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22nd Septiembre
2009
written by zonafantasma

Podría hacer una larga entrada contando las mil anécdotas que solían suceder en casa los domingos en la familiar batalla por hacerse con una parte de los periódicos y sus suplementos. Y podría relatar los varios comentarios que indefectiblemente suscitan las entregas de Javier Marías, reunidas ahora las más recientes en un nuevo tomo, Lo que no vengo a decir (Alfaguara), que según escribe su autor en el prólogo, también podría haberse titulado “El pelma ante los plasmas” (que describiría la sensación que a menudo tiene al escribir) o “Debo preocuparme”, no menos adecuado, como otros posibles títulos igual de acertados.

Lo que no vengo a decir reúne artículos previamente publicados en El País Semanal entre febrero de 2007 y febrero de 2009.

La crítica de la conducta incívica, grosera o simplemente despreciable de los españoles, nuestro indesterrable mal gusto, el trastrueque de valores que se viene operando en nuestra sociedad a un ritmo frenético, la enfermedad moral apreciable en tanta desfachatez y cinismo como los que nos dispensan los políticos (contra quienes Marías dispara incesantemente sus dardos: “Con nuestros votos imbéciles”), la Iglesia con la que tropezó Marías en anteriores ocasiones (“No católicos sino catolicistas”), la general imbecilidad, apatía o indiferencia al lado de las necias tolerancias o sobre “El muy español afán por cargárselo todo”… son algunos de los temas tratados en estos artículos, algunas de cuyas páginas rezuman el pesimismo y la amargura de Larra.

Pero también encontramos en ellas la ironía, el humor, la parodia y la comicidad expresados en un lenguaje que Javier Marías maneja con tan elegante naturalidad como envidiable precisión porque ante el lenguaje siempre mantiene él una indesmayable vigilancia; por eso manifiesta abiertamente su irritación hacia aquellos que lo plagan de tópicos, lugares comunes o expresiones manidas y pretenciosas.

Igualmente divertidos son los artículos que tratan del disparatado funcionamiento de nuestros servicios públicos o de ciertas instituciones (“La peligrosa sensación de estafa circundante”), los que pintan estampas de la vida cotidiana en Madrid o cualquier otro despropósito más o menos absurdo.

Otros artículos desprenden cordialidad, gratitud, amistad, reconocimiento, amor, respeto (si en ellos Marías habla de amigos y maestros). Y es que, como ya se ha escrito, hay mucho de diario involuntario en los mil detalles recogidos semana tras semana en estos artículos.

Recuerdo todo esto porque en verano hay el tiempo necesario para adueñarse de una manera más cívica de los anoréxicos diarios y suplementos. Y porque en agosto desaparece la voz de Javier Marías de su marco semanal, y por eso aprovecho para completar esa ausencia con este reciente tomo.

ANA RODRÍGUEZ FISCHER

Anarodríguezfischer.blogspot, 14 de agosto de 2009

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