Archive for Noviembre 15th, 2008
En uno de los incongruentes vuelcos lectores a que me obligan estos comentarios semanales, abandono temporalmente el absorbente ensayo biográfico de Jordi Gracia La vida rescatada de Dionisio Ridruejo (Anagrama) -en el que, de entrada, ya me he quedado con ganas de saber más acerca de la etapa fascista del influyente intelectual del primer franquismo-, para releer algunas historias de Guillermo en las antiguas ediciones políticamente incorrectas de Molino. Y es que este sábado, 15 de noviembre, conmemoraré personalmente el nacimiento de su autora, Richmal Crompton (1890-1969), responsable de tantas satisfacciones lejanas. Sí, ya sé que parece un aniversario cogido por los pelos, pero lo cierto es que tengo dos días verdaderamente sagrados en mi calendario literario: el de la odisea dublinesa de Leopoldo Bloom (16 de junio) y éste del nacimiento de la creadora de mi primer gran héroe (junto con Robinson Crusoe) de papel impreso. Releo la aventura incluida en Guillermo, el detective -censurada en todas las ediciones inglesas desde que McMillan se hizo con los derechos de publicación en 1986- en que los Proscritos la emprenden, con métodos inspirados en los de las Stosstruppen, contra el señor Isaacs, nuevo propietario de la tienda de dulces del pueblo, a quien acusan de mezquino y poco de fiar (entre otros rasgos “sospechosos” tiene nariz ganchuda, como Fagin, el estupendo personaje de Oliver Twist). Sí, qué le vamos a hacer, es un cuento de tono antisemita y muy marcado por el momento en que fue publicado (1934), con la prensa británica saturada de noticias sobre los nazis recién llegados al poder (el título original del relato es William and the Nasties, un juego de palabras con “malo” o “asqueroso”) y Oswald Mosley y sus camisas negras haciendo de las suyas en casa. Guillermo y sus amigos son hijos de su tiempo, aunque, como Peter Pan, nunca crezcan: en los relatos escritos en los años veinte también se las habían tenido que ver con torvos bolcheviques, conspiradores de aspecto eslavo o remedos mussolinianos. Pero la pobre Richmal, una admiradora de Henry James o Ivy Compton-Burnett a la que amargaba que sus libros para adultos
(algunos han sido publicados por el editor Javier Marías en Reino de Redonda [Bruma, La morada maligna]) llevaran una banda con el reclamo “por la autora de Guillermo”, no fue ninguna extremista. Y Guillermo y los Proscritos -siempre enfrentados con los adultos a menos que éstos fueran atorrantes, espías, artistas de circo o deshollinadores- se convirtieron en ídolos tanto para los niños británicos hartos de las aburridas y edificantes historias eduardianas como para los muchos españoles que crecieron en el franquismo, y a quienes, como dijo Savater, Guillermo “explica” más profundamente que cualquier otro héroe literario. Feliz aniversario, Richmal.
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO
El País, Babelia, 15 de noviembre de 2008
