Le tomo la palabra a John Ashbery: “Me recuerda a Proust y Shakespeare (…) en el sentido de que, en las obras de estos, las cosas cotidianas que nos rodean y escapan a nuestra atención (también) nos son enfocadas de modo deslumbrante”. El gran poeta norteamericano se refiere a la tercera parte de Tu rostro mañana. (Veneno y sombra y adiós, Alfaguara, 2007), de Javier Marías, el libro que ha consagrado a su autor en el difícil mercado estadounidense, donde ya ha publicado otros 12. Me llama la atención el escaso eco que por estos pagos ha tenido la insólita repercusión en la anglosfera de la última novela de Marías, un autor considerado “de cejas altas” y, por tanto, relativamente minoritario.
Las reseñas, artículos y entrevistas que he leído (desde The New York Review of Books hasta The Economist, desde The Guardian a Los Angeles Times o The New Yorker) abundan en un tipo de elogios que aquí no suelen dispensar los críticos (”una de las novelas más grandes que el siglo ha producido hasta ahora”, “el sobrecogedor final de una extraordinaria obra de arte”, “la primera obra maestra de la literatura del siglo XXI”, etcétera). En nuestro país la recepción fue, en general, más tímida, quizás por nuestra proverbial tendencia al desdén de lo propio, especialmente si se lo alaba fuera, como ya ocurría. Lo digo, en fin, para que conste. Y lo diría también de otros, si el caso fuera. Pero no lo es (o, al menos, no tanto).
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
El País, Babelia, 24 de julio de 2010