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4th Abril
2009
written by zonafantasma
Foto. Fernando Massobrio

Foto. Fernando Massobrio

Fuma. Javier Marías fuma. En estos días de poco humo en los cuales nadie invita al vicio y, menos aún, diciendo: “¿Quieres un pitillo”?, con cadencia españolísima, Marías rompe el esquema.

Difícil presentar a este hombre de 57 años, novelista mimado en España, sin mencionar que es hijo de Julián Marías, el filósofo español que vivió en carne propia las lacras del franquismo más cruel y debió exiliarse en los Estados Unidos. Y allá fue con su familia, se codeó con lo más grande de la literatura mundial y leyó las mejores obras de una biblioteca inconmensurable que su padre administraba. Muchas de ellas las tradujo luego al español.

Marías es columnista de El País, integrante de la Real Academia y rey de Redonda, monarquía heredada en los 90 y que otorga un premio literario. Redonda queda en el Caribe. Es sólo un peñasco frente a Antigua y Barbuda, donde nada existe; es sólo piedra.
No es broma. El reino semificcional existe (la isla está y tuvo su dueño) y Marías es el monarca del peñasco deshabitado, donde cada miembro de la casa real tiene su función, como el duque de Trémula, que no es otro que Pedro Almodóvar.

-¿Cómo vive este cambio fenomenal que se da en el mundo?
-No me parece que vaya a haber cambios. Soy muy escéptico. No creo en los cambios bruscos.

-¿No cree que estas crisis tan profundas engendran, por ejemplo, nacionalismos, xenofobia?
-No? Hay, es verdad, un resurgimiento de la derecha, y es verdad que el racismo revive, pero no en todos los casos. Por ejemplo, en España, la xenofobia no ha aumentado; ni siquiera luego del atentado de Atocha se vio un resurgimiento de la xenofobia, aunque haya casos aislados. España es un pueblo pesado, raro, pero no es xenófobo. Creo que es tolerante.

-¿En comparación con cuál?
-Con Italia, ahora. Me da mucho miedo ver cómo la derecha está avanzando en ese país y cómo el odio racial se acrecienta. En Italia, hay patrullas urbanas, con lo que eso tiene de peligroso, y en Inglaterra, un país liberal, la derecha y su discurso se afianzan cada día. Y hay países que no son racistas porque no tienen con qué, es decir, no hay un otro diferente.

-¿Y cómo ve ese proceso en países latinoamericanos?
-No conozco mucho la realidad de estos países. No podría decirle mucho. Siempre estuve de paso.

-Bueno, ahora mismo tenemos grandes zonas del país con epidemia de enfermedades que se creían extinguidas.
-En Europa pasa lo mismo. Conozco casos de tuberculosis.

-Lo llevo a otro tema. Usted es miembro de la Real Academia Española. Debe de ser una rara avis en ese ambiente.
-[Se ríe.] Sí, con Arturo Pérez Reverte, que tiene mi misma edad, somos los jóvenes de la Academia. Algunos de los históricos dicen: “Pregúntenles a los jóvenes”, y esos somos nosotros. Igual, hacemos un trabajo muy lindo.

-¿Por ejemplo?
-Pues, entre otras cosas, recibimos cientos de cartas de gente que pide que se eliminen ciertas palabras del diccionario y nosotros tenemos que estudiar el caso.

-¿Cuáles palabras?
-Palabras de uso diario que pueden encerrar algo de discriminación, pero que no por eso tienen que desaparecer. “Judiada”, por ejemplo, es una palabra que se usa mucho para identificar a alguien que hizo una “putada” y hay quienes piensan que es muy ofensiva. Pero, vamos, hombre, que se usa desde hace tiempo. Podemos aconsejar que no se utilice, pero no que se elimine. Si sacamos algunas palabras, vamos camino a un idioma políticamente correcto.

-¿Y no es lo deseable?
-Pues no: con un idioma políticamente correcto, perdemos la posibilidad de conocer a los otros, de ver de qué viene todo.

-No entiendo.
-Si yo hablo con alguien que cuando debe mencionar a Franco dice “caudillo” me doy cuenta de quién es y tengo la posibilidad de elegir, de decir “con este señor prefiero no dialogar”. Por eso digo que si hablamos todos de la misma manera perdemos una herramienta invalorable para conocernos. Porque el lenguaje es una manera de conocerse.

-¿Y cuándo se sacan palabras para siempre?
-Pues, a ver… Hay palabras que se utilizaron en forma escrita por última vez en 1492 y luego nunca más. Bueno, esas palabras dejan de existir, excepto que se vuelvan a utilizar. Y hay palabras muy lindas que cayeron en desuso.

-¿Por ejemplo?
-A ver… La palabra “acercanza”, por ejemplo, que tiene que ver con el acercamiento, no se usa desde fines de 1400 y cuando la vimos con Pérez Reverte nos gustó mucho. Tanto que consultamos y nos dijeron que, si se volvía a utilizar, no se la sacaba del diccionario. Entonces, con Arturo dijimos que íbamos a publicar artículos en el que usaríamos la palabra. Y así lo hicimos: él la usó y yo, también. Y sigue viva.

Javier Marías se ríe. Sabe que la anécdota es graciosa; que es una gran travesura; que Arturo, el Pérez Reverte que todos conocemos, es tan travieso como él. Cuenta que la “culpa” de su ingreso en la Academia fue del autor de El Club Dumas y que cuando él se enteró dijo: “Con un Marías, es suficiente”, en referencia a su padre, también miembro de la casa. ¿Habrá sido por ese convite por lo que Pérez Reverte es parte del reino de Redonda?

-La trilogía Tu rostro mañana es espectacular.
-Pues… gracias. A mí también me gustó. Yo digo ahora que no voy a escribir más una novela, lo que no es cierto, porque estoy haciendo una, pero me da la sensación de que se escribe sola.

-¿Tiene título?
-No, los títulos los busco después.

ALEJANDRA REY

La Nación, 4 de abril de 2009

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