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2nd Febrero
2010
written by zonafantasma
Quienes piensan que Javier Marías es un señor que vive en una especie de limbo oxionense harían bien en echar un ojo a estos artículos. Marías se moja y el chorreo es de órdago

Quienes piensan que Javier Marías es un señor que vive en una especie de limbo oxionense harían bien en echar un ojo a estos artículos. Marías se moja y el chorreo es de órdago

 

Existe la costumbre. en parte saludable. de lamentar lo poco que se mojan nuestros intelectuales. Los políticos. en connivencia con los constructores. convierten España en una urbanización; los ejecutivos de los bancos hacen su trabajo mal y se les repone el dinero del bolsillo de todos los españoles para que sigan adjudicándose unos sueldazos impresionantes… y nadie dice nada. ¿Nadie? Esta recopilación de artículos de política y sociedad de Javier Marías nos indica que sí hay quien predica. aunque sea en el desierto de un país que ya en sus propósitos de año nuevo se divide claramente entre los campechanos (Belén Esteban) y los exquisitos (Anne Igartiburu). Pero hay otro bando, aunque se les lee poco, se les oye menos y se los ve nada. Y Javier Marías anda ahí, haciendo la guerra con sus crónicas cargadas de razones y humor de todos los calibres, incluidos el sarcasmo más ácido y, cuando hasta éste se queda corto, la mala leche. Que a veces es la buena.

Contra alcaldes y constructores

Lo que distingue a Marías de ciertos opinadores especialistas en meter el dedo en el ojo ajeno es que no está ni en una trinchera ni en otra y le da leña por igual a los de todas las siglas: “Lo que el PP no comprende es que hay muchos ciudadanos, no especialmente partidistas, que no volverán a votar mientras estén a su frente los mismos que decidieron y aplaudieron el inicio de la escabechina [refiriéndose a la guerra de Irak]. De la misma manera que muchos no estuvieron dispuestos a votar al PSOE mientras a su frente siguieran los mismos que habían amparado los crímenes del GAL, o que algunos no lo han estado (ay, no los bastantes) a votar al PNV tras su pacto de Lizarra con ETA”. Le canta las cuarenta a Aznar (con ocho argumentos aplastantes, irrevocables) y dice de la presidenta de Madrid, por el asunto de la reforma del Paseo de Recoletos, que es una arboricida. Toca todo tipo de temas y en todos toma partido y saca a relucir su ya célebre impertinencia puesta al servicio de la reflexión. Son demoledores artículos como “Pánico y explotación”, donde describe de manera precisa cómo la aparente riqueza nos estaba haciendo (ya en 1998, todavía seducidos por el yuppismo) renunciar a años de conquistas laborales y cómo, a cambio de costeamos los quince días de vacaciones en el Caribe, se estaba renunciando a vivir dignamente el resto del año. Real como la vida misma (en España).

Pero los villanos de la nación que dan título al libro son unos muy concretos: “Cada vez que oigo o leo las palabras ‘constructor inmobiliario’ y ‘alcalde’, y en menor medida ‘empresario de obras públicas’ y ‘consejero o responsable autonómico’, me llevo la mano al bolsillo con dos fines simultáneos: uno, comprobar que no me falte nada; el otro, no correr peligro de estrechársela, por un acto de educación reflejo, a quienes siento que me la mancharían”. Ahora estos comentarios son habituales, pero lo interesante es que esto lo publicó Marías en 2006, cuando los empresarios de la construcción eran unos héroes nacionales que nos habían hecho tan ricos que hasta Zapatero pedía a gritos una silla en la reunión del G-8. Así que, quienes quieran disfrutar empaquetadas y sin interrupciones sus disquisiciones como columnista afilado y polemista fajador, aquí tienen un banquete de lo más sabroso.

ANTONIO G. ITURBE

Qué Leer, febrero de 2010

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