas, cuyos autores son casi todos desconocidos, bien por haber muerto demasiado jóvenes o por no haber escrito suficiente, o por no haber logrado tal vez más que la sola pieza maestra aquí rescatada. Concibió esta suerte de “antología de fulgores”, dice en el prólogo nuestro novelista editor y recopilador, para que no caigan en el olvido estas joyitas.
No así Lawrence Durrell, muy conocido como novelista, que participa con uno de los cuentos más breves y perfectos, cuyo lenguaje se queda pegado a la mente y gusta más porque no se entiende del todo a pesar de su furiosa coherencia interna. En Las cerezas, que así se llama éste entre la media docena de cuentos traducidos por Javier Marías, el lenguaje se hace mágico: sigue reverberando cuando pasa el discurso hacia una lengua rara, lamida por la luz inquieta sita al final de una escalera. El pomo blanco de la puerta adentra en un lugar turbado: blanca la cal ardiente (sed) donde se posan las cerezas.
Todo aquello en lo que se fija la vista (el corazón) del protagonista se vuelve cifra en el recuerdo: 33 es la manzana blanca, el pomo de la puerta, el rostro amado es 33. Piensa que “si el amor se alimentara de música” sería impertinente arrancarse la uña de la carne para lograr ver dientes blancos. Pero él no lo cree posible y al final el rojo fluye de su costado izquierdo mientras la raya azul y las cerezas son los mudos testigos de su culpa. Los otros llegan y se espantan, aunque él se haya vuelto invisible con todo lo que añora. ¡Y todavía le reclaman por los destrozos!
Entre mis cuentos favoritos del libro resalto El fumador de pipa (Martin Armstrong), La canción de Lord Rendall (James Denham), Los bajíos (Wilfrid Ewart) y El barco que vio un fantasma, uno de los más largos y aventurosos. Su autor, Benjamin Franklin Norris (1870-1902), único americano entre los autores (ingleses) antologados, tuvo en su corta vida tiempo para educarse en París y en Harvard, ser corresponsal en Sudáfrica y en Cuba, escribir tres novelas y ante todo lograr esta joya, que según Marías las supera a las tres. Por mi parte, siento un aire conradiano en la personificación del principal protagonista del cuento, que es precisamente el barco llamado Glarus, temido por todos los marinos porque, aparte de ser antojadizo e inescrutable para los hombres como lo son casi todos los barcos, tenía miedo: había visto un fantasma en pleno océano Pacífico y desde entonces, se negaba a obedecer (disparándose a toda máquina o negándose a avanzar) llegado al punto de ese desierto infinito, ese “Horror primigenio y mudo” donde “nada lleva a ninguna parte”, donde merodeaba el fantasma de un barco a quien dos siglos antes habían abandonado sus seis tripulantes “sumido en las sombras de aquella Muerte que no era Muerte”. Pero escuchemos a Norris:
“barcos que durante años han surcado los mares tan tranquilos y dóciles como esos caballos que avanzan penosamente entre los raíles y tirando de los tranvías, se sabe que de pronto se han plantado de forma tan terca y concluyente como algunas de esas cabras que arrastran un carrito con un pequeño cencerro colgado al cuello por las calles de San Francisco. Sé que tales cosas pueden ocurrir porque las he visto. Al Glarus, por poner un ejemplo, lo vi comportarse de esa forma”.
Debo decir que hay además un autor español incluido, el propio Marías, pero como no quiero ser aguafiestas, no diré cuál es el inexistente escritor inglés que se inventó hace 15 años como máscara tras la cual esconderse en calidad de escritor fantasma.
JUANA ROSA PITA
El Nuevo Herald, 9 de mayo de 2010
Literatura y periodismo, o columnismo, que no sólo llama a las cosas por su nombre sino que las radiografía e incluso nos muestra su sombra y. proyección. Eso se aprecia, y se agradece, en esta antología de artículos que Javier Marías (Madrid, 1951) ha escrito a lo largo de 25 años. Como indica el subtítulo: ‘Letras de política y sociedad’, son piezas restringidas exclusivamente a ese ámbito, escritas para diferentes publicaciones, entre ellas, El País Semanal, donde colabora actualmente. La mirada de Marías es aquí afilada, irónica o sarcástica (en cuyos recursos lleva a veces asemillado el humor) en torno a cuestiones que competen al Gobierno, a la nación o al país, o a los tres, sobre las que él llama la atención, ya sea por la desfachatez, la negligencia o la incompetencia de algunos dirigentes y las consecuencias de sus actos; pero también, y sobre todo, de la conformidad o indiferencia con que la ciudadanía asume ciertos asuntos. Unos textos magníficamente escritos que, leídos uno tras otro, crean un retrato, por momentos preocupante, de una sociedad que tolera o se muestra pasiva con sus líderes o el rumbo de sus ciudades o instituciones. Hay muchos temas, nacionales e internacionales, en los que se ve a un Javier Marías combativo e inconforme, pero siempre alerta desde una ética comprometida con todos y con su tiempo. Tres de los artículos que retratan parte de todos estos escritos sobre asuntos candentes en su momento son: Ustedes (sobre el 11-S, de 2001), Decidir volverse loco (sobre el PP, el 14-M, Aznar, ETA) y El perjudicial servicio del presente (una reflexión sobre nuestra época).
WINSTON MANRIQUE
El País, Babelia, 8 de mayo de 2010
Joseph D. Haske analiza la obra de Javier Marías Your Face Tomorrow: Volume Three: Poison, Shadow and Farewell en el n. 31 (March/April 2010) de la revista American Book Review, editada por la Universidad de Houston-Victoria (Texas).
Javier Marías ha decidido editar un libro que leyó en la infancia: Cuentos de las orillas del Rin, de Erckmann-Chatrian. El autor de Corazón tan blanco encontró este peculiar volumen hace unos 40 años en la ciudad de Soria, donde pasaba los veranos. Cuando la lluvia pretendía arruinar sus vacaciones, Marías se refugiaba en la hospitalaria biblioteca de don Heliodoro Carpintero, amigo de su familia.
Ahora Cuentos de las orillas del Rin reaparece con la cara limpia de las ediciones Reino de Redonda, en la espléndida traducción de Mercedes López-Ballesteros.
Hay que resaltar la influencia que libros considerados como “secundarios” pueden tener en la imaginación de un futuro novelista. Marías se benefició con historias muy distintas a las que escribe, pero que le legaron un aura duradera y casi mágica.
Las lecturas de la niñez se convierten en una forma de la atmósfera; olvidamos las tramas, pero conservamos una impresión decisiva, similar a la de una tormenta lejana o un apagón que duró demasiado.
Marías no podía recuperar detalles, pero recordaba haber leído algo bueno y terrible: “A pocas sensaciones se resisten menos los niños que al temor ficticio (o pocas los cautivan más), esto es, el temor que les permite descubrir los peligros y las maldades del mundo sin exponerse a ellos directa ni verdaderamente, sin padecerlos, sintiéndose más o menos a salvo en la práctica y en lo cotidiano y concreto, y amenazados sólo en la teoría y en lo futurizo y abstracto”, escribe en su nota introductoria.
Buena parte de la literatura infantil cumple el fin estético y terapéutico de contar un horror superable. Replegar los males a un terreno ficticio sirve para aquilatarlos desde la tranquilidad de la especulación y para valorar el regreso al mundo concreto donde la cena está lista.
En recuerdo del niño que fue, y del generoso Heliodoro Carpintero, Marías reeditó este libro casi olvidado.
Erckmann-Chatrian es el nombre literario de los franceses Émile Erckmann y Alexandre Chatrian. De 1847 a 1887 el binomio ganó fama y fortuna. Durante esos 40 años, los niños del siglo XIX se asustaron deliciosamente con sus historias.Especialistas en fantasmas, Erckmann y Chatrian también escribieron sagas militares, con especial dedicación a las campañas napoleónicas. Su libro Waterloo parece escrito con más pólvora y lágrimas que tinta.
Otra peculiaridad es que se ocuparon de numerosos personajes judíos en un tiempo en que muy pocos lo hacían. Estudiosos del judaísmo en la literatura han señalado que Erckermann era muy partidario de los judíos mientras que Chatrian recelaba de ellos. Esta tensión produjo personajes variopintos, de gran riqueza emocional. Uno de los más simpáticos y coloridos es el Rabino que protagoniza El amigo Fritz, y que tuvo como inspiración a Nathan Sichel, gran amigo de Erckermann, editor de Le Constitutionnel, periódico donde las primeras obras del binomio aparecieron en episodios, y célebre degustador de kirsch.
La división del trabajo entre los amigos que recorrían Alsacia y Lorena en busca de historias era muy definida: Erckmann escribía y Chatrian contribuía a diseñar las tramas y llevaba la intensa relación con los editores. Su alianza parecía tan inquebrantable como la de los Grimm; a tal grado que en sus décadas de gloria eran conocidos como “los Hermanos Siameses”.
El éxito genera suspicacias y 40 años de éxito generan muchas suspicacias. Erckmann sintió que Chatrian lo trataba como su parásito, algo que le parecía injusto, tomando en cuenta que su colega poco o nada escribía. Amargas disputas económicas arruinaron la relación. Chatrian murió en 1890 con una foto de los “Siameses” bajo la almohada. Erckmann sobrevivió nueve años a su “parásito”, pero sólo escribió dos insulsos opúsculos.
Uno de los Cuentos de las orillas del Rin prefigura este drama. “Mi ilustre amigo Selsam” trata de los microbios y las lombrices que viven en el organismo. Un inventor descubre que esos parásitos se excitan con la música: “Es lo que los físicos llaman la creación equívoca… Los sonidos, al actuar sobre el sistema nervioso, producen un desprendimiento eléctrico, el cual actúa a su vez sobre los líquidos contenidos en nuestro cuerpo, de donde nacen miles y miles de insectos que atacan el organismo”. Ante una sobredosis de sonido, las “creaciones equívocas” devoran el cuerpo que les sirve de hogar. Fue lo que sucedió cuando el talento de los narradores se convirtió en codicia.
Llama la atención que autores tan disfrutados hayan pasado a una zona de sombra. ¿Será ése el futuro de sagas como Crepúsculo y Harry Potter, que distribuyen escalofríos con tanta eficacia hoy en día?
Aunque H. P. Lovecraft elogió la destreza de estos diseñadores de espectros, Erckmann y Chatrian siguieron el camino al olvido de tantos autores célebres.
Cada época parece tener un modo especial de asustarse. Cuentos a las orillas del Rin permite regresar a un tiempo anterior, cuando la luz eléctrica aún no disolvía los fantasmas.
JUAN VILLORO
Reforma, 12 de marzo de 2010
Entre los muchos atractivos que encuentro en la escritura de Javier Marías está su indudable elegancia expositiva, la exquisita cadencia de sus frases, la limpieza escénica en la que viven sus palabras, tan bien colocadas y pulimentadas que parecen ser el resultado de la aplicación de una fórmula magistral y secreta. Sé que mi amor por la literatura en lengua inglesa me hace acercarme a Marías, tan inglés él, en tantas cosas. Conozco pocos escritores nuestros que tengan esa impronta internacional, ese aire cosmopolita, aunque esté escribiendo de los asuntos más locales. Por si todo lo anterior fuera poco, y siendo, como soy, gran aficionado a las columnas de prensa, diré que poder gozar de ochenta y cuatro columnas periodísticas de incontestable profundidad, y de rotunda sátira, como las reunidas en este magnífico libro, es para mí todo un regalo. Sigo a Marías por tierra, mar y aire, pero en sus entregas a la prensa suelo encontrar un gran alivio para la insoportable levedad de las tardes dominicales. Autor personal, nada indulgente, suele dar con la clave de los asuntos, y deja siempre, con maestría, un poso de rebeldía y una sonrisa cómplice en los labios del lector. Gran libro, también para políticos.
J.M.G.
El Correo Gallego, 28 de febrero de 2010
Salir ahora glosando algunos aspectos de la prosa de Javier Marías, o su valía como comentarista y observador de la vida cotidiana resulta ocioso porque qué voy a decir yo que no se haya dicho ya suficientes veces y casi seguro que mejor. Hay sin embargo un aspecto de ese quehacer que pone de manifiesto la presente recopilación de artículos y que merece la pena ser resaltado.
A diferencia que otros columnistas, que parecen más centrados o especializados en algunos aspectos concretos del acontecer diario, la curiosidad y el abanico de intereses de Javier Marías es tan amplio que sólo al ver juntos sus escritos de política caes en la cuenta de que no sólo le dedica una considerable atención a los hechos (he estado a punto de decir fechorías, pues al fin y al cabo lo que hacen son fechos) de nuestros políticos, sino que lo hace de la forma que más les puede soliviantar, pues dice las cosas tal cual, sin partidismos ni componendas. Y está claro que cuando se trata de juzgar la bochornosa y mezquina actuación de ETA y su entorno resulta relativamente sencillo manifestar una opinión condenatoria de los asesinatos por la espalda que cometen los valientes gudaris y de la actitud chulesca de sus partidarios celebrando cada ejecución como un triunfo que, según ellos, les pone un paso más cerca de la victoria final.
En cambio no resulta tan sencillo cuando se trata de hablar de los GAL una vez que los más directamente señalados por el dedo acusador de la vox populi ya no se sentían impunes y notaban en la nuca el aliento de quienes pretendían ajustarles las cuentas. Y lo mismo cabe decir de la larga lista de “villanos” que desfilan por los ochenta y tantos artículos aquí reunidos, y que no salen retratados desde su perfil precisamente más favorecedor y agradecido. Resulta reconfortante comprobar que según pasan las páginas, y sin necesidad de alzar la voz ni perder la compostura (”Usted no parece español”), el juicio moral se va haciendo extensivo a lo acontecido durante los últimos casi treinta años.
Al escribir esta última frase relativa al juicio moral acerca de aquellos hechos he estado a punto de añadir y “guardar memoria de ellos” pero no tendría demasiado sentido porque , a diferencia del historiador (que hace todo lo posible por contextualizar la época o el momento objeto de su estudio a fin de que el lector disponga de los datos “objetivos” que le permitirán decidir si la tesis que le está siendo expuesta es aceptable o no) el observador de lo cotidiano actúa un poco como el dibujante que sólo dispone de un papel y un lápiz para captar con unos pocos trazos aquello que haya llamado su atención en el mundo exterior. En Los villanos de la nación se reúnen “letras de política y sociedad” que empiezan en 1985 y terminan en 2009. Por lo tanto es perfectamente perceptible un fenómeno que ocurre según se lee, y que tiene que ver con la progresiva contextualización. Al principio, los temas aquí tratados pillan ya tan lejos que no es posible establecer un diálogo con el texto y llevar a cabo esa operación paralela a la lectura y que consiste en ir contrastando la opinión personal con lo que se dice por escrito hasta alcanzar, o no, un consenso. El texto sólo dice lo que dice y no hay sobreentendidos, guiños y demás metansentidos colegibles en una lectura “entre líneas”. Pero, curiosamente, el texto no se empobrece ni se hace ilegible: sencillamente, se lee. Y como suele decirse, “la verdad es la verdad, díganla Agamenón o su porquero”. En este caso, la verdad, si la hay, se defiende por sí misma y sin necesidad de que el político o el villano de turno cometan la correspondiente cafrada que corrobore lo dicho. De ello surge un ejercicio de lectura muy saludable. Según nos acercamos a la actualidad, el texto se puebla de referencias aportadas por el propio lector y ello hace más notable la diferencia con lo leído en el primer tercio del libro.
Y permítaseme una pequeña observación acerca de la edición: ni el nombre de la editorial, ni el aspecto general del libro permiten saber al lector normal y corriente que lo que tiene en las manos es un pequeño milagro producto no del azar sino del tesón, la voluntad, el oficio y la capacidad de supervivencia inherentes a todo pequeño editor que lucha en condiciones desfavorables y que celebra como un triunfo cada nuevo libro publicado, o el mero hecho de cerrar cada mes sin unas pérdidas tan inasumibles como para verse obligado a cerrar. Tampoco es que el afán de supervivencia de un pequeño editor tenga más méritos, o sea más digno de alabanza, que la pelea por llegar a fin de mes de cualquier pequeño empresario o artesano. Pero tranquiliza constatar que todavía hay gente capaz de perder el resuello por sacar a la calle un libro bien hecho, correctamente editado y del que pueden sentirse tan satisfechos el editor como el lector.
JAVIER FERNÁNDEZ DE CASTRO
El Boomeran(g), 25 de febrero de 2010
El primer libro que leí de javier Marías fue Corazón tan blanco, y me sigue pareciendo que es ésta la puerta de entrada ideal a su obra. Lo leí en marzo de 1999; en estos once años he leído todo lo que ha escrito Marías: sus extraordinarias novelas, sus novelas menos extraordinarias, sus varios volúmenes de cuentos o artículos. E incluso he leído lo que no ha escrito, sino traducido: El espejo del mar, de Conrad, lo leí primero en la traducción de Marías que en el original. Lo que quiero decir es que Marías es uno de esos autores rarísimos: los que generan pasiones, los que no permiten las medias tintas. Uno lo colecciona o lo aborrece. Yo lo colecciono, aunque no podría defender todos sus libros. Pero tampoco puedo defender todos los libros de Vargas Llosa, por decir algo, ni de Philip Roth. Y siempre me interesarán más estos novelistas, los que se caen por la borda de tanto llevar las cosas al extremo, que los otros, los medianos que no disgustan a nadie, esos tibios de la literatura.
Pues bien, la última novela de Marías me viene muy bien para ilustrar el punto, porque no se me ocurre, dentro de la literatura contemporánea en español, un libro más radical, más extremista, que Tu rostro mañana. Todos ustedes ya conocen las características externas del libro, sus intimidantes señas particulares: son tres volúmenes de títulos herméticos que Marías publicó en 2001, 2004 y 2007; el total, por lo menos en la edición original, es de 1.608 páginas. Muchos críticos despistados siguen hablando de trilogía, pero no es una trilogía lo que tenemos aquí: es una novela en tres volúmenes, igual que En busca del tiempo perdido es una novela en siete volúmenes. Digo que es un libro extremista y radical porque —y que esto funcione a manera de advertencia— Tu rostro mañana es una especie de hipertrofia de Javier Marías: todos sus rasgos como novelista están ahí, sólo que mucho más. Y eso seduce a sus lectores de siempre, claro, pero impacienta y hasta indigna a quienes no lo son.
¿Y cuáles son esos rasgos que aparecen hipertrofiados en esta novela? Los comienzos meditativos, por ejemplo: igual que Mañana en la batalla piensa en mí y Negra espalda del tiempo, los tres volúmenes de Tu rostro mañana comienzan con esas consideraciones abstractas de los narradores de Marías, y la única diferencia es que en aquellas novelas la meditación duraba un párrafo, y en éstos dura diez páginas. Otro ejemplo: las digresiones. A Marías, lector fiel de Don Quijote y de Tristram Shandy, le ha gustado siempre interrumpir la acción para irse por una rama (que muchas veces, dicho sea de paso, acaba siendo más interesante que el tronco). En otros libros, esa digresión podía durar algunas páginas; en Tu rostro mañana hay una escena magistral en que un inglés, armado con una espada antigua, está a punto de degollar a un español en un baño para minusválidos del Londres del siglo XIX, pero basta con que el hombre levante la espada para que Marías nos tire a la cara una desviación de 70 páginas sobre las armas, el miedo y la Guerra Civil española.
En fin: se trata —como espero haber transmitido, así sea por simple entusiasmo— de una gran novela. Es excesiva, caprichosa, idiosincrásica, y no es necesariamente la que yo recomendaría para empezar a leer a Marías. Pero es una gran novela.
JUAN GABRIEL VÁSQUEZ
El Espectador (Colombia), 25 de febrero de 2010
Le polar intelligent de Javier Marías
Quel est aujourd’hui l’écrivain européen le plus subtil, capable de signer des romans où il ne se passe presque rien mais que l’on ne parvient pas à lâcher ? Réponse : Javier Marías. Cet Espagnol est un médium, et sa plume ressemble à un sismographe qui enregistre les moindres palpitations des coeurs pour nous plonger dans un univers délicatement proustien où la perspicacité psychologique atteint d’inégalables sommets. Quant à l’oeuvre maîtresse de Marías, c’est un triptyque intitulé Ton visage demain, dont le héros -Jaime Deza, flair infaillible et oeil de lynx- ne peut s’empêcher de démasquer ses proches en sondant leurs sentiments les plus intimes.
Avec Poison et ombre et adieu, voici le troisième volet du triptyque : un nouvel exercice de télépathie où l’on retrouve Jaime Deza, l’ancien employé de la BBC qui continue à patauger dans les eaux troubles des services secrets britanniques. Cette fois, c’est dans la luxueuse maison de l’énigmatique Mr Tupra qu’il nous donne rendez-vous, pour jouer un drôle de jeu : visionner des vidéos clandestines, affreusement violentes, qui compromettent des célébrités, des brasseurs d’affaires ou des hommes politiques. Et qui serviront de pâture aux espions du MI6, la Military Intelligence. “A mesure que je regardais, un poison me pénétrait”, dira Deza, prisonnier d’une toile d’araignée dont il essayera de s’échapper en regagnant son Espagne natale, sans savoir qu’il y sera accueilli par d’autres démons…
Sur cette trame policière - un mélange de Nabokov et de Ian Fleming -, l’auteur de Littérature et fantôme (un recueil d’essais publié ce mois-ci chez Gallimard) greffe des centaines de digressions à la fois cocasses et érudites, où il ne cesse de nous bluffer en dissertant sur une paire de chaussures ou un bas filé, un morceau de hip-hop ou un passage de Tristram Shandy. A quoi s’ajoute une critique mordante d’une société où Big Brother est désormais équipé de caméras de vidéosurveillance, et où la tyrannie du voyeurisme a remplacé les anciennes formes de fascisme. Lire Marías, c’est faire provision de lucidité et c’est aussi s’allonger sur le divan du psychanalyste, au détour d’un roman qui est une hallucinante odyssée dans les arcanes de nos cerveaux.
ANDRÉ CLAVEL
Lire, fèvrier 11, 2010
Ton visage demain
Voici donc le dernier volet de cette étrange trilogie aux titres singuliers qui, pour une fois depuis longtemps chez cet angliciste espagnol traducteur de Sterne, exégète de Joyce, Faulkner, Melville et Nabokov, ne sont pas empruntés à des citations shakespeariennes. Après Fer et lance et Danse et rêve, ce Poison et ombre et adieu met un terme aux aventures de son mystérieux personnage, Jaime Deza, l’homme qui savait lire sur le visage de ses contemporains la manière dont ils vieilliraient. Comprenez par là qu’il s’agit bien d’un médium doté du pouvoir obscur et redoutable de traquer la lâcheté qui se cache sous les dehors les plus sincères, l’abjection naissante qui, un jour, fera éclater la trahison sur la face de l’autre. Une curieuse obsession étend son ombre avide sur cette œuvre. N’a-t-on pas suivi le héros de Marías dans les situations les plus extravagantes, parfois cocasses, parfois prégnantes comme un mauvais rêve, sans savoir, sans comprendre souvent où le romancier entendait nous mener, devinant même qu’il ne le savait pas lui-même? Le monde des agents secrets continue de télescoper ici celui des maîtres à penser et des gourous en divination sans que le lecteur s’y retrouve toujours, s’il n’est pas comblé par l’atmosphère brumeuse d’un récit protéiforme conçu pour l’envoûtement. En bref, on marche ou on ne marche pas… Javier Marías, même s’il voue un culte à Flaubert, n’est pas un auteur qui se rature. Il poursuit sa baleine blanche en poète de l’imaginaire, quête souvent brisée, jamais abandonnée. Pour compliquée que soit sa démarche, elle n’est pourtant pas incompréhensible. On la saisit mieux en observant que cette trilogie est dédiée à son père, Julian Marías, un des grands esprits espagnols du siècle, disparu en 1995 et victime lors de la guerre civile de la pire trahison de la part d’un ami. Une émotion surgit alors et nous fournit la clé manquante. La littérature offre de beaux détours pour évacuer les souffrances du non-dit.
PHILIPPE NOURRY
Valeurs, février 17, 2010
Littérature et fantôme en Le Matricule des Anges. Février 2010
Ton visage demain 3. Poison et ombre et adieu en La Gazette. Février 17, 2010

Quienes piensan que Javier Marías es un señor que vive en una especie de limbo oxionense harían bien en echar un ojo a estos artículos. Marías se moja y el chorreo es de órdago
Existe la costumbre. en parte saludable. de lamentar lo poco que se mojan nuestros intelectuales. Los políticos. en connivencia con los constructores. convierten España en una urbanización; los ejecutivos de los bancos hacen su trabajo mal y se les repone el dinero del bolsillo de todos los españoles para que sigan adjudicándose unos sueldazos impresionantes… y nadie dice nada. ¿Nadie? Esta recopilación de artículos de política y sociedad de Javier Marías nos indica que sí hay quien predica. aunque sea en el desierto de un país que ya en sus propósitos de año nuevo se divide claramente entre los campechanos (Belén Esteban) y los exquisitos (Anne Igartiburu). Pero hay otro bando, aunque se les lee poco, se les oye menos y se los ve nada. Y Javier Marías anda ahí, haciendo la guerra con sus crónicas cargadas de razones y humor de todos los calibres, incluidos el sarcasmo más ácido y, cuando hasta éste se queda corto, la mala leche. Que a veces es la buena.
Contra alcaldes y constructores
Lo que distingue a Marías de ciertos opinadores especialistas en meter el dedo en el ojo ajeno es que no está ni en una trinchera ni en otra y le da leña por igual a los de todas las siglas: “Lo que el PP no comprende es que hay muchos ciudadanos, no especialmente partidistas, que no volverán a votar mientras estén a su frente los mismos que decidieron y aplaudieron el inicio de la escabechina [refiriéndose a la guerra de Irak]. De la misma manera que muchos no estuvieron dispuestos a votar al PSOE mientras a su frente siguieran los mismos que habían amparado los crímenes del GAL, o que algunos no lo han estado (ay, no los bastantes) a votar al PNV tras su pacto de Lizarra con ETA”. Le canta las cuarenta a Aznar (con ocho argumentos aplastantes, irrevocables) y dice de la presidenta de Madrid, por el asunto de la reforma del Paseo de Recoletos, que es una arboricida. Toca todo tipo de temas y en todos toma partido y saca a relucir su ya célebre impertinencia puesta al servicio de la reflexión. Son demoledores artículos como “Pánico y explotación”, donde describe de manera precisa cómo la aparente riqueza nos estaba haciendo (ya en 1998, todavía seducidos por el yuppismo) renunciar a años de conquistas laborales y cómo, a cambio de costeamos los quince días de vacaciones en el Caribe, se estaba renunciando a vivir dignamente el resto del año. Real como la vida misma (en España).
Pero los villanos de la nación que dan título al libro son unos muy concretos: “Cada vez que oigo o leo las palabras ‘constructor inmobiliario’ y ‘alcalde’, y en menor medida ‘empresario de obras públicas’ y ‘consejero o responsable autonómico’, me llevo la mano al bolsillo con dos fines simultáneos: uno, comprobar que no me falte nada; el otro, no correr peligro de estrechársela, por un acto de educación reflejo, a quienes siento que me la mancharían”. Ahora estos comentarios son habituales, pero lo interesante es que esto lo publicó Marías en 2006, cuando los empresarios de la construcción eran unos héroes nacionales que nos habían hecho tan ricos que hasta Zapatero pedía a gritos una silla en la reunión del G-8. Así que, quienes quieran disfrutar empaquetadas y sin interrupciones sus disquisiciones como columnista afilado y polemista fajador, aquí tienen un banquete de lo más sabroso.
ANTONIO G. ITURBE
Qué Leer, febrero de 2010
Para decirlo sin rodeos ni circunloquios, esta antología titulada Cuentos de las orillas del Rin es una de esas joyas que de vez en cuando los editores (en este caso Javier Marías, desde la animosa editorial Reino de Redonda) encuentran por ahí olvidadas, las pulen (por ejemplo mediante una excelente traducción, en este caso a cargo de Mercedes López-Ballesteros) y las mandan a las librerías como si tal cosa. Y puesto que cada año se editan montañas de libros sin que sea posible atribuirles una D.O. que alerte con certeza al lector de lo que tiene en las manos, voy a dar unos cuantos datos con la esperanza de que sirvan de alerta.
Y para empezar, los nombres, pues hay escritores cuyo nombre confunde a los no iniciados, razón por la cual la mitad de quienes entran a curiosear en las librerías sale convencida de que Evelyn Waugh es una mujer. En otros casos la información errónea viene de los apellidos, y son incontables quienes creen estar seguros de que Erckmann-Chatrian es como una versión alsaciana de nuestro Ortega y Gasset. Y cuánto se equivocan, porque Émile Erckmann y Alexander Chatrian fueron una de esas parejas de baile que mientras están juntas alcanzan cotas que jamás hubieran alcanzado por separado pero que, ay, acaban inevitablemente por separarse, casi siempre para acabar diluidos en el anonimato. Erckman y Chatrian se conocieron cuando tenían 25 y 21 años respectivamente y aunque eran de carácter y gustos muy diferentes, casi de inmediato iniciaron una curiosa forma de colaboración. Al principio, Erckman era el productor y Chatrian el conseguidor, y mientras Erckmann andaba por ahí escribiendo (aseguraba que quien ha nacido en los Vosgos no tiene ninguna necesidad de viajar, y menos aun de vivir, sobre todo, en París), Chatrian se estuvo peleando con los editores parisinos hasta que, en 1859, logró que El Constitucional publicase Hugo y el lobo en forma de folletón. El éxito de esa primera aparición pública les animó a estrechar y perfeccionar su técnica de colaboración, y quien lea la presente antología, al llegar al cuento titulado “El canto del vino” podrá hacerse una idea bastante exacta de qué consumían esos dos, y en qué desorbitadas cantidades, mientras se inventaban al alimón los argumentos de sus obras. Otro aspecto curioso de su fructífera colaboración era que, una vez pergeñado el argumento, si les parecía que la mejor manera de desarrollarlo era la narración se encargaba de ello Émile Erckmann, mientras que si pensaban que quedaría mejor sobre un escenario era Alexander Chatrian quien entraba en escena. Y también en ese terreno lograron buenos éxitos, hasta el extremo de que en alguna enciclopedia anglosajona que he consultado, después de dar noticia de ellos termina diciendo:”Pero en Inglaterra se les conoce sobre todo por su pieza teatral El judío polaco“, de lo cual cabe deducir que allí se les valora más como autores teatrales que como narradores. Y no deja de ser chocante porque, casi un siglo y medio después de haber sido escritas, sus narraciones son geniales.
Les gusta mucho crear atmósferas de misterio, invocar a los espíritus y recrearse en secuencias surreales (las más de las veces surrealistas) todo ello atravesado por una veta de humor que en el caso del cuento “Mi ilustre amigo Selsam” se resuelve en una serie continua de carcajadas porque la transmutación de unos sesudos representantes de las fuerzas vivas locales en una descerebrada banda de músicos asesinos es de una comicidad insuperable. Pero lo mejor, su mejor baza, es el entusiasmo, y sospecho que aquí el mérito hay que atribuírselo a Erckmann por ser quien de verdad narraba. Da lo mismo que se trate del clásico cuento del miserable que sueña insistentemente con un castillo en el que encontrará un fabuloso tesoro y de paso, y nunca mejor dicho, a la mujer de sus sueños; o si el momento cumbre de la narración es cuando un pobre hombre se ve obligado a retar a un duelo de resistencia bebiendo a un gigantesco tabernero que jamás ha perdido un duelo así; o si se trata del clásico cuervo que encarna el mal o del profesor de metafísica que va demasiado lejos en su búsqueda más allá del mundo material y físico: cada uno de esos argumentos está relatado como si en realidad fuese la primera narración del mundo, la primigenia, la que no sigue modelos ni teme caer en pecado de plagio porque, justamente, nunca antes había sido narrada. Y como suele ocurrir con el entusiasmo, éste se va transmitiendo, incrementado, de cuento en cuento hasta llegar al del canto del vino, que cierra el volumen. Dudo mucho que nadie pueda acabar ese cuento sin sentir la necesidad de ir corriendo a la cocina para descorchar una botella y echar un trago larguísimo a la salud de todos aquellos cuyos huesos han reverdecido y brotan en cepas nudosas de viñedo, y cuya sangre hierve en gotas bermejas en los racimos maduros y se derrama en el lagar en límpidas oleadas. A vuestra salud, Erckmann-Chatrian. Y muchas gracias.
JAVIER FERNÁNDEZ DE CASTRO
El Boomeran(g), 21 de enero de 2010
Lo más chocante de estos cuentos es que son cuentos fronterizos, pero en un sentido muy peculiar. Sus autores. Erckmann y Chatrian, son nativos de la Lorena, región francesa que linda con Alemania, como Alsacia y su capital Estrasburgo. En suma, un día son franceses y al otro son alemanes, según las tornas de la historia. En cierto modo, estos cuentos son cuentos tardorománticos de un Rin afrancesado. A veces, tiene uno la impresión de leer a Hoffmann, sobre todo sus cuentos musicales, y otras veces parecen cuadros pompier de Meissonier, cuentos tabernarios con el dios Gambrinus como Baco germánico. Esta mezcla o cúmulo de sugerencias dota a estos cuentos de un aroma que creíamos esfumado del mundo. La traducción evoca las Sonatas modernistas de Valle-Inclán, como si los ocho cuentos fuesen ocho sonatas del Rin. La traducción de Mercedes López-Ballesteros resulta. ejemplar con un regusto léxico del idioma, una especie de desparpajo preciosista, si tal cosa es posible, “Añejos vinos cautivos bajo los cercos de hierro o de caña” (pag. 217). Pocas veces leemos una escritura digamos tan becqueriana. Acaso el mejor cuento es “Hans el cabalista”, con una atmósfera espeluznante de París. Un París a orillas del Ganges con monstruos dignos de Stevenson. “La ladrona de niños” es el prototipo del cuento de terror romántico. Me pregunto si Andrés Neuman, autor de El viajero del siglo, quizá la mejor novela del 2009, fue un atento lector de estos cuentos. Su novela guarda una gran afinidad con su atmósfera de pavorosos burgos germanos.
CÉSAR PÉREZ GRACIA
Heraldo de Aragón, 14 de enero de 2010

































