Críticas

13th Marzo
2010
written by zonafantasma
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Javier Marías ha decidido editar un libro que leyó en la infancia: Cuentos de las orillas del Rin, de Erckmann-Chatrian. El autor de Corazón tan blanco encontró este peculiar volumen hace unos 40 años en la ciudad de Soria, donde pasaba los veranos. Cuando la lluvia pretendía arruinar sus vacaciones, Marías se refugiaba en la hospitalaria biblioteca de don Heliodoro Carpintero, amigo de su familia.

Ahora Cuentos de las orillas del Rin reaparece con la cara limpia de las ediciones Reino de Redonda, en la espléndida traducción de Mercedes López-Ballesteros.

Hay que resaltar la influencia que libros considerados como “secundarios” pueden tener en la imaginación de un futuro novelista. Marías se benefició con historias muy distintas a las que escribe, pero que le legaron un aura duradera y casi mágica.

Las lecturas de la niñez se convierten en una forma de la atmósfera; olvidamos las tramas, pero conservamos una impresión decisiva, similar a la de una tormenta lejana o un apagón que duró demasiado.

Marías no podía recuperar detalles, pero recordaba haber leído algo bueno y terrible: “A pocas sensaciones se resisten menos los niños que al temor ficticio (o pocas los cautivan más), esto es, el temor que les permite descubrir los peligros y las maldades del mundo sin exponerse a ellos directa ni verdaderamente, sin padecerlos, sintiéndose más o menos a salvo en la práctica y en lo cotidiano y concreto, y amenazados sólo en la teoría y en lo futurizo y abstracto”, escribe en su nota introductoria.

Buena parte de la literatura infantil cumple el fin estético y terapéutico de contar un horror superable. Replegar los males a un terreno ficticio sirve para aquilatarlos desde la tranquilidad de la especulación y para valorar el regreso al mundo concreto donde la cena está lista.

En recuerdo del niño que fue, y del generoso Heliodoro Carpintero, Marías reeditó este libro casi olvidado.

Erckmann y Chatrian

Erckmann y Chatrian

Erckmann-Chatrian es el nombre literario de los franceses Émile Erckmann y Alexandre Chatrian. De 1847 a 1887 el binomio ganó fama y fortuna. Durante esos 40 años, los niños del siglo XIX se asustaron deliciosamente con sus historias.

Especialistas en fantasmas, Erckmann y Chatrian también escribieron sagas militares, con especial dedicación a las campañas napoleónicas. Su libro Waterloo parece escrito con más pólvora y lágrimas que tinta.

Otra peculiaridad es que se ocuparon de numerosos personajes judíos en un tiempo en que muy pocos lo hacían. Estudiosos del judaísmo en la literatura han señalado que Erckermann era muy partidario de los judíos mientras que Chatrian recelaba de ellos. Esta tensión produjo personajes variopintos, de gran riqueza emocional. Uno de los más simpáticos y coloridos es el Rabino que protagoniza El amigo Fritz, y que tuvo como inspiración a Nathan Sichel, gran amigo de Erckermann, editor de Le Constitutionnel, periódico donde las primeras obras del binomio aparecieron en episodios, y célebre degustador de kirsch.

La división del trabajo entre los amigos que recorrían Alsacia y Lorena en busca de historias era muy definida: Erckmann escribía y Chatrian contribuía a diseñar las tramas y llevaba la intensa relación con los editores. Su alianza parecía tan inquebrantable como la de los Grimm; a tal grado que en sus décadas de gloria eran conocidos como “los Hermanos Siameses”.

El éxito genera suspicacias y 40 años de éxito generan muchas suspicacias. Erckmann sintió que Chatrian lo trataba como su parásito, algo que le parecía injusto, tomando en cuenta que su colega poco o nada escribía. Amargas disputas económicas arruinaron la relación. Chatrian murió en 1890 con una foto de los “Siameses” bajo la almohada. Erckmann sobrevivió nueve años a su “parásito”, pero sólo escribió dos insulsos opúsculos.

Uno de los Cuentos de las orillas del Rin prefigura este drama. “Mi ilustre amigo Selsam” trata de los microbios y las lombrices que viven en el organismo. Un inventor descubre que esos parásitos se excitan con la música: “Es lo que los físicos llaman la creación equívoca… Los sonidos, al actuar sobre el sistema nervioso, producen un desprendimiento eléctrico, el cual actúa a su vez sobre los líquidos contenidos en nuestro cuerpo, de donde nacen miles y miles de insectos que atacan el organismo”. Ante una sobredosis de sonido, las “creaciones equívocas” devoran el cuerpo que les sirve de hogar. Fue lo que sucedió cuando el talento de los narradores se convirtió en codicia.

Llama la atención que autores tan disfrutados hayan pasado a una zona de sombra. ¿Será ése el futuro de sagas como Crepúsculo y Harry Potter, que distribuyen escalofríos con tanta eficacia hoy en día?

Aunque H. P. Lovecraft elogió la destreza de estos diseñadores de espectros, Erckmann y Chatrian siguieron el camino al olvido de tantos autores célebres.

Cada época parece tener un modo especial de asustarse. Cuentos a las orillas del Rin permite regresar a un tiempo anterior, cuando la luz eléctrica aún no disolvía los fantasmas.

JUAN VILLORO

Reforma, 12 de marzo de 2010

28th Febrero
2010
written by zonafantasma
Los villanos de la nación

Los villanos de la nación

Entre los muchos atractivos que encuentro en la escritura de Javier Marías está su indudable elegancia expositiva, la exquisita cadencia de sus frases, la limpieza escénica en la que viven sus palabras, tan bien colocadas y pulimentadas que parecen ser el resultado de la aplicación de una fórmula magistral y secreta. Sé que mi amor por la literatura en lengua inglesa me hace acercarme a Marías, tan inglés él, en tantas cosas. Conozco pocos escritores nuestros que tengan esa impronta internacional, ese aire cosmopolita, aunque esté escribiendo de los asuntos más locales. Por si todo lo anterior fuera poco, y siendo, como soy, gran aficionado a las columnas de prensa, diré que poder gozar de ochenta y cuatro columnas periodísticas de incontestable profundidad, y de rotunda sátira, como las reunidas en este magnífico libro, es para mí todo un regalo. Sigo a Marías por tierra, mar y aire, pero en sus entregas a la prensa suelo encontrar un gran alivio para la insoportable levedad de las tardes dominicales. Autor personal, nada indulgente, suele dar con la clave de los asuntos, y deja siempre, con maestría, un poso de rebeldía y una sonrisa cómplice en los labios del lector. Gran libro, también para políticos.

J.M.G.

El Correo Gallego, 28 de febrero de 2010

27th Febrero
2010
written by zonafantasma
Los Libros del Lince

Los Libros del Lince

Salir ahora glosando algunos aspectos de la prosa de Javier Marías, o su valía como comentarista y observador de la vida cotidiana resulta ocioso porque qué voy a decir yo que no se haya dicho ya suficientes veces y casi seguro que mejor. Hay sin embargo un aspecto de ese quehacer que pone de manifiesto la presente recopilación de artículos y que merece la pena ser resaltado.

A diferencia que otros columnistas, que parecen más centrados o especializados en algunos aspectos concretos del acontecer diario, la curiosidad y el abanico de intereses de Javier Marías es tan amplio que sólo al ver juntos sus escritos de política caes en la cuenta de que no sólo le dedica una considerable atención a los hechos (he estado a punto de decir fechorías, pues al fin y al cabo lo que hacen son fechos) de nuestros políticos, sino que lo hace de la forma que más les puede soliviantar, pues dice las cosas tal cual, sin partidismos ni componendas. Y está claro que cuando se trata de juzgar la bochornosa y mezquina actuación de ETA y su entorno resulta relativamente sencillo manifestar una opinión condenatoria de los asesinatos por la espalda que cometen los valientes gudaris y de la actitud chulesca de sus partidarios celebrando cada ejecución como un triunfo que, según ellos, les pone un paso más cerca de la victoria final.

En cambio no resulta tan sencillo cuando se trata de hablar de los GAL una vez que los más directamente señalados por el dedo acusador de la vox populi ya no se sentían impunes y notaban en la nuca el aliento de quienes pretendían ajustarles las cuentas. Y lo mismo cabe decir de la larga lista de “villanos” que desfilan por los ochenta y tantos artículos aquí reunidos, y que no salen retratados desde su perfil precisamente más favorecedor y agradecido. Resulta reconfortante comprobar que según pasan las páginas, y sin necesidad de alzar la voz ni perder la compostura (”Usted no parece español”), el juicio moral se va haciendo extensivo a lo acontecido durante los últimos casi treinta años.

Al escribir esta última frase relativa al juicio moral acerca de aquellos hechos he estado a punto de añadir y “guardar memoria de ellos” pero no tendría demasiado sentido porque , a diferencia del historiador (que hace todo lo posible por contextualizar la época o el momento objeto de su estudio a fin de que el lector disponga de los datos “objetivos” que le permitirán decidir si la tesis que le está siendo expuesta es aceptable o no) el observador de lo cotidiano actúa un poco como el dibujante que sólo dispone de un papel y un lápiz para captar con unos pocos trazos aquello que haya llamado su atención en el mundo exterior. En Los villanos de la nación se reúnen “letras de política y sociedad” que empiezan en 1985 y terminan en 2009. Por lo tanto es perfectamente perceptible un fenómeno que ocurre según se lee, y que tiene que ver con la progresiva contextualización. Al principio, los temas aquí tratados pillan ya tan lejos que no es posible establecer un diálogo con el texto y llevar a cabo esa operación paralela a la lectura y que consiste en ir contrastando la opinión personal con lo que se dice por escrito hasta alcanzar, o no, un consenso. El texto sólo dice lo que dice y no hay sobreentendidos, guiños y demás metansentidos colegibles en una lectura “entre líneas”. Pero, curiosamente, el texto no se empobrece ni se hace ilegible: sencillamente, se lee. Y como suele decirse, “la verdad es la verdad, díganla Agamenón o su porquero”. En este caso, la verdad, si la hay, se defiende por sí misma y sin necesidad de que el político o el villano de turno cometan la correspondiente cafrada que corrobore lo dicho. De ello surge un ejercicio de lectura muy saludable. Según nos acercamos a la actualidad, el texto se puebla de referencias aportadas por el propio lector y ello hace más notable la diferencia con lo leído en el primer tercio del libro.

Y permítaseme una pequeña observación acerca de la edición: ni el nombre de la editorial, ni el aspecto general del libro permiten saber al lector normal y corriente que lo que tiene en las manos es un pequeño milagro producto no del azar sino del tesón, la voluntad, el oficio y la capacidad de supervivencia inherentes a todo pequeño editor que lucha en condiciones desfavorables y que celebra como un triunfo cada nuevo libro publicado, o el mero hecho de cerrar cada mes sin unas pérdidas tan inasumibles como para verse obligado a cerrar. Tampoco es que el afán de supervivencia de un pequeño editor tenga más méritos, o sea más digno de alabanza, que la pelea por llegar a fin de mes de cualquier pequeño empresario o artesano. Pero tranquiliza constatar que todavía hay gente capaz de perder el resuello por sacar a la calle un libro bien hecho, correctamente editado y del que pueden sentirse tan satisfechos el editor como el lector.

JAVIER FERNÁNDEZ DE CASTRO

El Boomeran(g), 25 de febrero de 2010

26th Febrero
2010
written by zonafantasma

El primer libro que leí de javier Marías fue Corazón tan blanco, y me sigue pareciendo que es ésta la puerta de entrada ideal a su obra. Lo leí en marzo de 1999; en estos once años he leído todo lo que ha escrito Marías: sus extraordinarias novelas, sus novelas menos extraordinarias, sus varios volúmenes de cuentos o artículos. E incluso he leído lo que no ha escrito, sino traducido: El espejo del mar, de Conrad, lo leí primero en la traducción de Marías que en el original. Lo que quiero decir es que Marías es uno de esos autores rarísimos: los que generan pasiones, los que no permiten las medias tintas. Uno lo colecciona o lo aborrece. Yo lo colecciono, aunque no podría defender todos sus libros. Pero tampoco puedo defender todos los libros de Vargas Llosa, por decir algo, ni de Philip Roth. Y siempre me interesarán más estos novelistas, los que se caen por la borda de tanto llevar las cosas al extremo, que los otros, los medianos que no disgustan a nadie, esos tibios de la literatura.

Pues bien, la última novela de Marías me viene muy bien para ilustrar el punto, porque no se me ocurre, dentro de la literatura contemporánea en español, un libro más radical, más extremista, que Tu rostro mañana. Todos ustedes ya conocen las características externas del libro, sus intimidantes señas particulares: son tres volúmenes de títulos herméticos que Marías publicó en 2001, 2004 y 2007; el total, por lo menos en la edición original, es de 1.608 páginas. Muchos críticos despistados siguen hablando de trilogía, pero no es una trilogía lo que tenemos aquí: es una novela en tres volúmenes, igual que En busca del tiempo perdido es una novela en siete volúmenes. Digo que es un libro extremista y radical porque —y que esto funcione a manera de advertencia— Tu rostro mañana es una especie de hipertrofia de Javier Marías: todos sus rasgos como novelista están ahí, sólo que mucho más. Y eso seduce a sus lectores de siempre, claro, pero impacienta y hasta indigna a quienes no lo son.

¿Y cuáles son esos rasgos que aparecen hipertrofiados en esta novela? Los comienzos meditativos, por ejemplo: igual que Mañana en la batalla piensa en mí y Negra espalda del tiempo, los tres volúmenes de Tu rostro mañana comienzan con esas consideraciones abstractas de los narradores de Marías, y la única diferencia es que en aquellas novelas la meditación duraba un párrafo, y en éstos dura diez páginas. Otro ejemplo: las digresiones. A Marías, lector fiel de Don Quijote y de Tristram Shandy, le ha gustado siempre interrumpir la acción para irse por una rama (que muchas veces, dicho sea de paso, acaba siendo más interesante que el tronco). En otros libros, esa digresión podía durar algunas páginas; en Tu rostro mañana hay una escena magistral en que un inglés, armado con una espada antigua, está a punto de degollar a un español en un baño para minusválidos del Londres del siglo XIX, pero basta con que el hombre levante la espada para que Marías nos tire a la cara una desviación de 70 páginas sobre las armas, el miedo y la Guerra Civil española.

En fin: se trata —como espero haber transmitido, así sea por simple entusiasmo— de una gran novela. Es excesiva, caprichosa, idiosincrásica, y no es necesariamente la que yo recomendaría para empezar a leer a Marías. Pero es una gran novela.

JUAN GABRIEL VÁSQUEZ

El Espectador (Colombia), 25 de febrero de 2010

19th Febrero
2010
written by zonafantasma

Le polar intelligent de Javier Marías

Quel est aujourd’hui l’écrivain européen le plus subtil, capable de signer des romans où il ne se passe presque rien mais que l’on ne parvient pas à lâcher ? Réponse : Javier Marías. Cet Espagnol est un médium, et sa plume ressemble à un sismographe qui enregistre les moindres palpitations des coeurs pour nous plonger dans un univers délicatement proustien où la perspicacité psychologique atteint d’inégalables sommets. Quant à l’oeuvre maîtresse de Marías, c’est un triptyque intitulé Ton visage demain, dont le héros -Jaime Deza, flair infaillible et oeil de lynx- ne peut s’empêcher de démasquer ses proches en sondant leurs sentiments les plus intimes.

Avec Poison et ombre et adieu, voici le troisième volet du triptyque : un nouvel exercice de télépathie où l’on retrouve Jaime Deza, l’ancien employé de la BBC qui continue à patauger dans les eaux troubles des services secrets britanniques. Cette fois, c’est dans la luxueuse maison de l’énigmatique Mr Tupra qu’il nous donne rendez-vous, pour jouer un drôle de jeu : visionner des vidéos clandestines, affreusement violentes, qui compromettent des célébrités, des brasseurs d’affaires ou des hommes politiques. Et qui serviront de pâture aux espions du MI6, la Military Intelligence. “A mesure que je regardais, un poison me pénétrait”, dira Deza, prisonnier d’une toile d’araignée dont il essayera de s’échapper en regagnant son Espagne natale, sans savoir qu’il y sera accueilli par d’autres démons…

Sur cette trame policière - un mélange de Nabokov et de Ian Fleming -, l’auteur de Littérature et fantôme (un recueil d’essais publié ce mois-ci chez Gallimard) greffe des centaines de digressions à la fois cocasses et érudites, où il ne cesse de nous bluffer en dissertant sur une paire de chaussures ou un bas filé, un morceau de hip-hop ou un passage de Tristram Shandy. A quoi s’ajoute une critique mordante d’une société où Big Brother est désormais équipé de caméras de vidéosurveillance, et où la tyrannie du voyeurisme a remplacé les anciennes formes de fascisme. Lire Marías, c’est faire provision de lucidité et c’est aussi s’allonger sur le divan du psychanalyste, au détour d’un roman qui est une hallucinante odyssée dans les arcanes de nos cerveaux.

ANDRÉ CLAVEL

Lire, fèvrier 11, 2010

Ton visage demain

Voici donc le dernier volet de cette étrange trilogie aux titres singuliers qui, pour une fois depuis longtemps chez cet angliciste espagnol traducteur de Sterne, exégète de Joyce, Faulkner, Melville et Nabokov, ne sont pas empruntés à des citations shakespeariennes. Après Fer et lance et Danse et rêve, ce Poison et ombre et adieu met un terme aux aventures de son mystérieux personnage, Jaime Deza, l’homme qui savait lire sur le visage de ses contemporains la manière dont ils vieilliraient. Comprenez par là qu’il s’agit bien d’un médium doté du pouvoir obscur et redoutable de traquer la lâcheté qui se cache sous les dehors les plus sincères, l’abjection naissante qui, un jour, fera éclater la trahison sur la face de l’autre. Une curieuse obsession étend son ombre avide sur cette œuvre. N’a-t-on pas suivi le héros de Marías dans les situations les plus extravagantes, parfois cocasses, parfois prégnantes comme un mauvais rêve, sans savoir, sans comprendre souvent où le romancier entendait nous mener, devinant même qu’il ne le savait pas lui-même? Le monde des agents secrets continue de télescoper ici celui des maîtres à penser et des gourous en divination sans que le lecteur s’y retrouve toujours, s’il n’est pas comblé par l’atmosphère brumeuse d’un récit protéiforme conçu pour l’envoûtement. En bref, on marche ou on ne marche pas… Javier Marías, même s’il voue un culte à Flaubert, n’est pas un auteur qui se rature. Il poursuit sa baleine blanche en poète de l’imaginaire, quête souvent brisée, jamais abandonnée. Pour compliquée que soit sa démarche, elle n’est pourtant pas incompréhensible. On la saisit mieux en observant que cette trilogie est dédiée à son père, Julian Marías, un des grands esprits espagnols du siècle, disparu en 1995 et victime lors de la guerre civile de la pire trahison de la part d’un ami. Une émotion surgit alors et nous fournit la clé manquante. La littérature offre de beaux détours pour évacuer les souffrances du non-dit.

PHILIPPE NOURRY

Valeurs, février 17, 2010

Otras reseñas:

Littérature et fantôme en Le Matricule des Anges. Février 2010

Ton visage demain 3. Poison et ombre et adieu en La Gazette. Février 17, 2010

2nd Febrero
2010
written by zonafantasma
Quienes piensan que Javier Marías es un señor que vive en una especie de limbo oxionense harían bien en echar un ojo a estos artículos. Marías se moja y el chorreo es de órdago

Quienes piensan que Javier Marías es un señor que vive en una especie de limbo oxionense harían bien en echar un ojo a estos artículos. Marías se moja y el chorreo es de órdago

 

Existe la costumbre. en parte saludable. de lamentar lo poco que se mojan nuestros intelectuales. Los políticos. en connivencia con los constructores. convierten España en una urbanización; los ejecutivos de los bancos hacen su trabajo mal y se les repone el dinero del bolsillo de todos los españoles para que sigan adjudicándose unos sueldazos impresionantes… y nadie dice nada. ¿Nadie? Esta recopilación de artículos de política y sociedad de Javier Marías nos indica que sí hay quien predica. aunque sea en el desierto de un país que ya en sus propósitos de año nuevo se divide claramente entre los campechanos (Belén Esteban) y los exquisitos (Anne Igartiburu). Pero hay otro bando, aunque se les lee poco, se les oye menos y se los ve nada. Y Javier Marías anda ahí, haciendo la guerra con sus crónicas cargadas de razones y humor de todos los calibres, incluidos el sarcasmo más ácido y, cuando hasta éste se queda corto, la mala leche. Que a veces es la buena.

Contra alcaldes y constructores

Lo que distingue a Marías de ciertos opinadores especialistas en meter el dedo en el ojo ajeno es que no está ni en una trinchera ni en otra y le da leña por igual a los de todas las siglas: “Lo que el PP no comprende es que hay muchos ciudadanos, no especialmente partidistas, que no volverán a votar mientras estén a su frente los mismos que decidieron y aplaudieron el inicio de la escabechina [refiriéndose a la guerra de Irak]. De la misma manera que muchos no estuvieron dispuestos a votar al PSOE mientras a su frente siguieran los mismos que habían amparado los crímenes del GAL, o que algunos no lo han estado (ay, no los bastantes) a votar al PNV tras su pacto de Lizarra con ETA”. Le canta las cuarenta a Aznar (con ocho argumentos aplastantes, irrevocables) y dice de la presidenta de Madrid, por el asunto de la reforma del Paseo de Recoletos, que es una arboricida. Toca todo tipo de temas y en todos toma partido y saca a relucir su ya célebre impertinencia puesta al servicio de la reflexión. Son demoledores artículos como “Pánico y explotación”, donde describe de manera precisa cómo la aparente riqueza nos estaba haciendo (ya en 1998, todavía seducidos por el yuppismo) renunciar a años de conquistas laborales y cómo, a cambio de costeamos los quince días de vacaciones en el Caribe, se estaba renunciando a vivir dignamente el resto del año. Real como la vida misma (en España).

Pero los villanos de la nación que dan título al libro son unos muy concretos: “Cada vez que oigo o leo las palabras ‘constructor inmobiliario’ y ‘alcalde’, y en menor medida ‘empresario de obras públicas’ y ‘consejero o responsable autonómico’, me llevo la mano al bolsillo con dos fines simultáneos: uno, comprobar que no me falte nada; el otro, no correr peligro de estrechársela, por un acto de educación reflejo, a quienes siento que me la mancharían”. Ahora estos comentarios son habituales, pero lo interesante es que esto lo publicó Marías en 2006, cuando los empresarios de la construcción eran unos héroes nacionales que nos habían hecho tan ricos que hasta Zapatero pedía a gritos una silla en la reunión del G-8. Así que, quienes quieran disfrutar empaquetadas y sin interrupciones sus disquisiciones como columnista afilado y polemista fajador, aquí tienen un banquete de lo más sabroso.

ANTONIO G. ITURBE

Qué Leer, febrero de 2010

26th Enero
2010
written by zonafantasma
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Para decirlo sin rodeos ni circunloquios, esta antología titulada Cuentos de las orillas del Rin es una de esas joyas que de vez en cuando los editores (en este caso Javier Marías, desde la animosa editorial Reino de Redonda) encuentran por ahí olvidadas, las pulen (por ejemplo mediante una excelente traducción, en este caso a cargo de Mercedes López-Ballesteros) y las mandan a las librerías como si tal cosa. Y puesto que cada año se editan montañas de libros sin que sea posible atribuirles una D.O. que alerte con certeza al lector de lo que tiene en las manos, voy a dar unos cuantos datos con la esperanza de que sirvan de alerta.

Y para empezar, los nombres, pues hay escritores cuyo nombre confunde a los no iniciados, razón por la cual la mitad de quienes entran a curiosear en las librerías sale convencida de que Evelyn Waugh es una mujer. En otros casos la información errónea viene de los apellidos, y son incontables quienes creen estar seguros de que Erckmann-Chatrian es como una versión alsaciana de nuestro Ortega y Gasset. Y cuánto se equivocan, porque Émile Erckmann y Alexander Chatrian fueron una de esas parejas de baile que mientras están juntas alcanzan cotas que jamás hubieran alcanzado por separado pero que, ay, acaban inevitablemente por separarse, casi siempre para acabar diluidos en el anonimato. Erckman y Chatrian se conocieron cuando tenían 25 y 21 años respectivamente y aunque eran de carácter y gustos muy diferentes, casi de inmediato iniciaron una curiosa forma de colaboración. Al principio, Erckman era el productor y Chatrian el conseguidor, y mientras Erckmann andaba por ahí escribiendo (aseguraba que quien ha nacido en los Vosgos no tiene ninguna necesidad de viajar, y menos aun de vivir, sobre todo, en París), Chatrian se estuvo peleando con los editores parisinos hasta que, en 1859, logró que El Constitucional publicase Hugo y el lobo en forma de folletón. El éxito de esa primera aparición pública les animó a estrechar y perfeccionar su técnica de colaboración, y quien lea la presente antología, al llegar al cuento titulado “El canto del vino” podrá hacerse una idea bastante exacta de qué consumían esos dos, y en qué desorbitadas cantidades, mientras se inventaban al alimón los argumentos de sus obras. Otro aspecto curioso de su fructífera colaboración era que, una vez pergeñado el argumento, si les parecía que la mejor manera de desarrollarlo era la narración se encargaba de ello Émile Erckmann, mientras que si pensaban que quedaría mejor sobre un escenario era Alexander Chatrian quien entraba en escena. Y también en ese terreno lograron buenos éxitos, hasta el extremo de que en alguna enciclopedia anglosajona que he consultado, después de dar noticia de ellos termina diciendo:”Pero en Inglaterra se les conoce sobre todo por su pieza teatral El judío polaco“, de lo cual cabe deducir que allí se les valora más como autores teatrales que como narradores. Y no deja de ser chocante porque, casi un siglo y medio después de haber sido escritas, sus narraciones son geniales.

Émile Erckmann y Alexander Chatrian

Émile Erckmann y Alexander Chatrian

Les gusta mucho crear atmósferas de misterio, invocar a los espíritus y recrearse en secuencias surreales (las más de las veces surrealistas) todo ello atravesado por una veta de humor que en el caso del cuento “Mi ilustre amigo Selsam” se resuelve en una serie continua de carcajadas porque la transmutación de unos sesudos representantes de las fuerzas vivas locales en una descerebrada banda de músicos asesinos es de una comicidad insuperable. Pero lo mejor, su mejor baza, es el entusiasmo, y sospecho que aquí el mérito hay que atribuírselo a Erckmann por ser quien de verdad narraba. Da lo mismo que se trate del clásico cuento del miserable que sueña insistentemente con un castillo en el que encontrará un fabuloso tesoro y de paso, y nunca mejor dicho, a la mujer de sus sueños; o si el momento cumbre de la narración es cuando un pobre hombre se ve obligado a retar a un duelo de resistencia bebiendo a un gigantesco tabernero que jamás ha perdido un duelo así; o si se trata del clásico cuervo que encarna el mal o del profesor de metafísica que va demasiado lejos en su búsqueda más allá del mundo material y físico: cada uno de esos argumentos está relatado como si en realidad fuese la primera narración del mundo, la primigenia, la que no sigue modelos ni teme caer en pecado de plagio porque, justamente, nunca antes había sido narrada. Y como suele ocurrir con el entusiasmo, éste se va transmitiendo, incrementado, de cuento en cuento hasta llegar al del canto del vino, que cierra el volumen. Dudo mucho que nadie pueda acabar ese cuento sin sentir la necesidad de ir corriendo a la cocina para descorchar una botella y echar un trago larguísimo a la salud de todos aquellos cuyos huesos han reverdecido y brotan en cepas nudosas de viñedo, y cuya sangre hierve en gotas bermejas en los racimos maduros y se derrama en el lagar en límpidas oleadas. A vuestra salud, Erckmann-Chatrian. Y muchas gracias.

JAVIER FERNÁNDEZ DE CASTRO

El Boomeran(g), 21 de enero de 2010

16th Enero
2010
written by zonafantasma

Lo más chocante de estos cuentos es que son cuentos fronterizos, pero en un sentido muy peculiar. Sus autores. Erckmann y Chatrian, son nativos de la Lorena, región francesa que linda con Alemania, como Alsacia y su capital Estrasburgo. En suma, un día son franceses y al otro son alemanes, según las tornas de la historia. En cierto modo, estos cuentos son cuentos tardorománticos de un Rin afrancesado. A veces, tiene uno la impresión de leer a Hoffmann, sobre todo sus cuentos musicales, y otras veces parecen cuadros pompier de Meissonier, cuentos tabernarios con el dios Gambrinus como Baco germánico. Esta mezcla o cúmulo de sugerencias dota a estos cuentos de un aroma que creíamos esfumado del mundo. La traducción evoca las Sonatas modernistas de Valle-Inclán, como si los ocho cuentos fuesen ocho sonatas del Rin. La traducción de Mercedes López-Ballesteros resulta. ejemplar con un regusto léxico del idioma, una especie de desparpajo preciosista, si tal cosa es posible, “Añejos vinos cautivos bajo los cercos de hierro o de caña” (pag. 217). Pocas veces leemos una escritura digamos tan becqueriana. Acaso el mejor cuento es “Hans el cabalista”, con una atmósfera espeluznante de París. Un París a orillas del Ganges con monstruos dignos de Stevenson. “La ladrona de niños” es el prototipo del cuento de terror romántico. Me pregunto si Andrés Neuman, autor de El viajero del siglo, quizá la mejor novela del 2009, fue un atento lector de estos cuentos. Su novela guarda una gran afinidad con su atmósfera de pavorosos burgos germanos.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

Heraldo de Aragón, 14 de enero de 2010

16th Enero
2010
written by zonafantasma
Ilustración de J Fazenda

Ilustración de J Fazenda

 

 

 La escritora norteamericana Stacey D’Erasmo escribe, en The New York Times, sobre Your Face Tomorrow 3. Poison, Shadow and Farewell.
The Face of Suffering

7th Enero
2010
written by zonafantasma

Face à face. Rarement expression aura été plus appropriée. Quand Javier Marías vous ouvre la porte de son appartement, dans un immeuble médiéval du centre historique de Madrid, il est impossible de ne pas le fixer avec attention. Non pour s’assurer qu’on ne s’est pas trompé d’étage. Ou parce qu’on a appris à regarder dans les yeux les gens que l’on salue. Mais parce qu’on arrive tout imprégné de ses livres et que, pour cette raison même, on se prend soudain, comme son héros, à détailler et “interpréter” chaque visage…

Un ovale parfait, trois rides bien parallèles barrant un front un peu dégarni de quinquagénaire, une paupière légèrement tombante… Se peut-il que tout cela puisse, comme on dit, “faire sens” ? Plus tard, alors qu’il est assis dans le canapé du salon et propose du chocolat noir, l’idée revient avec insistance. Menton, joues, sourcils, oreilles… Comment un simple assemblage de chairs peut vraiment dire, prédire ou trahir quelque chose ?

Depuis plus de huit ans, Javier Marías travaille sur le visage. Aucun lien avec la moindre démarche morphopsychologique ou physiognomonique douteuse ! Aucun rapport non plus avec l’oeuvre de Levinas, pour qui le visage de l’autre nous investit d’une responsabilité. Non. Ton visage demain, une trilogie commencée en 1998, est bien d’abord une entreprise romanesque - touffue, complexe, très complexe même parfois et qui sollicite sans cesse le lecteur -, mais où, comme le titre l’indique, le visage joue un rôle central. On peut le comprendre, d’ailleurs. Le visage n’est-il pas au fond le thème privilégié de l’art depuis le paléolithique ? Celui qui hante le dessin, la peinture, la sculpture depuis La Dame à la Capuche de nos lointains cours de préhistoire ?

En littérature, ce motif est sans doute moins présent, et l’approche de Marías n’en est que plus singulière. Dans les trois tomes de Ton visage demain, le héros-narrateur, Jaime, a la capacité de percer à jour les êtres en observant leurs traits et en imaginant la façon dont ils vont vieillir, bref de les “voir” vraiment, de les jauger, de savoir - c’est ce qui obsède Marías et son narrateur par-dessus tout - s’ils se comporteront plus tard en héros ou en lâches.

“La lâcheté. Oui, Pérez Nuix avait raison : on ne sait presque jamais ce que c’est, remarque Jaime, page 110. Elle ne se présente jamais à l’état pur. Le plus souvent (…), il n’y a pas moyen de la séparer de l’ensemble de ce qui nous constitue, de l’arracher au noyau de chacun de nous, ni de l’isoler.” Sera-t-on fort ou faible ? En général, nul n’en a la moindre idée, surtout pour soi-même. Et Marías note qu’il est d’ailleurs “oppressant d’ignorer cela et de savoir en plus qu’on ne l’apprendra jamais. Mais, dit-il, c’est ainsi que nous vivons”.

Jaime, lui, sait. A force de déshabiller les âmes, et “aussi fuyante que soit la lâcheté”, il ne la laisse pas échapper, il la capture. A travers “son visage demain”, il a cette faculté étrange de dire à (ou de) quiconque : “Tu es celui qui trahira. Tu es Judas. Tu es Iago…”

D’où vient donc cette étrange obsession ? Certes, dans de nombreux romans précédents, Marías procédait déjà par associations d’images ou d’idées - Un coeur si blanc (Rivages poche, 2004), Demain dans la bataille pense à moi (Rivages, 1996). Mais la trahison ? Avant de se lancer dans l’explication - et peut-être parce qu’il s’agit d’un passage délicat de son histoire familiale -, Javier Marías allume une nouvelle cigarette. Puis : “C’est un des principaux désirs que nous avons tous, dit-il, savoir de quoi l’autre est capable. Peut-être parce que nous avons tous expérimenté la déception ou la trahison. C’est exactement ce qui est arrivé à mon père, pendant la guerre civile espagnole… ” Marías explique comment son père, le philosophe et sociologue Julian Marías, mort en 1995, a été trahi par son “meilleur ami”, qui, pendant la guerre d’Espagne, le livra aux phalangistes comme “agent de Moscou”.

Le destin du père, la façon dont il a meurtri le fils, est donc ce qui sous-tend toute l’entreprise de Ton visage demain. Et cette interrogation qui revient comme un leitmotiv : “Comment peut-on ne pas voir (…) que celui qui finira et finit par nous perdre nous perdra ?, écrivait déjà Marías dans le premier tome, Fièvre et lance. Comment puis-je ne pas connaître aujourd’hui ton visage demain, celui (…) que tu ne me montreras que lorsque je ne m’y attendrai pas ?” Plus loin, il ajoutait : “Rare est la confiance qui n’est pas trahie tôt ou tard, rare est le lien qui ne s’emmêle pas ou ne fait pas de noeuds, et alors il finit par être trop serré et il faut tirer son couteau pour le trancher net.”

Quand on demande à Marías quel type d’existence on peut mener lorsqu’on est ainsi habité par le doute et la méfiance constante envers autrui, il préfère botter en touche. Expliquer, comme dans son livre, que le personnage de Jaime est aussi une métaphore de l’écrivain. “Aussi brillant et heureux qu’il ait été, le passé nous semble entaché d’ingénuité, note-t-il. C’est pourquoi il comporte toujours un élément d’irrémédiable fadaise, et nous fait sentir honteux d’être resté dans les nuages, d’avoir cru alors ce qu’aujourd’hui nous savons être faux, ou qui ne l’était peut-être pas, mais ne l’est plus, pour n’avoir ni résisté ni persévéré. L’amour qui semblait solide, l’amitié dont nous ne doutions pas…”

A cet égard, Jaime est comme l’écrivain, celui qui a les yeux décillés parce qu’il connaît le dénouement de l’histoire. Même si, précise Marías dans son français impeccable, “j’applique à l’écriture de mes romans le même principe de connaissances qui règle la vie”. Traduction ? “A 40 ans, on peut regretter de s’être marié avec telle personne ou d’avoir choisi tel métier, mais il faut s’y tenir. En littérature, c’est différent. Un romancier, lui, peut changer la page 10 si, page 300, il s’aperçoit qu’elle ne lui convient plus. Or moi, je ne fais pas cela. Je m’applique au contraire à rendre nécessaire ce qui, au début du livre, a pu me venir par hasard. Je le fais parce que ça m’amuse, c’est un défi supplémentaire. D’ailleurs, dans cette trilogie, il y a depuis le premier tome une tache de sang. On a beau frotter, il reste toujours une auréole. Preuve qu’on n’efface jamais rien.”

Parvenu au terme de son énorme trilogie, Marías avoue un sentiment de “videment”, comme il dit. Ses personnages lui manquent. Même Jaime ? “Personne n’aime savoir à l’avance. Cela nous fait horreur, une horreur biographique et une horreur morale”, écrit-il à la fin du livre. A moins, suggère-t-il, que “personne n’ose reconnaître qu’il voit ce qu’il voit”. Ce n’est peut-être pas faux.

Depuis qu’on a lu et rencontré Marías, on a beau se montrer vigilant et regarder les visages, force est d’avouer que souvent on n’y voit rien. On n’y apprend rien. Et peut-être est-ce mieux comme cela ?

FLORENCE NOIVILLE

Le Monde des Livres
, 7 janvier 2010

Ton visage demain. Tome III : Poison et ombre et adieu, de Javier Marías : quand le “roman sans fin” s’achève

Il disait que ce serait “un roman sans fin”. “Du type dont le Quichotte ou La Recherche seraient l’exemple.” Un livre sur la mémoire, l’amour, la peur, la violence, l’autre… Comment pareil ouvrage pourrait-il d’ailleurs s’achever ? Aujourd’hui, Javier Marías vient pourtant de mettre un point final à Ton visage demain, une trilogie de près de 2.000 pages, à laquelle il travaillait depuis 1998. “Comme disait Borges, le point final, on le met sûrement par fatigue !”

Avec d’innombrables sauts, digressions, dilatations de la pensée et des phrases, ce troisième tome, comme les précédents, fourmille d’histoires dans l’histoire. On y retrouve Jaime - alias Jacobo ou Jack -, agent du MI6 à Londres, travaillant pour l’énigmatique Tupra au sein d’une mystérieuse équipe de traducteurs-analystes-espions où ses talents d’interprète des visages font merveille - il doit rendre “des avis sur les gens, dire s’ils peuvent être utiles ou non et à quoi”. En l’occurrence, le voici aux prises avec la superbe Pérez Nuix, dont le bas file de façon troublante à mesure que la nuit avance. De fil en aiguille, pris dans un imbroglio madrilène, l’agent secret philosophe finira par découvrir une vérité essentielle le concernant, c’est-à-dire par voir son propre visage demain.

FLORENCE NOIVILLE

Le Monde des Livres, 7 janvier 2010

19th Diciembre
2009
written by zonafantasma

Paul Auster has a seductive presence. With his silvering hair and raspy voice, he reads with poise and patience. At New York’s 92nd Street Y last week, he read a passage from his latest novel, “Invisible”, in which the protagonist reflects on his intimacy with his sister. His thoughts begin innocently enough, with tales of playing doctor and jumping naked on the bed. But they are soon catapulted into the realm of taboo, as childhood playfulness takes unexpected erotic turns. Auster stood triumphantly, pulling the audience to the edge of their seats, everyone wide-eyed and waiting to see where he dared go next. Later Auster spoke of how a writer always stands on the edge of a metaphorical cliff.

Wyatt Mason, an essayist and critic, then came out to introduce Javier Marías, a novelist once described by Roberto Bolaño as “by far Spain’s best writer today”. The atmosphere was so tense and tight after Auster’s reading that Mason excused those who might need to step outside for a cigarette; no one dared leave. Auster is always a draw, but the evening marked Marías’s first reading in America in 20 years (he refused to set foot while George Bush remained in office). He had come to read from “Poison, Shadow, and Farewell”, the final volume of his “Your Face Tomorrow” trilogy, which James Lasdun has called possibly “the first authentic literary masterpiece of the 21st century.” The Economist described it as “a literary tour de force …as much about the past from which we are made as it is about the present we have become.”

Mason took pains to link Marías with Auster, commenting on their good literary citizenship and work in literary translation. There are other connections, too. Like Auster, Marías is a literary celebrity in Madrid. (In her preface to her 2006 Paris Review interview, Sarah Fay notes that a local waiter reacted to the news that she’d come to interview Marías “as if [she’d] named a president or movie star.”) He also has a reputation as a ladies’ man. Salon even named him one of their Sexiest Men Living in 2007.

From appearances, Marías could easily blend in with a room full of academics. This inconspicuousness belies his extravagances of character. Marías owns two nearly identical apartments in Madrid—one furnished in white and the other in dark colours. He is also the King of Redonda, an island in the Caribbean.

Marías read with a poet’s cadence. His English was assured and eloquent, having spent some of his youth in the States, majored in English at university and taught for a while at Oxford. In a question-and-answer session with both authors that followed, Marías said that translating taught him to write novels. He spoke of writing programmes with disdain (“If I ever had a creative writing school, or whatever you call them, god forbid…”), and instead pined for a hypothetical school that would require students to know at least two languages and translate books. When asked which authors he avoids, Auster named George Eliot and Henry James. Marías, whose prose was called Jamesian earlier in the evening, said that some authors, like Shakespeare, open doors for those who follow, while others, such as Kafka, end up closing them. Despite the merits of Kafka’s own work, Kafkaesque writers are, in Marías’s opinion, “really terrible.”

ANNE YODER

The Economist (Published on More Intelligent Life. http://www.moreintelligentlife.com), 8 December 2009

Spanish Eyes

24th Noviembre
2009
written by zonafantasma

 
Tim Martin escribe en su reseña en The Telegraph:

Your Face Tomorrow is both an inquisitive novel of ideas and a troubling piece of espionage fiction; both a perceptive and compassionate analysis of human connection and an examination of our darkest, most destructive impulses. It deserves to be recognised as one of the finest novels of modern times.”

Leer la reseña completa en:The Telegraph

21st Noviembre
2009
written by zonafantasma

 

Michael Eaude acaba su reseña A perfect Spanish spy, en The Independent, diciendo:

“Uno siente que Marías disfruta de su escritura y eso contribuye a que los lectores se deleiten en un libro sobresaliente que remata una de las obras de ficción más serias e inspiradoras de la última década”.

Reseña completa en The Independent

James Lasdun termina su reseña The culmination of a triumph of storytelling, en The Guardian, con estas palabras:

“Y con esta triunfal parte final –la más larga y mejor de las tres– se hace imposible resistirse a la idea de que esta creación profundamente extraña, con sus métodos cabalmente sui generis, sus brillantes disquisiciones sobre el amor y la pérdida, su oscura guasa, puede muy bien ser la primera verdadera obra maestra literaria del siglo XXI.”

Reseña completa en The Guardian

15th Noviembre
2009
written by zonafantasma

This is the final, and the most powerful, part of Javier Marías’s monumental trilogy, Your Face Tomorrow. Together the three volumes constitute one of the great novels in modern European literature.

Antony Beevor. Duke of Stalingrado

Antony Beevor. Duke of Stalingrado

The protagonist, Jacques Deza, is an Anglophile Spaniard working for a secret department in London closely connected to British intelligence. With its practise of the ‘black arts’, it appears to be a descendant of the Political Warfare Executive formed during the Second World War. Jacques, sometimes known as Jacobo or Jaime, is part of a small hand-picked team based in ‘a building without a name’. Their task is to concentrate on the faces and body language of selected subjects, and by thus deciphering their characters, attempt to predict their actions in the future. Yet, like technological arrogance, belief in their skills can be dangerously counterproductive.

Their sinister boss, Bertram Tupra, has other weapons which he shows to Jacques one night. They consist largely of DVDs with secretly filmed footage of important or potentially useful people indulging in adultery, bizarre sexual practices, murder and torture. It is not clear whether such blackmailable material is there to be used for the interests of the state or for commercial exploitation: security has become a grey area.

Violence and power over others is the ‘Poison’ of the novel’s subtitle. Soon its seeps into the second part of the book, ‘Shadow’. Jacques, on his return to Madrid for a holiday, is alarmed to find that Luisa, the wife from whom he is separated, has been beaten up by her new lover. He decides to adopt tactics to protect her and their children which he would never have imagined or countenanced before.

Twisting like the double-helix of DNA, shame and guilt, power and impotence, treachery and loyalty, domination and humiliation, love and hate, the past and the present all revolve in this extraordinary and unashamed novel of ideas. It is quite unlike any work of literature produced in this country.

Marías has sometimes been described as a modern Proust. This is because his prose possesses an exquisite, almost uncanny observation, recreating moments and moods in hypnotic depth. But Marías goes even further than Proust in demonstrating the lack of social certainty in a world where everyone holds their cards close to their chests. The sex that Jacques has with a colleague is consciously made deniable to themselves as well as to others. And the logic of the state itself is maintained, with the official sophistry that it is right to sacrifice one individual on the grounds that many more lives will be spared as a result.

Marías’s characters are so convincing that there is a temptation to search it feverishly as if it were a roman-à-clef. With several familiar individuals resurfacing from previous novels, and with loose parallels to his own life in Oxford, it is too easy to see Deza as Marías’s alter ego. Also, his own father’s appearance, with echoes of the way he was betrayed and nearly executed after the Spanish Civil War, and the role of Sir Peter Russell, or Wheeler, as a former Oxford intelligence player, may mislead some readers into underestimating the sheer inventiveness and imagination of the author.

Marías’s fascination with language, and his use of both popular and obscure phrases, cannot have made this an easy book for his translator, Margaret Jull Costa, yet she makes her miraculously faithful version read like the work of a totally bilingual writer. This important book is a triumph, both in the original and in this translation.

ANTONY BEEVOR

Telegraph
, 8 November 2009

7th Noviembre
2009
written by zonafantasma

Jorge Ibargüengoitia (1928-1983) fue un dramaturgo, novelista, cuentista y cronista mexicano que aprendió a cultivar el arte, escaso en la literatura hispanoamericana, de la sonrisa. En sus novelas, cuentos y dramas, Ibargüengoitia utiliza los más variados recursos del humor y aborda, con la parodia, la burla abierta o el apenas perceptible guiño irónico, temáticas que van desde la venerada historia patria hasta el no menos sacralizado mundo intelectual con sus pomposidades, simulaciones y querellas ideológicas. Porque la obra de Ibargüengoitia, escrita en poco menos de tres décadas, entre los años cincuenta y principios de los ochenta, corresponde a una época de modernización económica y social de México, plagada de discursos y expectativas desproporcionadas, y a una etapa de Guerra Fría en el mundo, caracterizada por la sospecha, la polarización política e intelectual y el predominio de las ideologías. En este marco, entre denso, declamatorio y solemne, el humor de Ibargüengoitia resulta atípico y revelador. Por ejemplo, en sus novelas falsamente históricas, como Los relámpagos de agosto (sobre las memorias apócrifas de un general de la Revolución Mexicana), Los pasos de López (sobre la Guerra de Independencia), o Maten al León (risueña variación sobre el género de las novelas de dictadores) el autor revisa el pasado mexicano e hispanoamericano a la luz de la parodia, se burla de las desventuras políticas y sociales de las naciones, caricaturiza y expone a los héroes a las circunstancias más embarazosas y vuelve la conmemoración cívica una farsa liberadora. Igualmente, en otras novelas y cuentos que abordan situaciones menores y temas domésticos, Ibargüengoitia no sólo desarrolla personajes memorables por su humanidad, sino que hace una hilarante crítica de las costumbres y de las contradicciones entre la modernización y el conservadurismo, entre la norma y los usos prácticos o entre los apetitos de los individuos y los modelos sociales en nuestros países.

La literatura de Ibargüengoitia cumple, simultáneamente, las funciones distintivas, que clásicos y modernos atribuyen, a la comedia: por un lado, atenuar lo intolerable y, por el otro, descubrir lo terrible que habita en lo ordinario. Así, mientras en Las muertas, su novela sobre un célebre caso de asesinatos de mujeres y lenocinio es posible, gracias al prodigio del estilo, observar con alegre despreocupación los crímenes más aberrantes, en sus crónicas, tras el velo cómico, el lector entiende que es necesario comenzar a preocuparse de verdad por aquello que se considera normal y cotidiano. Revolución en el jardín es una excelente antología de crónicas de Ibargüengoitia que seleccciona y prologa uno de sus lectores más acuciosos, Juan Villoro. A lo largo de sus muchos años de escritor profesional, Ibargüengoitia forjó una vasta obra periodística, que rebasa la caducidad del género y adquiere jerarquía literaria. De hecho, muchos de los procedimientos narrativos más celebrados en Ibargüengoitia pueden encontrarse en estas crónicas que poseen, en el mayor grado, poder de síntesis, distancia crítica, agudeza y amenidad.

Los muy distintos tópicos que el autor aborda en sus crónicas podrían agruparse en cuatro grandes temáticas: la complicada vida cotidiana en México; las nimiedades del mundo intelectual; la mecánica del viaje y el catálogo de las costumbres y manías nacionales. En su exploración de la vida cotidiana (el tráfico, los servicios, la relación con la autoridad) el autor refleja la dificultad de funcionar en un país en ostentoso tránsito a la modernidad, que no es capaz, sin embargo, de despojarse de sus maneras pueblerinas o de sus rasgos barbáricos y en el que, al lado de la ley moderna, predomina la más añeja costumbre, aceitada por la corrupción. En su inmersión en el mundo intelectual, Ibargüengoitia describe jocosamente la fauna intelectual y sus particulares costumbres, pero detrás de la caricatura, denuncia las inconvenientes relaciones entre la letra y el cetro y hace una de las defensas más convincentes de la necesaria distancia entre intelectuales y poder. El viaje es otro tema recurrente en Ibargüengoitia y, más allá de la sucesión de anécdotas jocosas, el autor intenta un esbozo de la “personalidad turística”, esa mutación antropológica que propicia que cada viajero, apenas se sube al avión, se vuelva más educado, pródigo y curioso intelectualmente de lo que es en su propio país. Finalmente, en lo que podría llamarse el apartado de las costumbres, se encuentra una lectura del “carácter nacional” mexicano en clave burlesca, que escudriña lo absurdo, anacrónico y antinatural de muchas de las costumbres más apreciadas y arraigadas.

Solía decirse que el humor de Ibargüengoitia es local y está fuertemente atado a sus referentes temporales y sociales. Sin embargo, estas crónicas demuestran lo contrario y, pese a algunas alusiones envejecidas y a la abundacia de giros ya no sólo mexicanos sino guanajuatenses, sus situaciones y estilo preservan su frescura y agudeza. El humor de Ibargüengoitia rebasa los localismos o la viscosidad ideológica de la época, no es el revolucionario criticando al capitalista o viceversa, sino un individuo antiheróico, sensatamente egoísta, anhelante de confort y tranquilidad, que se acerca a lo que despectivamente se llamaba un “ciudadano despolitizado”, pero que es más bien un individuo inteligente, impermeable a los sonambulismos ideológicos, y provisto de un raro sentido común para advertir lo ridículo. Ibargüengoitia, pues, no se erige en moralista: su sátira propone, más que una ética, una escéptica de la condición humana, y su efecto humorístico surge de su aguda observación de las desproporciones entre el esfuerzo y el resultado, de las distancias entre las facultades y la ambiciones, del contraste entre las pasiones y los valores. Así, la ironía de Ibargüengoitia es una forma distintiva de la conciencia que detecta esas irrupciones de lo cómico en los segmentos más solemnes de la realidad. En efecto, en estas crónicas el accidente y la falla irrumpen permanentemente en el orden, la desmesura siempre acecha al modelo y la anomalía amenaza lo normal. No es extraño entonces, para pensar en una típica escena de Ibargüengoitia, que, en medio de la recepción de gala, y después de unos cuantos tragos, del atildado intelectual, lleno de fórmulas de cortesía y diminutivos, surja el primate que apetece, sin demora, el coche y la mujer de su colega.

ARMANDO GONZÁLEZ TORRES

Letras Libres, noviembre de 2009

6th Noviembre
2009
written by zonafantasma


La prestigiosa revista inglesa Literary Review publica, en su número de noviembre de 2009, un artículo de John de Falbe, titulado “Secrets & Lies”, sobre el tercer volumen de Tu rostro mañana, cuya traducción al inglés Your Face Tomorrow 3: Poison, Shadow and Farewell está a punto de salir en Reino Unido y Estados Unidos.

3rd Noviembre
2009
written by zonafantasma

Javier Marías es un escritor denso, motivado por la realidad y el ensueño, porque “Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda”. Narrador recurrente, gira y gira sobre el mismo punto, viendo las escenas desde diferentes perspectivas, produciendo vértigo, tejiendo una red de araña que nos envuelve y atrapa.

En Mañana en la batalla piensa en mí, novela de título magistral tomando de un verso de Shakespeare, el autor nos conduce a una experiencia inusitada, repleta de seres que viven en soledad como en fotografías, todos extraños, como en retratos sin nombre, en un Madrid moderno donde ya están plenamente satisfechas las necesidades primarias y lo que interesa es desvelar el sentido trágico de la vida.

La historia se funda de un acto de infidelidad de Marta Téllez, mujer casada y madre de un hijo de dos años, quien aprovechando la partida de su marido a Londres y al no estar disponible su amante regular, invita a su apartamento a un guionista de televisión y escritor de discursos que acaba de conocer. Cenan, beben vino y en el dormitorio ella sufre una molestia que detiene la acción erótica, y muere. Víctor, el sorprendido personaje imprevisto, analiza las implicaciones, busca papeles de identidad, nombres, el teléfono del hotel en Londres donde se hospeda el marido, se fija en la galería de fotografías, escucha los mensajes grabados en el teléfono, pero no se atreve a avisarle a nadie porque ni existe, ni quiere resultar implicado. No da un parte anónimo a las autoridades, sino abandona el frío cadáver en el dormitorio y al niño en la habitación vecina, aunque antes de marcharse todavía, lave los platos y las copas de la cena, y le prepare el desayuno al niño, para que al despertarse a la mañana siguiente no se queje de hambre ni extrañe a su madre dormida.

Víctor no se aleja para siempre del cadáver como era su deseo, sino de allí en adelante se aproxima cada vez más a los deudos para conocerlos, para saber más acerca de aquella mujer cuya vida presenció extinguirse sin sentido alguno. La vida se plantea extraña y absurda, y el mundo repleto de almas solitarias.

MÉNDEZ VIDES

El Periódico (Guatemala), 3 de noviembre de 2009

31st Octubre
2009
written by zonafantasma

Ahora que las novelas históricas arrastran a la Historia por las mesas de novedades de las librerías de forma rastrera, pues ni son Historia ni son novela sino híbridos que encubren mucha precariedad y ausencia de talento, encontrarse con el relato (no novela) de los antecedentes y consecuentes de los hechos sucedidos el 30 de marzo de 1282, cuando las campanas de Palermo llamaron a vísperas, es un placer y una venganza contra la mediocridad. Ese día, en el que el corazón de los sicilianos estaba caliente, la actitud de un oficial francés que trató de cortejar a una mujer casada delante de su marido desembocó, al grito de “¡moranu li Franchiski!”, en una sublevación popular que resultó ser el inesperado comienzo del fin del reinado de Carlos de Anjou.

Sir Steven Runciman pertenecía a esa clase de historiadores ingleses (pensemos en maestros como Ronald Syme, cuya República Romana es una joya histórica y estilística) que aunaban un conocimiento exhaustivo de su materia, una cultura general amplia y abierta, una mirada selectiva y un noble estilo literario. Sus textos sobre La caída de Constantinopla, La civilización bizantina, el que nos ocupa y su Historia de las Cruzadas le convierten en un soberbio conocedor de la vida del mundo mediterráneo en un periodo turbulento y crucial de su historia. Las Vísperas Sicilianas se centra en la figura de Carlos de Anjou, coronado rey de Sicilia, el monarca más poderoso de Europa, su ascensión y caída y todo el mundo de intrigas y luchas que lo acompañaron.

El texto de Runciman posee limpieza, claridad y rigor; pero lo que admira igualmente al lector no especialista es la luz del relato. Runciman va siempre al meollo y por más que retroceda para tomar perspectiva o se entretenga en las complejas y retorcidas relaciones entre todos los personajes de la trama, cuenta con sobriedad y sin veleidades literarias, pero con sentido narrativo. Véase si no este comienzo de capítulo: “No pasó mucho tiempo antes de que el Papado descubriera la clase de hombre que había escogido como paladín”, propio de la mejor narración de aventura; o este sobrio y eficiente retrato: “Carente de afectos familiares que lo dulcificasen, Carlos se convirtió en un joven que sólo contaba consigo mismo. Era alto y musculoso, con una tez cetrina heredada de sus antepasados castellanos, y con la larga nariz de los Capetos. Tenía un cuerpo sano y bien disciplinado, con toda la energía de su madre. Había recibido una buena educación y nunca perdió la afición al conocimiento ni el gusto personal por la poesía y las artes”. Toda una propuesta de estilo que es el que conviene a todo el texto, de principio a fin.

El libro es todo un tratado de las pasiones del Poder y el retrato espléndido de una época sustancial de la historia de Europa volcada hacia el dominio del Mediterráneo. En él se narra a partir del lento declinar de la familia Hohenstaufen tras Federico Barbarroja, desde la ambición de Federico II hasta el enfrentamiento decisivo entre Manfredo y Carlos de Anjou por el afán de restaurar el mítico Imperio; ahí están la lucha por el dominio de Italia, los esfuerzos por anexionarse tierras por matrimonios o conquista extendiéndose hasta la misma Constantinopla, los acuerdos y traiciones…, y entre medias los formidables actores del drama que Runciman hace desfilar con precisión y competencia: además de los mencionados, san Luis, rey de Francia, los diversos papas, Alfonso X de Castilla, Pedro de Aragón… y los caballeros que los acompañan; aunque las dos figuras memorables que finalmente se elevan como los grandes personajes del drama son el mismo Carlos y Miguel Paleólogo. La de Runciman es una lección de cómo relatar la Historia ahondando hasta la médula sin perder de vista el conjunto del cuerpo, ni omitir lo necesario, ni dar cabida a lo accesorio. Todo tiene sentido y la narración fluye serena e implacable a través de un estilo que el profesor Rico califica de contenido en su prólogo y al que me permito redondear con el placentero calificativo de seductor.

JOSÉ MARÍA GUELBENZU

El País, Babelia, 31 de octubre de 2009

8th Octubre
2009
written by zonafantasma

A las piezas de Jorge Ibargüengoitia no les suele sobrar ni faltar nada. No tienen una palabra de más, ni de menos. Su prosa es tan hilarante como la de los mejores humoristas de todos los tiempos, incluso como la de Wodehouse, pero más corrosiva y exenta del corsé británico. Ha escrito sátiras gigantescas como Maten al león o parodias desternillantes sobre la ritualizada literatura de la Revolución mexicana en Los relámpagos de agosto (premio Casa de las Américas, 1964). Su retrato de las Poquianchis en Las muertas, una novela que contiene risa, muerte y otras hierbas, merece ser recordado siempre. Ahora bien, ¿quién se acuerda de Jorge Ibargüengoitia, un escritor inimitable?

Nació en Guanajuato (México) en 1928 y murió en un accidente de aviación el 26 de noviembre de 1983, en Mejorada del Campo, cuando volaba de París a Bogotá para asistir a un congreso de escritores, al que se había resistido hasta última hora a ir. El avión, de la compañía Avianca, al intentar una aproximación a Madrid para hacer escala, se estrelló contra una colina. Como era inimitable nadie pudo escribir de él una nota necrológica comparable a la que él escribió de su madre. Su madre murió aliviada por la muerte de Albertine, después de haber leído En busca del tiempo perdido y, cuando ya desahuciada, le preguntaban cómo estaba, ella respondía:

-Mucho mejor.

La nota luctuosa materna, que el diario Excelsior publicó el 29 de agosto de 1973 y que figura en Instrucciones para vivir en México, uno de los libros que incluyen sus estupendos artículos, no figura en la selección que su compatriota Juan Villoro hizo el pasado año y que en España editó Reino de Redonda, pero la pueden encontrar, quienes lo deseen, rastreando por internet.

La obra de Ibargüengoitia no ha tenido el eco merecido en este país. No obstante, la editorial Seix Barral emprendió no hace mucho la tarea de dedicarle al autor una biblioteca personal con, al menos, cuatro de sus principales títulos: Estas ruinas que ves, Dos crímenes, Los relámpagos de agosto y Las muertas, que también ha recuperado RBA. Las dos últimas habían sido publicadas hace años por Argos-Vergara y Mondadori, aprovechando la conmemoración del Quinto Centenario. Ibargüengoitia le habría sacado punta a lo del aniversario del Descubrimiento, de la misma manera que se lo sacaba a todo. De hecho, en uno de sus artículos memorables, “Si no fuéramos quienes somos”, se preguntaba qué sería de México si en vez de por los españoles hubiera sido conquistada por los ingleses. Lean: «Aquí en México hay quien dice que los españoles vinieron con los brazos abiertos, se mezclaron con el pueblo, rieron y cantaron con él, produjeron gran mestizaje, le dieron al pueblo conquistado un idioma, una religión, y leyes justas (?) Por otra parte, hay quien dice que los españoles destruyeron nuestra cultura, nos explotaron durante trescientos años y se fueron cuando no les quedó más remedio. Ahora bien, los proponentes de estas dos teorías contradictorias están, por lo general, de acuerdo en que si ser colonia española fue malo, haberlo sido inglesa hubiera sido peor, porque los ingleses tenían por sistema acabar con los indios y después, importar negros para hacer los trabajos pesados».

Revolución en el jardín es una antología de crónicas que el lector no debería perderse. La que da título al libro es el resultado de un viaje a Cuba, de conclusiones descacharrantes y desmitificadoras como no podía ser de otro modo tratándose de Ibargüengoitia.

El escultor y pintor mexicano Manuel Felguérez, amigo de la infancia, llevaba mucho tiempo sin verle cuando ambos se reencontraron en París, donde el escritor vivía con Joy Laville, una pintora inglesa aficionada al whisky y al ajedrez. Quedaron en repetir el encuentro días más tarde en Colombia sin saber que se estaban despidiendo. Felguérez se hallaba en Medellín cuando se enteró por un “ángel de la muerte” de que el avión donde viajaba Jorge Ibargüengoitia se había estrellado en las cercanías de Madrid. Aturdido, le vino una imagen a la mente que más tarde contó. Jorge y él bajaban del Iztacihuatl con grandes mochilas sobre los hombros, se acercaban a su meta por uno de esos caminos que de tanto pisarlos se han hundido en la tierra. De repente, a unos cuantos metros de distancia, los suficientes para no tener nada más en cuenta, surgió un toro que, después de mugir, rascar la tierra y bajar los pitones procedió a embestirlos. El escultor imaginó como él se había arrojado al suelo saliendo ileso mientras que el escritor evitaba por milímetros el roce de los cuernos en su cuerpo. Finalmente, cuando parecía que ya se había salvado, en el último momento, el toro le propinaba con la pezuña un fuerte golpe en la espinilla.

No sé si a esto se le puede llamar mala suerte.

LUIS M. ALONSO

La Nueva España, 8 de octubre de 2009

1st Octubre
2009
written by zonafantasma

Quienes opinan que un libro de historia debería leerse como no importa qué obra literaria tienen en sir Steven Runciman un magnífico valedor. Quienes afirman que, además de la historia, deberían leerse como obras literarias la filosofía, la antropología o incluso la botánica, pueden esgrimir en defensa de su pretensión los nombres de Platón (Diálogos), Lévi-Strauss (Tristes trópicos) o Pius Font Quer (El Dioscórides renovado). Pero podrían sacarse numerosos ejemplos más en apoyo de los lectores abiertos a cualquier tema pero que exigen una buena prosa.

Porque ése es justamente el problema: si el autor sabe de lo que habla, sea cual sea la disciplina que profese, fantástico. Pero el requisito indispensable para justificar el ajusticiamiento del árbol proveedor del papel donde quedará impresa, la obra en cuestión debiera mostrar una escritura de una calidad equivalente al valor del árbol. Como mínimo. Y no creo descubrir nada si digo que eso es algo que pocas veces pasa. O sea que cuántos árboles se salvarían si alguien aplicase con un mínimo de rigor esta norma tan sencilla.

Y que no es el caso de Runciman, seguramente uno de los historiadores que más éxitos ha cosechado tanto desde el punto de vista del reconocimiento académico a su labor científica como desde el contundente argumento de las ventas millonarias de sus libros. De todos sus libros, incluidos los de lectura no sencilla, como es el caso de Las Vísperas Sicilianas. Pero no podía ser de otro modo porque el episodio al que se refiere el libro es endiablado, más que nada por la cantidad de fuerzas poderosas, contrapuestas y cambiantes que alcanzaron su clímax en la matanza de angevinos (partidarios de Carlos de Anjou) ocurrida en Palermo la víspera de la Pascua de Resurrección de 1282. Cuenta la leyenda que un grupo de palermitanos que se dirigía a la iglesia fue interceptado por la soldadesca angevina en busca de armas. El registro a los hombres ocurrió sin incidentes, pero cuando se trató de las mujeres (el cronista Ramón Muntaner habla explícitamente de que al registrarlas les sobaban descaradamente los pechos) los acompañantes masculinos atacaron a los odiados franceses y en pocos instantes la insurrección se extendió primero a todo Palermo y después a Sicilia entera, poniéndose en marcha un proceso que iba a terminar con Pedro III de Aragón proclamándose rey de Sicilia. Como, además de los ya citados Pedro de Aragón y Ramón Muntaner no tardan en aparecer otros personajes como Roger de Lauria y compañía, a ratos parece que estés leyendo una guía de calles de Barcelona. Pero ahí justamente vamos: el gran mérito de Runciman es tratar esas fuerzas múltiples y encontradas como Zola o Dickens tratan a los personajes de sus novelas: primero las describe y dice quiénes son, qué papel juegan en el drama que ya se perfila en el horizonte y con qué armas cuentan o cuáles son los argumentos morales de que disponen unas y otras para apoyar sus pretensiones. Y una vez que el lector dispone de esa información básica, el autor procede a introducir esas fuerzas en la narración procurando no confundirlas ni dejar que en el fragor de la pelea el lector pierda de vista qué está pasando en cada momento, y cuál es el papel que desempeña cada cual en la trama.

En su estupenda edición para Redonda, Javier Marías ha puesto de su parte todo lo necesario para completar la información que puede necesitar el lector: ha buscado la ayuda de Francisco Rico para que dé noticia en su prólogo de los pormenores que rodean al texto y ha añadido al final unas tablas dinásticas por si alguien siente de pronto la curiosidad de saber con quiénes se casaron Teofanía de Armenia, Andrónico Tarchaniotes o Eva Evangelina del Épiro. Y nada costaría además elaborar una lista de personajes en la que, además de los Carlos de Anjou, el papa Martín IV o el astuto Juan de Prócida, podrían ser presentadas las fuerzas políticas, diplomáticas o ideológicas en juego, pues como he dicho, Runciman les da tratamiento de personajes. Y que podrían ser:

-las ambiciones de la casa de Hohenstaufen por devolver al Sacro Imperio Germánico la magnificencia perdida.
- la lucha a muerte del papado por impedirlo.
-las tentaciones vaticanas de crear un Sacro Imperio Mediterráneo que fuese desde España a Constantinopla para contrarrestar al Germánico.
- la marcha atrás vaticana al caer en la cuenta del error que cometería al quedar aprisionado entre dos grandes imperios rivales.
- las aspiraciones imperiales de Alfonso X el Sabio, hijo de Beatriz de Suabia.
- las aspiraciones al trono de Sicilia de Pedro III el Ceremonioso por su matrimonio con Constanza de Hohenstaufen, y que en definitiva va a permitir a la Corona de Aragón iniciar su gloriosa expansión por el Mediterráneo.

No sigo porque debería incluir al menos una docena más de “personajes” que jugaron papeles de diversa importancia en esa matanza ocurrida en Palermo y que por el genio narrativo de Runciman se transforma en un fascinante retrato del Mediterráneo en las postrimerías del siglo XIII.

JAVIER FERNÁNDEZ DE CASTRO

El Boomerang, 21 de septiembre de 2009

25th Septiembre
2009
written by zonafantasma
Francesco Hayez

Francesco Hayez

Ser siciliano es una vocación y no un hecho accidental. Sicilia es una isla áspera, de montes deforestados, azotada por el viento africano, reacia a la tiranía, pero esclavizada por los forajidos locales, que han inspirado sagas literarias y cinematográficas. El orgullo de los sicilianos, que no tolera ofensas y, en caso de soportarlas, las resuelve a cuchillo o pistola, ha borrado el pasado sarraceno, hasta el extremo de considerar un agravio reconocer que en su sangre hay dos siglos de dominación islámica. Sir Steven Runciman (1903-2000), historiador británico e hijo de una familia ilustrada, comenzó a sobresalir ya en su infancia. La leyenda le atribuye el conocimiento del latín y el griego a los 5 años. El tiempo incorporaría a este bagaje casi todas las lenguas de Oriente Medio. Especializado en la historia de las Cruzadas, no se conformó con escribir obras eruditas, sino que añadió al rigor una prosa comprometida con una elevada exigencia estética. No es casual que el prólogo de esta edición descanse en Francisco Rico, pues sólo una sensibilidad especialmente intransigente con la mediocridad puede apreciar las calidades de un estilo elegante, sin piruetas gratuitas, pero con la inspiración para reproducir la atmósfera intemporal de los clásicos.

Las Víísperas Sicilianas (1958) recrea la matanza de franceses en Sicilia en 1282. Bajo dominio de la casa de Anjou, Palermo se sublevó contra Carlos I, un rey incapaz de entender que en Europa se gestaba una conciencia nacional, donde las grandes dinastías y los imperios perdían terreno frente a los sentimientos locales de identidad y diferencia. La rebelión se extendió por toda la isla, sin discriminar entre combatientes y civiles. Los relatos tradicionales aseguran que el ultraje sufrido por unas mujeres al pie de la iglesia del Espíritu Santo, desató una revuelta que no reparó en la edad ni el sexo. Al menos 2.000 franceses murieron acuchillados, defenestrados o abatidos a golpes. Azadas, arcabuces y horcas se ensañaron con las víctimas. Al grito de “Mueran los franceses” en dialecto siciliano, se propaló el horror. No hubo perdón ni para las sicilianas desposadas con franceses ni para sus maridos. Se asaltó los conventos de franciscanos y dominicos. Los frailes que no conseguían pronunciar con la entonación apropiada la palabra “cirici”, particularmente inaccesible para la lengua francesa, perdieron la vida. El mito sostiene que los hechos -gesta para la mitología siciliana, masacre para el cronista imparcial-coincidieron con el oficio de vísperas, mientras empezaban a sonar las campanas, pero todo indica premeditación concertada con los intereses de la Corona de Aragón y otros centros de poder.

Runciman no inventa nada. No escribe ficción, pero en sus manos la realidad se transfigura, adquiriendo el rango de prodigio formal. Los que no amamos la novela histórica, agradecemos su contención, su elegancia, su desconfianza hacia el retrato psicológico que pretende usurpar las vivencias del personaje real. Runciman deplora el derramamiento de sangre: “Es algo terrible y rara vez surge algo bueno de él”, pero no disimula su admiración hacia un pueblo que “luchaba por su libertad y honor”. Es difícil ser español y no simpatizar con ese punto de efervescencia que reemplaza la razón y la decencia por la locura y la indignidad. Sólo un escritor de la talla de Runciman podía reunir la valentía necesaria para reconocer en esa “tarde salvaje” un impulso tan consustancial al ser humano como la generosidad y el sacrificio.

RAFAEL NARBONA

El Cultural, 25 de septiembre de 2009

22nd Septiembre
2009
written by zonafantasma

Podría hacer una larga entrada contando las mil anécdotas que solían suceder en casa los domingos en la familiar batalla por hacerse con una parte de los periódicos y sus suplementos. Y podría relatar los varios comentarios que indefectiblemente suscitan las entregas de Javier Marías, reunidas ahora las más recientes en un nuevo tomo, Lo que no vengo a decir (Alfaguara), que según escribe su autor en el prólogo, también podría haberse titulado “El pelma ante los plasmas” (que describiría la sensación que a menudo tiene al escribir) o “Debo preocuparme”, no menos adecuado, como otros posibles títulos igual de acertados.

Lo que no vengo a decir reúne artículos previamente publicados en El País Semanal entre febrero de 2007 y febrero de 2009.

La crítica de la conducta incívica, grosera o simplemente despreciable de los españoles, nuestro indesterrable mal gusto, el trastrueque de valores que se viene operando en nuestra sociedad a un ritmo frenético, la enfermedad moral apreciable en tanta desfachatez y cinismo como los que nos dispensan los políticos (contra quienes Marías dispara incesantemente sus dardos: “Con nuestros votos imbéciles”), la Iglesia con la que tropezó Marías en anteriores ocasiones (“No católicos sino catolicistas”), la general imbecilidad, apatía o indiferencia al lado de las necias tolerancias o sobre “El muy español afán por cargárselo todo”… son algunos de los temas tratados en estos artículos, algunas de cuyas páginas rezuman el pesimismo y la amargura de Larra.

Pero también encontramos en ellas la ironía, el humor, la parodia y la comicidad expresados en un lenguaje que Javier Marías maneja con tan elegante naturalidad como envidiable precisión porque ante el lenguaje siempre mantiene él una indesmayable vigilancia; por eso manifiesta abiertamente su irritación hacia aquellos que lo plagan de tópicos, lugares comunes o expresiones manidas y pretenciosas.

Igualmente divertidos son los artículos que tratan del disparatado funcionamiento de nuestros servicios públicos o de ciertas instituciones (“La peligrosa sensación de estafa circundante”), los que pintan estampas de la vida cotidiana en Madrid o cualquier otro despropósito más o menos absurdo.

Otros artículos desprenden cordialidad, gratitud, amistad, reconocimiento, amor, respeto (si en ellos Marías habla de amigos y maestros). Y es que, como ya se ha escrito, hay mucho de diario involuntario en los mil detalles recogidos semana tras semana en estos artículos.

Recuerdo todo esto porque en verano hay el tiempo necesario para adueñarse de una manera más cívica de los anoréxicos diarios y suplementos. Y porque en agosto desaparece la voz de Javier Marías de su marco semanal, y por eso aprovecho para completar esa ausencia con este reciente tomo.

ANA RODRÍGUEZ FISCHER

Anarodríguezfischer.blogspot, 14 de agosto de 2009

18th Septiembre
2009
written by zonafantasma

¿Por qué nos pasa lo que nos pasa?

Por ejemplo… Minutos después de las tres de la madrugada llegó un MSN a tu celular: al Juanelo Guerrero, el más sano y bien portado de la banda, lo sorprendió una embolia. Increíble: ahora estás en un velatorio, custodiando el féretro de tu mejor amigo. Junto a los padres y la viuda, recibes también el pésame de los que van llegando. Casi no escuchas a nadie porque sigues sin poder recuperar el hilo de los acontecimientos, hasta que se apersona doña Coty, una de las ancianitas tías del Juanelo. Abraza y besa a la familia. Luego se aproxima a ti, te toma ambas manos y dice: “Ay, hijo, por algo pasan las cosas”. Tú, claro, no sabes por qué carajos pasan las cosas y quieres agarrar a patadas a la viejita.

Uno más… El día de tu cumpleaños recibes un correo electrónico: te ofrecen un empleo en una ciudad del sur del país que te parece espantosa; sin embargo, sonríes: “Es mi regalo. Gracias, Diosito”. Ni siquiera lees en el mail que el sueldo es inferior al que percibes actualmente.

Entonces, ¿por qué nos pasa lo que nos pasa? ¿Todo tiene una razón de ser, un sentido? Tal es uno de los cuestionamientos eje de Fiebre y lanza, el primer volumen de Tu rostro mañana, la más reciente novela de Javier Marías (Madrid, 1951). Y su respuesta muy probablemente no te va a gustar: Tendemos a pensar que hay un orden oculto que desconocemos y también una trama de la que quisiéramos formar parte consciente, y si de ella vislumbramos un solo episodio que nos da cabida o así lo parece, si percibimos que nos incorpora a su débil rueda un instante, entonces es fácil que ya no sepamos volver a vernos desgajados de esa trama entrevista, parcial, intuida –una figuración– nunca más… Nada peor que buscar el sentido o creer que lo hay. O sí lo habría, aún peor: creer que el sentido de algo, aunque sea del detalle más mínimo, dependerá de nosotros o de nuestras acciones, de nuestro propósito o de nuestra función, creer que hay una voluntad, que hay un destino, e incluso una trabajosa combinación de ambos. Creer que no nos debemos enteramente al más errático y desmemoriado, divagatorio y descabezado azar, y que algo consecuente se puede esperar de nosotros en virtud de lo que dimos o hicimos, ayer o anteayer.

Excéntrica en el contexto de la novelística de Marías, Tu rostro mañana es una obra que arranca con muy poca acción: a lo largo de las casi cuatrocientas páginas de su primer volumen, prácticamente no ocurre nada; sin embargo, se reflexiona mucho y, prestidigitación del lenguaje mediante, en sintonía con los argumentos de sus personajes principales, se cuenta mucho: La gente va y cuenta irremediablemente y lo cuenta todo pronto o más tarde, lo interesante o lo fútil, lo privado o lo público, lo íntimo y lo superfluo, lo que debería permanecer oculto y lo que ha de ser difundido, la pena y las alegrías y el resentimiento, los agravios y la adoración y los planes para la venganza, lo que nos enorgullece y lo que nos avergüenza, lo que parecía secreto y lo que pedía serlo, lo consabido y lo inconfesable y lo horroroso y lo manifiesto, lo sustancial –el enamoramiento– y lo insignificante –el enamoramiento–. Ciertamente, junto con Jacobo Deza, el protagonista del libro, el lector va convenciéndose de que palabra mata acción: lo que tan sólo ocurre no nos afecta apenas o no más que lo que no ocurre, sino su relato (también de lo que no ocurre), que es indiscutiblemente impreciso, traicionero, aproximativo y en el fondo nulo, y sin embargo casi lo único que cuenta, lo decisivo, que nos trastorna el ánimo y nos desvía y envenena los pasos, y seguramente hace girar la perezosa y débil rueda del mundo. Dicho en corto, Javier Marías busca probar, ¡en una novela!, que todo es puro cuento, un relato que jamás recrea fielmente a la realidad: nada es nunca objetivo y todo puede ser tergiversado y distorsionado… Y con todo, tejones porque no hay liebres, que para narrar el mundo hemos sido expulsados del Paraíso: … lo que más nos define y más nos une: hablar, contar, decirse, comentar, murmurar, y pasarse información, criticar, darse noticias, cotillear, difamar, calumniar y rumorear, referirse sucesos y relatarse ocurrencias, tenerse al tanto y hacerse saber, y por supuesto también bromear y mentir. Esa es la rueda que mueve al mundo… por encima de cualquier otra cosa; ese es el motor de la vida…, ese es su verdadero aliento. Por eso, narrando compartimos y nos sumamos, unos más otros menos, a la pandilla de los humanos: Queremos sentirnos parte de una cadena siempre…, víctimas y agentes de un inagotable contagio, el cuento.

GERMÁN CASTRO

La Jornada Aguascalientes (México), 17 de septiembre de 2009

3rd Septiembre
2009
written by zonafantasma
Estatua de Roger de Lauria en Tarragona

Estatua de Roger de Lauria en Tarragona

Acabo de leer Las Vísperas Sicilianas del gran medievalista inglés Sir Steven Runciman, y sin querer, me encuentro hace unos días la estatua de Roger de Lauria en Tarragona, gran almirante de la Corona de Aragón, uno de los protagonistas del libro. Pero, en el excelente libro de Runciman, editado por Reino de Redonda, surge de pronto, el nombre de Canfranc, con motivo de un tratado firmado allí en octubre de 1288. Lo curioso es que entonces Aragón lindaba con Inglaterra.

Me explico, la Gascuña y Burdeos eran dominios de Eduardo I, Rey de Inglaterra. El Rey inglés y el Rey aragonés Alfonso III pactaron la entrega del rey francés cautivo en Aragón, en Canfranc, a dos pasos del puerto de Somport. Malraux cuenta en sus memorias que De Gaulle tuvo que lidiar en Toulouse con un coronel inglés, jefe de la Resistencia en el sur de Francia. De modo, que los ingleses sienten una rara y tenaz querencia por el Pirineo.

El libro de Runciman nos pinta con todo detalle una Europa medieval fascinante. Vemos a infantes de Castilla convertidos en mercenarios en Italia, una suerte de Amadises o Quijotes “avant la lettre”. El propio Dante aventura una hipótesis digna de Holmes, el envenenamiento del gran filósofo Tomás de Aquino, por orden de Carlos de Anjou. Dante pinta una Italia sierva o esclava, un lupanar europeo similar al cuadro de Roberto Saviano en Gomorra.

El tema central es obviamente la revuelta de los sicilianos, una especie de ensayo precoz de la Bastilla, contra el monarca francés, Carlos de Anjou, que abusó de su poder en la isla de Sicilia. Casi podríamos decir que puso en bandeja al Rey de Aragón, el dominio sobre Nápoles y Sicilia. En suma, historia antigua, pero contada como si fuese una novela de Tolkien.

CÉSAR PÉREZ GRACIA

Heraldo de Aragón, 31 de agosto de 2009

2nd Septiembre
2009
written by zonafantasma
Así vio Francesco Hayez la revuelta de 1282

Así vio Francesco Hayez la revuelta de 1282

Reino de Redonda publica, con prólogo de Francisco Rico, otra obra de Sir Steven Runciman, un historiador que logró ser divulgativo sin dejar de mostrarse en extremo riguroso.

La Historia ha pasado de ser una verdad revelada y custodiada por un grupo de sesudos profesores a convertirse una materia para todos los públicos gracias a las publicaciones divulgativas o al auge de la novela histórica. Siempre es positivo que un saber se expanda, aunque en esta explosión también hemos asistido a obras descafeinadas, descuidadas con los datos de la época o que directamente utilizaban la excusa de un marco de resonancias exóticas para colocar cualquier historieta más o menos sicalíptica. Por eso resulta casi exótico publicar a Steven Runciman, un historiador que podría explicar más anécdotas y cotilleos que nadie, pero que se muestra en sus libros de una austeridad apabullante y dueño de una precisión de relojero suizo.

En Las Vísperas Sicilianas, Runciman nos relata lo que ocurrió en la Sicilia de 1282. El 30 de marzo resonaron las campanas en Palermo, llamando a Vísperas con la intención de alzarse contra la ocupación francesa. El rey Carlos, con un poder que alcanzaba hasta la otra orilla del Mediterráneo (Túnez y Jerusalén), parecía destinado a ser el gran monarca europeo hasta que Sicilia empezó a amargarle la fiesta. Los complejísimos juegos de alianzas con el papado y los múltiples entramados de intereses y alianzas, que establecían puentes hoy día impensables entre las dos orillas del Mediterráneo, nos conducen a una Europa en la que el dinero o la espada llegaron allí donde no alcanzó la diplomacia. Un relato que, sin necesidad de recurrir a efectos especiales ni a piruetas verbales, compone una lectura intensa, extenuante pero ciertamente deliciosa.

SUSANA MARTÍNEZ

Qué leer, septiembre de 2009

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